Suite para un Mundo Antiguo (para pequeños pero poderosos músicos), es un viaje musical y narrativo que explora los orígenes de la musicalidad humana como forma de cuidado, vínculo y presencia compartida . Concebida para violonchelo, contrabajo, lira, marimba, timbales y narrador/a opcional, la obra traza un recorrido simbólico desde el útero materno hasta la sala de conciertos , pasando por cuevas, canciones de cuna y rituales colectivos.
En forma Suite, con cuatro escenas, la obra está especialmente dedicada a los jóvenes intérpretes , entendidos aquí como poderosos portadores de ritmo, atención y presencia . Invita tanto a músicos como a oyentes a recordar la música como algo que se comparte antes de dominarse , que se siente antes de explicarse:
I. Share Breath. I. Share Breath / Compartir la respiración. Un acto colectivo de respirar juntos como primer ritual. En este primera escena, sin palabras, el aire compartido se vuelve ritual: un pulso común que afirma la vida y el estar juntos. Cada aliento guarda una memoria antigua, la herencia invisible de respirar en compañía.
II. In the Cave: Clay Balls to the Stone Sky/ En la cueva: Bolas de barro al cielo de roca. El lenguaje silencioso de manos y ecos
En la cueva, la luz se vuelve líquida y la risa resuena en la piedra.
Este segunda escena evoca una escena prehistórica donde los niños lanzan bolas de arcilla hacia el techo de la cueva, escuchando su impacto y resonancia. Cada gesto entrena la vista, la mano y el cuerpo, preparándolos para futuros actos de caza, danza y creación artística.
III. Lullaby for an Ancient World: Nana Kama muta. Singing the Bond/ Canción de cuna para un mundo antiguo: Nana Kama Muta – Cantando el vínculo.
Esta escena evoca el vínculo humano más temprano y la ternura que nos une. Reconoce en la figura materna a la primera compositora y en la nana al primer género musical, donde el cuidado se vuelve ritmo, belleza y cultura compartida.
IV. Heartbeat of the Hunt / El latido de la caza. Cuando los cazadores se mueven al unísono alrededor del fuego. Esta última escena, que se inspira en la danza ceremonial tradicional de los maoríes de Nueva Zelanda, el haka, representa un ritual colectivo alrededor del fuego, donde cuerpos y voces se mueven al unísono, transformando el temor en cohesión. El latido compartido prepara la caza y fortalece el vínculo, revelando la música y la danza como formas ancestrales de cuidado, pertenencia y estar juntos.
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