CÍCLOPES
05/02/2016
1605027405037

About the work

Una luz desgarra la noche. La caída del cometa es observado por el abad Raimundo que calcula que caerá en la ciénaga que hay en el centro del bosque. Impelido por la curiosidad parte de noche a ver el fenómeno.
Mientras en un corral la secta del hermano Buenaventura celebra la llegada del Ángel de Luz con el sacrificio de un bebe.
Un grupo de madres se conjura para vengarse de los frailes que les arrebatan a sus hijos.
En el castillo del conde Cucufate, la condesa copula con los dos hijos bastardos de su esposo, en el lecho conyugal, mientras éste duerme profundamente.
Cuando el abad llega a la ciénaga ve una bola humeante del tamaño de una casa grande y algo o alguien se mueve en su interior. Una vez enfriada la bola, que resulta tener la apariencia y textura de un huevo, se resquebraja y de ella salen unos saurios altos como cinco hombres y anchos como tres y con un solo ojo.
Fray Raimundo lo tiene claro: la Bestia se ha encarnado. Es el Anticristo que anuncia la Parusía, la segunda venida de Cristo. Debe entrevistarse con el conde para que reúna a la mesnada. Pero aunque los ve revolcarse en el fango y pastar quiere averiguar si esos dragones, saurios o cíclopes apetecen la carne de cristiano; para ello se valdrá de la hija ciega del carbonero.
Mediante engaños lleva a la cieguita hasta la ciénaga pero cuál no será su sorpresa cuando encarada a uno de aquellos dragones se limita a olisquearla, en cambio el cíclope levanta sus escamas y bajo ellas habitan unos gusanos gordos como pulgares y de un palmo de largo, parásitos de dragón, que se abalanzan sobre la niña y la despedazan en un instante.
Nadie puede saber o imaginar siquiera que esos parásitos, huéspedes durante generaciones de sus anfitriones de sangre fría, sufren violentos orgasmos al contacto con los cuerpos tiernos y de sangre caliente de los humanos.
Las mujeres conjuradas comienza a matar frailes en distintas ocasiones.
Los cíclopes construyen una yacija en la que ponen tres huevos.
En la abadía se forman grupos de disciplinantes, un grupo pequeño sigue los pasos del abad en una de sus visitas a la ciénaga. Él acude a llevar un borriquillo enfermo para averiguar si los cíclopes devoran ganado. Los penitentes son despedazados por los “parásitos de dragón”, así denomina fray Raimundo a los gusanos que salen de las escamas de los cíclopes, pero no el asnillo que es adoptado por las bestias y conducido a la yacija para que vele los huevos.
Cuando el abad vuelva a ver al rucio lo hallará sano, lustroso y habrá engordado.
El conde acude a la ciénaga con algunos hombres de armas y no juzga la amenaza de los cíclopes de suficiente entidad para convocar a la mesnada. Se acerca el estío y temen la aceifa del moro.
Los asesinatos de frailes atemorizan a la comunidad y destituyen al abad. Nombran a Zacarías en su lugar, un borracho en manos de su segundo fray Abundio.
Encargan al destituido y a fray Román, el herbolario, que investiguen y resuelva los crímenes.
Con el cargo de abad pierde su casa, su situación de privilegio y a su esposa Margarita que le expulsa de la celda que le han asignado.
Fray Raimundo elabora un plan para recuperar el gobierno de la abadía y sus privilegios y para ello deberá recuperar las prendas perdidas por los suyos: Morenillo el borrico enfermo; Belinda la cabrita de los idólatras; Melisa la niña del despensero; y por supuesto atrapar al mata frailes. También planea visitar al santo eremita Ursicino para ganarse su apoyo.
La cabra y el pollino se hallan en el nido de los cíclopes, ambos sanos y lustrosos, son rescatados por Melisa y Telésforo. Ni la niña ni el jorobado tardo sufren el menor daño.
La cabra y el burrito son portadores de la segunda generación de parásitos, y contaminan a fray Raimundo y a Telésforo.
Con el tiempo el jorobado deja de serlo y gana en listeza, pero fray Raimundo sólo obtiene la confusión de preguntas y más preguntas.
Belinda es devuelta a fray Buenaventura y también resulta parasitado, reúne a sus acólitos, los adoradores del Dragón y los conduce en procesión a la ciénaga para que sean gratamente “devorados” por los parásitos que permanecen con los cíclopes.
El contacto con los cuerpos humanos de sangre caliente suponen un orgasmo para esos parásitos y cuanto más lo catan más vehementemente desean repetir. No consiguen o no desean adaptarse.
De los partidarios de fray Buenaventura tan sólo sobrevive una moza porque está embarazada.
La segunda generación de parásitos la que parasita a Telésforo y a Fray Raimundo comienzan a transmitir a sus huéspedes toda la sabiduría del Universo. En esas llega la aceifa del moro matando y saqueando.

