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Él quería seguir con aquello que se había propuesto de enseñarle a la perrita aquellas asignaturas, pero al mismo tiempo se le venía el cielo encima, la gran duda acudía una y otra vez a su mollera, hurgaba en sus sesos para intranqui- lizarlo, el gran temor que llegase el día que la tuviese que poner en el muelle a su suerte. Por primera vez la sacaba a pasear en horas de trabajo, a excepción del día que la tubo que esconder en el pañol entando el barco en la rada de Las Palmas, al colocarle el collar de esparto, esperando que muy pronto el mismo pudiera sustituírselo por uno más apropiado que aquel portador de pulgas que tenía, al igual que la improvisada correa, caminar algo sin tener que jalar de ella, esta no iba como que muy contenta, pero por salir a pasear, ella era capaz de dejarse poner encima cualquier cosa, como que no se hacía a estar atada, Fran la liberó de aquel martirio, aunque después de lo sucedido con el Isidoro, no se despistaba con ella, a todo momento la tenía controlada desde la cocina, teniendo la precaución de cerrar algunas puertas para que no se saliese del entorno vigilado y no se fuese a ningún otro compartimiento, pues la perrita tenía algunos enemigos que no dudarían en hacerla desaparecer, con el capitán como el principal sospechoso, aunque el cocinero, en honor a la verdad, no lo veía a este capaz de que fuera a tirarla por la borda al pañol grande… Las dos señoras a bordo en su paseo matutino por las cubiertas del barco, (de alguna manera no hay que caer en el sedentarismo, más en las travesías tan largas para mantener la forma hay que moverse bastante, la quietud no es saludable) divisaron a la perrita y se dirigieron hacia ella, ---------------------------------- 55 --------------------------------------
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Con una puesta de sol maravillosa con la que la naturaleza suele de regalar por las costas africanas, un cielo de color anaranjado, con el astro rey reflejado sobre una mar en calma chicha, cuando la altura del sol es cero, pasando del hemisferio visible al no visible, deleitándose con la vista todos los que en aquellos momentos estaban libres de trabajos, tarde noche que invitaba a pasear por la cubierta principal del Lago Isla Perdida, Constanza corría por toda ella ajena a tantas maravillas de la naturaleza, para la pequeña empezaba la quinta lección, que no era otra más que ir por la pelota y regresar con la misma en su boca… De momento la perrita salía como una bala detrás de la pequeña bola, llegando hasta donde la misma se detenía, pero de regresar con ella, como que de momento no, Fran insistía una y otra vez, colocándole la misma en la boca del animalito, pero esta apenas andaba dos pasos la dejaba caer… Una vez en el camarote, Fran y José se sentaron en la cama mientras ella devoraba la comida del plato, mirándola fijamente los dos amigos comentaron, que la perrita cada día que pasaba se la veía más robusta, sus miembros cada vez eran más fuertes, notándosele una firme salud. El cocinero que seguía teniendo fe en los milagros se había levantado aquel día pensando en la providencia que la vida le depararía a la pequeñina, rezando para que no se cumplieran las órdenes dadas por aquel Barba Roja, aquello no se lo sacaba de su magín, continuamente le venían las frases de la fatal conversación, le machacaban sus sesos como una barrena, más cuando se daba cuenta que cada vez quedaba menos para llegar a Nigeria. ---------------------------------------- 54 -----------------------------------
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Constanza a pesar de su corta edad, ya había pasado por varias situaciones difíciles, pero así y todo, no dejaba de ser una perrita con mucha suerte, la prueba principal la tenía en la cantidad de amigos que se desvivían por ella, el haberse escapado posiblemente de morir en su tierra de frío o la más reciente de morir ahogada, pues no era otra la intención del malvado lameculos de Isidoro, que la de arrojarla a la mar… Sebastián en sus ratos libres, le encantaba elaborar con su navaja figuras de madera, demostrando sus habilidades artísticas, aquel era su gran hobby después de su jornada laboral, se sentaba en uno de los sillones del comedor, colocando una gran sábana para no emporcar el mismo, tallaba la madera con gran esmero y con unas habilidades propias de un auténtico escultor… Así le elaboró a Constanza con unos tacos de madera, a los cuales les dio formas de huesos, pues decía él que la perrita necesitaba ese tipo de juguetes para que los mordiera y se le reforzaran los dientes. ----------------------------------- 53 ----------------------------------------
