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La obra Vive la magia de Navidad Europa en Village Ventura, es una puesta en escena inspirada en la ficción de la historia de San Nicolás y de la vida de papá Noel en Finlandia en su propia villa de Rovianemi, junto a sus renos y toda la magia de la creación y construcción de los juguetes para los niños y niñas del mundo que serán entregados en la noche de navidad. La escenografía es la mismísima casa de Papá Noel, mamá Noela, sus elfos , renos y un entrañable cascanueces.
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La Princesita Verde
10/30/2024
La Princesita Verde viaja por diferentes planetas, cada uno con un problema que necesita una solución. A través de sus interacciones con los habitantes de estos mundos, la princesa enseña lecciones sobre la importancia de cuidar la naturaleza, usar los recursos de manera responsable y trabajar en armonía. Cada planeta representa un desafío ambiental, desde la contaminación hasta la gestión del agua. En el cuento destacan los valores de cooperación, la autosuficiencia y la capacidad de cada uno, incluso los más pequeños, de ser guardianes de la naturaleza.
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Rebobina Antes de Morir
10/20/2024
Estudiantes de una facultad de cine graban su tesis en un videoclub, enterrado en las profundidades de una galería que está por ser derrumbada. El tiempo apremia, pero no solo por esto; sino porque además, un monstruo merodea entre los locales deshabitados, y no le da la bienvenida a los intrusos.
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¿De quién era GAIA?
09/30/2024
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¿De quién es el agua?
09/18/2024
Gaia es un planeta con dos ríos que sustentan toda la vida de las especies que lo habitan, pero ¿Qué paso cuando las acciones de una sola especie devoraron el planeta.
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Saga Reyes de las Sombras
09/09/2024
—Te quiero mucho hermano —dijo Roi, con una tristeza que intentaba disimular. Su aliento se adhirió al cristal de la ventana. —Olvidemos el pasado. Reúne a nuestros hijos. Me pondré otro abrigo porque el frío quiere calarme los huesos —dijo Dion y fue a la torre dos, donde se encontraba su habitación espaciosa, oscura y cálida. Odela salió del sillón sin pedir explicaciones y recorrió el castillo en busca de sus hijos. No le gustaba gritar. Roi se encontraba mirando el bosque y, cuando su madre lo encontró, le pidió que bajara a la sala. Ella pudo sentir que algo andaba mal con Roi, pero en ese momento le angustiaba más qué era lo que Dion tenía que decir. Sí, siempre anunciaba algo cuando los reunía. —Ahora voy madre —dijo Roi, con una voz queda, imaginando el viento golpeando los pinos. —Tu padre te ama —dijo Odela. Iba a decir también que le tuviera paciencia, pero se tragó sus palabras por la reacción de Roi. —Él es débil, y no... no me ama —dijo Roi. Salió de la habitación y bajó a la sala de estar. Odela se llevó la mano al pecho y dejó caer un poco su mandíbula. Se volvió para buscar a Roi y decirle que no era cierto lo que decía, pero estaba llegando a la sala. Dion volvió con un abrigo de lóbrol cubriéndolo desde el cuello hasta los tobillos. Parecía un gigante. Vio que su familia lo esperaba en la sala de estar. —El viaje que me aguarda me alejará de ustedes. Lo saben bien —dijo Dion—. Lo que he visto es una