Esos días…
De pijamas hasta las tres de la tarde, o de amanecer con la ropa del día anterior.
Esos días que parecían el día de la marmota.
De pasar horas en el sillón dando teta, acunando.
Esos días de encierro y soledad, de juegos, abrazos, llantos y peleas.
Esos días ya no existen, son solo parte de un recuerdo, una foto, un vídeo.
Y fue duro, fue extremadamente agotador pero no me derrumbé ni me perdí de nada…
Hoy mi hija me preguntó “¿te gusta ser mamá?” y le respondí “me encanta”, pero no pude agregar a mi respuesta “Ser mamá es hermosos pero por momentos es muy cansado y me agobio un poco, por eso a veces quiero salir sola un rato o ir a pasear con mis amigas” y creo que esa es la semilla de cambio de la que hablo: ir decolorando el rosa de la maternidad para darle lugar también a la escala de grises para que nuestra hijas no se den contra la pared y puedan llegar a la maternidad contenidas, sostenidas y preparadas.
Un amigo de mi marido que es adulto mayor tuvo una operación de cadera. Se dice que este tipo de cirugías muchas veces acaban en depresión porque inmovilizan y la persona se siente limitada, encerrada y dependiente. Entonces le pregunté a mi marido “¿Cómo lo lleva G. con su cirugía? ¿Se ha puesto triste?”. Mi marido me contestó “La verdad es que está en muy buen ánimo. Cada dos días van personas de la Cruz roja y le hacen la compra y están un rato con él y todos los días van enfermeras para ayudarle a bañarse y acompañarlo en su silla de ruedas”. Su respuesta hizo un “click” en mi cabeza: todo eso no había pasado porque si, él se había preparado, él tenía todo coordinado, era consciente de que sería un reto, que no podría solo y dejando su orgullo de lado pidió ayuda. Eso mismo es lo que sueño para las futuras madres, que sepan que será difícil, desafiante y que no podrán con todo solas para que desde este lugar puedan prepararse. Por eso al “me gusta” o “me encanta” debemos darle espacio también al “pero”...
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