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"La bruja Micaela" Cuento infantil
06/04/2017
“La bruja Micaela” Cuento infantil Era se una vez que se era, una bruja llamada Micaela. Micaela vivía a las afueras del pueblo, apenas, lo visitaba, estaba sumergida en una soledad no deseada. Se sentía un poco rara, se veía fea, nunca había ido a la ciudad. Aquella mañana abrió la despensa, vio que no tenía ni una gota de harina, solo tenía telarañas, por los cuatro rincones y algún ratón que se asustaron al verla, huyendo inmediatamente del lugar. Así que no le quedaba otro remedio que ir al pueblo, más cercano de su casa. Pero esta vez a Micaela, no le apetecía ir vestida de negro, ni montada en su escoba mágica, pues toda la gente al verla se asustaban, se metían corriendo en sus casas, cerrando con llaves, cerrojos puertas y ventanas, total que aquello se le hacía aburrido, siempre acababa sola, tan sola como la una, o como en el cielo la luna. Así que no se lo pensó dos veces, porque quería hacer un cambio en su vida, sin más pérdida de tiempo se decidió, II y empezó arreglarse, antes de marchar, con rumbo al pueblo. Saco unos cubos de agua de su pozo, se dio un buen baño, rebusco en el viejo baúl, encontró un vestido gris…Bueno, mejor que el negro, creo que es, dijo Micaela, se lo puso y a continuación desenredo su largo cabello, se lo recogió en un gracioso moño. ¿Cómo estaré? Se preguntó la bruja, ella no se veía, no tenía ni un mal espejo, en su casa. Es igual, me mirare cuando cruce el río. Micaela le puso la montura a la mula, el cerón para meter su compra, se puso en marcha hacia el pueblo. Espero que así como voy vestida, peinada y sin mi escoba voladora no se asusten de mí, y no se escondan la gente ni cierren las tiendas, ya tengo la despensa vacía. La bruja Micaela se iba diciendo ella misma, ya sé que muchos de ustedes los que estáis leyendo mi historia se preguntaran…¿Pero, si es bruja porque no llena de comida la despensa con su barita mágica? Pues es muy fácil de explicar y más fácil de entender, por qué la comida no sabe igual, es más sabría apenas tienen III sabor, en cambio las naturales están más sabrosas y tienen más vitaminas, hierro, fosforo, y todo eso. Hablando con sus pensamientos se le hizo el camino muy corto hasta se le olvido mirarse en las aguas del río. Micaela se apeó de la mula, la amarro con su cabestro, a una baranda de la entrada del pueblo, estaba un poco nerviosa, pero esta vez estaba decidida, se sentía valiente, de pronto se sobresaltó al escuchar detrás de ella una voz masculina, buenos días, señorita le dijo la voz…bu, bu, buenos días, caballero, contesto Micaela, un poco nerviosa. El señor siguió su camino, la bruja Micaela, se dirigió la calle principal donde se encontraba las tiendas, vio una señora muy hacendosa, barriendo la acera de su casa. Bue, buenos días, dijo Micaela a la señora, muy buenos días tenga usted, le contesto la señora hacendosa, y siguió con su limpieza. Micaela, no se lo podía creer, las dos primeras personas que se había encontrado en el pueblo, no se asustaron de ella. Siguió caminando hasta llegar a una plazoleta, donde los niños jugaban, sus madres felices hablaban entre ellas, todo estaba perfecto, tranquilo, normal…pero algo estaba fallando, IIII cuando Micaela llego a la puerta de la tienda, la tienda estaba cerrada. ¡Oh, exclamo la bruja, ¿Por qué me han cerrado la tienda? Se preguntó muy preocupada la bruja Micaela, ¿me abran reconocido? Debí mirarme en el río, estaré espantosa, pero dos personas me han dado los buenos días normalmente, ¡Oh, exclamo la bruja! ¿Será que esas dos personas son ciegas? Una voz femenina detrás de ella la volvió a sobresaltar. ¿Buscaba usted algo señora? Pues, veras, señora, yo, venía, a comprar harina, necesito harina. Yo soy la dueña de la tienda, los domingos está cerrada, por descanso laboral, no se preocupes, le venderé la harina, pero por favor la próxima vez venga entre semana. Sí, sí, claro que sí, lo are. La bruja Micaela estaba muy contenta, le dio las gracias a la dueña de la tienda, marcho muy feliz, y desde aquel entonces Micaela iba cada dos por tres al pueblo, encontró muchas amigas, hasta hizo algún viaje que otro a la ciudad, eso sí su escoba mágica la guardo en su viejo baúl, solo la sacaba para barrer su casa manteniéndola como los chorros del oro, Micaela disfrutaba utilizando el autobús sola o cuando iba acompañada de alguna de sus muchas amigas. Autora Lola Barea Barrera La bruja Micaela nos da una lección en su cuento de superación, y a continuación un buen consejo. Es muy importante que nos queramos mucho tal como somos, ya seamos más bajo, más alto, más gordo, más, flaco, etc, respetarnos y respetar a todos los demás. Echar a un lado la pereza la timidez y nuestros temores para superarnos en la vida. Autores: Lola Román y Lola Barea.
