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Eres y serás
12/07/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
"Eres y serás rayos de luz en mis días más oscuros, la brújula en el camino que dirige mi destino. Eres y serás esperanza en la confusión y sosiego a la desazón, la que brilla del montón y llena mi corazón. Eres y seras mi bebé, mi guía, mi cómplice y gran amiga. Mi pedacito de cielo en la tierra, la que cura mi tristeza. Eres y serás el motivo que me empuja a elevar mi conciencia aun en aquellos días en que pierdo la paciencia. La maestra que me enseña desde la mera experiencia. Eres y serás mi constante en los tiempos más variables. Mi debilidad y fortaleza, la mayor de las certezas."
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Conciliación YA
12/06/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
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Ambivalente.pdf
12/04/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
Una madre puede… Amar profundamente a su bebé y al mismo tiempo extrañar su vida antes de ser mamá. No querer separarse de su peque y por momentos querer salir corriendo y estar sola. Querer pasar mucho tiempo con sus hijos y al mismo tiempo aburrirse de pasar con sus hijos demasiado tiempo. Amar al padre de sus criaturas y por momentos sentir que son desconocidos y que no lo soporta. Y todo eso no la transforma en “mala madre” sino que la hace humana, falible e imperfecta como cualquier ser humano, incluso sus propios hijos. La maternidad es ambivalente, es polar, es contradictoria y ¡está bien, estás bien, estamos bien! Cambiar el mundo desde el hogar sacude, remueve y genera conflicto. Aceptar estas emociones tan polares, escucharte sin juicio y aprender a darte lo que necesitas a ti misma significa que este rebaño de madres ovejas negras va por buen camino.
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Conciliación YA
12/04/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
La crianza respetuosa es un privilegio de clases. ¿Cómo respeto los tiempo de la infancia si no puedo llegar tarde a mi trabajo porque me echan? ¿Cómo respeto el control de esfínteres si por motivos laborales debo escolarizar a mi criatura y si lleva pañal no la aceptan? ¿Cómo trabajo el vínculo de conexión si solo veo a mi hijo para despertarlo en las mañanas y acostarlo por la noche por mis demandas laborales? ¿Cómo sano mis heridas de la infancia si no puedo pagar terapia y en la seguridad social me dan una cita para dentro de tres meses y en horario laboral? ¿Cómo le explicó a mi hijo que castigar a un pequeño no está bien si en su escuela lo mandan al rincón simplemente por comportarse como niño? ¿De dónde saco la paciencia para gestionar un berrinche si estoy todo el día trabajando fuera y cuando llegó a casa tengo que seguir haciéndolo? ¿De dónde saco tiempo para leer y formarme en crianza respetuosa si tengo millones de demandas dentro y fuera de mi hogar? ¿De dónde saco tiempo para el autocuidado trabajando doce horas y con un Franco semanal? “Pues no tengas hijos”, te dicen. Como si solamente la gente privilegiada económicamente fuera la única con derecho a procrear. ¿No sería más humano y respetuoso una conciliación real que reconociera la importancia transcendental de los cuidados en la primera infancia y, ergo, se hicieran ajustes tangibles relacionados a horarios laborales, rotaciones, días libres y licencias? Porque leyes sí que hay, pero de alguna manera la conciliación sigue siendo un mito, pues “hecha la ley, hecha la trampa”. Los carteles, los afiches y las publicidades de TV, las marchas y actos organizados, los viajes millonarios de funcionarias y sus amigas a supuestos eventos y congresos pro-mujer pagados con nuestros impuestos NO NOS SIRVEN, no le sirven a nuestros hijos si no pueden vernos, si tienen que estar escolarizados ocho horas y educados en centros que en su mayoría son autoritarios y adultocéntricos. Necesitamos políticas públicas reales y programas y proyectos que se implementen, se midan, y se ajusten. Necesitamos conciliación ya, tangible, real, humana para que la crianza respetuosa deja de ser un privilegio y se convierta en un derecho de la infancia. Y seguro habrá muchas madres de clases menos privilegiadas que pueden criar con respeto y es genial, pero que trabajen 8 u 12 horas fuera del hogar y logren hacerlo son las mínimas. No románticemos la madre superpoderosa, para la mayoría es una tarea casi imposible, rozando lo mínimamente posible si se tiene más de un hijo. Ocupémonos de los problemas reales de las madres trabajadoras, de las madres en riesgo de exclusión social que no consiguen reincorporarse al mercado laboral ya que los años invertidos en criar a sus hijos carecen de todo valor para las empresas. Ocupémonos de las madres y padres autónomos y freelancers que pagan impuestos como si fueran empresas multinacionales para financiar la propaganda política de aquellos que deberían representarnos. Ser emprendedora y autónoma, generar puestos de trabajo y movilizar la industria y el talento nacional debería premiarse, subvencionarse y valorarse pero en la práctica se castiga con impuestos hasta por el aire que respiras. Conciliación real YA para madres y para padres.
