-Un animalito que no le hace daño a nadie, es más, verlo corretear y alegrarte el día, - pero si es que Fran me comentó que apenas toque el barco por Gran Canaria, él se la lleva, que más le da al capitán de dejarla unos meses más a bordo - ¡Hombre de Dios, que manera más tonta de complicarse la vida! Contestó bastante resentido el telegrafista…
Casimiro Batista, el primero de máquinas, el hombre hablando tartamudeaba, pues fallaba más que escopeta de feria, aunque el morapio trasegado durante el almuerzo le quitaba el freno, trabándose mucho menos, se le había subido los colores a su cara, como por arte de magia le borraba de sus seseras los complejos, dijo sin apenas repetir palabras:
¡Solo y exclusivamente por no dar su brazo a torcer!
-Tiene temor que los demás nos demos cuenta, que las órdenes dadas por él, no sean cumplidas – El hombre cree que los marinos mercantes somos el ejército de Pancho Villa- Vaaamos, que sus decretos se tienen que cumplir a rajata-blas… Y sin impórtale que la esposa del capitán estuviese presente, eso sí, pasándose algunos pueblos, remachó:
“Que le den por donde se empiezan a hacer los cestos”…
A primera hora de la tarde se encontraba toda la tripulación libre de trabajo en la cubierta superior mirando para un gran banco de peces, al principio cada cual decía lo que le parecía, o más bien lo que creían, unos decían que eran caballas, otros que eran sardinas alachas, para luego derivar las discusiones en sacar a gran parte de los pertenecientes a la familia de los escómbridos, unos que era un banco de Bonitos, otros que si eran Melvas o Listados, para al final estar todos de acuerdo, pues tanto se acercaron al barco,
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