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*Tengo que matarlo" Relaro.
06/01/2017
“Tengo que matarlo” Relato. * Tengo que matarlo. No lo aguanto más. Pero no quiero ir a la cárcel. Ni que la gente me señale con el dedo. Tengo que pensar, para hacer un trabajo bien hecho. Me tomaré el tiempo que necesite para que nadie sospeche de mí, que yo he sido la que lo he matado. Es insoportable, no me deja ni respirar. Que si haz esto, que si no hagas aquello, vete para allá, que si vente para acá. No te ponga esa blusa, estás horrible con ese pantalón. Los cabellos los tienes como estropajo de esparto machacado. Que si esta noche no he podido dormir, por tu culpa, las sábanas estaban mal puestas. No soporto más sus gritos. ¡Malditas seas que no vales para nada! Me grita. ¡Siiii que vales, sí que vales, pero solo para comer! ¡Así te estas poniendo, gorda, como un puerca cerda! Puerca y vaga, ayer estuvo todo el día la ropa en la lavadora, sin tender. Me amenaza. ¡Como yo vuelva a ponerme mi camisa azul, y huela tan mal, como la última vez, te vas a enterar, de cuánto vale un peine, maldita seas, tú y maldita sea la que te parió, no se fuera muerto, cuando se abrió de patas! El terror y el dolor se apoderan de mí, cuando toca el más apreciado tesoro que tengo. ¡Y tu hija, lleva la misma carrera que tú. Pero a esa le quito el pellejo, así que ándate con mucho cuidado, porque hoy, es una advertencia, la próxima vez, no aviso. Toma nota, so penca, que eres un bulto con ojos, no habrá otra próxima vez, porque las mato a las dos! -Dios mío- Sé muy bien, que lo que dice lo cumplirá. Hoy solo ha sido una advertencia y un solo empujón, la próxima vez me pegará. Dios mío, mi hija, también le pegará. Dios mío no lo permitas, a ella no. Tengo que matarlo. No puedo esperar más. Será esta noche de sábado. Cuando mi hija no esté. ¡Lo mataré, lo mataré! -Mamá, mamá, despierta. Tienes que vestirte, el funeral de papá es a las seis de la tarde. Ya he comunicado a toda la familia de la repentina muerte de Papá. Autora Lola Barea Barrera.
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El alma
06/01/2017
“El alma” Relato. Lucia abrió los ojos, miró a su alrededor, estaba en una habitación. Frente a ella, un cuadro de un bonsái. Se sentía mareada, recordó aquel brutal estruendo, se tocó su cara, sus brazos y sus piernas, se tranquilizó, eso hizo sentirse como renacer. Su evolución fue rápida, se levantó y se asomó por la ventana, se puso nerviosa, cuando vio a un grupo vestido de gris, pudo oír la palabra, espiritualidad, mientras otro arrojó a un oscuro pozo el alma de una chica, Lucia se miró al espejo, no reconocía aquella figura, pues, le faltaba el alma. Autor: Lola Barea.
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Le llamaban la Loca
06/01/2017
Les llamaban “La Loca” Relato. La recuerdo, como si fuera hoy mismo, cuando aquella mujer sin nombre, quien las vecinas les llamaban “La Loca”, pasaba por mi calle hacia al puerto a esperar los barcos pesqueros, con la esperanza de recibir unos pescados. Los pescadores, quien la conocía, les tenían, ya preparado, unos pescados. Ella los guardaba en su mochila de cuero despellejado y La Loca se alejaba del puerto, muy feliz. También recuerdo una tarde lluviosa, cuando, mirando por la ventana, vi a La Loca andando hacia el puerto y caminando por el centro de la calle, con expresión sonriente y segura. De pronto, un coche dobló muy rápido la esquina, casi atropellándola. El conductor, asustado, le gritó “¡Estás loca, súbete a la acera!” La Loca, sin ser consciente de lo que ocurrió, siguió por su camino. El conductor se bajó del coche verde, cogió a La Loca por un brazo y la empujó hasta la acera, sin dejar de gritar. Ante aquello no me pude contener. Abrí la ventana y le grité al enfurecido conductor. ¡Suelte a esa mujer ahora mismo, si no quieres que llame a la policía! ¡Usted no se meta. No ves que está loca, va caminando por medio de la calle y casi le mato! Me dijo aquel hombre regordete y de baja estatura. ¡Y usted no sabe que va en dirección prohibida! ¡Esta calle es peatonal! Mis gritos y los gritos de aquel desconocido conductor se juntaron con el ruido de la lluvia. ¡Tú, y tú, callaos las bocas! nos gritó La Loca, mirándonos con ojos grandes y señalando con su dedo amenazante. ¡Dejadme en paz! Por vuestra culpa voy a llegar tarde al puerto. Estoy harta de escucharos. Sois, tal para cual, un par de locos…. ¡locos! -Los cuerdos y los locos, dan vueltas en la batidora del mundo, cuando se detengan a pensar… ¿Quién es quién?
