About the work
Quedó a la luna de Valencia, cogiendo moscas con la frase de despedida de la señora del capitán…
¡Cuándo tenga dos semanitas más, me la dejará para pasearla por las cubiertas!
Aquella buena señora no sabía ni una palabra sobre la parrafada que le endosó el esposo en el puente el día de marras, Fran para auto compadecerse pensó que hasta ahora habría tiempo, para utilizar el as guardado tan celosamente en su manga, tratar por todos los medios de rogarle a la señora para que la misma interfiriera en la orden del esposo, aunque apenas quedaban unos días para llegar a Lagos…
Aprovechando el buen tiempo y la temperatura tan agradable de la costa africana, una vez terminada la jornada laboral matinal, le dio tremendo baño a la perrita, esta recibía los mismos sin protesta ninguna, era más, le gustaba el agua como si fuese pez en vez de can, también tendría que ver los sofocos de aquellas latitudes…
Según había escuchado el cocinero a personas entendidas en perros, que los juguetes de madera no eran los idóneos para que estos jugaran con ellos, pues según decían, la madera al ir el perro mordiéndolas se podían astillar, por lo tanto hasta como peligroso dejarla morder estos supuestos huesos, pero hasta que no hubiera la oportunidad de salir a tierra para encontrar una tienda especializada y comprarle todos aquellos artilugios (siempre que el avinagrado del capitán la permitiese de seguir con ellos a bordo) pues a falta de pan, buenas son las tortas, pensó Fran, eso sí, como Sebastián se los había hecho con tanto cariño, simplemente lo que tenía que hacer era vigilar aquellos “huesos de madera” al primer indicio de astilla miento, tirárselos…
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Title Página - 57 - Constanza "La Perrita Navegante"
Quedó a la luna de Valencia, cogiendo moscas con la frase de despedida de la señora del capitán…
¡Cuándo tenga dos semanitas más, me la dejará para pasearla por las cubiertas!
Aquella buena señora no sabía ni una palabra sobre la parrafada que le endosó el esposo en el puente el día de marras, Fran para auto compadecerse pensó que hasta ahora habría tiempo, para utilizar el as guardado tan celosamente en su manga, tratar por todos los medios de rogarle a la señora para que la misma interfiriera en la orden del esposo, aunque apenas quedaban unos días para llegar a Lagos…
Aprovechando el buen tiempo y la temperatura tan agradable de la costa africana, una vez terminada la jornada laboral matinal, le dio tremendo baño a la perrita, esta recibía los mismos sin protesta ninguna, era más, le gustaba el agua como si fuese pez en vez de can, también tendría que ver los sofocos de aquellas latitudes…
Según había escuchado el cocinero a personas entendidas en perros, que los juguetes de madera no eran los idóneos para que estos jugaran con ellos, pues según decían, la madera al ir el perro mordiéndolas se podían astillar, por lo tanto hasta como peligroso dejarla morder estos supuestos huesos, pero hasta que no hubiera la oportunidad de salir a tierra para encontrar una tienda especializada y comprarle todos aquellos artilugios (siempre que el avinagrado del capitán la permitiese de seguir con ellos a bordo) pues a falta de pan, buenas son las tortas, pensó Fran, eso sí, como Sebastián se los había hecho con tanto cariño, simplemente lo que tenía que hacer era vigilar aquellos “huesos de madera” al primer indicio de astilla miento, tirárselos…
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Work type Literary: Other
Tags poesía romántica
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Registry info in Safe Creative
Identifier 1509065108694
Entry date Sep 6, 2015, 8:05 PM UTC
License All rights reserved
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Copyright registered declarations
Author. Holder Francisco Déniz Bruno. Date Sep 6, 2015.
Information available at https://www.safecreative.org/work/1509065108694-pagina-57-constanza-la-perrita-navegante-