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Dña. Elvira se presentó en la cocina para comunicarle a Fran lo que este ya sabía por boca de Fausto, sintiéndose muy apenada por no haber convencido de momento a su esposo, al retirarse le dio a entender al cocinero que hasta ahora habrían algunos asaltos más, ella iba a seguir intentándolo… Perezosamente caía el día, con los acaloramientos de aquellas comarcas, la perrita se tomó muy en serio la disciplina de llevar e ir por la pelota, apenas la puso en la cubierta, le ofreció la esfera en la palma de su mano, esta con mucha delicadeza la cogió y caminó adelante hasta la misma proa del barco sin caérsele, al empezar con los correteos se le caía, pero a la voz de “Cógela” obedecía sin más… “Dámela” “Vamos” “Ven” palabras que iba interpretando con bastante criterio, las mismas entraban intercaladas en las enseñanzas de la pelota y a veces de la recuperación del palo lanzado por el cocinero, le repetía las mismas con mucha paciencia para que esta las fuera aprendiendo, hasta que surgían los primeros cansancios, pues ella siempre terminaba exhausta… La subió en brazos las escaleras, ya en el pasillo, al ponerla en el suelo le ofreció la pelota y entró con ella en la cabina, donde por primera vez al reclamarle la misma, se la devolvió con mucha delicadeza… Fran, después de toda la parafernalia rutinaria de la noche, le abrió el ojo de buey aún con las luces encendidas, señal inequívoca para la perrita de retirada…
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con aquella discusión bizantina… Al retirarse le dedicó un piropo para sus adentros a la mula parda de su marido: ¡Vete a la porra! El cocinero había sacado en horas de trabajo a la perrita, teniéndola muy cerca de la cocina, desde donde la tuviera controlada a todo momento… Ajena a todo lo que se estaba cociendo sobre ella, esta estaba tratando de quitarse unos insectos molestosos de su cuerpo que la tenían frenética, no sabía por dónde dar el bocado, de repente se daba la vuelta para morderse el rabo, como que se liaba a saltar para tratar de atrapar aquellos volátiles indeseables, hasta que se cansó de tantos ataques de las sabandijas, dirigiéndose a refugiarse debajo de una de las mesas de trabajo, permaneciendo allí hasta que Fran terminó con su faena… Le llevó arroz con pollo bien desmenuzado mojado con algo de caldo… Fausto entró en el camarote del cocinero para darle la triste noticia de lo escuchado en la charla del capitán y su esposa, una vez puesto al corriente de lo oído, Fran quedó muy abismado, de nuevo se le vino el cielo encima: ¡Pues si la mujer no pudo convencerlo! “Apaga la luz y vámonos” – Fue lo primero que le salió desde lo más hondo de su ser… -Yo tenía la esperanza que ella lo convenciera – -Pero ni con esas – a este hombre no hay quien lo baje del mulo… - Dijo Fran con los ánimos por los suelos… -Ella trató por todos los medios de convencerlo – pero todo fue inútil - Dijo Fausto… ------------------------------------ 74 ----------------------------------
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¡Elvira, por favor! Este se estaba quedando colorado de la ira que lo abrumaba: -¡Dejemos esta charla aquí, por mucho que insistas no vas a conseguir que yo vaya a dejar sin correctivo una falta cometida por un tripulante! -Así que la orden que le di a ese malandrín, se tiene que ejecutar, te guste, o no te guste… La dama no quería que la tertulia se quedara en agua de borrajas, presionaba con mucho tesón, por si la suerte se asociaba con ella y de una vez y por todas, aquel desistiera de la orden dada por él… ¿Es que acaso me quieres dar a entender que tú no hubieras actuado de la misma manera que procedieron ellos? Empezó la señora a lisonjear a su esposo por ver si sonaban las campanas: -Yo no te veo a ti tan fiero… Seguía la esposa erre que erre. -Pues yo con sinceridad te digo, si me la llego a encontrar, hubiera hecho justo lo que hicieron ellos, te gustara o no te gustara… Ella no quería darse por vencida… ¡Bueno, bueno! - Dijo el capitán… ¡En la casa me parece bien que mandes tú, y si quieres también en el camarote, pero en cuestiones del barco no! La señora por un momento pensó de ponerle los puntos sobre las íes, pero se dio cuenta que lo mejor que podría hacer era irse a tomar el aire, un paseo por la cubierta le vendría muy bien, pues ella sabía que el esposo era como un muro impenetrable en sus decisiones, así que acabó con ------------------------------------ 73 -------------------------------