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"La decisión" Relato.
06/01/2017
“La decisión” Relato. Cada vez que Matilde se quejaba del poco dinero que entraba en su casa, Manuel agachaba su cabeza, sintiéndose culpable por ello. Mi hermana ya se ha cambiado de casa tres veces, dijo Matilde. Hoy se ha mudado a su nuevo adosado de la urbanización “Caracolas”. Estamos invitados a cenar en la semana próxima. No me apetece ir, pero no quiero que piense que le tengo envidia. ¿Y, no se la tienes?, dijo Manuel con voz temerosa. Lo único que siento es de haber escogido un marido tan cobarde, dijo Matilde con voz dominante. En silencio, Manuel se levantó de la mesa y se fue a su dormitorio. No merecía la pena discutir ni convencerla de nada. Ella era así, indecisa, cobarde y para colmo envidiosa, se lo demostró en los cinco años que llevaban juntos. Al día siguiente, Manuel tragó saliva y llamó a la puerta del director. Pase, dijo Enrique el director. ¿En qué puedo ayudarte Manuel? Me marcho de la empresa, dijo Manuel. Estamos contentos con usted, dijo Enrique, si tiene algún problema con los compañeros o necesita un aumento de sueldo se puede arreglar hablando. Todo está bien con mis compañeros, el sueldo es justo al trabajo que realizo, el motivo es, titubeó Manuel, quiero alejarme del pueblo, del trabajo, de la casa donde vivo y, bueno. ¿Alejarte de todo, incluida tu mujer, es así, Manuel? Le preguntó Enrique, como si quisiera ayudarle a pasar pronto el mal trago que le llevó hasta su despacho. Sí, sobre todo alejarme de ella, no la culpo de nada, solo es que las cosas no funcionan bien entre Matilde y yo. El divorcio está a la orden del día, no es un delito ni es ninguna deshonra, dijo Enrique. Yo, siguió hablando, he tenido tres parejas y cuando no ha funcionado nos hemos separado y punto. Te haré una buena carta de recomendación, y te sugiero, Manuel, que nunca te detengas ante las cosas banales, solo son obstáculos en el camino, que nada te detenga como nada detiene al mundo. Los dos hombres se levantaron de sus respectivos asientos y se dieron un apretón de mano. Cuando Manuel comunicó a Matilde su firme decisión, Matilde intentó de convencerlo por todos los medios a su alcance para que él no la dejara. Para Manuel ya no había marcha atrás y con su cabeza en alto salió de aquel lugar que lo hacía infeliz. Autor Lola Barea.
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Un hecho real
05/16/2017
“Un hecho real” Dice que existe una fuerza interior que si haces uso de ella consigue todo lo que te propongas. Lo descubrí cuando una amiga me contó su caso. Permítanme que me reserve su verdadero nombre, la conoceremos como Ronda. Antes de descubrir su propia fuerza interior Ronda pedía perdón a cada paso (con motivos o sin motivos) Yo sabía que Ronda no era feliz con su marido, ella no le amaba, se le notaba a mil leguas, el motivo de su desencanto era la forma de ser de él y como la trataba. En más de una ocasión vi con mis propios ojos como la ridiculizaba cuando nos juntábamos unas cuantas parejas en su casa o en las nuestras. Quizás por eso era que Ronda optaba por hablar poco, las amigas le ofrecimos ayuda, ella nos daba las gracias y se disculpaba por el comportamiento del marido. Les cuento según ella me contó la última mañana que la vi. La mañana se le presentó ajetreada, tenía más prisa que nunca, Ronda tenía que hacer algo muy importante, tan importante que aquello le cambiaría su vida para siempre. A primera hora tenía que llevar unos importantes papeles a la gestoría donde Ronda trabajaba unas horas al día. Esa misma mañana Ronda iba del baño a la cocina, del dormitorio al despacho, nerviosa tropezó con su marido en el pasillo. Él la buscaba para que le hiciera el nudo de la corbata. A Ronda se le cayó los papeles por el suelo, la primera reacción de él fue llamarla torpe. ¡Qué diablo te pasa, vas ciega! Ella se disculpó a la vez que se agachaba a recoger los papeles, los puso en el recibidor y se puso a hacerle el nudo de la corbata. Seguido, Ronda sirvió dos tazas de café, su marido se quejó de que estaba muy fuerte, ella se volvió a disculpar. Él le dio un beso casi al vuelo y se marchó. Ronda me llamó por teléfono, me dijo que a las doce estaría fuera de su trabajo y le gustaría que tomáramos juntas un café y tenía algo que comunicarme. Le contesté que sí, que allí estaría sin falta. A las doce menos diez allí estaba yo puntual como un reloj. Hacía meses que no nos veíamos, noté a Ronda cambiada a mejor, su figura era más delgada y más elegante que de costumbre. A la vez que nos saludábamos con dos besos le dije lo bien que la veía. Nos dirigimos a la cafetería y nos sentamos en una pequeña y tranquila mesa situada al fondo. ¡Cuéntame, cuéntame que haces para estar así, estás guapísima, rejuvenecida! Ronda me miró y me dijo, estoy enamorada. Yo sabía perfectamente que su marido no era el afortunado, ¿quién es tu príncipe?, le pregunté. ¿Te acuerdas de Alejandro de la universidad? ¡Claro que me acuerdo de él, el guapo arquitecto! A las tres cogemos un vuelo para Inglaterra, necesito que me lleves al aeropuerto. Nerviosa le pregunté, ¿y cuando vuelves? No volveré, me dijo. Me levanté de la mesa y le dije, vallamos rápidas a ese aeropuerto. Autor Lola Barea.
