11 DESDE EL FINAL
—No me acaba de gustar el lugar, John, estamos metidos en un hoyo, y lo peor que no deja de llover.
William abrió la puerta trasera de la caravana, el perro salió fuera, sin ningún temor a la lluvia. Los truenos crujían entre los árboles, a la vez unas ráfagas de viento hacia que las ramas se golpeasen unas contra otras. John y William aprovecharon para hacer sus necesidades junto a Dawn. Una vez terminados, le volvió abrir la puerta para que el perro entrase.
— ¡John, ayúdame a poner el combustible!
— ¡Voy, William!
Una vez terminado el trabajo, entraron dentro para respaldarse del vendaval.
— ¡Nos marchamos de aquí, John!
— ¿Sin tomar una taza de té y un bocadillo? —Tengo hambre William.
—No, John. Buscaremos otro lugar más seguro que este. ¿Qué hora será John?
—No llevamos reloj, pero yo creo que pueden ser las cuatro de la tarde, más o menos.
—Puede ser algo más tarde, lo digo por la oscuridad —contestó William mientras salía del breve descanso.
Apenas pisaban las ruedas delantera el asfalto de la carretera, cuando escuchó un ruido de sirenas. William, detuvo el auto. Dio marcha atrás, volvió a entrar, y aparcó en el mismo lugar.
— ¿Has oído eso, John?
—Sí, la escucho. Es la sirena de la policía, la conozco muy bien.
— ¡Tenemos que huir! —dijo William un poco alterado.
—Yo creo que aquí entre los árboles, no verán el coche.
—No creas nada, John ¡He dicho que nos vamos y nos vamos!
—Ok, pongámonos en marcha, antes que lleguen los polis.
—Así me gusta, chico, hay que ser decidido y actuar rápido.
Se pusieron los impermeables y las botas de agua. Cogieron sus mochilas y se las acomodaron en sus respectivas espaldas. William llevaba en ella toda la documentación importante. Tomó dos armas, una para él y la otra se la dio al chico. Cogieron al perro y salieron los tres fuera del auto caravana. Rápido se fueron adentrándose, en aquel espeso bosque. Permanecieron casi una hora escondidos, hasta que el peligro había pasado.
—Volvamos al auto caravana, John. Estamos empapados en agua. No me gusta huir de lo que no veo.
—Sí, creo que el peligro ha pasado —dijo el chico dándose la vuelta para tomar el mismo camino andado.
—No, John, por ahí no. Sígueme.
—William, estás confundido, el coche no está para allá.
— ¡Yo sé muy bien donde hemos dejado la caravana, John! Pero no me voy a presentar allí sin antes vigilarlo yo. ¿Y si nos han puesto una trampa? ¡Aj, no, no voy a caer en ella tan fácil!
— ¡Tienes razón, William, yo no había pensado en eso!
— Daremos un rodeo, y antes de acercarnos, vigilaremos la zona. ¡Sígueme, muchacho!
— ¡Vamos!
Se dirigieron hacia la derecha, sin dejar la linde, la que separaba el bosque de la carretera. Examinaron los alrededores, todo estaba tranquilo. Poco a poco se fueron acercando.
—No sé ve a nadie, John. No hay huellas de neumáticos ni de pisadas.
—Yo tampoco veo a nadie William, creo que los policías han pasado de largo.
Ya empezaba anochecer, cuando entraron de nuevo en la caravana. Se pusieron ropa seca. William puso la tetera a calentar, John se puso a preparar unos bocadillos. Dawn se sacudió varias veces, para quitarse el exceso de agua en su pelo. Se sentaron a la mesa y saborearon sus bocadillos y el té caliente. Dawn, hizo lo mismo con sus salchichas hervidas.
—El té calentito, está cayendo en mi estómago de puta madre. Está tan rico que me tomaré otra —dijo el chico a la vez que rellenaba las dos tazas con más té.
—Ya necesitábamos algo caliente para el estómago. Aprovéchate John, y toma ahora todo el té que te apetezca, porque pienso conducir toda la noche —decía William mientras vigilaba por la ventanilla.
Todo estaba muy oscuro, en medio de la nada. El temporal no quería amainar, parecía se estaba cayendo el cielo. El viento agitaba los árboles, junto con la lluvia y los truenos, rompían el silencio de la noche. William abrió el mapa, necesitaba saber dónde se encontraba, y cuanto faltaba, para llegar a su destino. A la finca de Lord Elio Round. Allí le esperaba una inmensa fortuna. Y llevaba toda la documentación necesaria, para hacerse con ella. William miró al joven, John estaba comiendo bocadillos y bebiendo té, como si fuese la ultima cena. John se dio cuenta que era observado. Se sonrió mientras se limpiaba la boca. William le contestó con otra sonrisa.
—Ven, John y mira el mapa. Cerca de aquí, a unos 7 kilómetros, nos encontraremos un cruce, ese cruce se junta con Terr Rd y más adelante, con la B 786, cogeremos esta última. Estamos cerca John —dijo William emocionada mientras doblaba el mapa.
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