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Seguía la mujer versando por todos los medios de la plática de persuadir al esposo, cosa que no era fácil tratar de convencer aquel capitán araña, él estaba cerrado en banda, no había medios humanos de sacarlo de sus nociones… ¡Pero si toda la tripulación está contentísima con la perrita! Insistía erre que erre la buena señora. ¡Por favor Elvira, te lo ruego, no sigas por ese camino! -Pero Pedro - ¿Cuál es el problema para que no dejes al animalito a bordo? Fran, estaría dispuesto a pedirte perdón por haberla traído sin tu permiso… La señora por primera vez elevaba el tono de sus palabras algo superior a lo que era habitual en ella… - Es que hasta creo que la manera de actuar de él no pudo ser más humanitaria… Le comentó muy convencida Dña. Elvira de sus palabras, que seguía insistiendo y al mismo tiempo pensaba para sus adentros… “No se ganó Zamora en una hora” ¡No, no me convences! ¡Aquí hay unas normas a seguir, y son para todos por igual! Remontando el tono de su frecuencia el capitán le dijo a su esposa: -¡No te lleves mucho por lo que te dice tú paisano, ese tiene más cuento que Callejas!- A lo que Dña. Elvira le contesto: -¡Pues yo pongo las manos en el fuego por el relato que hizo de como encontraron a la perrita!- -¡Además es que creo a pies juntillas que dijo la verdad sobre la historia!- ----------------------------------- 72 -------------------------------------
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El barco navegaba con una mar favorable, propicia para aumentar la velocidad, si la siguiente singladura iba por la vía normal, en un soplo estaría el Lago Isla Perdida en la bahía de Lagos… Fran en su ajetreo diario ni siquiera se podía concentrar en los pucheros, solo estaba pensando en los detalles que le daría la señora Elvira referente a la conversación que supuestamente habría mantenido con el esposo… Fausto, el camarero de los oficiales, se encontraba en las inmediaciones del camarote del capitán limpiando los pasillos de aquella zona; de repente escuchó la voz del “Viejo” algo alterada y bastante subida de tono replicándole a la esposa, este se acercó todo lo que más pudo a la puerta por donde salían las voces con bastante nitidez, haciendo como que limpiaba los mamparos por si fuese sorprendido in fraganti con las antenas bien abiertas oyendo lo que allí dentro se debatía: ¡Te lo ruego, no trates de convencerme para que yo deje a la dichosa perra a bordo! Las voces subían de modulación… ¡Pero por Dios Pedro! ¡Porqué te cuesta tanto torcer tu brazo por una vez en tu vida! ¡No seas tonto de capirote! –no creo que nadie te vaya a perder el respeto porque donde hayas dicho digo ahora digas Diego – Ella hasta aquel momento le hablaba en voz baja y con mucha ternura, tratando por todos los medios posibles de ablandarle el corazón, pero aquel era un hueso duro de roer… Fausto tenía que aguzar el oído cuando ella tenía la palabra… ------------------------------- 71 --------------------------------------
