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2744 results found for tag:"prosa poética".
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UN BRINDIS POR UN PIRATA
05/26/2026
JOAQUIN RUIZ FLUVIA
Microrrelato que explica el descubrimiento del brandy de Jerez con el pirata Drake.
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CERCA DEL MEDITERRANEO
05/23/2026
JOAQUIN RUIZ FLUVIA
Microrrelato sobre el Mediterráneo.
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VORA EL MEDITERRANI
05/23/2026
JOAQUIN RUIZ FLUVIA
Microrrelato poético acerca del Mediterráneo. escrito en catalán
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El día que dejó de sostener al mundo
05/19/2026
Gota de Rocío Azul
La mañana no traía nada distinto, y sin embargo, ella sí. Había aprendido a entregarse al mundo como quien deja encendida una luz en medio del temporal. Nunca calculaba cuánto quedaba de sí después de acompañar las sombras ajenas. Daba sin reservas. Daba sin esperar. Daba no desde la abundancia, sino desde aquello mismo que también necesitaba para sostenerse. Y aun así, sonreía. Existía en ella una costumbre silenciosa de remendar tristezas ajenas mientras las propias se agrietaban lentamente en el fondo del pecho. Sus manos conocían el lenguaje de la renuncia: el pan dividido en partes desiguales, el abrazo ofrecido aun cuando el alma pedía refugio, la palabra serena pronunciada justo el día en que más necesitaba escucharla para sí. Nadie advertía lo que iba perdiendo. Todos agradecían lo que recibían. Quizá por eso nunca percibieron el cansancio escondido detrás de sus ojos. Hasta que llegó aquel día. No hubo catástrofe. No hubo reproches. Ni siquiera una razón precisa. Simplemente el corazón despertó agotado. Como si algo dentro de ella hubiese decidido detenerse antes de romperse por completo. Ese día no pudo acompañar a nadie. No tuvo fuerzas para resolver angustias ajenas. No encontró dentro de sí la claridad que siempre repartía. Por primera vez, sus manos quedaron inmóviles. Y entonces ocurrió aquello que jamás sospechó. Las miradas cambiaron. Lo que antes parecía cercanía comenzó a teñirse de distancia. Lo que antes era gratitud adoptó la forma de un silencio incómodo. Algunos se alejaron sin decir nada. Otros dejaron caer sobre ella una frialdad que pesaba más que las palabras. Como si descansar fuese una falta. Como si detenerse equivaliera a fallarles. Y dolió. Dolió de una manera lenta, callada, casi imposible de nombrar. Porque ella jamás ayudó esperando homenajes. Nunca dio esperando aplausos ni permanencias. Lo hacía porque así entendía el cariño: como una forma de extender las manos aun cuando el alma también necesitara abrigo. Pero descubrir que algunos solo valoraban aquello que recibían de ella… eso le desgarró algo muy hondo. Aquella noche permaneció quieta frente a la penumbra. Miró sus manos en silencio y sintió culpa por no seguir sosteniendo el peso de todos. Como si hubiese aprendido a creer que su valor dependía únicamente de cuánto podía resistir. Entonces comprendió algo doloroso y luminoso al mismo tiempo: Había personas que no la amaban verdaderamente a ella. Amaban la parte de ella que resolvía, calmaba y permanecía siempre disponible. Y entenderlo fue como abrir una ventana después de años respirando el mismo aire triste. Lloró en silencio. No por fragilidad. Sino por agotamiento. Por todas las veces que se quebró intentando evitar heridas ajenas. Por todas las veces que entregó lo imprescindible como si fuese infinito. Por todas las veces que se dejó para después mientras salvaba a otros de sus naufragios. Pero en medio de aquella tristeza nació también algo distinto. Una serenidad nueva. Una forma más digna de mirarse. Comprendió que ayudar es un acto nacido del afecto, no una obligación interminable. Que quien entrega también merece descanso. Que nadie debería sentirse culpable por no tener fuerzas todos los días. Y sobre todo comprendió esto: Quien cambia contigo el día que ya no puedes dar… jamás supo mirar tu corazón completo. Aquella madrugada no encendió ninguna luz para otros. Se abrazó a sí misma. Y aunque nadie lo celebró, por primera vez en mucho tiempo, dejó de sentirse obligada a desaparecer para que los demás pudieran mantenerse a salvo. Aimée Granado Oreña Gota de Rocío Azul 💧
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Pienso en ti y el alma se aquieta
05/19/2026
Gota de Rocío Azul