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Dando cabezadas y viendo que las horas se le venían encima, reconoció que la “cachorrita” era más testaruda que él, aquella tozudez le hizo dar el brazo a torcer… ¡Hoy ganaste tú! Le dijo Fran hablándole en voz alta, pero sin chillarla, este no fue capaz de dejar al animalito sin comer aquella noche… Viéndose obligado a sacarle el plato fuera de la caseta, una vez terminó de comer, acto seguido se dirigió a los periódicos que tenía en el suelo, al terminar de hacer sus necesidades, se fue derecha hacia el escritorio, después de dar algunas vueltas se echó a ras del piso a pasar la noche… A la mañana siguiente Fran después de los clásicos estira- mientos como siempre a primera hora, con los ojos más cerrados que abiertos se dirigió al servicio, una vez terminado con su aseo personal, salió del mismo y sentándose en la silla del escritorio con mucha atención de no ir a pisar a la perrita, cual no fue su sorpresa que al mirar debajo del pupitre no se encontró a la pequeña, quedando anonadado y patidifuso al verla salir de su caseta con los estiramientos matutinos que suelen de hacer los perritos al levantarse, sin enterarse a la hora que Constanza se decidió a entrar por primera vez en la misma, la llamó y la premió con una de las caricias que más le fascinaban a ella, rascarle la barriga, se echaba en el suelo y se ponía patas arriba, así podía estar horas y horas… El cocinero que un principio no había contado con esta lección, sí que la contabilizó como la cuarta, así, que otra prueba más conseguida.
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Por primera vez aquel soplón elevado al cubo no contaba lo verdaderamente ocurrido, quizás las amenazas de los amigos de la pequeña le volaban por sus seseras frenándole la lengua de alcahuete que tenía, o simplemente era verdad que no recordaba nada de lo ocurrido, pues el castañetazo fue como la patada de un caballo, solo necesitó de uno para que aquel truhan se quedara viendo estrellitas… José corrió al comedor aguantando la risa para que no lo descubrieran en medio de la escalera, los amigos que aún seguían allí, se partieron en risotadas con el comentario… Isidoro quedó con amnesia crónica, ni siquiera se enteró lo que realmente le pasó. Empezó de nuevo a dar vueltas alrededor de la puerta de la caseta como la noche anterior, pero de momento no quería entrar por nada del mundo en la misma, el olor a pintura fresca había desaparecido por completo, pero a ella como que no le decía nada aquella caja de madera que con tanto artificio le había elaborado Fran y sus amigos… Viendo el empecinamiento de la perrita, el cocinero cogió el plato donde esta comía, y una vez lleno el mismo, se lo colocó en el suelo de la caseta al fondo del todo, pero la muy terca prefería quedarse sin comer a tener que entrar en aquel túnel… Con toda la paciencia del mundo, el cocinero se echó sobre la cama a leer, para echarle un pulso a la pequeña: ¡A cabezota no me gana nadie! -Vamos a ver quién da antes su brazo a torcer- Le habló en voz alta… Ella lo miraba echada en el suelo con la mayor de las curiosidades… ------------------------------------- 51 -------------------------------
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Al abrir los ojos empezó hablar desvariadamente, los presentes en aquella pelea les pusieron en conocimiento que si se iba de la lengua contándole al capitán lo que había pasado, se las tendría que ver con ellos, pero aquel mala bestia ni siquiera recordaba con mucha claridad lo que le había sucedido, pues en sus contestaciones se iba por los cerros de Úbeda… Salió pasillo adelante en dirección hacia el puente balbuceando y tambaleándose, tan perdido iba que hasta se olvidó de subirle el café al comandante… José se fue detrás de él, pues quería asegurarse de lo que este le iba a relatar al capitán… Isidoro subió las escaleras del puente por inercia, aquel no las tenía todas con él, seguía pero que muy tocado, como que el puñetazo le había borrado de su mente lo que verdadera- mente le pasó… José se había quedado a mitad de la escalera a una distan- cia prudente desde donde pudiera escuchar lo que en el puente se cocía… Apenas entró en el palomar aquel animal cuadrúpedo, el capitán le espetó una buena arenga: ¡Hombre de Dios! – en que mundo vive usted- ¡Tarda una hora para subirme un café y se viene sin el! -Pero que es lo que le pasa alma de cántaros – cada vez está usted perdiendo más facultades. Isidoro con un ojo a la funerala, no sabía ni que contestar: -Yo… Yo me caí por la escalera y me di un tortazo en la cara – queriéndose justificar… Pero no lo libró de una gran bronca por parte del chofer principal del barco… ----------------------------------- 50 ----------------------------------------
