About the work
El cocinero no quitaba los ojos del pasillo por donde todas las mañanas pasaba la señora de camino al comedor a desa- yunarse, pero como todo se estaba volviendo gris aquel día, por lo que fuera, ella no bajó…
La primera vez en tantos años de profesión que Fran no se alegraba de llegar a su tierra…
-Si por lo menos tuviera tiempo de desembarcar – llevarle la perrita algún familiar o amigo- Pensó con los ojos abiertos.
Le revoloteaban en la cabeza al cocinero todos esos recur- sos, pero en los fondeos de paso nadie puede descender del barco para ir a tierra…
Aquella incertidumbre tan grande ni siquiera lo dejaba concentrarse en sus responsabilidades, con el caletre pensando a mil, de repente le vino una iluminación…
Se la iba a jugar, y después que dictaminara el capitán el castigo que le quisiera imponer:
¡Aquí no hay más cera que la que arde!-Salió Fran de la cocina pensando, que le importaba un bledo la sanción que le pudiera caer, pero si se tenían que llevar a la perrita, por lo menos que se mataran en buscarla…
Como el barco para no pagar fondeo en la rada, no tendría ni siquiera que echar las anclas, embarcar al inspector y salir a toda pastilla, este pensó:
“No creo que vayan a tener mucho tiempo para entrete- nerse en buscar a la “cachorrita”.
Fran entró en su camarote y se llevó a Constanza envuel- ta en sus ropas de trabajo, muy simuladamente se dirigió a la proa del barco, y en el pañol continuo a la carpintería, que el desorden en el mismo era mayor que el del camarote de los hermanos Marx, allí la soltó, volviéndose a su trajín en la
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Title Página - 37 - Constanza "La Perrita Navegante"
El cocinero no quitaba los ojos del pasillo por donde todas las mañanas pasaba la señora de camino al comedor a desa- yunarse, pero como todo se estaba volviendo gris aquel día, por lo que fuera, ella no bajó…
La primera vez en tantos años de profesión que Fran no se alegraba de llegar a su tierra…
-Si por lo menos tuviera tiempo de desembarcar – llevarle la perrita algún familiar o amigo- Pensó con los ojos abiertos.
Le revoloteaban en la cabeza al cocinero todos esos recur- sos, pero en los fondeos de paso nadie puede descender del barco para ir a tierra…
Aquella incertidumbre tan grande ni siquiera lo dejaba concentrarse en sus responsabilidades, con el caletre pensando a mil, de repente le vino una iluminación…
Se la iba a jugar, y después que dictaminara el capitán el castigo que le quisiera imponer:
¡Aquí no hay más cera que la que arde!-Salió Fran de la cocina pensando, que le importaba un bledo la sanción que le pudiera caer, pero si se tenían que llevar a la perrita, por lo menos que se mataran en buscarla…
Como el barco para no pagar fondeo en la rada, no tendría ni siquiera que echar las anclas, embarcar al inspector y salir a toda pastilla, este pensó:
“No creo que vayan a tener mucho tiempo para entrete- nerse en buscar a la “cachorrita”.
Fran entró en su camarote y se llevó a Constanza envuel- ta en sus ropas de trabajo, muy simuladamente se dirigió a la proa del barco, y en el pañol continuo a la carpintería, que el desorden en el mismo era mayor que el del camarote de los hermanos Marx, allí la soltó, volviéndose a su trajín en la
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Work type Literary: Other
Tags poesía romántica
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1509065106669
Entry date Sep 6, 2015, 2:39 PM UTC
License All rights reserved
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Copyright registered declarations
Author. Holder Francisco Déniz Bruno. Date Sep 6, 2015.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1509065106669-pagina-37-constanza-la-perrita-navegante-