Cuando pienso en ti, el mundo deja de parecer un lugar disperso. Todo adquiere una delicada armonía, como si las piezas invisibles de la vida encontraran finalmente el sitio exacto donde pertenecen. Hasta el silencio cambia su naturaleza y ya no pesa: respira conmigo, me acompaña, se vuelve un lenguaje secreto donde habita tu nombre. Hay personas que llegan como un instante pasajero, pero tú apareciste como esas lluvias suaves que transforman la tierra sin hacer ruido. Desde entonces, algo en mí comenzó a comprender la razón de ciertas nostalgias, la causa de tantos desvelos y la extraña belleza de esperar aun cuando no existe certeza. Cuando pienso en ti, las horas parecen menos frías. La distancia deja de ser ausencia y se convierte en un puente tejido de memorias, intuiciones y sueños callados. Entonces descubro que el amor no siempre necesita tocar para permanecer; a veces basta con esa presencia invisible que acaricia el pensamiento y enciende pequeñas luces en medio del cansancio. Pienso en ti y el alma se aquieta. Como si después de tanto naufragio interior alguien hubiese encendido una lámpara azul en mitad de la niebla. Como si cada herida encontrara lentamente una explicación bajo la ternura de tu recuerdo. Porque hay seres que no llegan para quedarse únicamente en la vida de uno, sino para darle sentido a todo aquello que antes parecía incompleto. Y es extraño… desde que existes dentro de mis pensamientos, hasta el dolor aprendió a pronunciarse de otra manera. Ya no destruye: transforma. Ya no oscurece: revela. Porque tu recuerdo tiene la extraña virtud de convertir las sombras en refugio y las tristezas en versos. A veces me pregunto si sabes cuánto habitas en las cosas más simples. En el murmullo del amanecer. En la pausa de una canción melancólica. En el azul profundo del cielo cuando la tarde se inclina sobre el horizonte. Estás en todo aquello que despierta sensibilidad, en todo lo que el alma reconoce sin necesidad de nombrarlo. Cuando pienso en ti, comprendo que el amor verdadero no siempre necesita promesas grandiosas. A veces basta con esa certeza silenciosa que permanece incluso cuando el mundo calla. Esa sensación de pertenencia inexplicable que une dos almas más allá del tiempo, de la distancia y de las incertidumbres humanas. Y entonces todo cobra sentido. La espera. Los desvelos. La ternura contenida. Los versos que nacen sin aviso. Las emociones que tiemblan bajo la piel como lluvia suspendida. Porque hay personas que no solo habitan el corazón… habitan también la manera en que uno vuelve a mirar la vida. Aimée Granado Oreña ©️ Gota de Rocío Azul 💧
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Renacer
05/19/2026
Gota de Rocío Azul
Había una vez un jardín que parecía haber olvidado el lenguaje de las flores. Las lluvias habían sido largas. Demasiado largas. El viento arrastró pétalos, quebró ramas, silenció pájaros y dejó sobre la tierra una tristeza húmeda, de esas que se quedan adheridas a la memoria como el musgo a las piedras. Nadie imaginaba que allí, donde el invierno había dejado sus huellas más hondas, todavía respiraba una semilla. Ella tampoco lo sabía. Caminaba entre los días como quien atraviesa un corredor de sombras, llevando el cansancio oculto detrás de una sonrisa tenue. Había aprendido a sobrevivir en silencio, a esconder las grietas para que nadie escuchara el eco de lo roto. Y aún así, en las madrugadas, cuando el mundo dormía y las palabras dejaban de fingir, sentía dentro del pecho una especie de vacío que dolía como un hogar abandonado. Entonces comprendió algo. No era el final. Era el instante previo al renacer. Porque hay almas que no florecen en la comodidad de la primavera. Hay almas que necesitan tocar el fondo de la noche para descubrir su propia luz. Y ella comenzó lentamente. Primero dejó de perseguir lo que no la elegía. Después aprendió a cerrar puertas sin culpa. Más tarde entendió que sanar no significaba olvidar, sino mirar las heridas sin permitir que gobernaran el porvenir. Cada lágrima se volvió río. Cada silencio, refugio. Cada despedida, una semilla invisible. Y un día cualquiera —sin anuncios grandiosos, sin milagros aparentes— volvió a mirarse al espejo y descubrió algo distinto en sus ojos: ya no habitaba la tristeza de quien espera ser salvada, sino la serenidad de quien aprendió a salvarse a sí misma. Entonces el jardín floreció. No igual que antes. Más hermoso. Porque las flores que nacen después de la tormenta conocen el valor de la luz. Desde entonces, quienes la veían caminar creían observar a una mujer tranquila, quizá incluso frágil. Pero no sabían que dentro de ella habitaba una