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Descalzo con la toalla enrollada a la cintura y a medio secar, salió como un bólido a socorrer a su pequeña amiga, encontrándose en el centro del camarote con un pez volador que daba los últimos coletazos de su vida, al caer contra el piso casi se mató en el acto, se desnucó al golpearse en la nuca, pero aún saltó lo suficiente para que a esta le diera un ataque de pánico, creándole un trauma para una larga temporada de su existencia, aquel susto de muerte que se llevó, la impresionó de tal manera que se introdujo en su caseta despavorida y abatida, acudiendo el cocinero a su rescate para de alguna manera tratar de que esta aminorara aquel pavor, hablándole con mucha suavidad: ¡Pero si solo es un pequeño pez! Pasándoselo cerca de los morros, pero ella se quería zafar de las manos de él para correr de nuevo a su garita… Se llevó al pez volador a la cocina, por aquellas aguas a primera hora de la mañana, iba algún tripulante con un balde, (muchas veces él mismo) a recoger los peces voladores que suelen de caer por la noche en la cubierta principal del barco, cuando este va cargado hasta las trancas, con la obra viva bien sumergida, sirviéndose estos fritos a la hora del bocata… Aquel pánico le duró un buen período de su vida, tanto, que el animalito veía el ojo de buey abierto y corría a refugiarse dentro de su caseta, lo relacionaba con aquel susto tan grande que se llevó, otro más a sumárselo en su corta vida, las piedras que se iba encontrando en su camino; aunque más adelante lo superaría con creces aquel terror, gracias a su amiga del alma, se olvidaría de aquella fobia que se le quedó en su cuerpo, aquel temor compulsivo, pero eso es historia de más adelante. ----------------------------------- 70 ----------------------------------------
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Con el talante que le habló la señora a Fran, le alborozó los ánimos, la dulzura risueña con que le refirió la dama lo que tenía pensado de hacer, le alegro lo indecible, era lo que él esperaba escuchar de labios de la esposa del capitán, aquello le hizo vislumbrar una gran esperanza… ¡Hasta mañana Fran! ¡Ya le comentaré el resultado del diálogo con mi esposo! Se despedía la dama con su eterna sonrisa… ¡Hasta mañana señora! - ¡Qué tenga usted una feliz noche! Alzó a Consta, subiendo los peldaños como volando, impulsado por una perspectiva más onírica, accedió a su cabina con las pilas cargadas, colmado de un inmenso regocijo… - Soñar no cuesta nada,- aunque muchas veces lo que suele dar, es un gran dolor de cabeza; -sería verdad que la gran dama ablandaría el corazón de aquel león curtido en mil batallas… Todas estas preguntas le machacaban sus sesos… -¡No sé, -no se! … Abrió el ojo de buey de par en par, para que la brisa de la mar ventilara y al mismo tiempo impregnara con su olor a salitre el camarote… La “cachorrita” cuando vio el plato delante de sus morros, no levantó su cabeza hasta acabar con el último de los granos de arroz, mientras Fran se introducía en el cuarto de aseo para darse una ducha, dejando todas las luces encendidas… Secándose estaba cuando oyó un estruendo, como que se había caído algo, seguido de una algarabía al unísono de la perrita con aquel golpe, los alaridos de ella se tuvieron que sentir en la sentina del barco, hasta aquel momento nunca la escuchó de ladrar igual, parecía que perdía el oremus… ---------------------------------------- 69 ---------------------------------
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Fran lanzaba la bola con todas sus fuerzas para que la misma llegara lo más lejos posible, pero la “cachorrita” no estaba por la labor, aquel día solo quería jugar, recuperar lo que no correteó el día anterior, pasaba de la tarea… Dejó el cocinero que anduviera a su aire, para una vez cansada de tantas galopadas, desfilar hacia el camarote… Divisó la silueta de la señora saliendo de una de las puertas estancas del buque, un relámpago de luz iluminó sus seseras: -Esta es la mía – se dijo Fran yendo al encuentro de la señora... Quedando pasmado cuando ella se le acercó, para sorpresa de él, Dña. Elvira a través del jefe de máquinas se había enterado de los mandatos dados a él por su esposo sobre la perrita… -Yo no le prometo nada – pues usted ya conocerá a mi marido – lo que dice va a misa – pero tenga usted la completa seguridad, que apenas vea la oportunidad le hablo del tema… ¡Dios quiera que su esposo le conceda ese privilegio a la perrita para que pueda seguir entre nosotros! Le contestó Fran muy eufórico, pues se daba cuenta que aquella era la pieza que le faltaba para completar el puzle… -Cosas más difíciles se han visto- -Además, mi esposo no se come a nadie – -eso sí, le gusta que lo obedezcan en su terreno– - y como usted podrá deducir, de alguna manera usted se saltó esa regla. Dijo la señora… Se dirigió a la perrita, mimándola con sus caricias, la “cachorrita” la compensó con sus monerías… -------------------------------- 68 ---------------------------------------
