El final de Aura
10/14/2021
2110149520357

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El final de Aura

Me llamo Aura y me encuentro atrapada en mi propia casa. Moriré pronto, soy consciente de ello. Aunque intento engañar mi mente; hay momentos que lo consigo pero otras me es imposible, y la tortura mental llega a ser terrorífica. Son las 3:00 de la madrugada y no puedo dormir. Se me pasa la noche vigilando, de ventana a ventana, del balcón a la mirilla de la puerta de la entrada. Cuando estoy rendida y veo la cosa un poco tranquila me dejo caer en la cama. En ese momento que intento descansar, mi gata Luna se echa a mis pies. Le puse Luna por su color plateado. Le gusta enroscarse como una serpiente, su menudo cuerpo está en continuo movimiento. Por culpa de mi nerviosismo. Cada vez que me muevo ella se da la vuelta para cambiar de posición, se supone que es más cómoda a la anterior. Sus descansos dependen de los míos. No lo puedo evitar, y en mis movimientos bruscos, sin querer hacerlo, le doy una patada, pobrecita. El animal salta de la cama y sale huyendo de la habitación, como alma que lleva el diablo. Pero la condenada tonta regresa. Le noto como me huele, meda un lametazo y unos suaves mordisquitos en el rostro y en el cuello, es su manera de llamar mi atención. Y cuando ve que estoy quieta se vuelve a enroscar, ronroneando como si nada pasara ni dentro ni fuera de la casa. Aunque se dice que los animales tienen el sexto sentido desarrollado, eso les hacen intuir los peligros mucho antes que a los humanos. Mi gata sabe que, algo anormal está ocurriendo fuera y se acerca un final muy malo… para las dos.
Me he vuelto como un robot y actúo como tal. Antes de darme cuenta me encuentro en el salón, sentada en el sofá y con un café aguado puesto sobre la pequeña mesa de madera tallada; la compré en uno de mis viajes a Portugal. ¡Dios, que lejos queda eso! Conecto la televisión. Están dando las noticias, ya me las conozco de memoria pues se repiten, siempre ponen las mismas historias desagradables, terribles, muerte y más muerte. El mundo se muere y poco podemos hacer para salvarlo… No es así, estoy incorrecta, el mundo no muere, estamos muriendo los humanos. Es terrible pero es la realidad; y lo peor de todo, esta catástrofe que ha sido provocado por nosotros mismos. Los humanos crean el virus, lo suelta para su propagación, luego crean la vacuna para combatirlo, pero esta vez no ha sido así, lo han propagado en todo el mundo y no han encontrado el remedio para radicarlo. Ahora todos estamos infectados. Por ese motivo no duermo, porque sé que, tarde o temprano yo también voy a morir. Como Santiago, como casi todos los del edificio, apenas se escuchan vecinos. Yo me encuentro en la cuarta planta y creo que todos los de mi rellano están muertos. O también puede ser que algunos hayan huido, esos son los que habrán acertado. ¿Pero dónde se puede ir? Si no hay un solo rincón en el mundo que no esté ese maldito bicho. Todo está contaminado, hasta mi puta casa lo está. A mí me gustaba perfumarla después de limpiarla, ahora huele a muerte. Solo tengo habitable una habitación, la cocina y el salón. Las demás habitaciones no las puedo usar. En una puse a Santiago, muerto, no avisé de su muerte porque correría la misma suerte que él. La otra habitación me sirve de basurero, no pienso salir a la calle a tirar la basura, porque si salgo o me mata el virus, o me matan ellos.

Literary: Other
antología poética
cuentos
sonetos
fábulas
otros.
relatos

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Lola Barea Barrera
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Title El final de Aura
El final de Aura

Me llamo Aura y me encuentro atrapada en mi propia casa. Moriré pronto, soy consciente de ello. Aunque intento engañar mi mente; hay momentos que lo consigo pero otras me es imposible, y la tortura mental llega a ser terrorífica. Son las 3:00 de la madrugada y no puedo dormir. Se me pasa la noche vigilando, de ventana a ventana, del balcón a la mirilla de la puerta de la entrada. Cuando estoy rendida y veo la cosa un poco tranquila me dejo caer en la cama. En ese momento que intento descansar, mi gata Luna se echa a mis pies. Le puse Luna por su color plateado. Le gusta enroscarse como una serpiente, su menudo cuerpo está en continuo movimiento. Por culpa de mi nerviosismo. Cada vez que me muevo ella se da la vuelta para cambiar de posición, se supone que es más cómoda a la anterior. Sus descansos dependen de los míos. No lo puedo evitar, y en mis movimientos bruscos, sin querer hacerlo, le doy una patada, pobrecita. El animal salta de la cama y sale huyendo de la habitación, como alma que lleva el diablo. Pero la condenada tonta regresa. Le noto como me huele, meda un lametazo y unos suaves mordisquitos en el rostro y en el cuello, es su manera de llamar mi atención. Y cuando ve que estoy quieta se vuelve a enroscar, ronroneando como si nada pasara ni dentro ni fuera de la casa. Aunque se dice que los animales tienen el sexto sentido desarrollado, eso les hacen intuir los peligros mucho antes que a los humanos. Mi gata sabe que, algo anormal está ocurriendo fuera y se acerca un final muy malo… para las dos.
Me he vuelto como un robot y actúo como tal. Antes de darme cuenta me encuentro en el salón, sentada en el sofá y con un café aguado puesto sobre la pequeña mesa de madera tallada; la compré en uno de mis viajes a Portugal. ¡Dios, que lejos queda eso! Conecto la televisión. Están dando las noticias, ya me las conozco de memoria pues se repiten, siempre ponen las mismas historias desagradables, terribles, muerte y más muerte. El mundo se muere y poco podemos hacer para salvarlo… No es así, estoy incorrecta, el mundo no muere, estamos muriendo los humanos. Es terrible pero es la realidad; y lo peor de todo, esta catástrofe que ha sido provocado por nosotros mismos. Los humanos crean el virus, lo suelta para su propagación, luego crean la vacuna para combatirlo, pero esta vez no ha sido así, lo han propagado en todo el mundo y no han encontrado el remedio para radicarlo. Ahora todos estamos infectados. Por ese motivo no duermo, porque sé que, tarde o temprano yo también voy a morir. Como Santiago, como casi todos los del edificio, apenas se escuchan vecinos. Yo me encuentro en la cuarta planta y creo que todos los de mi rellano están muertos. O también puede ser que algunos hayan huido, esos son los que habrán acertado. ¿Pero dónde se puede ir? Si no hay un solo rincón en el mundo que no esté ese maldito bicho. Todo está contaminado, hasta mi puta casa lo está. A mí me gustaba perfumarla después de limpiarla, ahora huele a muerte. Solo tengo habitable una habitación, la cocina y el salón. Las demás habitaciones no las puedo usar. En una puse a Santiago, muerto, no avisé de su muerte porque correría la misma suerte que él. La otra habitación me sirve de basurero, no pienso salir a la calle a tirar la basura, porque si salgo o me mata el virus, o me matan ellos.
Work type Literary: Other
Tags antología poética, cuentos, sonetos, fábulas, otros., relatos

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Identifier 2110149520357
Entry date Oct 14, 2021, 2:30 PM UTC
License Creative Commons Attribution 4.0

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Author. Holder Lola Barea Barrera. Date Oct 14, 2021.


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