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LA MUJER DEBAJO DE LA MADRE
11/30/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
Si, a veces nos olvidamos de la mujer debajo de la madre. Nos sucede a la gran mayoría, los primeros años de vida de nuestros peques. La mujer debajo de la madre queda escondida, en pausa, escondida bajo interminables demandas y días que parecen fotocopiados. Y es que las madres nos entregamos plenamente y sin tapujos a la maternidad, procurando convertirnos en la mejor versión de mamá que podemos llegar a ser. Nos rodeamos de madres, leemos sobre crianza y maternidad, hablamos de hijos, pañales, siestas, cólicos, problemas de pareja, falta de sueño, ludotecas, parques, teta. Este nuevo rol, como todo lo novedoso, debe ser aprendido y construido mediante la práctica. Pero con la maternidad sucede algo muy curioso y es el hecho de que para construir y aprender primero debemos deconstruir y desaprender, lo cual toma mucho tiempo y a veces duele. Hay tanto que interiorizar que sin darnos cuenta quedamos inmersas en un nuevo mundo en el que abandonamos sin querer y sin darnos cuenta a la mujer debajo de la madre. Es tan coyuntural la metamorfosis que hasta nuestro propio nombre perdemos para pasar a ser «la mamá de…» Pero lo maravilloso es que a medida que los hijos crecen y nos van soltando, soltamos también el protagonismo de la madre para volver a darle la bienvenida a la mujer que ya no es la misma que también ha crecido a la par de los hijos. Ya no es sólo mamá, ya no es solo mujer, ahora es mujer madre. Y de repente, volvemos a recuperar lentamente la independencia de la dependencia de la cría y al principio no sabemos qué hacer con ella, pues tanto tiempo y energía hemos puesto en nuestra maternidad que es difícil quitarle el protagonismo. Y de repente, ya no tenemos que volver corriendo a casa para leerles el cuento, ni tenemos que postergar una salida por una siesta del bebe, tampoco tenemos que llegar tarde por dar la teta o por un llanto que no cede y hasta podemos desvelarnos porque sabemos que podremos dormir bastante. Y de repente, los «no te vayas mami» se transformaran en «que te diviertas ma, nos vemos cuando regreses» y casi sin darte cuenta comienza tu etapa de renacer y reencontrarse. Y nos sentimos nuevamente como aquella adolscente que podría confirmar un plan de última hora y que se ilusionaba probándose outfits para salir con sus amigas. Volvemos a sentir esas mariposas en el cuerpo y esas cosquillitas ante una noche sin alarma de regreso. Solo que está vez las salidas con nuestras amigas son diferentes, porque vienen acompañadas por mucha paz y la gratitud a una misma por haber podido esperar, haber sido pacientes con los tiempos de la infancia. La paz de saber que no nos hemos perdido de nada, que nos tocaba maternar y ponernos en pausa y que ahora, desde este empoderamiento, podemos reencontrarnos con la mujer debajo de la madre. Con este texto quiero decirte a ti, que estás leyendo con un bebe en la teta, que mientras lees tienes encima a tu criatura durmiendo en tu pecho o que siente que nunca más tendrás energías para arreglarse y salir de noche: va a llegar, vas a poder, vas a disfrutar como antes y aun mejor porque cuando llegues a tu casa luego de una noche de fiesta antes de acostarte pasarás por el cuarto de tus hijos, les darás un beso en la frente y te sentirás orgullosa de que finalmente la madre y la mujer se han fusionado y cada una tiene su espacio, un espacio necesario y sanador.