tempestad vencida, un océano reconstruido, una luna aprendiendo nuevamente a iluminar la noche. Y fue así como renació: no olvidando el dolor, sino convirtiéndolo en alas. Y cuando creyó haberlo comprendido todo, la vida volvió a sorprenderla con esa manera suya de bordar misterios en las esquinas del destino. Porque el renacer no ocurrió una sola vez. Sucede todavía. En cada amanecer donde el alma decide no rendirse. En cada palabra que vuelve a escribirse después del silencio. En cada abrazo que encuentra refugio tras la intemperie. En cada lágrima que ya no nace de la derrota, sino de la sensibilidad de seguir sintiendo. A veces, mientras contempla la lluvia deslizarse sobre los cristales o escucha el murmullo del mar hablando con la noche, comprende que aún existen cicatrices que arden suavemente bajo la piel de la memoria. Pero ya no le temen al dolor como antes. Han aprendido que incluso las heridas pueden convertirse en jardines cuando el corazón decide habitarlas con ternura. Y así continúa… Con la serenidad de quien ya no corre detrás de la vida, porque entendió que todo llega cuando el alma está preparada para sostenerlo. Tal vez un día aparezca un amor capaz de reconocer la belleza que sobrevivió a tantas tormentas. Tal vez la poesía siga siendo ese puente invisible entre sus nostalgias y la esperanza. O quizá el verdadero milagro sea simplemente este: haber vuelto a encontrarse consigo misma entre los escombros del ayer. Porque hay renacimientos que no hacen ruido. Solo florecen lentamente… como el rocío azul sobre los pétalos del alba. Aimée Granado Oreña ©️ Gota de Rocío Azul 💧
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Como ese verso invisible
05/04/2026
Gota de Rocío Azul
En el umbral callado de la noche, donde la luna derrama su luz como un susurro tenue sobre los jardines del alma, hay un instante en que el tiempo se aquieta y escucha. Allí, en ese latido suspendido, el amor no necesita pronunciarse: se vuelve presencia, se vuelve certeza, se vuelve un lenguaje que no se escribe, pero se siente. Tus ojos llegan a mí como una revelación serena, como si cada mirada trajera consigo la memoria de un encuentro que no comenzó aquí, sino en un territorio más profundo, donde las almas se reconocen sin nombre. Y en ese gesto íntimo, donde la palabra se rinde, todo florece: la calma, el anhelo, la plenitud que no exige, pero lo abarca todo. Hay en tu cercanía una forma de eternidad, una manera suave de habitar el silencio sin quebrarlo, de decirlo todo sin herir la quietud. Y entonces comprendo que amar no es poseer ni retener, sino permanecer como la luz en la noche, como el rocío en la aurora, como ese verso invisible que, sin ser dicho, lo nombra todo. Epílogo Quizás el amor sea eso que nunca termina de decirse, lo que permanece al borde del lenguaje como una claridad suspendida. Tal vez no estemos llamados a comprenderlo, sino a sostenerlo apenas, con la delicadeza de una gota de rocío azul suspendida en la luz primera. Y cuando finalmente cae, inevitable, silenciosa, no se pierde: se entrega. Como si el universo, en su vasto misterio, sonriera al verla descender, reconociéndose en ese instante mínimo donde todo se disuelve… y todo comienza. Amarte es habitar la noche lenta, donde el silencio inclina su ternura, y una luna de amor casi madura vuelve el alma jardín que se acrecienta. Tus ojos son el puerto que me nombra, un territorio arcano, sin orillas, donde se buscan, hondas y sencillas, dos voces que se estrechan en la sombra. No es poseer, ni atarte vehemente: es ser la luz si en tu penumbra avanzo, rocío azul que roza levemente. Verso invisible, nombre sin descanso, permanezco en tu umbral, calladamente, como un comienzo al filo del remanso. Mientras me asiste el corazón avanzo. Siento vibrar la noche en la quimera, aquella que cual fértil mensajera alivia mi pesar cuando me canso. En tu verdad me afianzo, en el instante exacto en que habitarte es entregarme toda para amarte. Aimée Granado Oreña ©️ Gota de Rocío Azul 💧
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Tu Mirada
05/04/2026
Gota de Rocío Azul
