En 1812 España se halla desgarrada por la guerra del francés. Un ejército aliado de británicos, portugueses y españoles, mandado por el conde de Wellington, combate a los mariscales napoleónicos con diferente fortuna e intenta por tercera vez la toma de Badajoz.
La ciudad está bien pertrechada y mejor defendida por los franceses pero el ejército aliado es seis veces más numeroso y logra tomar la ciudad. Las tropas inglesas entran a saco en Badajoz y durante tres días asesinan, pillan y violan ante la impotencia y falta de control de los oficiales.
Dos hermanas del rancio abolengo de los Ponce de León huyen de la rapiña y buscan amparo en el campamento británico. Quiere la casualidad que las reciban unos oficiales. Uno de ellos el capitán de fusileros Harry Smith queda prendado al instante de la menor, Juana. A los pocos días la pareja contrae matrimonio. Él tiene 24 años y ella 14, pero desde que se vieron se amaron.
Juana se unirá al ejército británico y seguirá a su esposo a lo largo de toda la campaña, sufriendo los mismos avatares que las tropas en las marchas y las batallas, en las victorias y en las derrotas. Con los soldados sufrirá hambre y frío en la retirada de Burgos; calor, cañoneo y miedo en Salamanca; el victorioso avance hacia los Pirineos; la incertidumbre de la invasión de Francia; las terribles batallas en suelo francés, viviendo del terreno. Y por fin la paz.
Pero la paz con Napoleón en 1814 no significa la llegada de la tranquilidad para la pareja. Harry es militar de profesión y es destinado a un nuevo conflicto, lejos, al otro lado del mundo, y Juana no podrá acompañarle.
La partida de Enrique, así le llamará siempre Juana, hacia la guerra contra los norteamericanos resulta desgarradora. Nunca se habían separado desde la boda. Ella le esperará en Inglaterra.
Al año siguiente Enrique regresa y la pareja se permite unos meses, escasos, de felicidad con la familia de él. Pero Napoleón se ha fugado de Elba y una vez más los cañones ruedan por los campos de Europa.
Juntos viajan a Flandes y Enrique participa con su Brigada Ligera en la terrible batalla de Waterloo. Juana no sabe nada de él. Las noticias que llegan a Bruselas son contradictorias, “hemos ganado, hemos perdido…”. La riada de heridos imparable, los relatos del combate estremecen. Juana parte a caballo en busca de su esposo. Galopará más de cuarenta horas con una breve parada nocturna hasta el horrendo campo de batalla. Unos soldados la informan que el capitán Smith ha muerto y ella desfallece. Apenas tiene 18 años y se halla embarazada.
Un camarada de su esposo la encuentra recorriendo desesperada aquel campo cubierto de cadáveres y se ofrece a llevarla hasta Enrique, ¡está vivo! Durante horas galopan hasta que al fin puede estrecharle entre sus brazos. El disgusto la enferma y aborta.
Con la definitiva caída de Napoleón llega la paz a Europa y Enrique y Juana forman parte de los ejércitos de ocupación que permanecerán estacionados en Francia, hasta que se abonen las indemnizaciones pactadas. Se instalan en Cambray donde Harry Smith es nombrado comandante de plaza.
A los tres años son destinados a Glasgow, los fusileros participan en la represión de las protestas obreras.
Nuevo destino en ultramar. Viajan a Nueva Escocia y Jamaica donde sobreviven a una epidemia de fiebre amarilla.
Entre 1829 y 1837 vivirán en Sudáfrica. Enrique ostenta diversos destinos militares y políticos y juntos harán frente a la sexta guerra xhosa, que concluirá con la anexión de la Provincia de la Reina Adelaida, conocida como la Cafrería Británica, de la que Enrique será gobernador.
Por motivos políticos Enrique cae en desgracia, es acusado del asesinato de un jefe cafre y la anexión de la Cafrería es rechazada por la Colonia del Cabo y devuelta a los nativos.
En 1840 recibe un nuevo destino en la India, donde vivirán seis años. La India es propiedad de la Compañía Británica de las Indias Orientales y los intereses mercantiles priman sobre los estratégicos. Sufrirán la trágica derrota en Afganistán y la guerra contra el imperio Sij, en la que Enrique se cubrirá de gloria hasta el punto de recibir de la reina Victoria en título de baronet de Aliwal, por su destacada victoria en dicha localidad ante un enemigo superior.
Tras una breve estancia en la Gran Bretaña en la que disfrutarán de honores y prebendas vuelven a Sudáfrica, Enrique es nombrado gobernador de la Colonia del Cabo. La llegada del matrimonio coincide con una nueva revuelta cafre.
Enrique fundó una ciudad llamada Ladysmith en honor de su esposa. La ciudad obtuvo cierto renombre en el año 1900 cuando resistió un asedio de cien días durante la última guerra Bóer.
Ciertos excesos le costarán la destitución disfrazada de un relevo a causa de la edad.
En 1853 se trasladan a Inglaterra donde vivirán hasta el fin de sus días. El matrimonio no tuvo hijos aunque se amaron incondicionalmente.
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