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1874 results found for tag:"relato breve".
2005184039332
Señor Parsons
05/18/2020
Relato escrito por Miquel Fernández Beltrán el 9 de febrero de 2011
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2005133997782
Sheridan Parker
05/13/2020
Relato breve escrito por Miquel Fernández Beltrán el 7 de marzo de 2012
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
2005093919114
Miedo_escenico
05/09/2020
Miedo escénico – ¡Ay, tía! Ahí está Diego. Uff, me lo comía con ropa y todo. – Vamos a pedir una copa y nos ponemos a su lado. – Espera –Ana saca un pintalabios rojo del bolso y se lo pasa con suavidad por los labios mirándose en el espejo de la pared de la discoteca. – Ya está, vamos. Mientras se acercan a la barra los ojos de Ana y Diego se encuentran. Ella le sonríe y Diego la saluda con un movimiento de cabeza mientras recoge su copa y le da un trago. Cuando llegan, Ana se hace hueco a su lado. Lucía la sigue y para hacer también hueco, de forma poco sutil, la empuja contra él. Diego aguanta el tipo mientras nota como las caderas de Ana rozan y aprietan su entrepierna. Después de dos copas más, miradas, baile, charla y flirteo bastante descarado acaban besándose y metiéndose mano en la puerta de la discoteca. Con la excusa de que no hay nada más abierto a esas horas, Diego le propone a Ana tomar la última en casa de él, que está a solo dos manzanas de allí. Los dos saben que no habrá otra copa, lo que habrá será otra cosa. Llegan a casa besándose en cada portal. Una vez dentro, Ana le desabrocha la camisa mientras nota la erección de él presionando su pelvis. Él mete la mano por debajo de la camiseta para tocar sus pechos. Van hasta el sofá a trompicones. Ana se sienta y Diego se desabrocha los vaqueros. De pronto, Ana piensa que esto va muy deprisa y empieza a ponerse nerviosa. ¿Qué ropa interior lleva puesta? ¿Cómo estará el tema por ahí abajo después de la sudada en la discoteca? Tiene que ir al baño. Se disculpa. Diego le indica dónde es y le pide que no tarde. En el baño, la cosa se pone peor. Entre los nervios, las copas y el frio que hacía en la calle se le mueven las tripas y no puede evitar tener que sentarse en el váter. Sus tripas gruñen y se mueven, intenta no hacer ruido, pero miles de gases quieren salir a la vez, o los suelta o tiene la impresión de que reventará. Se resigna. Enciende un cigarro y se relaja mientras parte de sus tripas van retrete abajo. Cuando es capaz de levantarse del váter, se lava como puede porque Diego no tiene bidé y sale de nuevo al salón, con paso inseguro, pero intentando sonreír. Llevaba meses esperando que esto pasara, lo deseaba desde la primera vez que lo vio, pero él no parecía interesado. Ahora ahí estaba, en su casa. Él la espera con la camisa abierta, el torso descubierto, el pantalón desabrochado y una enorme erección. La mira con deseo. Es guapo el condenado, piensa Ana… De nuevo, un dolor de tripas horrible amenaza con hacerle correr de nuevo hasta el baño. Intenta ignorarlo, pero se mueven con tanta furia que cree que hasta Diego desde el sofá podrá oírlas. Da un paso hacia él. Sus tripas vuelven a rugir y a agitarse. Gira sobre sus talones y regresa al cuarto de baño. Se sienta otra vez en el váter y pasa un buen rato hasta que es capaz de levantarse. Es imposible, pero ¿cuánto puede cagar una persona? Cuando regresa al salón, Diego la mira desconcertado, no hay rastro de la erección, se ha abrochado la camisa y el pantalón y se está bebiendo una cerveza. Ana lo mira, sus tripas vuelven a rugir. Sin ni siquiera despedirse, camina hasta la puerta, la abre y se va
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2004103618092
Binomio perfecto
04/10/2020
Binomio perfecto “Noches con Fluido otra vez. ¿Pero qué es esto?” pensó Víctor mientras clicaba rápido con el ratón de un sitio a otro. Miró a su compañero en la mesa de al lado concentrado y tecleando sin apenas pestañear. – Juan, mira esto. –Dijo dejando el ratón, cruzando los brazos y recostándose en la silla. – Es muy raro. Lleva dos días así. Cada vez que lanzo el algoritmo para localizar una pareja compatible salta esta de Noches con Fluido. Lo tengo que lanzar varias veces hasta que localiza una pareja real. – ¿A ver? Noches y Fluido son los alias que creamos Marina y yo para hacer las pruebas, pero son fichas ‘beta’ no tiene sentido que las localice. Juan acercó la silla y se sentó al lado de Víctor, cogió el ratón y clicó sobre Fluido. Nombre, dirección, sexo, hobbies… todo estaba vacío. En la descripción aparecía: Las noches no tienen sentido sin ti. Cerró los ojos, respiró profundo. Cuando volvió a abrir los ojos movió el ratón y pulsó sobre Noches. La ficha también estaba vacía, todo menos la descripción: Mi alma sin tu fluido está sedienta y perdida. – Borra los dos perfiles, pasa el antivirus y reinicia el programa. – dijo Juan. Luego, chasqueó la lengua contra el paladar, se levantó y se sentó de nuevo en su mesa. Mientras Víctor reiniciaba el equipo, miraba de reojo a Juan que tenía los ojos clavados en su móvil. Al cabo de un rato, observó que reaccionaba y cogía el móvil para enviar un whatsapp. Juan escribió: “Hola Marina. Desde que te fuiste a Sevilla no hemos vuelto a hablar, ¿qué tal todo?” La respuesta no tardó en llegar: “Hace dos días que volví a Madrid, de momento estoy en casa de mis padres, pero ando como loca buscando piso, así que está todo un poco revuelto. Si quieres quedamos y te cuento.” Juan sintió cómo si le acabaran de dar cuerda al corazón, la boca se le secó y un leve hormigueo le recorrió la entrepierna. – ¡Jodido programa! Cien por cien de aciertos. – dijo al final mientras se levantaba con el móvil en la mano para llamar a Marina desde el pasillo.