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El ascensor" Relato.
05/07/2017
Relato “El ascensor” Tenía en mente, un relato, le titularía “El ascensor” Naturalmente escribiría sobre su pequeño espacio, su alargada altura, su luz, con espejo o sin espejo, cualquier cosa que suele suceder dentro de un ascensor. Mi problema es que siempre he vivido en planta baja, lo único que hay por encima de mi tejado es el cielo, por cierto, cubierto de estrellas. Si tuviese un ascensor para subir hasta allí. Como eso no puede ser, llamé a mi prima Agustina, ella vive en Madrid, en una novena planta, perfecto. Llegué a la estación de trenes y mi querida prima estaba allí, tan simpática como siempre. Des puede del saludo: ¿Y dime, prima Lola, que te trae por la capital, tú que nunca sales de tu casa del pueblo? Su pregunta me cogió de sorpresa. Odio mentir, pero no podía decirle: He venido a probar el ascensor de tu edificio, y ya de paso verte a ti. NO, se daría medía vuelta, me dejará tirada y se llevaría un gran disgusto, y yo también. Así que le contesté: Tenía ganas de verte, prima, y salir del pueblo que me hacía falta. Claro, que sí, bienvenida. Como ya no vienes al pueblo, pues, me dije, voy a visitar a mi prima Agus. Cuando llegamos a los aparcamientos, me quede de una pieza. Por cierto, el ascensor no funcionaba y bajamos por las escaleras. ¡Anda, que cochazo tienes, Agustina! ¿En qué trabajas, prima? Soy adivina. Tengo muy buenos clientes y me va muy bien. Aquello me puso nerviosa. Temí que acertara el motivo de mi visita. Siempre supe que, mi prima Agustina era la más lista del colegio, que me ganaba a la comba con los pies juntitos, y a los cromos con los ojos cerrados. ¿Cuéntame cómo vas con tu poesía y relatos? Me preguntó. Bueno, ahí vamos. ¿Has publicado algún libro, prima Lola? No, nada de nada, solo escribo a gallinas, cabritas, y poco más. Ahora tienes oportunidad de escribir sobre algo de la ciudad. Eso, eso, que me aconsejas, le pregunté ansiosa. Cuando estemos en casa hablamos del tema, ¿te parece bien? Sí, me parece una idea estupenda, prima. ¿Hacia dónde vamos, Agustina, nos hemos alejado de los edificios altos, cuánto falta para llegar a tu casa? Ya llegamos. ¡Cielo santo! Exclamé. Aquello no era una casa, era una mansión. Nos recibió su mayordomo, primero abrió la puerta del coche a mi prima y luego la mía. Todo aquello me impresionaba y a la vez me resultaba grande, y mis planes de probar y escribir sobre el ascensor se había chafado. Acomódate en tu habitación y luego hablamos, tenemos tantas cosas que contarnos. Después de echar un vistazo a todo aquello, deshice la maleta y colgué en el armario mis ropas. Salí de la habitación, y en el pasillo me encontré con mi prima que venía a mi encuentro. Una vez sentadas en el sofá de la sala. Le pregunté a mi prima por aquel piso que tenía en una novena planta, con sus dos ascensores. Lo tengo alquilado. Estaba cansada de tanta altura y de aquellos ascensores, siempre estaban ocupados o averiados. Pues, que pena, hace tanto tiempo que no subo a uno que, les echo de menos. No te preocupes, mañana iremos al centro comercial, allí puedes montar en el ascensor cuantas veces quieras. ¡Gracias prima Agustina, que buena idea has tenido! Se me ocurre otra idea, prima Lola. Como en el pueblo no tienes ascensor… ¿Por qué no le escribes un relato al ascensor? Oh, magnífica idea, claro que voy a escribir un relato sobre el ascensor y te lo dedicaré prima. Eres una autentica brujilla de las buenas, prima Agus. Autor: Lola Barea.