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En el ocaso del día, la mar carecía de olas gruesas, el sosiego de la misma llenaba la cubierta de placidez para circular por ella, la ventisca de la singladura anterior que bamboleaba al barco a su antojo, se había transformado en una suave brisa absorbente y de lo más agradable para combatir el ardor de aquellas latitudes… Cuando la muñeca se vio de nuevo transitando por la cubierta principal a su aire, saltaba de alegría su jovialidad colosal, desfilando su garbo con sus salerosos pasos, corría al encuentro de cualquier tripulante que asomara su masa corporal por dos de las puertas que conducen al aire libre, aventurándose a que aquellos no quisieran jugar con ella, saltando y ladrando, como queriendo recuperar el tiempo de encierro del día anterior… Allá que asoma el pelón confidente principal del capitán, la enana fue a su encuentro, el animalito no le guardaba ningún rencor, aquel cañuto al momento la esquivó, la perrita con su candidez insistió en jugar con él, pero Isidoro levantó la cabeza y siguió camino adelante ignorando la presencia de la pequeñina. -------------------------------------- 67 -----------------------------------
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Pasada la medianoche se despertó el cocinero con escalofríos, recordó que aquel día no se había tomado la quinina para prevenir la malaria, por aquellos lares era obligatorio de tomar dichas pastillas, con la luz apagada para no despertar a la perrita, palpó por encima de la mesa de noche hasta dar con ellas, se tragó aquella pastilla, más amarga que la hiel y trató de dormir otro rato, esperando que al día siguiente siguiera el temporal para pasar otra singladura al pairo capeando el mal tiempo antes de poner el rumbo de nuevo a Lagos… El viento en la madrugada era a rachas, por momentos arreciaba con mucha virulencia, como a ratos parecía que se calmaba el vendaval… A la mañana siguiente sin embargo, como por arte de magia, el ventarrón había amainado bastante, tanto que el barco navegaba en rumbo de destino a toda máquina, parecía que el capitán quería recuperar parte del tiempo perdido… De nuevo mientras se estaba aseando lo embargó una gran pena, aquellas dudas le volvían a molestar su mollera, por momentos pensaba subir a la cabina del capitán y pedirle perdón por haber traído la perrita sin permiso de él, se llenaba del valor preciso, aunque se tuviera que rebajar no le importaba, cualquier cosa para que la “cachorrita” se quedara a bordo, pero al instante le venía la cordura, la realidad de las cosas, aquello sería sermón perdido, aquel no se iba a bajar del burro, la tirria que el chofer principal de la nave le tenía, no se iba a olvidar de la noche a la mañana…
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La tristeza embargaba a la perrita, quedarse sin su caminata vespertina por la cubierta principal… Fran, a pesar del cansancio que arrastraba por tener que trabajar en tremendo temporal, no fue capaz de dejarla sin su paseo, eso sí, por los interiores del buque, le puso el collar de esparto, le colocó la improvisada correa en el arnés y a pasear por todos los corredores , al estar el barco al socaire del viento, más los motores moderados, apenas se movía; un par de vueltas de babor a estribor, ella no iba muy a gusto, pues cuando la controlaban en sus correterías a través de la correa, no le hacía mucha gracia, pero Fran después de lo ocurrido con el Isidoro, no la dejaba sola ni a sol ni a sombra, así que lo de deambular a su libre albedrío por el buque, estaba prohibido de momento para ella… Aquel día no fue lo mismo, le faltaba a la perrita aquel estimulante natural que constituían aquellas