Llevaba tiempo trabajando sin trabajar, haciendo tarea como la gente la llamaba, de voluntariado. No me gustaba ese nombre, no me gustaba porque no me sentía así. No me sentía voluntaria para nada. Para mí era mi trabajo, y no porque lo sintiera como una obligación, no, era algo que tenía que hacer, sin etiquetas, sin esfuerzos.
El trabajo de mi vida era ese, ese, y el de ir cada cierto tiempo a la oficina del INEM a sellar el paro. Podía hacerlo por internet, pero me gustaba ir. Al
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