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La pelea" Relato.
05/07/2017
“La pelea” Relato. Sírveme la última copa, Pedro. Basta de beber por hoy, Rasposo. Te he dicho que me sirva la última copa, Perrones. Y yo te he dicho, que se acabó por hoy el beber. Sírveme el último trago, Pedrito. Ya es tarde, tenemos que cerrar el bar, vamos compadre, te acompaño hasta tu casa. ¡No, tú no me acompañas, que sabes mucho, Pedreta! A mi casa, me voy yo solito, que te aprovechas de mi borrachera, y te acuestas con mi mujer. No digas mentiras, borrachín de tres al cuarto, mi mujer está en la cocina y se va a enterar de tus blasfemias. Pues me sirve un vino, y me voy para mi casa, si no quieres que siga hablando, y se entere tu mujer y el pueblo entero, ¡ponme la última y ahora!. A mí no me amenaces, Raposo, estás muy equivocado conmigo, que te pongo de patitas en medio de la calle, y no pisas el suelo de mi bar nunca jamás ¡te enteras, estúpido bebedor, que no sirves ni para beber! Pues me voy al nuevo bar que van abrir en frente de mi portal. Pues corre corriendo ahora mismo, y te sientas a esperar en su puerta, hasta que lo inauguren y lo abran. A ver si el dueño te aguanta tanto como te aguanto yo. Tú me aguantas porque te conviene, o te crees que soy tonto, yo sé que mi Pedrito no es hijo mío, tiene tu misma cara, tu mismos ojos y tu misma mala leche, que soy borracho, Pedro Perrones, pero no soy tonto, y también se contar, cuando lo pario la Enriqueta, llevaba yo, doce meses en Alemania, y por lo que yo sé, solo las burras paren al año de preñarse. ¡Tiras ahora mismo para la calle, no quiero verte más por aquí, fuera! Ojalá te estampe la cabezota que tienes contra la farola. Tengo mujer e hijos, toda una familia y tú con tu lengua de víbora borracha, me la vas a echar a perder, fuera de aquí, Rasposo de…m. Yo también tengo una familia y tú me has ayudado a aumentarla, pero no me ayuda a alimentarla, sírveme la última copa por hoy, anda, y estamos en paz. ¡Tomasa, Tomasa! ¡No grites, no estoy sorda, que quieres, Pedro! Voy a llevar al compadre a su casa. Llévalo Pedro, anda, que yo cierro el bar, no te preocupes, ya recojo los vasos del mostrador, y me voy para casa. Valiente pea tiene el tío, la mare que lo pario, lastima le tengo a la Enriqueta, tener que aguantar a un borracho, menos mal que a mí me ha tocado el hombre más formal, trabajador, decente y fiel de todo el pueblo, una, que soy más viva que un relámpago, y he sabido escoger lo mejorcito. ¡Enriqueta, Enriqueta, abre la puerta! ¡Voy, Pedro! Otra vez el Rasposo con la borrachera, verdad. Donde lo pongo, al bulto de tu marido. Ponlo en el sofá, querido Pereira, no sé qué haría sin tu ayuda, tengo tanto que agradecerte. Por lo pronto me lo vas agradecer sirviéndome una copa, el esfuerzo de traer al Rasposo hasta tu casa, me ha dejado la garganta seca, y el corazón arrugado. Te sirvo una copa o lo que tú me pidas, un beso profundo para refrescar tu garganta, y te planchare las arrugas de tu corazoncito, con mis manos, que se vuelven planchas de suaves caricias, son solo para ti, Pedro del alma mía. Pues vamos para el dormitorio, allí con el aire acondicionado que te regalé, estaremos los dos más fresquitos, mi Raposina querida, cómplice de mi pecado, anda, plánchame hasta el carnet de identidad, Enriqueta del alma mía, y sigamos pecando. Autor: Lola Barea.
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El frutero en la mesa" Relato.