carreras por la cubierta principal, eran las mismas una manera muy significante de originarle el apetito… Aquella noche los comedores se despoblaron a una hora muy temprana, apenas se dio la cena, desfilaron todos lo mochuelos a sus olivos… Comió con algo de desgana, se retiraba del plato y luego volvía, pero no como los días anteriores que apenas veía su cena, esta desaparecía en un santiamén… Fran se fue a la cama algo más temprano que de costumbre, pues tener que aguantar el temporal de pie trabajando, es bastante cansino, al más fuerte tumba; esperó que la perrita hiciera sus necesidades, apagó todas las luces del camarote menos la de su cabecera y esperó que la perrita entrara en su garita… ------------------------------------- 65 -----------------------------------
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La pequeñita de nuevo miraba muy extrañada al cocinero, éste la acariciaba para tranquilizarla, hablándole en voz alta: ¡Tranquila Consta, que no hay mal que por bien no venga! Él sabía que aquel temporal le iba a retrasar un buen tiempo la llegada a Lagos… La nave llevaba más de una singladura al pairo, costeando cerca de la costa de Guinea, las rachas de vientos arreciaban con mucho vigor, las mismas eran huracanadas… A pesar de tener un barco muy marinero para la navega- ción, lo cual daba una seguridad bastante grande, el “Viejo” no se quiso exponer a tentar la suerte demostrando de lo que era capaz el Lago Isla Perdida, así estuvo protegiéndose hasta que amainara algo la tormenta… La parada vino como anillo al dedo, el retraso sería más de un día, más teniendo en cuenta lo que pasaba en la bahía de Lagos con los fondeos de los barcos, las descargas se solían retrasar algunos meses, a pesar de llevar un flete de pescados congelados, allí se demoraban todas las descargas, pero incluso a veces ni siquiera importaba mucho que las mercancías fueran perecederas, ya no digamos de los que llevaban materiales, estos alcanzaban hasta un año para entrar a desembarazarse de sus cargas… Igual el tiempo ganado serviría para alargar la agonía, a veces no se sabe que pueda ser más favorable, pero lo que estaba claro, que la luz que va delante es la que alumbra, y todo lo que fuera ganarle tiempo al tiempo, mejor que mejor… Se tenía que presentar la oportunidad para exponerle el tema a la señora Elvira, para que la buena mujer le hiciera cambiar al esposo de sus pensamientos… ----------------------------------- 64 ------------------------------------
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faltaba para que la perrita fuera definitivamente un miembro más de la tripulación… Se quitó los zapatos y entró en su cabina sin encender la luz, con mucho sigilo para que la “cachorrita” no se espabilase, esta ni siquiera se enteró de la llegada de su aliado, el cocinero se fue directo al sobre, aquella noche ni siquiera le importó haber perdido un dinero en el juego de cartas, el optimismo lo acompañaba, trató de mandarle a su magín todos los acontecimientos positivos de aquel día, soñando que todo iba a salir bien… Aquella madrugada empezaron a sufrir los primeros síntomas de lo que sería un gran temporal… Antes de amanecer el día estaba gran parte de la tripu- lación en ambos comedores, las cabezadas que el barco estaba dando impresionaban al más experto de los marine-ros… Habiendo dejado por la popa el archipiélago de Cabo Verde, a la incorporación al trabajo del personal de fonda, el barco estaba inmerso en un espacio borrascoso, el viento desenfrenado de procedencia sur, cercano a los 100 Km/h. El ventarrón hacía que las olas entrasen por la proa y se esparciera por todo el barco, éste completamente frenado, dando la sensación de ir hacia atrás impulsados por las ráfagas de viento huracanado y unas ondas montañosas… El capitán con mucho criterio, (éste era un verdadero lobo de mar, conocedor de su profesión, lo cual le otorgaba el apelativo de gran náutico, “pues lo cortés no quita lo valiente”) puso el barco rumbo hacia lo más próximo que pudo de la costa africana, con las máquinas moderadas del todo, empezó a capear aquella tempestad que por momentos parecía que se iba a tragar el barco… ----------------------------------- 63 ----------------------------------------