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_¿Por qué yo no soy este tipo de madre_
11/28/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
“Cada vez que mi madre viene a cuidar a mis hijos de noche, cuando regreso la casa está limpia a pesar de que cuando me fui la deje hecha un desastre, los peques duermen y hasta tuvo tiempo de doblar la ropa ¿Por qué yo no soy este tipo de madre?” Tengo dos teorías… 1. A nuestras madres y abuelas las criaron para ser amas de casa, para anteponer todo a la vida doméstica. Nosotras estamos cambiando ese paradigma porque ese tiempo y esa energía en dejar todo limpio e impecable es importante usarlo para despejarse, relajar, distenderse, pasar tiempo con la pareja, hacer algo que nos guste y disfrutemos pues sabemos que si no luego terminamos hiperestreaadas y cuando se van los críos el nido vacío cuesat mucho más reencontrarnos. 2. Tu madre quiere cuidarte, protegerte. Su casa ya no tiene aquel desorden de la infancia pero ella aún recuerda lo duro que eran esos tiempos, por eso aunque esté mayor te sigue cuidando porque para ella no es un trabajo es un acto de amor. Al no tener que hacerlo a diario tiene ese extra de energía que quizás a ti te está faltando No nos comparemos, todas hacemos lo mejor que podemos y para nuestras madres siempre seremos sus bebés, al igual que nuestros hijos siempre serán los nuestros aunque nos saquen una cabeza.
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Cansadas.pdf
11/25/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
A todas las mamás que a veces no tienen ganas de salir de la cama porque saben que el día será intenso y lleno de demandas desde que se levantan hasta que se acuestan: las veo, las abrazo, no exageran.
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Dar lo que no se tuvo
11/23/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
Soy madre de un niño altamente sensible y una niña de espíritu rebelde. La vida me envió lo que necesitaba para evolucionar: necesitaba aprender a empatizar con mi hijo para darme cuenta que yo también fui y soy altamente sensible y sanar lo que me faltó y lo que me sobró en mi propia infancia.Necesitaba criar a una niña de espíritu rebelde para liberar mi propia rebeldía, mi creatividad, esa que alguna vez fue reprimida por la escuela, la religión, los mandatos. Pero pucha que es un desafío! pues los hijos nos reflejan nuestras falencias, nuestros defectos, nuestras debilidades, nuestros traumas. Cuando mi hija pierde el control, la tengo que ayudar a gestionarse desde mi propia calma y muchas veces no se como hacerlo porque a mi no me la dieron.
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Las madres millennials
11/23/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
Todos critican a las madres millennials pero: Somos las primeras en romper con el paradigma «los niños no lloran». Criamos y parimos encerradas en una pandemia global. Somos las primeras en trabajar para sanar nuestras heridas de la infancia. Elegimos la validación emocional y las consecuencias lógicas en lugar del castigo. Somos las primeras en estudiar el desarrollo cerebral infantil y aplicarlo en la crianza. Dejamos que nuestros hijos usen el color de ropa que se les antoje y los juguetes que les apetezcan, sin importar el género. Somos las primeras que intentamos cambiar nosotras en lugar de cambiar a nuestros hijos. Somos las primeras que criamos saturadas de información contradictoria en las redes sociales. Todos critican a las madres posmodernas, nos tildan de blanditas,sumisas, locas, exageradas, manipulables, porque lo que no se entiende genera rechazo y porque cambiar paradigmas lleva mucho tiempo. Pero a base de mucha lectura, estudio y respaldadas por la evidencia científica puedo afirmar somos las primeras generaciones en comprender: Que cargar, arrullar y consolar no es malcriar. Que la madre perfecta solo existe en el imaginario colectivo. Que el pañal no se quita, se deja. Que un bebé que llora no se porta mal, se porta como un bebé. Que validar y contener una emoción no es ser «blanditas», es ser humanas. Que una cachetada a tiempo es abuso de poder y no corrección. Que el comportamiento de las criaturas no es el problema sino cómo reaccionamos los adultos. Que pedir perdón no es una muestra de debilidad sino de humildad y de conexión. Que la infancia es ruidosa, desordenada e intensa.
