lomo acariciándola con mucha ternura, esta saltaba de contenta y trataba de jugar con todos, así estaba ella por todo el comedor, como un a reina atendiendo a su personal, hasta que llegaba donde se encontraba sentado Sebastián, el camarero de la tripulación, un grandullón de dos metros de altura, con unas manos de gigante, un amigo extrovertido como él solo, mostraba sus sentimientos abiertamente en todo momento, sociable y sobre todo muy afectuoso con todos sus amigos, no había mayor gozo para la pequeñita que Sebastián la levantara y la pusiera en su regazo, quizá ella se sentía como más protegida mirando a los demás desde tal altura, allí se quedaba hasta que se tenía que ir alguno de los dos…
Aquella perrita encontrada por los dos amigos cuando estaba en el hueso pelado, demostraba a pasos acelerados que era apta para aprender cualquier asignatura…
Aunque la navegación de los últimos días no se había vuelto a coger un mal tiempo, y la mar parecía una balsa de aceite, pues apenas balanceaba el barco, en algunos momentos de las singladuras, que la nave le tocaba de surcar atravesado a la mar, y como bien es sabido al arrumbar el barco de esta manera, siempre acude el mismo a dar algunos bandazos, por muy bien que esté la climatología, pero Constanza ya ni siquiera se tenía que sentar cuando la nave se agitaba, ella seguía vagando a su aire con sus cortos y graciosos pasos como una verdadera loba de mar, por lo tanto, la tercera de las lecciones había sido superada con aprobado..
Mientras la “cachorrita” corría por toda la cubierta a sus anchas, los tres camaradas estaban rematando la caseta, un vez lijadas y cerradas todas las grietas con macilla de madera,
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