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¡Aunque a lo hecho, pecho! Prosiguió hablando el jefe: ¡Y ya qué está el animalito con nosotros, tendremos que buscar la manera de convencer al “Viejo” para que la deje en el barco! Un rayo de luz iluminó el cuerpo de Fran, aquellas palabras con la que terminó el Jefe de máquinas la conversación, era como una gran esperanza, la misma llenó de optimismo al cocinero, de momento, el segundo que más mandaba a bordo estaba por la labor de dejar a la grumete en el barco… Fran sabía de antemano que tampoco hubiese servido de nada el haberle pedido permiso al capitán para tener a la perrita con ellos, pues la ojeriza del comandante hacia él, era simplemente enfermiza… Como si la lengua se la hubiera comido un gato, el cocinero aquella noche no volvió a abrir su boca hasta la finalización de la partida, para darles a todos los presentes las buenas noches… Al dirigirse hacia su camarote, Fran iba cavilando sobre la plática mantenida con el jefe, que en un principio pensó que iba a ir por otros derroteros, por el comienzo de la misma… Se daba cuenta que tenía a alguien de mucho peso a su favor, aquella noche el pesimismo que arrastraba había desaparecido de su semblante, aquel que en más de una ocasión lo conducía a perder la fe, la charla le había revivido los ánimos… En la cabeza le revoloteaban las palabras con las que abordaría a la señora Elvira apenas la viera, rogarle por la estancia de la perrita a bordo para que a la sazón ella le comentara a su esposo, ese era el granito de arena que -------------------------------- 62 -------------------------------------
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-Pues tendrá usted que comprender que no podemos hacer lo que a cada cual le venga en ganas – El barco se convertiría en una república bananera… Dijo El jefe. Fran, en su fuero interno sabía que de alguna manera no había actuado del todo correcto, igual entendía en algo el enfado del capitán, pues no dejaba de concebir que D. Pedro era la máxima autoridad a bordo y por lo tanto el responsable de mantener el orden en el mismo… ¡D. Manuel, con sinceridad! ¿Qué hubiera hecho usted de haberse encontrado a la perrita en las circunstancias que la encontramos nosotros? Preguntó Fran… -Probablemente lo mismo que hicieron ustedes – Le contestó muy sinceramente el jefe: -Pero claro, responsabilizándome con las consecuencias – -Desde el primer momento se lo hubiera hecho saber al “Viejo” – Corroboró D. Manuel… -Eso es lo que quiero hacer yo, responsabilizarme del tema… Contestó Fran echándose todas las culpas por la traída de la perrita… ¡Ordeno y Mando! – (ese era el apodo por el cual conocían al capitán los oficiales del barco) Prosiguió hablando el Jefe de máquinas: -Como le digo, ordeno y mando es muy radical – - Orden dada por él, se tiene que cumplir a rajatablas – - Ese no le hace caso ni a su mujer – Se lo digo yo que lo conozco bastante bien, pues en varios barcos de la compañía hemos coincidido... A Fran aquellas palabras le turbaron el cuerpo, en aquel momento le clavan un puñal y no hubiera echado ni sangre… ------------------------------------- 61 --------------------------------------
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La humareda concentrada de tantos cigarrillos allí fumados en aquel tugurio, por momentos hacía difícil de reconocer los rostros de los jugadores con toda su nitidez, las papeleras se llenaban de latas de cervezas vacías y botellas de licores variados, claro está, el alcohol suelta las lenguas y altera los ánimos… En un lapso de la partida, se empezaron a levantar las voces de protestas contra el capitán, sobre lo que éste tenía previsto de hacer al respecto con la perrita, uno de los sorprendidos fue precisamente el jefe de máquinas, que según dijo, hasta aquel preciso momento no estaba enterado del diálogo que el “Viejo” había mantenido con Fran en el puente: -¡Es la primera noticia que tengo al respecto!