Cito de nuevo una película a la que ya me había referido. Sí, porque contiene una escena que me parece una obra maestra de la concisión, de la precisión e, incluso, de la predicción. La película es Tierras de Sangre de Robert Edwards, 2006. La escena es una en la que el tirano de turno en el poder va a visitar a su cineasta esclavo, al que mantiene encadenado a una silla, para que no queden dudas del mensaje. Al tirano le gusta hacer cine, pero él no es uno de esos talentosos directores. Entonces tiene a su cineasta esclavo para que le mejore el resultado. El cineasta se las ve y se las desea para complacerlo. Pero tiene que espabilar porque, si el tirano se enfada, acciona un dispositivo de tortura que daña al cineasta. Si, por fin, lo agrada, mediante otro dispositivo le suministra un pequeño premio. Pero no parece que ese premio sea equivalente al castigo: Si no haces lo que queremos recibirás un fuerte castigo. Sí, por el contrario, das en el clavo, te premiaremos, pero no mucho porque, al fin y al cabo, no tenemos por qué hacerlo, dado que, si te necesitamos, tendrás que servirnos, tanto si quieres como si no.
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