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La niñez es ruidosa
11/21/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
Los niños son desordenados, intensos y polares en sus emociones y eso es lo que la sociedad muchas veces olvida. Parece que muchas personas han nacido siendo adultas, que nunca han sido niños. La infancia es desordenada, intensa, ruidosay eso es lo que madres y padres debemos normalizar. La criatura que juega, grita y corre no es ni un inadaptado ni tiene algún trastorno psicológico, no podemos ni tenemos ningún derecho de diagnosticar niños por ser niños ni medicalizar la infancia.
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Carga Mental
11/21/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
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La mandona
11/19/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
“Mi esposa es muy mandona hace una lista de todo lo que tengo que hacer en casa, me agobia”. No crean que hacer listas para que no se “olviden” lo que hay que hacer nos gusta. No crean que enviar recordatorios y mensajes para que la logística familiar no se descarrile es nuestra actividad preferida. No crean que ser “mandonas” nos encanta, de hecho la mayoría detestamos ese rol. Lo ideal y maduro sería no tener la necesidad de pedir por cosas obvias, no tener que estar preguntando mil veces “¿sacarse la basura?” o“¿le cambiaste el pañal al bebé? o ¿recuerdas que hoy tienes que recogerlo de la escuela más temprano? Es sumamente molesto y estresante tener que estar atrás de un adulto supuestamente funcional que se supone es tu pareja y hacerle listas para cerisorastre que hace las cosas. Tenemos que repetir las cosas mil veces porque si no se insiste, si no se presiona, si no se pregunta no se hace y ¿quien termina haciendo lo que no se hizo? la madre. Porque nosotras no vamos a dejar un bebé con un pañal sucio ni moscas en la basura. Pero no, no nos gusta hacer listas ni preguntar, lo detestamos, nos agobia, nos estresa y sienta un terrible precedente para los hijos y las hijas que estamos criando y que no harán lo que les decimos sino que replicarán lo que ven. Como mensaje final, me parece importante que cuando estas cosas suceden podamos parar la pelota, analizar la situación y hacer ajustes: Por un lado quizás las mujeres podemos bajar un poco las expectativas y aceptar que la pareja no va a hacer (ni tiene porqué) una tarea exactamente como la queremos mientras esté bien hecha y por el otro lado, en lugar de quedarse estancado en la idea de que la pareja es mandona o controladora hacer una introspección y asumir responsabilidad. Un buen ejercicio es que los miembros de la pareja hagan cada quien una lista con las labores domésticas y de cuidados la cual luego será compartida con la pareja para poder dimensionar de una manera tangible cómo está es realmente la división de tareas, porque a veces creemos que hacemos más de lo que realmente hacemos o que la otra persona hace menos de lo que realmente hace. Como sea, abrirse al diálogo respetuoso desde la propia toma de responsabilidad en lugar de la culpa hacia los demás y la victimización.
