Amor más allá del cuerpo
(Prosa poética aimesiana para declamación)
Hay amores que no se rozan con las manos,
pero incendian el alma con un solo pensamiento.
Amores que atraviesan la materia
como un rayo divino, sin permiso y sin frontera.
Son ésos los amores que viven en la hondura,
que no buscan la carne, sino la vibración secreta
donde dos almas se reconocen sin pronunciar palabra.
Tu presencia, amor, no cabe en mis ojos,
porque te siento en la sangre, en la voz de la brisa,
en la llama invisible que palpita en mis anhelos.
Tú eres un soplo que me habita,
una resonancia que se extiende por mi respiración,
y cuando respiro, te nombro, aunque no lo diga.
No sé si viniste del cielo, de un sueño o de lo eterno,
pero sé que en ti mi espíritu encuentra su reflejo,
como quien ve en otra mirada la memoria de su origen.
Eres mi espejo sagrado, amor mío,
la voz que me devuelve a Dios cuando la vida calla.
Cuando mi cuerpo te piensa, no imagina tu forma,
sino el temblor que dejas en el aire.
Eres sonido, vibración, presencia sin materia,
una luz suspendida entre el deseo y la fe.
Si pudiera tocarte, tal vez perderías tu misterio;
por eso, prefiero sentirte en el lugar donde la piel no llega,
donde sólo el alma arde.
Te pienso, te siento, te soy.
Y en ese serte, el límite se disuelve,
la distancia deja de existir,
y la ausencia se transforma en comunión.
No somos cuerpos buscando calor:
somos energía reconociéndose,
llama que recuerda su origen divino.
Nos hemos amado antes de nacer,
en algún rincón de la eternidad donde el tiempo no se nombra.
Y aunque el mundo muera una y mil veces,
nosotros seguiremos danzando entre las sombras del silencio.
Porque cuando el cuerpo calla,
el amor verdadero comienza a hablar.
Y su voz es la eternidad.
Aimée Granado Oreña ©️
Gota de Rocío Azul
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