Narrative, Essay
narrativa
novela

Copyright registered declarations

Luis de los Llanos Alvarez
Author
Consolidated inscription:
Attached documents:
0
Copyright infringement notifications:
0
Contact

Notify irregularities in this registration

Print work information
Work information

Title CÍCLOPES
Una luz desgarra la noche. La caída del cometa es observado por el abad Raimundo que calcula que caerá en la ciénaga que hay en el centro del bosque. Impelido por la curiosidad parte de noche a ver el fenómeno.
Mientras en un corral la secta del hermano Buenaventura celebra la llegada del Ángel de Luz con el sacrificio de un bebe.
Un grupo de madres se conjura para vengarse de los frailes que les arrebatan a sus hijos.
En el castillo del conde Cucufate, la condesa copula con los dos hijos bastardos de su esposo, en el lecho conyugal, mientras éste duerme profundamente.
Cuando el abad llega a la ciénaga ve una bola humeante del tamaño de una casa grande y algo o alguien se mueve en su interior. Una vez enfriada la bola, que resulta tener la apariencia y textura de un huevo, se resquebraja y de ella salen unos saurios altos como cinco hombres y anchos como tres y con un solo ojo.
Fray Raimundo lo tiene claro: la Bestia se ha encarnado. Es el Anticristo que anuncia la Parusía, la segunda venida de Cristo. Debe entrevistarse con el conde para que reúna a la mesnada. Pero aunque los ve revolcarse en el fango y pastar quiere averiguar si esos dragones, saurios o cíclopes apetecen la carne de cristiano; para ello se valdrá de la hija ciega del carbonero.
Mediante engaños lleva a la cieguita hasta la ciénaga pero cuál no será su sorpresa cuando encarada a uno de aquellos dragones se limita a olisquearla, en cambio el cíclope levanta sus escamas y bajo ellas habitan unos gusanos gordos como pulgares y de un palmo de largo, parásitos de dragón, que se abalanzan sobre la niña y la despedazan en un instante.
Nadie puede saber o imaginar siquiera que esos parásitos, huéspedes durante generaciones de sus anfitriones de sangre fría, sufren violentos orgasmos al contacto con los cuerpos tiernos y de sangre caliente de los humanos.
Las mujeres conjuradas comienza a matar frailes en distintas ocasiones.
Los cíclopes construyen una yacija en la que ponen tres huevos.
En la abadía se forman grupos de disciplinantes, un grupo pequeño sigue los pasos del abad en una de sus visitas a la ciénaga. Él acude a llevar un borriquillo enfermo para averiguar si los cíclopes devoran ganado. Los penitentes son despedazados por los “parásitos de dragón”, así denomina fray Raimundo a los gusanos que salen de las escamas de los cíclopes, pero no el asnillo que es adoptado por las bestias y conducido a la yacija para que vele los huevos.
Cuando el abad vuelva a ver al rucio lo hallará sano, lustroso y habrá engordado.
El conde acude a la ciénaga con algunos hombres de armas y no juzga la amenaza de los cíclopes de suficiente entidad para convocar a la mesnada. Se acerca el estío y temen la aceifa del moro.
Los asesinatos de frailes atemorizan a la comunidad y destituyen al abad. Nombran a Zacarías en su lugar, un borracho en manos de su segundo fray Abundio.
Encargan al destituido y a fray Román, el herbolario, que investiguen y resuelva los crímenes.
Con el cargo de abad pierde su casa, su situación de privilegio y a su esposa Margarita que le expulsa de la celda que le han asignado.
Fray Raimundo elabora un plan para recuperar el gobierno de la abadía y sus privilegios y para ello deberá recuperar las prendas perdidas por los suyos: Morenillo el borrico enfermo; Belinda la cabrita de los idólatras; Melisa la niña del despensero; y por supuesto atrapar al mata frailes. También planea visitar al santo eremita Ursicino para ganarse su apoyo.
La cabra y el pollino se hallan en el nido de los cíclopes, ambos sanos y lustrosos, son rescatados por Melisa y Telésforo. Ni la niña ni el jorobado tardo sufren el menor daño.
La cabra y el burrito son portadores de la segunda generación de parásitos, y contaminan a fray Raimundo y a Telésforo.
Con el tiempo el jorobado deja de serlo y gana en listeza, pero fray Raimundo sólo obtiene la confusión de preguntas y más preguntas.
Belinda es devuelta a fray Buenaventura y también resulta parasitado, reúne a sus acólitos, los adoradores del Dragón y los conduce en procesión a la ciénaga para que sean gratamente “devorados” por los parásitos que permanecen con los cíclopes.
El contacto con los cuerpos humanos de sangre caliente suponen un orgasmo para esos parásitos y cuanto más lo catan más vehementemente desean repetir. No consiguen o no desean adaptarse.
De los partidarios de fray Buenaventura tan sólo sobrevive una moza porque está embarazada.
La segunda generación de parásitos la que parasita a Telésforo y a Fray Raimundo comienzan a transmitir a sus huéspedes toda la sabiduría del Universo. En esas llega la aceifa del moro matando y saqueando.
Work type Narrative, Essay
Tags narrativa, novela

-------------------------

Registry info in Safe Creative

Identifier 1605027405037
Entry date May 2, 2016, 1:04 PM UTC
License All rights reserved

-------------------------

Copyright registered declarations

Author. Holder Luis de los Llanos Alvarez. Date May 2, 2016.


Information available at https://www.safecreative.org/work/1605027405037-ciclopes
© 2026 Safe Creative