05/06/2017
“El frutero en la mesa” Antes de llevar el frutero a la mesa del comedor, la señora Eulalia, iba clasificando las mejores frutas, apartó los limones, las naranjas y los pomelos, el resto de las frutas con delicadeza las fue ordenando, para presentarlas bellas y apetecibles. Las fresas y frambuesas rojas, a la derecha, los plátanos y los melocotones amarillos a la izquierda, los higos verdes y negros en el centro, las guindas purpuras, un puñado de ellas en cada esquina de los asas del frutero, las uvas negras y las que estaban doradas por el sol, las fue poniendo sobre los bordes, así hasta conseguir un frutero repleto de dulzura, que entraban solas por los ojos y por la boca. Pero toda la familia se atiborró de la rica y abundante comida. Se llenaron tanto las panzas que cuando llego la hora del postre, ni uno de ellos miró el bello y dulce frutero, ya no le cabían ni una sola uva, en sus barrigas. Se fueron a dormir después de tan inmenso atracón, con las consecuencia que todos despertaron a media noche, con dolor de tripa, vomitando y con cagaleta, la señora Eulalia, se encontraba perfectamente bien, ella solo había cenado su rica sopa, de pollo y verduras, unas frutas y un vaso de leche. Dejó pasar un buen rato antes de dormirse, disfrutó leyendo un libro, que le habían regalado por sus sesenta y siete cumpleaños. La señora Eulalia, cuando vio a todos, entrando y saliendo del cuarto de baño, llamó inmediatamente a su médico de familia, para que visitara a toda la suya, el doctor llego muy rápido, vivía a solo dos manzanas de la casa de Eulalia, el doctor Fermín reviso a todos los miembro de la familia, después de tranquilizar a la preocupada Eulalia, les receto a todos tres día de ayuno, prohibido tomar sólidos, pero podían beber, líquidos abundante, la señora Eulalia preparó con los limones, naranjas y pomelos un barril de refrescante zumo, para que todos los afectados estuvieran yendo y viniendo todo el día, al barril de las vitaminas liquidas. La señora Eulalia viendo que no tenía que hacer ni servir comidas, aprovecho para quedar con sus amigas, que hacía tiempo que no las veía, fueron a desayunar todas juntas, después pasearon por la arena, y disfrutaron de un placentero baño en la playa, eso sí, la señora Eulalia muy precavida se llevó su sombrero, y un cestito repleto de frutas variadas para darse un banquete con todas sus amigas. Autor: Lola Barea.
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Flores para el recuerdo. Relato.
05/06/2017
“Flores para el recuerdo” Aquel irregular cantar de los grillos…le ayudó a sumergirse en profundos pensamientos, pensamientos que le transportó a un feliz y amargo pasado. Eran las seis de la mañana, de un caluroso verano. Robert esperaba a Regina, en la cueva de la sierra alta. El padre de Regina, un personaje muy reconocido en el pueblo. Tenía poder e iba sobrado de soberbia, y jamás aceptaría aquel campesino de su finca, como novio de su hija. Los dos enamorados se veían a escondidas. Robert la vio como subía con dificultad entre los peñascos, soltó el ramo de flores silvestres y corrió a su encuentro. Una vez a salvo, los dos jóvenes se fundieron en un abrazo. Hoy tengo que irme pronto, creo que mi padre sospecha, dijo Regina. Te acompañaré hasta la entrada del pueblo, dijo Robert. No, es mejor que no te vean conmigo. Después de un par de horas juntos, se despidieron con un beso apasionado. Robert le entregó el ramo de flores. La chica se lo llevó hasta su bello rostro, respiró profundo su perfume, como si se tratase de puro oxígeno, sentía la sensación de dar más vida a su vida. Miró a su novio a los ojos, se fue alejando de él con una feliz sonrisa. Cuatro hombres mandado por el padre de la chica, le cortó el paso. ¿Dónde está ese bastardo? Estoy sola, dijo la muchacha. Uno de ellos la sujetó por el brazo. La chica consiguió escapar de él, en su asustada huida cayó piedras abajo. Robert, al escuchar los gritos, fue a su ayuda, cuando el chico llegó, Regina, estaba muerta, había recibido un golpe contra la roca. Los individuos asustados huyeron montaña abajo. Robert, llevo el cuerpo de su amada, hasta la lujosa puerta del soberbio padre. El joven destrozado por la pérdida de su amor, decidió poner tierra por medio, alejarse de aquel lugar, un lugar que le dio el amor y dolor, marchó a otro país. Robert jamás se casó, él, ponía la excusa que, cada año por la misma fecha, tenía una cita en la sierra alta, a la cual no podía faltar. Allí depositaba las flores silvestres, bellas flores que iba recogiendo a lo largo y difícil camino. Autor: Lola Barea.