Antes de que este poema alce la voz, quisiera dedicarlo a esos ojos que alguna vez nos desarmaron sin tocarnos. A las miradas que nos desnudan el miedo y, al mismo tiempo, nos abrigan el alma; a esos instantes en que un simple cruce de pupilas cambia el rumbo de un día, de una vida, de un destino. Este poema está escrito para quien, con solo mirarnos, despierta la luz en nuestras sombras, vuelve respirable la piel y nos recuerda que aún somos capaces de temblar, de esperar y de bendecir una llegada. A esa mirada que seduce sin prometer nada y, sin embargo, lo promete todo… van estos versos. Tu mirada, al rozarme, me desnuda, abre en mi sombra un claro de ternura, enciende en la razón dulce locura mientras el alma reclama tu ayuda. Tu mirada la siento tan tozuda me nombra con amor y con hondura viviendo con pasión nuestra aventura dejando atrás la sombra de la duda. Cuando me miras, vuelvo de la nada, aprendo que la piel también respira cual cauce de la luz en su alborada. Es faro, es laberinto, es emboscada: me pierdo en el vibrar que me suspira y acepto, sin defensa tu algarada. Ay, tu mirar, que enciende mi enramada, me anima al embeleso del desvelo, corona la añoranza del anhelo y el cénit que acompaña esta morada. Bendigo tu llegada cada noche besando la impaciencia y siento eclosionar con vehemencia. Aimée Granado Oreña© Gota de Rocío Azul 💦
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El instante que nos escribe
04/24/2026
Gota de Rocío Azul
En ese lugar del que tú hablas, ese que no figura en los mapas, yo también he estado, o al menos lo he presentido alguna vez, como si rozara apenas el instante que nos escribe. Llega sin aviso, ¿sabes? como un leve estremecer, un casi nada que nos atraviesa el alma y, sin embargo, no nos deja en ruinas, nos deja entre palabras, suspendidos en el instante que nos escribe. Sí… es ese borde del silencio donde lo que duele ya no sangra, solo ilumina por dentro, como una grieta por donde entra una luz que no sabíamos que necesitábamos, y que, sin nombrarse, ya era el instante que nos escribe. Ahí es donde tu voz se queda como apagada… como si quisiera esconderse, pero decide permanecer un segundo más, fiel a ese instante que nos escribe. Y en ese instante… nace el verso. O quizás, es el alma diciendo “aquí estoy”, aunque todavía no se atreva del todo, aprendiendo a habitar el instante que nos escribe. Tus líneas me lo recordaron: hay verdades tan frágiles, tan finas, que no resisten el ruido del mundo. Por eso buscan refugio en la poesía, se visten de metáfora para no deshacerse, y prefieren susurrar antes que romperse, como si protegieran el instante que nos escribe. Leerte es como acompañar ese momento en el que dejamos de escribir hacia afuera y empezamos, sin darnos cuenta, a escribir hacia adentro, como encender una lámpara en una habitación que llevaba años en penumbras, y descubrir ahí, latiendo, el instante que nos escribe. Y entonces ocurre algo extraño, creemos hablar de algo lejano, pero verso a verso se dibuja lo que nos habita, lo que siempre fue el instante que nos escribe. Tal vez ese sea el milagro: no escribimos para ordenar lo que sentimos, sino para descubrir el nombre secreto de aquello que, en silencio, nos estaba sosteniendo y rompiendo a la vez, paciente, intacto, como el instante que nos escribe. Epílogo Y al final… cuando la palabra se aquieta, queda una certeza suave entre nosotros: no era el verso quien nos buscaba, éramos nosotros intentando volver a casa. Porque hay luces que no llegan desde fuera, sino que despiertan cuando alguien nos nombra con su verdad tangible. Y entonces, el alma deja de estremecerse y empieza, por fin, a florecer, reconociéndose, al fin, en el instante que nos escribe. Aimée Granado Oreña© Gota de Rocío Azul 💦
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Bohemio de mis sueños
04/24/2026
Gota de Rocío Azul
Habitas en ese umbral secreto donde la noche se vuelve íntima y el alma, despojada de toda certeza, se atreve a pronunciar lo que la luz del día apenas presiente. Eres susurro suspendido entre páginas abiertas, rocío que desciende en la memoria, vino lento que consagra la nostalgia y ese verso errante que no se deja olvidar, porque ha aprendido a latir más allá del tiempo. Bohemio de mis sueños… te nombro en la penumbra de lo imposible, donde la ausencia no es vacío, sino trazo invisible que dibuja, con delicada insistencia, las formas más hondas del deseo. Eres cifra y revelación, eco sagrado en los corredores del alma, presencia que no llega y, sin embargo, permanece. Y aunque el mundo no alcance a pronunciarte, ni la distancia logre contener tu esencia, te escribo… como quien resguarda en lo más íntimo del ser la eternidad de un instante, esa luz azul que no se extingue y convierte lo efímero en misterio eterno. Aimée Granado Oreña© Gota de Rocío Azul 💦
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LUCES DE ONIRIA
04/23/2026
Rocío Calderón Muñoz
Poema.