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¡Detener a ese canalla! Fran sin saber de qué iba la cosa, reaccionó como un felino al llamamiento de su amigo, corriendo detrás de aquel bárbaro, el animalito lanzó un pequeño aullido, lo suficientemente claro para delatar las carreras del bribón, ya no había dudas, aquel mal nacido no llevaba ninguna buena intención para con la perrita… Apenas tenía una pierna en cubierta cuando dos manos lo agarraron por su solapa frenándolo en seco, Sebastián, (teniendo el cocinero a salvo a la pequeña de aquel indeseable) le soltó un golpe con su mano cerrada, que este ni siquiera berreó, quedando fuera de combate, cayendo fulminado al suelo sin resuello, suerte para él que a la trifulca se unieron el contramaestre y el pañolero, pues de no estar estos dos presentes, igual aquel rufián no habría corrido con la misma suerte, pues no se merecía sino hacerle lo mismo que él tenía pensado de causarle a la perrita, aquella actuación del pelota mayor del capitán, “se pasaba de castaño oscuro”… El grandullón estaba metido en un ataque de cólera, Fran y Floro trataban por todos los medios de serenarlo, pues él quería acabar con aquel chivato como fuera… El camarero de la tripulación simplemente lo quería “pasar por la quilla”…. ¡Este no se merece otra cosa! - Además, “muerto el perro se acabó la rabia” – decía encolerizado Sebastián… Sentado en uno de los bancos de madera, Pinto mojaba la calva de Isidoro, el agua le recorría por toda su cabeza, para que este terminara de reanimarse y volviese al mundo de los vivos… ------------------------------------ 49 --------------------------------------
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Sebastián se levantó para ir al servicio, (mientras que Fran con sus tres compañeros de juego estaban enfrascados en su partida de cartas) puso con toda la delicadeza del mundo a la perrita en el suelo, no percatándose que esta lo seguía detrás de él a los váteres, al cerrar la puerta del servicio, la perrita quedó fuera, sin enterarse Sebastián de la presencia de la misma… El mal nacido de Isidoro que aquellas horas de la noche se encontraba de guardia en el puente, lo había mandado el capitán a por un café a la cocina, con tanta mala fortuna para la “cachorrita,” que al pasar este a la altura de los servicios la vio como queriendo entrar donde se encontraba su fiel amigo, ni corto ni perezoso cogió a la perrita y se iba como una bala por uno de los corredores del barco que conducía a una de las cubiertas exteriores, suerte para la pequeña que su amigo había entrado al servicio solo para orinar y apenas tardó dentro, al salir del váter, Isidoro iniciaba la ida hacia la puerta del pasillo, estas prisas del testaferro del capitán lo mosqueó bastante a Sebastián, que sin pensárselo dos veces (pues su intuición le dictaba que algo raro estaba pasando con aquellas carreras) echó a correr detrás de él con sus grandes zancadas)… Fran, en aquel momento se había percatado que la perrita no se encontraba en el comedor con ellos, advirtió al resto de los participantes en la partida, se disponían todos a ir en busca del animalito que no debería de estar muy lejos, al salir de la puerta del comedor que daba al pasillo por donde acababa de pasar Isidoro con la enana, se dio cuenta que Sebastián también venía como un rayo detrás de él, este le gritó: ------------------------------------- 48 -------------------------------------
