Al ir la nave cargada en su totalidad, apenas se movía en la navegación hacia el estrecho de Bósforo a unas 179 millas náuticas, algo más de once horas hasta llegar al mismo, pues por el gran tráfico de barcos, habrían zonas que la navegación se tendría que hacer con las máquinas bastantes moderadas, haciendo retrasar la llegada…
Para la perrita era una nueva y gran novedad sentir como que el suelo se movía, más cuando intentaba de caminar por el piso del camarote, como que no las tenía todas con ella, pues el susto tuvo que ser mayúsculo, no se le ocurrió otra cosa que empezar a aullar con todas las fuerzas de sus pequeños pulmones, que a diferencia de los ladridos de por la mañana que apenas se sentían desde el exterior de la cabina, ahora que el ruido de los motores eran bastante más débiles, aún con la puerta cerrada del camarote, sus ladridos y aullidos se escuchaban pero que muy claros, por supuesto, los mismos delataban la presencia de la perrita dentro de la cabina…
Ya no había manera de mantener por más tiempo aquel secreto; por supuesto, se formó la de “San Quintín”…
Todos los que la escuchaban de ladrar hacían un comentario diferente, los anti perros, que los había, con comentarios destructivos y amenazantes, los que se interesaban por el animalito, simplemente porque la presencia de la misma a bordo les encantaban, trataban de dar ánimos con frases esperanzadoras…
El capitán se enteró, como no, lo difícil fue que con los correveidiles que tenía él a bordo, no se enterara antes, pues los pelotas por hacerle la gracia al “Viejo” les encantaban de llevarles las noticias frescas que ocurrían en el barco…
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