Después de una reconfortante ducha, Gabriel buscó las escaleras para dirigirse a la planta de abajo mientras que Jessica permaneció en el cuarto de aseo acabando de secarse el pelo.
Nada más entrar en la cocina, se encontró con Geraldine, quién preparaba con esmero la guarnición de lo que aparentaba ser un delicioso asado. Atravesó la estancia descalzo y al llegar junto a una mesa, alargó la mano a la manzana más roja que había en un cuenco de cristal, frotó la piel con su camiseta y le pegó
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