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Que mal hacía aquel animalito a nadie, que con su sola presencia les alegraban sus vidas, pero la maldad ancestral que existe desde el principio del mundo, trasmutó en la aludida, lo palpablemente diabólico de la vida… Es cuestión no más que de sentido común, el que le faltaba a la mala persona de Isidoro, esa fiera que era el marinero preferente del capitán, pues a ningún otro quería más que a él en sus guardias cuando el barco se encontraba navegando en alta mar, aquel era su principal correveidiles a bordo, el “Viejo” le sonsacaba hasta la última de las palabras habladas en el comedor de la tripulación… Aquella inquina que el almirante le guardaba al cocinero, (aumentada la misma por la devolución de la sonrisa sarcástica en su camarote) nació simplemente porque este en una ocasión hizo un comentario en el comedor de la marinería referente a él delante del pelota de Isidoro, habló Fran sobre la manera que tenía el capitán de tratar a los tripulantes, aquel pensaba, - comentó el cocinero – que el barco era un cuartel, y que los marinos mercantes eran militares, terminando diciendo que el “Viejo era más raro que un perro verde”, tardó más en decirlo, que el otro enterarse hilo por pabilo de la charla del comedor. --------------------------------- 47 -----------------------------------------
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santo, pero la “cachorrita” no pensaba lo mismo, el animalito una vez que comió se dedicó a dar vueltas por la entrada, pero de entrar, como que no estaba por la labor, Fran la metió en la caseta, pero tardó más en meterla que ella en salir, esta decía que nanay, quizá el olor a pintura era el causante del rechazo del animalito a entrar en su palomar, cansado en ver que todos los intentos eran inútiles, la dejó que eligiera por ella misma donde quería pasar la noche, esta se dirigió debajo del escritorio y después de algunas vueltas, allí que se echó… El cocinero tampoco pudo dormir muy bien aquella noche, esperando que al siguiente día se disipara en su totalidad aquel olor, pues bien es sabido que en los sitios cerrados el olor a pintura fresca al más fuerte marea.
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empezaban con el esmalte, en el interior de la misma la pintaron de blanco, verde en sus lados exteriores y de blanco el techo, para acabar con el tema de los colores, le pintaron de rojo en letras mayúsculas el nombre de Constanza en la parte alta de la entrada de la caseta… Teniendo que esperar algunas horas a que se secara del todo, para luego llevarla al camarote de Fran, así que se dirigieron al comedor de la tripulación a matar el tiempo jugando a los naipes… Esperaron a que fuera pasada la media noche para ir en busca de la caseta, sobre todo que ya no hubieran “moros en la costa” hasta las doce de la noche estaban de guardias en el puente, tanto el capitán como Isidoro, el testaferro principal que el “Viejo” tenía a bordo, pues a ambos había que despistar… Una vez despejado el camino, en un abrir y cerrar de ojos estaba la casilla montada y atornillada en el camarote de Fran, quedando la misma, sino una obra de arte, sí que muy mona… La pintura estaba casi seca del todo, pero sí que seguía dando un olor bastante fuerte, simplemente ha recién pintado, más con la cabina cerrada a cal y canto, el olor como que se aumentaba… El cocinero abrió el ojo de buey para que se ventilara el camarote, aunque el mismo se encontraba muy a ras de la mar, cuando esta estaba en calma, no había riesgo de que entrara el agua, aunque con la luz encendida y el ojo de buey abierto de par en par, sí que podría entrar otras cosas… Fran le colocó la manta de la perrita en el piso de la pequeña garita, pensando este que sería llegar y besar el ------------------------------------- 45 --------------------------------------
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lomo acariciándola con mucha ternura, esta saltaba de contenta y trataba de jugar con todos, así estaba ella por todo el comedor, como un a reina atendiendo a su personal, hasta que llegaba donde se encontraba sentado Sebastián, el camarero de la tripulación, un grandullón de dos metros de altura, con unas manos de gigante, un amigo extrovertido como él solo, mostraba sus sentimientos abiertamente en todo momento, sociable y sobre todo muy afectuoso con todos sus amigos, no había mayor gozo para la pequeñita que Sebastián la levantara y la pusiera en su regazo, quizá ella se sentía como más protegida mirando a los demás desde tal altura, allí se quedaba hasta que se tenía que ir alguno de los dos… Aquella perrita encontrada por los dos amigos cuando estaba en el hueso pelado, demostraba a pasos acelerados que era apta para aprender cualquier asignatura… Aunque la navegación de los últimos días no se había vuelto a coger un mal tiempo, y la mar parecía una balsa de aceite, pues apenas balanceaba el barco, en algunos momentos de las singladuras, que la nave le tocaba de surcar atravesado a la mar, y como bien es sabido al arrumbar el barco de esta manera, siempre acude el mismo a dar algunos bandazos, por muy bien que esté la climatología, pero Constanza ya ni siquiera se tenía que sentar cuando la nave se agitaba, ella seguía vagando a su aire con sus cortos y graciosos pasos como una verdadera loba de mar, por lo tanto, la tercera de las lecciones había sido superada con aprobado.. Mientras la “cachorrita” corría por toda la cubierta a sus anchas, los tres camaradas estaban rematando la caseta, un vez lijadas y cerradas todas las grietas con macilla de madera, ------------------------------------- 44 ------------------------------------
