Las expectativas que nos hacemos las madres y que circulan en el inconsciente colectivo acerca de todo lo que implica maternar nos llevan a un continuo estado de disconfort, de sentir que somos como el conejo que persigue la zanahoria que cuelga de hilo que él mismo carga en un palo. Tener las camas tendidas, ofrecer siempre comida saludable nutritiva y que, encima, sea rica para que se la coman los críos. Tener los platos lavados, mientras dedicamos tiempo al juego y el esparcimiento, nos autocuidados, cumplimos el rol de esposa, amiga, hija hermana, llegamos con los pendientes del trabajo y como si eso fuera poco, criamos de manera consciente y trabajamos en nuestros detonantes psicoemocionales es absolutamente imposible. Siempre hay algo que postergar, resignar o negociar porque simplemente no nos da la vida, no alcanzan las horas del día, porque la maternidad es, por definición, no llegar con todo y mientras antes lo aceptemos menos tiempo vamos a autoflagelarnos por no ser lo que no simplemente no se puede ser puertas adentro.
All rights reserved