amenaza para ustedes, y para el reino. ¡Es mi oportunidad para recuperar mi honor! Y ustedes lo saben. Dion avanzó hacia la pared del fondo de la sala, donde estaba su espada descansando en un soporte de hierro. La luz que se filtraba por la ventana reflejaba destellos en la hoja de la espada, haciéndola brillar como si estuviera hecha de luz pura. Dion sintió un cosquilleo en su mano al envolver los dedos alrededor del mango de la espada, como si estuviera despertando un poder oculto. La hoja estaba tan afilada que temía cortarse los dedos, lo que demostraba la habilidad de los viejos herreros de la región. Dion giró la hoja con gran habilidad, haciendo que la luz juguetease con ella. —Mi amor, trae la caja mensajera, pergaminos, tinta y una pluma de luvésfera —dijo Dion mientras se sentaba en el sillón. Odela fue a por la caja, y la puso en la mesa frente a su esposo. Luego fue a su habitación por las demás cosas, y cuando estuvo de vuelta en la sala Dion tenía las palabras listas en su mente. Comenzó a escribirla, y cuando Ari se asomó para leer las palabras, Dion acercó el pergamino a su pecho, ocultando así el mensaje. —¿A dónde te vas? ¿Cuándo volverás? —preguntó Ari, con una cara de asombro. Dion terminó de escribir la carta, la dobló hasta reducirla a un cuadrito, y la arrojó a la caja. —No lo hagas padre... —dijo Roi con el corazón en la mano. De pronto, se le dificultaba respirar. —Estoy seguro de que hay algo más maligno detrás de todo esto. —Dion infló el pecho. —¡Recupera tu honor! —dijo Odela, con la piel erizada y la sangre hirviendo en sus venas—. Y si vas a volver, hazlo con vida y no envuelto en tu capa. —Padre, no lo hagas… —Roi comenzó a marearse. —Preocúpate por nuestros hijos, cariño —dijo Dion—. Los veré pronto. Que los dioses se olviden de mí y que enfoquen toda su sabiduría y energía en ustedes. —Adiós Roi —dijo Dion, dándole un beso en la mejilla. —Nos vemos pronto Ari —dijo, y le dio un beso en ambas mejillas. Ari tenía mucho que decir, pero sus palabras se esfumaron al ver que su hermano cayó al suelo inconsciente. —¿Roi? —dijo Ari, asustado. De pronto una oscuridad entró por la puerta para rodearlo, de a poco su cuerpo era invadido por esa necesidad de ser salvado, sus manos temblaban y sus piernas no podían sostenerlo. Ari comenzó a sentir pinchazos en la cabeza, y un dolor profundo en su pecho que se extendió al interior de todo su cuerpo, fue en un instante que la oscuridad en forma de remolino comenzó a envolverlo. El viento sopló fuerte, fue entonces que escuchó las puertas del castillo azotarse contras las paredes, y a las luvésferas graznar en lo alto del castillo. —¿Qué pasa? —se preguntó, respirando con la boca. Movía sus ojos de un lado a otro. —¡Tranquilos todos! —Se escuchó la lejana voz de Dion. El viento se volvió loco que casi tumbó el candelabro de siete velas que colgaba sobre sus cabezas. Los rechinidos del acero del castillo aumentaban la tensión en Ari Rivamirlod. —¿Padre? —inquirió Ari. Sus piernas de adormecieron. Conforme se iba quedando sin aliento, el remolino de oscuridad se disipaba, como un humo que se elevaba, dejando a Ari desorientado. El castillo Rivamirlod se encontraba sumido en el más profundo estupor, el horror se respiraba en cada rincón y el silencio era opresivo. Nunca se había presenciado algo tan atroz. La maldición que había caído sobre la familia Rivamirlod era algo sin precedentes en la historia del reino.