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Los amigos se retiraron a jugar la partida de turno, dejan- do el acabado total de la choza para el siguiente día, al igual que la pintura… En el comedor de la tripulación como todas las noches desde que se enteraron de la existencia de la perrita, uno de los temas principales de las tertulias derivaban sobre el animalito, de cómo se iba superando día a día, sobre la evolución de aquel cuerpo que parecía tan frágil, aquellos progresos de la “cachorrita”, era satisfacción de todos los simpatizantes de Constanza, de aquel adelanto tan palpable y positivo que se le veía, rellenando de carnes aquel cuerpecito tan maltratado, de la misma manera salía a relucir las órde- nes dadas por el conductor principal de la nave, sobre el desembarco de la inofensiva perrita, estas pláticas termi- naban en enfados colectivos, noche tras noche se iban levantando más voces de protestas contra la orden tan radical que aquel caudillo había dado, ya se estaban dejando de oír por todos los compartimentos del buque… Una de las intenciones principales de aquellas conversaci-ones casi siempre iniciadas por algunos de los simpatizantes más allegados de la perrita, era la manera de arengar a la tripulación para protestar, para que cada vez fueran más el número de marineros en contra de la orden tan extremista dada por el capitán, la intención no era otra, más que las mismas llegasen a los oídos de D. Pedro, de hecho en el comedor de la tripulación no faltaban los correveidiles que se desvivían por llevarle las noticias frescas al jefe de todos los departamentos... La perrita ajena a todos estos temas de los marineros, se la pasaba de mesa en mesa correteando y saltando de pura alegría, cada vez que alguno de ellos le pasaba su mano por el ----------------------------------- 43 ----------------------------------------
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El día transcurría apacible como el tiempo en sí, deseando el cocinero que llegase de nuevo la finalización de la faena laboral para sacar a la enana, esta cuando sentía que abrían la puerta del camarote, sabía que la hora del paseo tocaba, saltando de alegría, correteando y husmeando por toda la cubierta corría junto a los dos amigos y el contramaestre hacia la proa del barco donde se encontraba la carpintería… Rebuscaron por todos los rincones los tres camaradas buscando las maderas apropiadas para la elaboración de la caseta… -Mira que si le da al cara de palo del capitán por echar a la perrita del barco – Dijo José pensando que iban a fabricar aquella caseta para que luego este les hiciera el flaco favor de desembarcar al animalito… -Le ponemos la misma de sombrero a él - para que se acuerde de la perrita – Remachó Pinto entre unas sonoras carcajadas de los tres amigos… Yo tengo la esperanza que a través de la esposa, ese termine cediendo, eso sí, a regañadientes. Dijo Fran. -No te fíes mucho amigo - yo lo conozco muy bien – ese no deja sin ejecución una orden dada por él -Dijo Pinto. -Las maderas no es que sean de la mejor calidad – pero creo que son las más idóneas para hacerle el palomar a la palomita. Siguió hablando el contramaestre. ¡No están mal del todo, más luego con la pintura hasta bonita quedará! – seguro que sí – corroboró Fran. La caseta estaba quedando bien mona, con un techo a dos aguas, pensando en un futuro cuando la tuvieran que sacar del camarote para ponerla en un lugar bien protegida de las inclemencias del tiempo… ------------------------------------ 42 -----------------------------------