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No pretendo
11/16/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
No pretendo que mis hijos crezcan sin ninguna herida, eso es imposible. Soy imperfecta y lo asumo. Lo que espero de corazón y por lo cual trabajo en mi maternidad, es que el peso de sus mochilas emocionales sea el mínimo posible
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Nadie te obligó a tener hijos
11/16/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
«¡Quién te mandó a tener hijos!» Escucho seguido cada vez que comparto algo negativo de mi maternar. Pues resulta que a mi nadie «me mandó a tener hijos» pero tampoco nadie me avisó de lo difícil que era criarlos desde una perspectiva positiva y consciente. Si me detengo a analizar esa frase detenidamente y con mucho cuidado, en cierta forma sí que me mandaron o me empujaron a tener hijos: mis padres con comentarios del tipo «ojalá algún día nos dejes al cuidado un nieto en lugar de tu perro», aquel amigo que se cree tan gracioso cuando constantemente me decía «ya tienes treinta, se te va a pasar el tren» o aquellas amigas que tuvieron hijos antes que yo y que poco a poco me dejaron de invitar a sus reuniones porque yo no era madre. Quizás también me empujaron en forma inconsciente todos los mandatos y los discursos sociales y mediáticos que afirman que ser madre «es lo mejor que te puede pasar en la vida» o que te completa como mujer, ambas afirmaciones irreales desde mi perspectiva. En definitiva, tal vez nadie me mandó directamente a tener hijos pero sí ejercieron cierta presión indirecta. No voy a cupar al afuera porque tenerlos fue y es mí decisión pero es hora de erradicar esa frase culpógena y poco acertada que, curiosamente, suele provenir más de las propias mujeres que de los hombres.
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Qué hermoso sería
11/15/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
Qué hermoso sería vivir en un mundo en el que cuando una mamá dijera que está cansada le contestaran: “¡claro que estás cansada!, criar es una labor increíblemente demandante” Cuando cualquier adulto dice que está cansado por su trabajo nadie lo juzga. Pero cuando una madre dice que está cansada por tantas demandas siempre la culpa es nuestra. Nadie nos valida, nadie te dice “claro que estás cansada si no te da la vida para hacer tantas cosas”, por el contrario pareciera que la culpa es nuestra: por tener otro hijo, por no pensarlo antes, por exagerar, por no saber organizarnos bien, etc. “¿Pero de qué estás cansada?”., “¡qué desagradecida!”. “Podría ser peor”, “después vas a extrañar estar cansada”. No hay necesidad de decir estas frases. Lo único que una persona necesita cuando dice que está cansada es un poco de empatía, de resonancia, de conexión. Decir que a veces estamos agotadas no significa que no queramos a nuestros hijos, que no nos guste ser madres o que estemos arrepentidas. Simplemente es una manera también de gestionar tantas demandas poder expresar que a veces nos desbordamos. Basta de decirle a una madre que no puede estar cansada. Basta de la culpa unilateral y la falacia de la madre mártir.
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Validación.pdf
11/14/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
Hoy hablaba en terapia con una mamá de la casi nula validación que tenemos las madres. “En mis tiempos no nos quejábamos”, “no sé qué vas a hacer a hacer cuando nazca el segundo”. Nadie nunca te va a decir “gracias por sostener la lactancia tanto tiempo” o “Gracias por elegir no pegarle a tus hijos” pero sucede que las madres somos humanas y todos los seres humanos necesitamos validación y sentir que lo que hacemos es importante y cuando maternamos niños pequeños casi todo lo que hacemos tiene que ver con criar y si nunca nadie nos hace sentir que nuestro esfuerzo y compromiso tiene valor sentimos cierto vacío. Por eso, como le comentaba a esta mami, nos toca darnos a nosotras mismas esas felicitaciones y celebrar nuestros triunfos y hacerlos con nuestras amigas porque quizás no los recibamos del afuera. Yo hoy te DIGO gracias, por que el respeto y la crianza positiva no son el canino fácil. La evolución de la sociedad es solo para valientes y de valentía las madres podemos dar cátedra. Las abrazo, nos abrazo, sanamos juntas. A quien le dices hoy “gracias”?
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Las madres no estamos locas, estamos hartas
11/08/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
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Aiko y el reino de los no
11/07/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
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Mi verdadero yo
11/02/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
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Apretares nocturnos
11/02/2022
Ana Amparo Acosta Rodriguez
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