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A doscientas alas de dragón al sureste, Rudy Barsorojo dormía debajo del alero trasero de una torre en la colonia Relámpago, en la Ciudad del Risco. El lugar estaba rodeado de prados inclinados, y su cama era un montón de lana vieja. Su cabello revuelto hasta las orejas, la nariz corriente y las manos huesudas eran las características que sobresalían en su figura. Despertó después de haber dormido durante toda la Hora del Sol, se estiró y se acomodó su cinturón de piel que ajustaba la túnica gris que vestía casi siempre, le quedaba apretada en los hombros, pero la atesoraba por su valor sentimental. —He perdido la habilidad de guarnecer los escudos con putas escamas de drasmok. ¡Nah! Siempre ha sido difícil. —Se escuchó la voz ronca de Tomso Barsorojo, que se encontraba ebrio—. Al carajo, con tres escudos es suficiente. El resto de las escamas voy a triturarlas y el polvo resultante lo venderé a los didaktrópicos. Tomso Barsorojo Capagrís era un hombre alto y delgado. Su frente parecía un 8. Sus piernas eran largas como las de un caballo. Tenía una boca pequeña y nariz ancha, vestía un blusón de cáñamo y algodón que apestaba a vinagre. Su cabello y barba se asemejaban a pelos de elote, y presentaba manchas oscuras debajo de los ojos que parecían un par de hoyos en su cara. Su tosca nariz estaba desviada hacia la izquierda a causa de una pelea de borrachos; era uno de sus distintivos en la colonia, pero no más allá. Detestaba ser un Capagrís. Eran capas sin valor alguno, que ni los vivos ni los muertos respetaban. Motivo suficiente para no usarla. —¡Rudy! ¡Rudy! —gritó. La torre de los Barsorojo se alzaba imponente en el paisaje del Risco. Los bloques de piedra negra eran tan antiguos que el tiempo había erosionado sus bordes, dándoles una textura rugosa. Los contrafuertes, en forma de osos erguidos, parecían guardianes vigilantes de la torre. Rudy, pensando en los barcos que se construían en ese momento en la costa, y con su estómago rugiendo como un trol enfermo, entró a la torre para atender el llamado de su padre. —Me esperan en el Bosque Centáurico. Nuestro vigía asegura que las duendívoras tragaron muchos inmigrantes. Irás conmigo, aunque no quieras. Ve por las palas. Trae las hachas. Todas las armas. No te olvides del gefiálfilo. ¡Apúrate! —Tomso dejó de gritar y miró a los caballos que no dejaban de resoplar—. ¡Putos caballos! En el jardín trasero, las hachas se encontraban en una caja de acero grueso. Rudy sujetó las que tenían el filo brillante y las empuñaduras sin astillas. A un lado de la caja se encontraban las aljabas repletas de flechas. Fue de vuelta con su padre. Tomso acomodó en la carreta un saco relleno de papas y cebollas, un recipiente de barro para cocer sopa, frascos con especias, un costal lleno de leña, y dos sacos a reventar de lana de borrego.
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Saga Reyes de las Sombras
08/26/2024
—Te quiero mucho hermano —dijo Roi, con una tristeza que intentaba disimular. Su aliento se adhirió al cristal de la ventana. —Olvidemos el pasado. Reúne a nuestros hijos. Me pondré otro abrigo porque el frío quiere calarme los huesos —dijo Dion y fue a la torre dos, donde se encontraba su habitación espaciosa, oscura y cálida. Odela salió del sillón sin pedir explicaciones y recorrió el castillo en busca de sus hijos. No le gustaba gritar. Roi se encontraba mirando el bosque y, cuando su madre lo encontró, le pidió que bajara a la sala. Ella pudo sentir que algo andaba mal con Roi, pero en ese momento le angustiaba más qué era lo que Dion tenía que decir. Sí, siempre anunciaba algo cuando los reunía. —Ahora voy madre —dijo Roi, con una voz queda, imaginando el viento golpeando los pinos. —Tu padre te ama —dijo Odela. Iba a decir también que le tuviera paciencia, pero se tragó sus palabras por la reacción de Roi. —Él es débil, y no... no me ama —dijo Roi. Salió de la habitación y bajó a la sala de estar. Odela se llevó la mano al pecho y dejó caer un poco su mandíbula. Se volvió para buscar a Roi y decirle que no era cierto lo que decía, pero estaba llegando a la sala. Dion volvió con un abrigo de lóbrol cubriéndolo desde el cuello hasta los tobillos. Parecía un gigante. Vio que su familia lo esperaba en la sala de estar. —El viaje que me aguarda me alejará de ustedes. Lo saben bien —dijo Dion—. Lo que he visto es una amenaza para ustedes, y para el reino. ¡Es mi oportunidad para recuperar mi honor! Y ustedes lo saben. Dion avanzó hacia la