carreras que esta se daba por la cubierta principal, estaban dando enormes resultados tangibles, aunque eso sí, seguía siendo bastante pequeña…
D. Pedro quedó atónito con los víveres obsequiados por el barco canario, quedó boquiabierto, pues no se esperaba tal cantidad, un saco de papas, varios litros de aceite de girasol, dos chernes de ley, (con algunos salados que quedaron de la última pesca, los mismos daban para un buen sancocho para toda la tripulación) cuatro kilos de gofio, otros tantos de batatas, medio racimo de plátanos, una caja de pollos, y una bolsa llena de chuletas de cochino, aquellas provisiones les mató el hambre dos buenos días, las palabras de agradecimientos no fueron pocas, pues hacía algunas fechas que estaban comiendo de primeros platos los garbanzos y lentejas a granel llenos de gorgojos, el trabajo mañanero de los dos marmitones era precisamente mondar los granos para librarlos de aquellos indeseables bichitos.
La sexta lección, aunque costó bastante, ya era agua pasada, con la particularidad que la perrita para bajar las escaleras lo hacía de lado, haciendo zigzags, tendría mucho que ver la altura de los peldaños, y las patas tan cortas…
Constanza se estaba convirtiendo en una “cachorrita,” aunque Fran con mucha sensatez de momento no se fiaba en dejarla que deambulara por cubierta sola a su libre albedrio…
La obediencia básica, una de las partes del adiestramiento de la perrita, la socialización del animalito que la favoreciera al desarrollo integral de ella, a que aprendiera a obedecer, enseñarla a que le mirara a la cara al cocinero o más bien a los ojos, el equipo existentes de los utensilios necesarios para estas clases, eran los que habían, pues el collar era de espar-
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