Creative Commons Attribution 4.0
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Eres tú el de mis versos
04/20/2026
Gota de Rocío Azul
Eres tú el de mis versos Eres tú… quien habita en la raíz invisible de cada palabra que nace en mi pecho, el susurro que antecede al verso y la luz que lo sostiene cuando aún revuela entre tantos azares. No te busco: te reconozco. Porque hay presencias que no llegan solas, simplemente despiertan en la memoria pasiva del alma, como si siempre hubieran sido latido, como si tu nombre ya estuviera escrito en la tinta secreta de mi destino. Eres tú el de mis versos, el que no pide explicación ni forma, el que se vuelve metáfora en mis silencios y caricia en cada letra que pronuncio sin voz. A veces te nombro sin saberlo, en la curva de una imagen, en el temblor leve de una emoción que florece sin aviso, en la gota de rocío que resplandece antes del alba y se sabe efímera… pero eterna en su instante. No eres ausencia ni distancia, eres esa manera sutil de permanecer aún cuando el mundo se disuelve en sus propias sombras. Eres la certeza que no necesita tocarse, la llama que no se apaga porque arde en lo invisible. Y cuando escribo… no es mi mano la que guía el trazo, es tu esencia la que me dicta el ritmo, la que se desliza entre mis pensamientos como un río manso que conoce su cauce. Por eso no temo al silencio, porque en él te escucho. No temo a la noche, porque en su álveo te presiento. Eres tú… el de mis versos, el que no se va, el que no se pierde, el que vive intacto en cada palabra que nace de este amor que no se explica, pero se escribe. Epílogo Y si alguna vez dudas de este hilo invisible que nos nombra, cierra los ojos… y escucha. No será mi voz la que te alcance, sino ese leve estremecer del alma cuando reconoce su reflejo en lo eterno. Porque hay amores que no se buscan en la tierra, sino que se recuerdan en la luz. Y en ese recordar… nos encontramos. Si el tiempo insiste en separarnos con sus sombras, déjalo… él no sabe de eternidades. Nosotros, en cambio, somos ese instante suspendido donde la gota no cae, donde el verso no termina, donde el amor no necesita forma para existir. Y si algún día el mundo te parece ajeno, ven a este rincón donde habitan mis palabras… porque allí, entre susurros y silencios, seguiré siendo esa gota de rocío azul que pronuncia tu nombre sin decirlo. Aimée Granado Oreña Gota de Rocío Azul 💧
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Hoy… te amo como nunca antes
04/19/2026
Gota de Rocío Azul
Hay una algarada silenciosa en mi interior, una celebración íntima que no hace ruido pero lo transforma todo. No es el amor que irrumpe, ni el que exige ser nombrado… es el que deja su impronta en la profundidad del alma, como huella que no se borra, como certeza que no titubea. Te amo… como nunca antes había amado, con ese aleteo sutil que despierta en lo invisible y se posa en mi pecho como un latido nuevo. Es un amor que nace despacio, pero con la fuerza de lo eterno, tejido entre oníricos desvelos donde tu nombre se vuelve luz y mi esencia aprende a pronunciarte sin miedo. Hoy no te amo desde la carencia… te amo desde la plenitud de haberme encontrado en el reflejo de lo que siento. Eres —sin saberlo— ese tesoro del alma que no se busca, que se reconoce. Y en ese reconocimiento no hay dudas, no hay sombras, solo una claridad serena que se expande como una gota de rocío suspendida en el instante exacto donde el tiempo deja de importar. Te amo… sin urgencias, sin ataduras, sin necesidad de poseerte. Te amo como quien contempla el milagro sin querer retenerlo, como quien comprende que la belleza verdadera no se encierra… se honra. Y en ese amar… me descubro distinta. Más viva, más cierta, más cercana a lo que soy cuando dejo de huir de la intensidad de lo que me habita. Hoy… solo quiero que sepas que este amor no es efímero, ni pasajero, ni frágil. Es raíz, es esencia, es destino que se pronuncia en silencio. Porque hoy… te amo como nunca antes. Y en ese amor… me quedo. Aimée Granado Oreña ©️ Gota de Rocío Azul 💧
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Impávido en su desafío
04/18/2026
Gota de Rocío Azul