pared del fondo de la sala, donde estaba su espada descansando en un soporte de hierro. La luz que se filtraba por la ventana reflejaba destellos en la hoja de la espada, haciéndola brillar como si estuviera hecha de luz pura. Dion sintió un cosquilleo en su mano al envolver los dedos alrededor del mango de la espada, como si estuviera despertando un poder oculto. La hoja estaba tan afilada que temía cortarse los dedos, lo que demostraba la habilidad de los viejos herreros de la región. Dion giró la hoja con gran habilidad, haciendo que la luz juguetease con ella. —Mi amor, trae la caja mensajera, pergaminos, tinta y una pluma de luvésfera —dijo Dion mientras se sentaba en el sillón. Odela fue a por la caja, y la puso en la mesa frente a su esposo. Luego fue a su habitación por las demás cosas, y cuando estuvo de vuelta en la sala Dion tenía las palabras listas en su mente. Comenzó a escribirla, y cuando Ari se asomó para leer las palabras, Dion acercó el pergamino a su pecho, ocultando así el mensaje. —¿A dónde te vas? ¿Cuándo volverás? —preguntó Ari, con una cara de asombro. Dion terminó de escribir la carta, la dobló hasta reducirla a un cuadrito, y la arrojó a la caja. —No lo hagas padre... —dijo Roi con el corazón en la mano. De pronto, se le dificultaba respirar. —Estoy seguro de que hay algo más maligno detrás de todo esto. —Dion infló el pecho. —¡Recupera tu honor! —dijo Odela, con la piel erizada y la sangre hirviendo en sus venas—. Y si vas a volver, hazlo con vida y no envuelto en tu capa. —Padre, no lo hagas… —Roi comenzó a marearse. —Preocúpate por nuestros hijos, cariño —dijo Dion—. Los veré pronto. Que los dioses se olviden de mí y que enfoquen toda su sabiduría y energía en ustedes. —Adiós Roi —dijo Dion, dándole un beso en la mejilla. —Nos vemos pronto Ari —dijo, y le dio un beso en ambas mejillas. Ari tenía mucho que decir, pero sus palabras se esfumaron al ver que su hermano cayó al suelo inconsciente. —¿Roi? —dijo Ari, asustado. De pronto una oscuridad entró por la puerta para rodearlo, de a poco su cuerpo era invadido por esa necesidad de ser salvado, sus manos temblaban y sus piernas no podían sostenerlo. Ari comenzó a sentir pinchazos en la cabeza, y un dolor profundo en su pecho que se extendió al interior de todo su cuerpo, fue en un instante que la oscuridad en forma de remolino comenzó a envolverlo. El viento sopló fuerte, fue entonces que escuchó las puertas del castillo azotarse contras las paredes, y a las luvésferas graznar en lo alto del castillo. —¿Qué pasa? —se preguntó, respirando con la boca. Movía sus ojos de un lado a otro. —¡Tranquilos todos! —Se escuchó la lejana voz de Dion. El viento se volvió loco que casi tumbó el candelabro de siete velas que colgaba sobre sus cabezas. Los rechinidos del acero del castillo aumentaban la tensión en Ari Rivamirlod. —¿Padre? —inquirió Ari. Sus piernas de adormecieron. Conforme se iba quedando sin aliento, el remolino de oscuridad se disipaba, como un humo que se elevaba, dejando a Ari desorientado. El castillo Rivamirlod se encontraba sumido en el más profundo estupor, el horror se respiraba en cada rincón y el silencio era opresivo. Nunca se había presenciado algo tan atroz. La maldición que había caído sobre la familia Rivamirlod era algo sin precedentes en la historia del reino.
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Crónicas de un terrícola hedonista
08/06/2024
Crónicas de un terrícola hedonista. Cuentos cortos de misterio y fantasía. Roy Carvajal. 2024
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Soy Ombligo de Venus
07/23/2024
¿Me conoces? Me llamo Ombligo de Venus y soy una planta silvestre. Me encantan las rocas y ¿sabes que soy medicinal? ¿Te gustaría aprender a distinguirme de otras plantas? ¿Quieres preparar un delicioso untable con mis hojas? Aquí te cuento mi historia, y mucho más. La Colección Maleza ha sido diseñada para aprender a reconocer las plantas silvestres y sus usos más interesantes para el día a día.
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
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Soy Ombligo_ cubierta
07/23/2024
¿Me conoces? Me llamo Ombligo de Venus y soy una planta silvestre. Me encantan las rocas y ¿sabes que soy medicinal? ¿Te gustaría aprender a distinguirme de otras plantas? ¿Quieres preparar un delicioso untable con mis hojas? Aquí te cuento mi historia, y mucho más. La Colección Maleza ha sido diseñada para aprender a reconocer las plantas silvestres y sus usos más interesantes para el día a día.