- -Hasta ahora no le escuché decir nada a D. Pedro sobre la perrita- -Ni para bien, ni para mal – Dijo el jefe algo atónito por los comentarios relacionados contra el capitán, algunos bastantes soeces… ¿Qué tienen pensado de hacer al respecto de las advertencias dichas por el capitán? Preguntó D. Manuel a los responsables más allegados de la perrita… Se adelantó Fran a contestar como culpable principal de la traída de la perrita a bordo: -Con sinceridad le diré que en estos momentos no sé lo que pueda hacer para tratar de convencer al capitán para que nos deje a la perrita a bordo hasta que lleguemos a La Palmas y me la pueda llevar… -¡Tenga usted la completa seguridad que D. Pedro llevará la orden que le dio, hasta la última de las consecuencias!- Afirmó el jefe… El cocinero sintió que se lo tragaba la tierra… -No quiero ni pensar que se lleve a efecto la orden dada por él… Fran contestó algo desconcertado por la pregunta hecha por el jefe, la misma le sonó como a ultimátum… -El “Viejo” no va a torcer el brazo – Usted de la misma manera tiene que saber que no actuó muy correctamente -Le recriminó el jefe… ----------------------------------------- 60 ------------------------------------------------
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Otra ocasión que se fue por la borda a la mar, el tiempo volaba y ya tenían los dos amigos que poner en juego el as guardado celosamente en la manga, había que aclarar la situación de una vez por todas, para salir de aquella gran incertidumbre… Muchos sábados, siempre que los mismos estuviera el barco navegando en alta mar, Luis el telegrafista, tahúr de nacimiento, organizaba unas timbas de órdagos en uno de los pañoles de popa, el cual estaba bastante escondido, aquel compartimiento convertido en una auténtica casa de juego… Acudían al garito algunos oficiales, entre ellos D. Manuel el jefe de máquinas, el 2º de puente, Casimiro el 1º de máquinas y por supuesto el Telegrafista, organizador y mánager principal de aquellas partidas, más algunos maestranzas y subalternos, por supuesto las mismas trataban de ocultárselas a los chivatos del capitán… Aquellas partidas de póker se solían extender hasta altas horas de la madrugada, más de una vez, algunos de allí se iban a sus respectivos trabajos, las mismas estaban tajante-mente prohibidas por el viejo, pues en más de una ocasión anteriormente se había organizado unas marimorenas impresionantes. El jefe de máquinas se enteró de las mismas una noche que por casualidad se encontraba reparando una bomba de agua en la popa, al oír las voces procedentes de aquel improvisado boliche, se acercó encontrándose con el panorama, para sorpresa de los presentes en aquella ocasión, pidió que si podía unirse a la misma, desde entonces era asiduo habitual de aquellas timbas, donde se jugaban buenos dineros… ------------------------------------ 59 ---------------------------------------
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Empezaba aquella sesión de adiestramiento con fundamento, con el único inconveniente que aquel día estaban paseando por la cubierta principal más gentes que los días anteriores, atraídas por las buenas condiciones climatológicas, la misma estimulaba a pasear, esto hacía que la muñeca se distrajera de continuo… La pelota tirada con todas las fuerzas por el cocinero para que esta rodara lo más lejos posible, a la voz de ¡Cógela! Esta salía como una flecha detrás de ella, aunque hasta aquel momento no la traía de vuelta, sí que empezaba a jugar con ella, como que hacía intenciones de atraparla con su boca, pero siempre se le caía… Al caminar la perrita a la vera de él, cuando ya empezaban los primeros síntomas del cansancio por las tantas carreras, Fran le puso la pelota en su boca, caminando bastante trecho sin dejarla caer a la cubierta… ¡Algo es algo y por poco se empieza! Le dijo el cocinero pasándole la mano por su lomo… A la reunión se unió Dña. Elvira, pero desgraciadamente venía acompañada de D. Manuel, el jefe de máquinas, aunque al