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Doña Positiva y Negativa Relato
05/02/2017
“Doña Positiva y Negativa” Relato. Doña Positiva, había acabado el 2013 muy bien, pero quería empezar aún mejor el nuevo año 2014. Usando todas sus buenas energías. Muy de mañana se levantó de la cama, se puso ropa deportiva, y salió a la calle, dispuesta a comerse el mundo, positivamente. Pasó por la puerta de doña Negativa, ésta con cara tristona, barría el acerado de su puerta. Con su cara de pocos amigos, hacia estremecer, hasta la misma basura, la que arrastraba con su escoba. -Buenos días, doña Negativa -le saludó doña Positiva- Buenos días lo será para usted, porque lo que es para mí, le puedo asegurar que de bueno no tiene nada. Fíjese, fíjese -siguió hablando Negativa- como me ha dejado mi puerta el árbol, todo sucio de hojas. Deberían cortarlo, solo hace que molestar y ensuciar. Ah, no es para tanto, mujer, -Le contestó doña Positiva- es algo normal, que se les caigan las hojas a los arboles con el viento. Igual que a las personas se nos cae el cabello, por diferentes motivos. –Siguió hablando Positiva- Recuerde usted, lo bello que se pone el árbol, sus flores y su perfume, nos recuerda que ya llega la primavera, y que me dices, de su sombra, cuando el calor del verano aprieta, es toda una delicia cobijarse en ella. Anda, suelte usted la escoba, y acompáñame. Yo también tengo que barrer las hojas de mi puerta, pero, yo, estoy antes que todo eso. Las hojas pueden esperar a que yo vuelva de mi paseo, pero el día, se ira y no me va a esperar. Anímese doña Negativa y vayamos juntas a dar un lindo paseo, le invito a un café, vamos. ¡Ni hablar, yo no puedo ir, a esos tontos paseos! no entiendo, cómo usted puede ver todo tan sencillo y tan natural, eso será porque todo le ha ido bien en la vida! –le contestó doña Negativa. Está usted equivocada señora Negativa, no soy ciega, ni sorda, y también conozco el dolor, los problemas, el miedo, la pena…-Le contestó doña Positiva- distingo perfectamente lo bello de lo feo, lo malo de lo bueno, la bondad de la maldad, de la mentira y la verdad, del amor del desamor, de lo conveniente de lo inconveniente…y así podría seguir, pero no quiero seguir perdiendo mi valioso tiempo. Que tengas un buen día. -Se despidió doña Positiva, regalándole una sonrisa, y marchó feliz- A la vuelta de su gratificante paseo y rico desayuno, doña Positiva vio otra vez a doña negativa barriendo la puerta. ¿Pero, todavía barriendo la puerta, doña Negativa? ¡Oh, por Dios, no me hable, no me hable, todo es un desastre! ¡Miré, miré! Ya que tenía todo el acerado limpio y recogido, ¡fíjese que horror! Una ráfaga de fuerte viento ha sacudido el maldito árbol y ha cubierto otra vez el suelo ¡de hojas, hojas y más hojas! ¡Todo un desastre! Sin embargo su puerta esta reluciente, -siguió hablando doña Negativa- ha pasado el camión de los barrenderos, y le ha dejado su puerta reluciente. ¡Sin hojas, sin hojas y sin hojas! ¡Qué mala suerte tengo, ay, qué mala es la suerte mía! Lo positivo y negativo es una esponja que absorbe cada cual lo suyo. Autor: Lola Barea.
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Pesadilla RELATO
05/02/2017
“Pesadilla” Anoche soñé que mi alma me abandonaba, cuando perdí mi corazón en una partida de póquer, un mal viento arrastró mi alegría, dejando la sonrisa profundamente dormida. Cuando desperté, lo único que me quedaba era un pensamiento. Me miré al espejo, vi un cuerpo feo, frio y embustero. Le pregunté a mi mismo pensamiento: ¿Dónde está aquella persona que un día fui? Me contestó: ¡Jugaste con fuego y las llamas te consumió! Le dije: quiero recuperar a mi mujer, mis hijos, la casa, el trabajo, mis amigos, mi salud, quiero volver a tener mi personalidad…mi autoestima nivelada, el respeto hacia los demás. No volveré a mentir, quiero empezar de 0, curarme de esta maldita adicción al juego. Autor: Lola Barea.
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La muerte
05/01/2017
“La muerte” -Tiene el respeto que se da. Cuando pienso en la muerte ella, me hace recordar que estoy caminando por la vida- No se te ocurra imitarla ni quieras parecerte a ella acabarías en convertirte en aquello que no eres. Nunca olvides que, la muerte es del que muere, tú, respiras, siente, caminas por donde habita la vida. si alguna vez te provoca compite y gánale la partida, ponle metas a tu vida… concéntrate en conseguirlas. Autor Lola Barea.
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Poema y vino
05/01/2017
“Poema y vino” Ese poema me parece vino con el frescor de la bodega y el sabor del tiempo. Copa rebosante de versos esencia y embriaguez, sentidos perfectos... y un pan recién hecho. El paisaje se viste de púrpura, deja que el rio de palabras haga su viaje. Parras que hacen su misión dando sus frutos dorados y sinfín de historias. Lola Barea.