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Soy Tusílago
07/20/2024
Soy Tusílago, una planta medicinal conocida desde hace milenios. ¿Sabes que mi nombre proviene del latín? ¿Te gustaría aprender a distinguirme de otras plantas? ¿Quieres conocer cómo tenerme en casa? Aquí te cuento mi historia, y mucho más. La Colección Maleza ha sido diseñada para aprender a reconocer las plantas silvestres y sus usos más interesantes para el día a día.
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Soy Tusílago_cubierta
07/20/2024
Soy Tusílago, una planta medicinal conocida desde hace milenios. ¿Sabes que mi nombre proviene del latín? ¿Te gustaría aprender a distinguirme de otras plantas? ¿Quieres conocer cómo tenerme en casa? Aquí te cuento mi historia, y mucho más. La Colección Maleza ha sido diseñada para aprender a reconocer las plantas silvestres y sus usos más interesantes para el día a día.
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Soy Violeta_cubierta
07/19/2024
Mi nombre es Violeta y seguro que me has visto en tus paseos por el bosque pero... ¿Sabías que tengo más vitamina C que una naranja? ¿Y que soy medicinal? ¿Te gustaría preparar un postre precioso con mis flores? Aquí aprenderás esto y mucho más. La Colección Maleza ha sido diseñada para aprender a reconocer las plantas silvestres y sus usos más interesantes para el día a día.
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Soy Violeta
07/19/2024
Mi nombre es Violeta y seguro que me has visto en tus paseos por el bosque pero... ¿Sabías que tengo más vitamina C que una naranja? ¿Y que soy medicinal? ¿Te gustaría preparar un postre precioso con mis flores? Aquí aprenderás esto y mucho más. La Colección Maleza ha sido diseñada para aprender a reconocer las plantas silvestres y sus usos más interesantes para el día a día.
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Soy Prímula_cubierta
07/17/2024
Me llamo Prímula y soy una planta silvestre y, desde hace milenios, los humanos sabéis de mí por mis propiedades medicinales. Sí, sí, ¿sabías que puedo aliviar dolores musculares? ¿Y que puedes comerme? Aquí descubrirás esto y mucho más. La Colección Maleza ha sido diseñada para aprender a reconocer las plantas silvestres y sus usos más interesantes para el día a día.
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Soy Prímula
07/17/2024
Me llamo Prímula y soy una planta silvestre y, desde hace milenios, los humanos sabéis de mí por mis propiedades medicinales. Sí, sí, ¿sabías que puedo aliviar dolores musculares? ¿Y que puedes comerme? Aquí descubrirás esto y mucho más. La Colección Maleza ha sido diseñada para aprender a reconocer las plantas silvestres y sus usos más interesantes para el día a día.
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Soy Meruéndano
07/17/2024
Soy Meruéndano y, aunque soy una fresa, no tengo nada que ver con las que ves en los supermercados... ¡soy una fresa de bosque! ¿Sabes que ya en la Prehistoria me comían? ¿Y que mis hojas tienen propiedades medicinales? ¿Te encantaría preparar un postre conmigo? Aquí te cuento mi historia, y mucho más.
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Soy Meruéndano_cubierta
07/17/2024
Soy Meruéndano y, aunque soy una fresa, no tengo nada que ver con las que ves en los supermercados... ¡soy una fresa de bosque! ¿Sabes que ya en la Prehistoria me comían? ¿Y que mis hojas tienen propiedades medicinales? ¿Te encantaría preparar un postre conmigo? Aquí te cuento mi historia, y mucho más.
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Portada Soy Pulmonaria
07/16/2024
Me llamo Pulmonaria y soy una inconfundible planta silvestre. Mi nombre está relacionado con uno de mis usos más antiguos: la cura de enfermedades pulmonares pero... ¿sabes que también puedes comerme? ¿Te gustaría preparar una deliciosa quiche con mis hojas? Comienza a leer mi historia y descubre esto y mucho más. La Colección Maleza ha sido diseñada para aprender a reconocer las plantas silvestres y sus usos más interesantes para el día a día.
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