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Despuntaba un crepúsculo radiante, limpio el firmamento de nubes, la mar era una balsa de aceite, esta daba la sensación de poder caminar sobre ella, remanso de paz en la calma de alta mar, los delfines por doquier, con sus alegrías saltando en la proa del barco, compitiendo como en carrera a ver quién corre más, surcando la nave cortando el agua, saltan los peces voladores al ser tocado por el costado del barco, volando se alejan mientras les quedan una gota de agua en sus agraciadas alas… La estela que va dejando por la popa la nave, es como una inmensa derrota que se pierde mirando en lontananza, los periodos que a la mar la convierten en un fabuloso edén, para aquellos románticos que viven enamorados de la misma, inenarrable la satisfacción que tanta belleza puede propor- cionar cuando esta está en paz, el viento sin aullar, las olas inexistentes, el símil que de la misma se puede hacer, es el de una inmensa piscina. --------------------------------- 41 ------------------------------------------
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arte, llegaba con facilidad hasta donde caía la pelota, al terminar los ejercicios de aquel día, cuando ambos iniciaban la vuelta al camarote, Fran miró hacia el puente y divisó a Dña. Elvira en el alerón de babor que con su mano levantada lo saludaba, con una gran sonrisa en su rostro como siempre, llevándose los dedos de la mano a su boca, mandándoles besos a la perrita… Como ya era habitual en ella, una vez terminada las correterías por el barco, Fran la dejaba descansar un ratito antes de ponerle la comida, una vez aseada, esta devoró en un santiamén lo que le pusieron en el plato, quedándose como esperando más ración… El cocinero se dirigió al comedor donde quedó para jugar unas partidas a las cartas con José, con este siempre jugaba en pareja, en contra del pañolero y el contramaestre que eran el equipo rival en el juego…. Aprovechando la ocasión entre partida y partida, José y Fran les comentaron a Pinto y Floro (el contramaestre llevaba la cuestión de la carpintería a bordo) por qué no le hacían una caseta de madera a Constanza, claro, sin que se enterara el “Viejo” ni los correveidiles de este, sobre todo Isidoro, el chivato número uno del capitán… Tampoco la caseta tendría que ser muy grande, pues la perrita ya se estaba viendo que no crecería mucho… --------------------------------------- 40 -----------------------------------
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El cocinero subió al camarote del capitán, entre ambos estaban terminando de confeccionar la lista del pedido de materiales para la cocina, el “Viejo” tenía que dar el visto bueno de la misma, al entrar en la cabina de este, Fran le devolvió el saludo sarcástico que en la mañana el chofer principal de la nave le había dado. “Donde las dan, las toman” – Se dijo para sus adentros. En aquel momento el caudillo tenía la cara de palo que lo caracterizaba perennemente… Aquella sonrisa que el cocinero le había devuelto al comandante, le costó para los restos que la inquina que aquel avinagrado le tenía ya, la misma se aumentara, jamás le perdonaría aquella manera de tratar de burlarse de él… Bajó del camarote del “Viejo” pensando que se había pasado varios pueblos con su actitud. ¡Pero a lo hecho, pecho! - Dijo Fran. Al mediodía apenas terminó con su faena se dirigió a por la perrita, al entrar se la encontró en primera fila mirándolo con sus hermosos ojos y con su cabeza ladeada… -Anda que iban a tardar en dar contigo- Pensó el cocinero apenas la vio. A las palabras de ¡Vamos Consta! –Salió como una bala. Caía la tarde cuando el barco estaba dejando por la popa en su totalidad a la isla de Gran Canaria, aprovechando el clima primaveral de las aguas del archipiélago sacó a la perrita a dar el paseo habitual por la cubierta principal… Acompañado del buen tiempo, para seguir erre que erre con la tercera de las lecciones, aunque apenas se movía el barco, la perrita daba la sensación de que aquella prueba pertenecía al pasado, cada vez corría por la cubierta con más ----------------------------------------- 39 ----------------------------------