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¿Quién no ha estado alguna vez en el túnel de la tristeza? Yo SÍ, pasé por ese interminable túnel, tuve momentos que pensé rendirme y dejarme llevar por la oscuridad, pero, miré a mi alrededor y vi a personas que me querían, yo no tenía el derecho a hacerles daños. Luché, con mucho esfuerzo, salí del maldito túnel y gané, gané. No olvides, que todo tiene su final…hasta ese túnel. La parte “buena “de toda esa oscuridad, es que cuando salgas veras aún más potente la claridad. No te quedes rebujada entre las sábanas Ponte lo guapa que tú eres y sal de la casa, pasea, hazte visible para los demás, si te lo puedes permitir relájate en una terraza tomando tu bebida favorita, o en un parque, observa los niños, ancianos, los árboles, pájaros y palomas o gorriones. Cuando llegues a casa, piensa, que vas a repetir el paseo mañana, por el mismo lugar o si lo prefieres toma una nueva ruta, ponte una música agradable y escúchala siéntela, disfrútala haciéndola tuya. Si en algún momento necesitas llorar llora, las lágrimas limpiarán los cristales de tus ojos y de todo tu interior… se aclararán todas tus emociones, emociones que empatizarán con la esperanza, ahí es donde empieza actuar el positivismo, mírate en el espejo y practica con tu sonrisa. Si te desvela en la noche evalúa tu vida piensa en cosas buenas que has hecho en ella, tu pensamiento no se detenga en quien te dañó, si marchó quien tu quería recuérdalo con amor da gracias por el tiempo que te acompañó. Y recuerdas, la muerte es de los muertos la vida es para vivirla los vivos. Autor Lola Barea.
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Leyendo un libro de truenos
04/24/2017
Leyendo un libro de truenos, relámpagos y montaña. Un trueno en la noche me despertó, retumbó el cristal de mi ventana, la luz del relámpago iluminó toda la montaña y mi habitación. Los árboles eran verdes y violetas, unos peñascos parecían de plata, y el rio oro puro derretido, el segundo relámpago fue un látigo de colores mezclados. Empezó azotar el viento crujían las ramas, baja el agua de la montaña, se suaviza el viento la lluvia se acerca por el sendero. El cielo se mancha de tinte oscuro sobre las páginas blancas y un silencio de pájaros y pastos, se leen en voz alta unos versos que no vienen al caso…y duermo. Lola Barea.
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La mente elabora sueños
04/13/2017
“La mente elabora sueños” Yo creo que los sueños llegan hasta nosotros por alguna razón, puede ser que sean mensajes, es algo tan personal, siempre nos cuenta algo del pasado, presente o futuro. Sueños que nos han hecho llorar, reír, nos han llevado hasta el acantilado, el abismo, ¿Quién no ha sentido alguna vez tan de cerca el terror? Quien no ha sido amada o amado por ese amor platónico que nos hace vibrar. A quien no le han quebrado el bien-estar de su silencio un replicar de campanas, luego miras la lámpara, la puerta a los pies de la cama, cierra los ojos deseando con ansias seguir soñado. La mente quiere estar despierta para seguir tomando información y elaborar nuevos sueños. Lola Román y Lola Barea.
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Una vez estuve triste
04/12/2017
“Una vez estuve triste” No buscaba la luz que me faltaba, me pasaban tantas cosas tan anchas y altas, llegó un momento que, la tierra giraba y giraba, yo permanecía quieta, quieta, en las noches le hacía compañía a la luna, una y otra vez, contaba estrellas de melancolías. Intentaba cubrir la tristeza con sábanas y cortinas, cerraba la puerta y ventanas para que nadie la viera…Un buen día me miré al espejo con los ojos de amor hacia mí, destapé cortinas tiré de las sábanas, abrí la puerta y ventanas, tomé aire, conté mi historia y recibí ayuda. Una vez estuve triste. Lola Barea.
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Todo es por demás
04/12/2017
¡Todo es por demás! ¡De tinta usas sangre de las venas, y en vez de papel malgasta tu piel de tantos años! Deja ya de contarme, me cansa tu forma de ser, aparte que, también me entristece. Quieres que lea tus escritos, de lágrimas sangrantes que hacen una capa de barniz y permanecen atrapadas debajo de un falso brillo…permanentemente. Lola Román y Lola Barea.
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Una prueba más de la vida
04/12/2017
“Una prueba más de la vida” Miro hacia atrás todo lo que he vivido. Quise ser mujer tenaz y en un descuido me paré en el fracaso. Una voz me habló en positivo, escuché y salí del agujero, mi mente se avivó y sentí lo maravilloso…y pensé, solo es una prueba más de la vida, pruebas que son parte del aprendizaje. Lola Román y Lola Barea.
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