Ireth llegó la última a la mesa y se apresuró a pedir disculpas mientras ocupaba su asiento, pero Ludvara la interrumpió mientras colocaba a los lados de la fuente de sopa unos cuencos con setas guisadas.
—Me gustaría acompañaros mientras coméis, pero me temo que se me ha hecho un poco tarde —exclamó mientras dedicaba una amable sonrisa a la elfa y le indicaba, con una casi imperceptible inclinación de su rostro, que se sentara sin más dilación—. Mañana quisiera madrugar para recoger unas raíces
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