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cocina, aunque no las tenía todas con él, algo de tiempo a su favor ganaría, más por la situación de la operación de recogida del inspector y por las prisas de la misma… Cuando el barco se acercaba por La Isleta a la bahía de Las Palmas, ya navegando en dirección al muelle de La Luz, con las vistas fabulosas y en todo su esplendor de la avenida marítima y gran parte de la ciudad principal de Gran Canaria, de repente Fran notó que algo raro estaba sucediendo, quedándose extrañado por la maniobra del barco que virara de una, al cambiar de bordada pasando de una amura a otra, la dirección era la opuesta a la que hacía un rato llevaban… El cocinero salió a mirar por el costado, comprobando que el barco ya le daba en su totalidad la popa al muelle, en un principio pensó que sería porque la lancha que traía al inspector no estaría dispuesta aún, pero se percató que los marineros estaban virando la escala de gato y la metían en el barco una vez recogida en su conjunto, al momento sintió el ruido de los motores a toda máquina… A Fran le dio un gran vuelco el corazón, un rayo de luz iluminaban sus seseras, algo bueno estaba aconteciendo para aquel cambio de rumbo tan radical… Fausto entraba en la cocina como un cohete con la mejor de las noticias, el cocinero apenas le miró a la cara, entendió que el milagro se había producido, de momento la grumete seguía con ellos a bordo, hasta cuando, era la gran incóg- nita… Se había recibido otro telegrama de la compañía donde le comunicaban al capitán que el tal inspector no embarcaba, en el mismo le decían que reanudasen el rumbo anterior hacia Nigeria… ------------------------------------- 38 -------------------------------------
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El cocinero no quitaba los ojos del pasillo por donde todas las mañanas pasaba la señora de camino al comedor a desa- yunarse, pero como todo se estaba volviendo gris aquel día, por lo que fuera, ella no bajó… La primera vez en tantos años de profesión que Fran no se alegraba de llegar a su tierra… -Si por lo menos tuviera tiempo de desembarcar – llevarle la perrita algún familiar o amigo- Pensó con los ojos abiertos. Le revoloteaban en la cabeza al cocinero todos esos recur- sos, pero en los fondeos de paso nadie puede descender del barco para ir a tierra… Aquella incertidumbre tan grande ni siquiera lo dejaba concentrarse en sus responsabilidades, con el caletre pensando a mil, de repente le vino una iluminación… Se la iba a jugar, y después que dictaminara el capitán el castigo que le quisiera imponer: ¡Aquí no hay más cera que la que arde!-Salió Fran de la cocina pensando, que le importaba un bledo la sanción que le pudiera caer, pero si se tenían que llevar a la perrita, por lo menos que se mataran en buscarla… Como el barco para no pagar fondeo en la rada, no tendría ni siquiera que echar las anclas, embarcar al inspector y salir a toda pastilla, este pensó: “No creo que vayan a tener mucho tiempo para entrete- nerse en buscar a la “cachorrita”. Fran entró en su camarote y se llevó a Constanza envuel- ta en sus ropas de trabajo, muy simuladamente se dirigió a la proa del barco, y en el pañol continuo a la carpintería, que el desorden en el mismo era mayor que el del camarote de los hermanos Marx, allí la soltó, volviéndose a su trajín en la -------------------------------- 37 --------------------------------------
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mucho aquel comportamiento, aquella manera de saludarlo, al momento Fran barruntó que algo pasaba, pues cuando ambos se dieron los buenos días, que este a pesar de su eterna mala uva, siempre se los contestaba, aunque secamente y de pocas ganas, esa mañana en su cara le vio una sonrisa sarcástica, bastante burlona, el cocinero se dirigió a su trabajo dándole vueltas al magín, allí había algo que le olía a chamusquina… Diez minutos más tarde Fausto, el camarero de los oficiales lo sacaba de sus dudas, ahí entendió el significado de aquella sonrisa burlona que le había dedicado el “Viejo” en el cruce de saludos: -Se acaba de recibir un telegrama de la compañía. Dijo el camarero de los oficiales. A Fran se le paralizaba su motor vital, sus venas se quedaban sin gota de sangre, lo que barruntó momentos antes, emergía… -Tenemos que fondear en la rada de Las Palmas de Gran Canaria para recoger a un inspector que viene a tratar de resolver unos pequeños problemas que tienen los motores auxiliares del barco- luego sigue con nosotros hasta Lagos para ver las evoluciones de los mismos. A Fran le venía un color detrás de otro, del pálido pasaba al rojo, para quedarse blanco totalmente, solo se le pasaba por su cabeza que tendría que entregar la perrita al patrón de la lancha que se acercara a traer al inspector de máquinas… Hasta aquel momento no se le había presentado la ocasión de hablar con Dña. Elvira, tenía que utilizar el as guardado en la manga, no sabía qué hacer… ---------------------------------- 36 -----------------------------------
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