Thanos boqueó inútilmente mientras se apretaba con las manos el estómago que ahora parecía un cristal roto que atravesara sus entrañas. Consiguió que un leve soplo de aire pasara a través del nudo que bloqueaba sus pulmones. Lo justo para toser y expulsar de sus belfos un hilo de sangre oscura y espesa, mezclada con saliva y otros líquidos que probablemente tuvieran su origen en un lugar más allá de su garganta. Esta vez cayó de rodillas debido a la fuerza del golpe y a la merma de sus fuerzas.