Pasaba por delante de la puerta todos los días. Miraba aquel letrero y pensaba en entrar. Pero como todos los días caminé por una calle casi vacía hasta llegar a mi casa donde me acompañaba mi pequeña gata blanca. Una gata que me había encontrado vagando por las calles y que había adoptado en un momento de absoluta soledad.
Desde que había abierto la “Casa de sueños” la población era cada vez más escasa. En un principio la gente se mostraba reticente, pero el boc