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2003223376288
1.Junts per sempre
03/22/2020
Se trata de un relato breve sobre la violencia de género.
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2001152881187
Piso compartido
01/15/2020
Piso compartido Haciendo memoria, creo que todo comenzó ese día. Era otoño porque ya empezaba a hacer frío por las noches. Llegué a casa después de trabajar, con el bolso, el abrigo y el jersey, todo colgado del mismo brazo. Al intentar dar la segunda vuelta a la llave, la puerta se abrió de golpe y todo lo que llevaba colgando del brazo cayó al suelo. En ese momento no le di importantica, pero sí, comenzó ese día. Las pruebas eran evidentes, pero es curioso como la mente trata de racionalizar sucesos extraños. Al día siguiente no fue sólo la segunda vuelta a la llave, sino que también había restos de desayuno encima de la mesa. “Tenía tanto sueño que ni siquiera recogí”. Esa era la explicación más lógica. Que desaparecieran un par de calcetines, unos guantes, un gorro viejo de lana o ese jersey grande que ya no me ponía tampoco me extrañó, lo achaqué al misterio de la lavadora que devuelve los calcetines impares. A la toalla que empezó a aparecer en el tendedero me costó darle una explicación, así que me limité a recogerla y guardarla en el armario. El día que la vecina me dijo: – Ha venido tu padre esta mañana. Casi no le reconozco con la barba. No le contesté. Tampoco quise contarle que mi padre había muerto hacía casi un año. Fueron pasando los meses y esos pequeños sucesos se convirtieron en parte de mi rutina, abrir la puerta con una sola vuelta cuando la había cerrado con dos, recoger los restos del desayuno, guardar la toalla del tendedero, recolocar los cojines del sofá y extender la colcha. Siempre hay un momento donde las cosas no se sostienen y caen por su propio peso. En este caso fue en febrero, al regreso de unas vacaciones. Llegué de noche, cansada. Fui directa a dormir. Al abrir la ropa de cama me di cuenta de que esa cama no la había hecho yo. Eso es algo que se sabe, yo no meto la sábana por debajo del colchón. Aun así, estaba tan cansada que me metí dentro y dormí de un tirón. Al día siguiente, estaba poniendo la lavadora cuando me llamó mi hermana. – Nena, no he podido ir estos días a tu casa, no tengo la llave, creo que se me cayó hace tiempo en la entrada de Mercadona, me pareció que se caía algo, pero no vi nada. Le pregunté al mendigo que está siempre en la puerta, ese al que le dimos el abrigo de papá, pero dijo que él no había visto nada. Como no eché nada en falta, no le di importancia hasta ahora, claro. Tienes que llamar al seguro para que te cambien la cerradura cuanto antes. Ya lo siento, cariño. – Vale, sí. No te preocupes, ahora llamo. Llamé y esperé al cerrajero viendo nevar por la ventana. Y aquí estamos, el cerrajero concentrado en su trabajo y yo, con lágrimas en los ojos pensando que hace demasiado frío para pasar la noche en la calle.