Hay presencias que no se nombran, porque, al hacerlo, se vuelven eco, y traicionarían la impronta secreta con la que se han quedado viviendo en nosotros. Existen en un lugar más profundo, donde el tiempo —impávido en su desafío— no alcanza a borrar ni la memoria se atreve a despedirse. Son como la gota suspendida en el instante exacto del amanecer de un estío extraño: no cae, no huye, no se repite, solo es. Irreemplazable no es lo que permanece, sino lo que deja raíz aun después de haberse ido, como unos versares que siguen respirando cuando ya se ha cerrado el libro. Es esa huella invisible que se queda latiendo en lo que somos, como si alguien hubiese escrito su nombre en la respiración del alma, escudero silencioso de todos nuestros azares. Hay amores, hay instantes, hay silencios, incluso, que no encuentran réplica en el mundo, porque no nacieron para ser repetidos, sino para ser eternos en su fugacidad, algazara contenida en un rincón de la memoria. Y entonces comprendemos, sin palabras, sin lógica, sin defensa, que lo irreemplazable no se busca… se reconoce. Se reconoce en la forma en que nos transforma, en la manera en que nos habita aun cuando creemos haber cerrado la puerta. Porque hay luces que no regresan, pero tampoco se apagan. Y tú: eres una de ellas. Epílogo Y quizás, cuando creas haber comprendido la dimensión de lo irreemplazable, la vida —fiel escudero de los misterios— te sorprenda con un nuevo latido; uno que no sustituye, uno que no borra, uno que no compite con lo vivido, sino que se posa a su lado como una nueva aurora que no niega la noche. Porque el alma, cuando ha sido tocada por lo eterno, no se cierra: se expande, desafiando al tiempo impávido, dejando su impronta en cada giro del camino. Y, en ese expandirse, aparecen otros caminos, otras manos, otras luces que no intentan ocupar un lugar, sino crear uno distinto en el universo del sentir. Tal vez entonces comprendas que lo irreemplazable no es ausencia, no es vacío, porque trasciende. Es origen de nuevas formas de amar, de nuevas formas de nombrar el mundo sin olvidar lo que ya te acompaña; como esos versares que nos sostienen en medio de los azares del destino. Y así, entre memorias que no se apagan y horizontes que apenas comienzan, caminarás nuevamente, no desde la pérdida, sino desde la revelación. Porque toda historia que deja huella no termina: se transforma en el umbral de otra que aún no ha sido escrita. Aimée Granado Oreña ©️ Gota de Rocío Azul 💧
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Entre sábanas y poesía, te respiro
04/18/2026
Gota de Rocío Azul
Entre sábanas y poesía, mis versos se deshacen en la tibieza de tu aliento. No sé si te escribo o te respiro, si el aire que danza entre tus labios es el mismo que incendia mis metáforas. La luna, indiscreta testigo, suspira con nosotros; esparce su esencia a la madrugada cuando tu piel se vuelve texto y mis manos abecedario. Cada palabra que nace de ti tiene la textura del deseo y el sabor de los sueños que aún no nos atrevimos a pronunciar. Somos tinta derramada sobre la blancura de un instante, verbo y carne confundidos en la misma pasión. Entonces, todo se detiene: el tiempo se disuelve como un verso olvidado entre las comas del silencio. Tu voz, apenas un murmullo, roza mi oído y me dicta la estrofa más antigua del amor. Vuelvo a escribirte, no con tinta, sino con la humedad de los segundos que nos pertenecen. Cada trazo es un latido, cada punto, un suspiro sin retorno. El papel se arquea bajo el peso de tu nombre, y en su blancura descubro el mapa secreto de todas las caricias que aún no hemos dibujado. Entre sábanas y poesía, amor, se desvela el misterio eterno: que escribirte y amarte es la misma forma de eternizarte, porque en la palabra que pronuncio estás tú, y en el silencio que la sigue también. Y al final, amor, no queda nada más que el roce invisible de tu aliento en mi nombre, el rumor secreto de tu piel escribiéndose en la mía. Afuera despierta el mundo, pero aquí, en este infinito instante, seguimos siendo verbo… y deseo. Aimée Granado Oreña ©️ Gota de Rocío Azul 💦
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En el silencio que lo nombra
04/18/2026
Gota de Rocío Azul
