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Relato “El ascensor”
Tenía en mente, un relato, le titularía “El ascensor” Naturalmente escribiría sobre su pequeño espacio, su alargada altura, su luz, con espejo o sin espejo, cualquier cosa que suele suceder dentro de un ascensor. Mi problema es que siempre he vivido en planta baja, lo único que hay por encima de mi tejado es el cielo, por cierto, cubierto de estrellas. Si tuviese un ascensor para subir hasta allí. Como eso no puede ser, llamé a mi prima Agustina, ella vive en Madrid, en una novena planta, perfecto. Llegué a la estación de trenes y mi querida prima estaba allí, tan simpática como siempre.
Des puede del saludo: ¿Y dime, prima Lola, que te trae por la capital, tú que nunca sales de tu casa del pueblo?
Su pregunta me cogió de sorpresa.
Odio mentir, pero no podía decirle: He venido a probar el ascensor de tu edificio, y ya de paso verte a ti. NO, se daría medía vuelta, me dejará tirada y se llevaría un gran disgusto, y yo también. Así que le contesté: Tenía ganas de verte, prima, y salir del pueblo que me hacía falta.
Claro, que sí, bienvenida.
Como ya no vienes al pueblo, pues, me dije, voy a visitar a mi prima Agus.
Cuando llegamos a los aparcamientos, me quede de una pieza.
Por cierto, el ascensor no funcionaba y bajamos por las escaleras.
¡Anda, que cochazo tienes, Agustina! ¿En qué trabajas, prima?
Soy adivina. Tengo muy buenos clientes y me va muy bien.
Aquello me puso nerviosa. Temí que acertara el motivo de mi visita. Siempre supe que, mi prima Agustina era la más lista del colegio, que me ganaba a la comba con los pies juntitos, y a los cromos con los ojos cerrados.
¿Cuéntame cómo vas con tu poesía y relatos? Me preguntó.
Bueno, ahí vamos.
¿Has publicado algún libro, prima Lola?
No, nada de nada, solo escribo a gallinas, cabritas, y poco más.
Ahora tienes oportunidad de escribir sobre algo de la ciudad.
Eso, eso, que me aconsejas, le pregunté ansiosa.
Cuando estemos en casa hablamos del tema, ¿te parece bien?
Sí, me parece una idea estupenda, prima.
¿Hacia dónde vamos, Agustina, nos hemos alejado de los edificios altos, cuánto falta para llegar a tu casa?
Ya llegamos.
¡Cielo santo! Exclamé. Aquello no era una casa, era una mansión.
Nos recibió su mayordomo, primero abrió la puerta del coche a mi prima y luego la mía. Todo aquello me impresionaba y a la vez me resultaba grande, y mis planes de probar y escribir sobre el ascensor se había chafado.
Acomódate en tu habitación y luego hablamos, tenemos tantas cosas que contarnos.
Después de echar un vistazo a todo aquello, deshice la maleta y colgué en el armario mis ropas. Salí de la habitación, y en el pasillo me encontré con mi prima que venía a mi encuentro.
Una vez sentadas en el sofá de la sala. Le pregunté a mi prima por aquel piso que tenía en una novena planta, con sus dos ascensores.
Lo tengo alquilado. Estaba cansada de tanta altura y de aquellos ascensores, siempre estaban ocupados o averiados.
Pues, que pena, hace tanto tiempo que no subo a uno que, les echo de menos.
No te preocupes, mañana iremos al centro comercial, allí puedes montar en el ascensor cuantas veces quieras.
¡Gracias prima Agustina, que buena idea has tenido!
Se me ocurre otra idea, prima Lola. Como en el pueblo no tienes ascensor… ¿Por qué no le escribes un relato al ascensor?
Oh, magnífica idea, claro que voy a escribir un relato sobre el ascensor y te lo dedicaré prima. Eres una autentica brujilla de las buenas, prima Agus.
Autor: Lola Barea.
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Title El ascensor" Relato.
