Al verla un fuego interno coreó súplica, rompió, retumbó miseria. Una contemplativa que anidaba temor al balbuceo, de no ser capaz de expresar ninguna frase coherente, de avergonzarme más de lo que estaba en su presencia. Exquisita representación que se efectuaba en mi cabeza, adulada por la noche, visualizaba los aleatorios escenarios. Tú y yo. En el crepúsculo abrigado por la posibilidad, como telarañas invisibles. Nunca nombrada, era pecado, secreto que solo concebía el deseo de hacerlo, a
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0