Y, cuando el verso se disuelve en el silencio que lo nombra, cuando la palabra ya no alcanza y el alma decide hablar en su propio idioma de luz, permanece… intacto… ese latido invisible que no pertenece al tiempo, ese pulso que no se mide, pero que atraviesa todo como una corriente sagrada. Es entonces cuando comprendemos, sin razonarlo, que el amor que no se toca no es ausencia, sino una forma más pura de presencia. Porque hay un cauce secreto, un río sin geografía ni orillas, donde las almas coinciden más allá del nombre, más allá del recuerdo; allí donde no existe el antes ni el después, sino una permanencia suspendida… como una gota azul que nunca cae, porque su destino no es tocar la tierra, sino reflejar el cielo cerúleo. En ese espacio sin forma, tu voz no me llama… me reconoce. Y la mía no responde… te pertenece. No fue un encuentro: fue una revelación que ya existía en lo profundo. No fue un instante: fue la memoria del alma recordándose en otro latido. Y comprendí —en ese susurro que no se oye, pero transforma— que hay amores que no vienen a cumplirse en la materia, porque su misión no es quedarse… sino despertar. Despertar la herida luminosa del anhelo, abrir el umbral donde lo humano se inclina ante lo eterno y sembrar en el pecho esa nostalgia sagrada que no duele por pérdida… sino por exceso de infinito. Por eso arde… pero no consume. Duele… pero no hiere. Se aleja… pero no se va. Porque lo que es esencia no conoce distancia, y lo que es verdad no necesita forma. Así, vestido de quimera y de rocío, ese amor que nunca fue poseído se vuelve inviolable, se vuelve eterno, se vuelve origen mirífico. Y, en su misterio, comprendemos al fin: no lo buscábamos para tenerlo… sino para recordar quiénes éramos antes de olvidarnos. Porque, en cada verso donde lo invocamos, en cada silencio donde lo sentimos, ese amor nos escribe de regreso a nosotros mismos, gota a gota, como si el alma entera fuera apenas un reflejo azul intentando regresar al primer aliento de Dios, entre miríadas de destellos que disipan lo aciago y nos devuelven al júbilo de lo eterno. Aimée Granado Oreña ©️ Gota de Rocío Azul 💧
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Vestido de quimera y de rocío
04/18/2026
Gota de Rocío Azul
Para ese amor que vive en lo intangible, donde tu voz lo nombra y lo sostiene, yo alzo este cauce azul que lo contiene en un álveo callado y apacible. Es ese amor de pulso inaprensible que al alma en su misterio la mantiene, y aunque en tu verso a veces no deviene, se vuelve en luz su rastro inextinguible. También lo he visto arder en la distancia, vestido de quimera y de rocío, sembrando eternidad en la fragancia de un sueño que florece en desvarío; pues ese amor que duele en su constancia es gota azul buscándose en el río. Y en el caudal del alma, coincidimos, bebiendo de lo incierto y lo sentido, pues el amor que nunca se ha tenido es el que siempre en versos revivimos. Si acaso decidimos, llenar nuestros vacíos de quimeras: ¡Te invito a trascender sin más fronteras! Aimée Granado Oreña ©️ Gota de Rocío Azul 💧
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Porque escribo
04/14/2026
Gota de Rocío Azul
Hay almas que no escriben para hacer literatura, sino para sostenerse en la palabra que las nombra. Esta soy yo cuando la llama interior se niega a extinguirse: una gota de rocío azul que se revela en versos. Soy Aimée Granado Oreña, alma que escribe para no extinguirse, tejo versos donde la herida halla refugio y la esperanza se nombra, gota de rocío azul que se revela en cada palabra… Escribo porque hay una llama que no sabe extinguirse en silencio. Porque dentro de mí habita una pulsación ancestral —no del tiempo, sino del alma— que insiste en desbordarse, en tomar forma, en volverse palabra. Escribir no es un acto, es una necesidad. Es esa pasión que obsesiona mis sentidos, que me llama en la quietud de la noche y me encuentra incluso cuando intento huir de mí misma. Es la voz del alma que no se resigna a callar, la que eclosiona en poesía como brota la luz en el umbral del alba, sin permiso, sin medida, sin temor a revelarse. Hay algo sagrado en ese instante en que el pensamiento deja de ser sombra y se convierte en latido visible. Porque escribir es también refugio… Es el lugar donde las heridas no duelen igual, donde la tristeza se vuelve cauce y la esperanza aprende a nombrarse sin miedo. Es el rincón donde me reconstruyo cuando todo parece dispersarse, donde recojo mis fragmentos y los convierto en algo que respira. En medio de la adversidad, la palabra no es escape: ¡Es raíz! Es la forma en que el alma se sostiene, en que se afirma, en que se levanta aunque el mundo parezca desdibujarse. Escribo porque en cada verso encuentro una forma de permanecer, de comprender lo que siento y de abrazar lo que aún no entiendo. Porque cuando todo calla, la poesía me nombra. Y en ese nombrarme, me salvo. Cuando el mundo calla y la noche recoge mis fragmentos, una voz sin sonido me pronuncia. No viene de afuera, despierta en lo arcano de mi esencia. Y en ese susurro que no se dice, no soy quien escribe: ¡Soy quien se revela! Aimée Granado Oreña©️ Gota de Rocío Azul💧
