Escribo por y para el naranja, sus estrías crema, su espectacular forma de amar. Crece en una almohadilla y revienta en los ojos, amarga un segundo en el colmillo pero sabe retroceder sabe ser víscera. Puede jugar con el pulmón hasta que dice basta, se encadena en pequeños desprecios para tantearte, pero después recuerda que el pasillo es largo y tentador, sube corriendo y se queja bajando, se esconde precioso y mira hacia arriba. Pide perdón desafiante y su derecho es una voraz hambre para las
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