Relato “El ascensor”
Tenía en mente, un relato, le titularía “El ascensor” Naturalmente escribiría sobre su pequeño espacio, su alargada altura, su luz, con espejo o sin espejo, cualquier cosa que suele suceder dentro de un ascensor. Mi problema es que siempre he vivido en planta baja, lo único que hay por encima de mi tejado es el cielo, por cierto, cubierto de estrellas. Si tuviese un ascensor para subir hasta allí. Como eso no puede ser, llamé a mi prima Agustina, ella vive en Madrid, en una novena planta, perfecto. Llegué a la estación de trenes y mi querida prima estaba allí, tan simpática como siempre.
Des puede del saludo: ¿Y dime, prima Lola, que te trae por la capital, tú que nunca sales de tu casa del pueblo?
Su pregunta me cogió de sorpresa.
Odio mentir, pero no podía decirle: He venido a probar el ascensor de tu edificio, y ya de paso verte a ti. NO, se daría medía vuelta, me dejará tirada y se llevaría un gran disgusto, y yo también. Así que le contesté: Tenía ganas de verte, prima, y salir del pueblo que me hacía falta.
Claro, que sí, bienvenida.
Como ya no vienes al pueblo, pues, me dije, voy a visitar a mi prima Agus.
Cuando llegamos a los aparcamientos, me quede de una pieza.
Por cierto, el ascensor no funcionaba y bajamos por las escaleras.
¡Anda, que cochazo tienes, Agustina! ¿En qué trabajas, prima?
Soy adivina. Tengo muy buenos clientes y me va muy bien.
Aquello me puso nerviosa. Temí que acertara el motivo de mi visita. Siempre supe que, mi prima Agustina era la más lista del colegio, que me ganaba a la comba con los pies juntitos, y a los cromos con los ojos cerrados.
¿Cuéntame cómo vas con tu poesía y relatos? Me preguntó.
Bueno, ahí vamos.
¿Has publicado algún libro, prima Lola?
No, nada de nada, solo escribo a gallinas, cabritas, y poco más.
Ahora tienes oportunidad de escribir sobre algo de la ciudad.
Eso, eso, que me aconsejas, le pregunté ansiosa.
Cuando estemos en casa hablamos del tema, ¿te parece bien?
Sí, me parece una idea estupenda, prima.
¿Hacia dónde vamos, Agustina, nos hemos alejado de los edificios altos, cuánto falta para llegar a tu casa?
Ya llegamos.
¡Cielo santo! Exclamé. Aquello no era una casa, era una mansión.
Nos recibió su mayordomo, primero abrió la puerta del coche a mi prima y luego la mía. Todo aquello me impresionaba y a la vez me resultaba grande, y mis planes de probar y escribir sobre el ascensor se había chafado.
Acomódate en tu habitación y luego hablamos, tenemos tantas cosas que contarnos.
Después de echar un vistazo a todo aquello, deshice la maleta y colgué en el armario mis ropas. Salí de la habitación, y en el pasillo me encontré con mi prima que venía a mi encuentro.
Una vez sentadas en el sofá de la sala. Le pregunté a mi prima por aquel piso que tenía en una novena planta, con sus dos ascensores.
Lo tengo alquilado. Estaba cansada de tanta altura y de aquellos ascensores, siempre estaban ocupados o averiados.
Pues, que pena, hace tanto tiempo que no subo a uno que, les echo de menos.
No te preocupes, mañana iremos al centro comercial, allí puedes montar en el ascensor cuantas veces quieras.
¡Gracias prima Agustina, que buena idea has tenido!
Se me ocurre otra idea, prima Lola. Como en el pueblo no tienes ascensor… ¿Por qué no le escribes un relato al ascensor?
Oh, magnífica idea, claro que voy a escribir un relato sobre el ascensor y te lo dedicaré prima. Eres una autentica brujilla de las buenas, prima Agus.
Autor: Lola Barea.
Work type Literary: Other
Tags fábulas, antología poética, cuentos, otros., relatos, sonetos
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1705072261746
Entry date May 7, 2017, 5:27 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0
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Copyright registered declarations
Author. Holder Lola Barea Barrera. Date May 7, 2017.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1705072261746-el-ascensor-relato-