mismo no lo tenían los amigos catalogados entre los anti perros, hasta aquel momento tampoco se había pronunciado a favor de quien estaba, eso sí, en uno de los momentos que la perrita se le acercó, este se agachó y la acarició con gran afabilidad, eso lo tranquilizó bastante a Fran, pues aquello era sin lugar a dudas un buen síntoma… Estaba decidido a tomar la iniciativa, aquella era la oportunidad para hablar con la señora, rogarle que tratara de hacer cambiar de parecer al esposo, pero el jefe no se apartaba de ella en ningún momento. --------------------------------------- 58 ------------------------------------
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Quedó a la luna de Valencia, cogiendo moscas con la frase de despedida de la señora del capitán… ¡Cuándo tenga dos semanitas más, me la dejará para pasearla por las cubiertas! Aquella buena señora no sabía ni una palabra sobre la parrafada que le endosó el esposo en el puente el día de marras, Fran para auto compadecerse pensó que hasta ahora habría tiempo, para utilizar el as guardado tan celosamente en su manga, tratar por todos los medios de rogarle a la señora para que la misma interfiriera en la orden del esposo, aunque apenas quedaban unos días para llegar a Lagos… Aprovechando el buen tiempo y la temperatura tan agradable de la costa africana, una vez terminada la jornada laboral matinal, le dio tremendo baño a la perrita, esta recibía los mismos sin protesta ninguna, era más, le gustaba el agua como si fuese pez en vez de can, también tendría que ver los sofocos de aquellas latitudes… Según había escuchado el cocinero a personas entendidas en perros, que los juguetes de madera no eran los idóneos para que estos jugaran con ellos, pues según decían, la madera al ir el perro mordiéndolas se podían astillar, por lo tanto hasta como peligroso dejarla morder estos supuestos huesos, pero hasta que no hubiera la oportunidad de salir a tierra para encontrar una tienda especializada y comprarle todos aquellos artilugios (siempre que el avinagrado del capitán la permitiese de seguir con ellos a bordo) pues a falta de pan, buenas son las tortas, pensó Fran, eso sí, como Sebastián se los había hecho con tanto cariño, simplemente lo que tenía que hacer era vigilar aquellos “huesos de madera” al primer indicio de astilla miento, tirárselos… -------------------------------------- 57 -------------------------------------
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hasta aquel momento ellas solo la conocían desde la distancia, por primera vez ambas mujeres la acariciaban con gran ternura, interesándose directamente por ella, sentadas en uno de los bancos jugaban con Constanza… ¡Buenos días Fran! ¡Hermosa mañana! Saludaron al unísono las dos damas al cocinero… Este les devolvió con las mismas cortesías a los saludos. ¿Cómo se llama esta reina? Preguntó Doña Elvira… ¡Constanza! – contestó con orgullo el cocinero. – aunque para acortarle el nombre la llamamos “Consta”… ¡Qué nombre tan bonito para alguien tan bello! – seguía hablando la esposa del capitán… -Cuando tenga dos semanitas más, me la dejará para pasearla por las cubiertas mientras esté usted trabajando – dijo la señora cuando ambas se levantaban e iniciaban su paseo, despidiéndose las dos muy cortésmente como siempre lo hacían… Este por vergüenzas no fue capaz de decirle a la señora lo que el esposo había designado sobre el destino de la “cachorrita”, aquellas órdenes tan drásticas y tajantes dadas por él… Perdió esta nueva ocasión de rogarle a la señora para que a la sazón esta le pidiese al esposo el indulto de la perrita, que dejara sin efecto aquellas disposiciones dadas aquel día en el dichoso puente, por aquel carcamal, (y no por lo viejo que era, sino por sus ideas tan retrogradas) éste tenía la sartén por el mango, nadie se atrevía a bordo a llevarle la contraria, pues aquel que no hiciese lo que él disponía como orden, terminaba abandonando el buque… -------------------------------------- 56 -------------------------------------
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