—Cuéntanos , Gabriel, ¿es como parece? La luminosa sonrisa de Araziel acompaña su pregunta; es como si dijera, Me habría encantado acompañarte a Nazaret. La música de su voz, incomparable con cualquier cadencia conocida, se ajusta a su nombre, Melodía de Dios, como un guante de piel se acopla a la mano. Tiene, frente por frente, el resplandor áureo y esmeralda de Gabriel que sonríe feliz. Junto a ellos, ávidos de noticias, escuchan Ariel, Jezalel, Metatrón, Bariel y Assaliah, además de Uriel. Re
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