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Entre versos y silencios
04/13/2026
Gota de Rocío Azul
En el umbral donde el tiempo se diluye en lo invisible, hay un murmullo que no pertenece a la voz sino al alma. Es un susurro de luz que desciende en forma de latido, como si el universo, en su infinita quietud, dejara caer fragmentos de eternidad sobre el instante que nos cobija. Allí, entre lo que aún no se nombra y lo que ya duele en la memoria, nace la palabra. Pero no como sonido, sino como revelación. Es la gota suspendida en el aliento del alba, el eco de una emoción que no conoce fronteras, la huella luminosa de lo que intenta decirse sin romper el hechizo del silencio. Porque antes del verso, existe su misterio. Y es en ese misterio donde el alma, despojada de toda forma, aprende a reconocerse en lo sagrado de lo intangible. Hay un lugar donde las palabras no nacen, se revelan, eclosionan entre azares. No llegan con ruido, ni buscan ser comprendidas de inmediato. Aparecen como la bruma sobre el alma, suaves, indecisas, como si temieran romper la quietud que las sostiene. Entre versos y silencios habita ese instante. El verso… es la forma visible del latido, la huella que deja el alma cuando no puede seguir siendo invisible. El silencio… es su origen sin prejuicios. Es ahí donde todo comienza, donde el sentimiento se recoge en sí mismo, como una gota de rocío antes de deslizarse hacia la luz. He aprendido que no todo debe decirse. Que hay emociones que encuentran su verdad precisamente en lo que no se nombra, en lo que se queda temblando entre una palabra y otra. Porque el silencio también escribe… Escribe en la pausa, en la mirada que no necesita explicación, en la distancia que no separa, sino que profundiza. Y cuando el verso finalmente llega, no interrumpe ese silencio, lo traduce. Lo convierte en refugio, en memoria, en ese rincón donde el alma se reconoce sin tener que justificarse. Entre versos y silencios voy siendo… no lo que digo, sino lo que siento cuando escribo. Porque en ese espacio invisible donde la palabra y el silencio se abrazan, descubro que la poesía no es lo que se crea, es lo que permanece cuando todo lo demás calla. Epílogo Y sin embargo, hay silencios que aún no han sido pronunciados. Quedan versos suspendidos en la antesala de lo eterno, palabras que aún no encuentran su cauce y emociones que siguen latiendo en la penumbra de lo no dicho. Tal vez otra historia aguarda, en ese instante en que dos almas vuelvan a leerse sin haberse buscado, o en la noche donde un recuerdo decida renacer como palabra. Porque la poesía no termina… se transforma. Y allí, donde un verso se apaga suavemente, otro comienza a gestarse en silencio. Aimée Granado Oreña©️ Gota de Rocío Azul 💧
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La casa donde el viento se detuvo
04/13/2026
Gota de Rocío Azul
Cuando el viento se queda quieto y no sopla a tu favor, la casa se llena de ruidos pequeños: la madera que cruje, el reloj que insiste, la respiración buscándote tras la luna. Mis penas entonces dejan de ser ideas, se vuelven cosas simples: un plato sin recoger, un mensaje que no envío, la silla vacía frente a mí. Pienso en todas las veces que me sostuve con palabras grandes: destino, alma, universo. Hoy solo sé que me dueles en lugares del cuerpo que no sabía que existían. No hay milagros esta tarde, solo tus recuerdos sentados conmigo a la mesa, bebiendo de mi vaso, diciendo tu nombre sin pronunciarlo nunca. Aun así, algo pequeño resiste: una costumbre tuya en mis manos, un gesto que aprendí de ti sin querer, esa forma de mirar la tarde como si siempre fuera a volver. Y mientras el viento decide si se mueve o no hacia nosotros, yo recojo mis penas una por una, las doblo despacio y las guardo en el mismo cajón donde conservo lo que no sé soltar, esperando el día en que al abrirlo solo encuentre tu risa. EPÍLOGO A veces creo que todo este dolor es solo un idioma que aún no entiendo. Que cada pena tiene su constelación y que mi pecho no es más que un pequeño cielo desordenado. Si cierro los ojos, te siento sentado en la orilla del tiempo, colgando los pies sobre el vacío como quien juega con el agua de un río. No sé si volverás, si el viento aprenderá de memoria tu nombre, si la vida nos debe otra tarde juntos. Solo sé que, mientras tanto, hay una parte de mí que sigue dejando la luz encendida por si algún día decides regresar a casa. Aimée Granado Oreña ©️ Gota de Rocío Azul 💦
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