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2001152881170
El negro
01/15/2020
El negro Tributo al ‘Gordo’ de Carver A veces me acuerdo del negro. Sin saber por qué su recuerdo llega con fuerza, nítido, pidiéndome que le encuentre sentido, pero yo, la verdad no entiendo por qué me sigo acordando de aquello. Os voy a contar la historia, toda, desde el principio. Tal y como se la conté a mi amiga Raquel el otro día. Hace unos años estuve de vacaciones en el Cabo de Gata. Para hacer la compra iba a super de Campohermoso que está a unos diez kilómetros, fuera del parque natural. En cuanto sales de la zona protegida, todo está lleno de invernaderos, enormes campos de plástico a ambos lados de la carretera. Los invernaderos están separados por caminos de tierra, y, aquí y allá, donde hay algo más de espacio, aparecen construcciones de ladrillo, bloques de hormigón y uralita, con cubos o bidones de agua en la entrada y ropa tendida en el hueco que hace las veces de ventana. Si vas por esa carretera de noche tienes que extremar la precaución porque los trabajadores de los invernaderos circulan en bicicleta y, aunque algunos llevan chaleco reflectante o una luz en la rueda trasera, otros muchos, ni eso. Además, la noche allí es muy oscura. No hay luz en las chabolas, ni en los invernaderos, ni en la carretera y, a veces, sin darte cuenta te topas con un ciclista a menos de un metro del coche. Bueno, a lo que iba, mientras hacía la compra me encontré con un negro en el pasillo. Creo que es el negro más negro que he visto nunca y también el más guapo. Al ver cómo lo miraba se envalentó y vino hacia mí. En este punto retomé la atención de mi amiga Raquel. – Esto se pone interesante, ¿y donde estaba tu novio? – preguntó. – En la sección de vinos, escogiendo uno para la cena. – le dije. El caso es que el negro me paró en el pasillo. Llevaba un bote de insecticida en la mano. – Hola, ¿Qué pone aquí? Es que no sé leer… ¿Es para matar pulgas? – dijo mostrándome el bote. – Chinches, garrapatas y cucarachas – leí. – ¿Cucarachas? – Cucarachas – repetí, y señalé el dibujo que había en el bote. – ¡Ah! Entonces, sí. Gracias. – dijo. Se dio la vuelta y se alejó por el pasillo en dirección a la caja. Justo a mi espalda llegó mi novio con dos botellas de vino. – ¿Cuál cojo? – No sé, la que quieras… a mí no me apetece vino hoy. –contesté mirando como el negro pagaba el bote de insecticida. Mi novio se quedó mirando las dos botellas, dudando, al final echó las dos al carro. – ¿Y eso es todo? – preguntó Raquel. Asentí.
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1912282759554
Todo bien. BeS.O.S
12/28/2019
En el fondo sabía que algo no iba bien. Había señales, suficientes para una persona atenta, pero ella estaba demasiado ocupada con su día a día. El trabajo y los niños le consumían toda la energía y no tenía tiempo para pararse a pensar. Como mucho se decía, tengo que dejar de fumar. Normalizaba el agotamiento crónico, la tos seca, la fatiga al subir cuatro simples escaleras y los mareos matutinos, pero la rutinaria revisión médica anual del trabajo la había enviado directa allí. Oncología, ponía a la entrada y esa sola palabra tenía la fuerza suficiente para llenar de silencio toda la sala. Caras inexpresivas miraban el televisor donde unas noticias sin voz anunciaban con subtítulos que estaba nevando en California, a una altitud donde nunca antes lo había hecho y donde hacía apenas dos meses los incendios habían arrasado miles de hectáreas. En la imagen se veía como la nieve cubría los restos de ceniza. Su número apareció en la pantalla indicándole la consulta a la que debía pasar. Al salir con la cita para la primera sesión de quimio, levantó la vista hacia el televisor. En los subtítulos leyó: El parlamento europeo declara la emergencia climática.
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1912032609504
La calma
12/03/2019
Unos presos y sus guardias viven en Siberia.
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1912032609481
El ultimo soldadito
12/03/2019
Un hombre habla de su dura vida en la montaña.
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1912032609474
La selva
12/03/2019
Escena de unos soldados en la selva.
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1912032609450
Ojala
12/03/2019
La vida de un hombre al que siempre le pasa lo mismo.
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1912032609443
Sam 2-0
12/03/2019
Un hombre y su clon.
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1912032609429
El chopo
12/03/2019
Una mujer escapa subiendo a un chopo.
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1912032609412
El día
12/03/2019
Una mujer se prepara para vivir el mejor día de su vida.
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1912032609405
El sol
12/03/2019
Un transporte militar tiene un accidente.
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1912032609399
El pasado
12/03/2019
Un hombre dialoga con un policía.
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1912032609375
La firma
12/03/2019
Una mujer se dispone a firmar libros en una librería bonaerense.
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1911132470717
La cuerda del caballo
11/13/2019
Un niño habla de la historia de su padre.
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1911062413211
El señor K
11/06/2019
Epílogo del libro Relatos en el Desván.
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