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7391 results found for tag:"relato corto".
2010155622970
Reflexiones-Maestra-Loca-Elpasado-Caja-Adios
10/15/2020
Roxana Karina Minano Pena
Micro-poesía a modo de reflexiones. Publicados en mi cuenta de Instagram
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2010155622949
Relatos- Culpable-Borroso-Mesa-Finalmente-Aire
10/15/2020
Roxana Karina Minano Pena
Relatos cortos (microrrelatos) publicados en mi cuenta de instagram y en mi blog Papeles encontrados
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2010155622901
Juguetes Ingratos
10/15/2020
Roxana Karina Minano Pena
Relato erótico publicado en el blog Liberemos las palabras (17/05/2020) Confinamiento y sexo
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2010155622871
Naranja Invisible
10/15/2020
Roxana Karina Minano Pena
Hay un ejercito de hombres que intenta mantener la ciudad limpia. Pero para muchos, esos hombres, son invisibles. Relato publicado en el blog Liberemos las palabras (29/09/2020)
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2010075559998
La paradoja de los dos cuerpos
10/07/2020
Rebecca es abordada por dos hombres de camino al trabajo y todo lo que sucede a continuación dará un vuelco radical a su vida.
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2009215402225
Respuesta
09/21/2020
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2009215393622
Portada Creaturae Ex inferi
09/21/2020
—Odio decir te lo dije pero... te lo dije. Su voz sonaba a reproche, incluso a pesar de no estar contemplando la expresión de su rostro. Y es que él tenía razón...me lo había advertido, quizás más de una vez (o más de las que quisiera aceptar). Por mi parte, no recordaba la última vez que me había sentido así de avergonzado, pero estaba seguro de que no era algo recurrente, y era precisamente eso lo que me preocupaba. —La cagué ¿no? —Muchísimo. Suspiré abatido y me llevé las manos al rostro, pegando las palmas y arrastrándolas como si así pudiera deshacerme de la vergüenza. Pero era imposible...estaba impregnada en mí; era como el humo de cigarrillo adherido a la chaqueta de un fumador activo, prácticamente nacía con él y con él moriría. —Mierda. —Sí, mierda. —No estás ayudándome en nada. Giré mi rostro para verlo, pero él seguía con la mirada fija en el horizonte. Estaba decepcionado. Decepcionado de mí, o de la situación en la que nos había metido. Sea cual fuera la razón, era esa clase de decepción que difícilmente se borraría con una disculpa. Yo lo sabía, y él lo afirmaba con cada efímero segundo en el que cerraba los ojos y apretaba con fuerza los puños. Por un lapso de tiempo me dieron ganas de abrazarlo y pedirle que me rompa la cara, pero que no me deje...que no me abandone en un momento como este. Más la energía que emanaba de todo su cuerpo indicaba que hasta aquí había aguantado mis estupideces. Entonces, en un acto casi desesperado, me abalancé sobre él y besé sus labios. Más él no respondió. En lugar de eso, se quedó estático, como si estuviera besando una estatua de museo. Sus labios no se movían contra los míos y sus manos permanecían cerradas sobre los puños. “Vaya, esto es grave” pensé, mientras me separaba de él, completamente atribulado. —Vamos, golpéame —susurré. El nudo en mi garganta apenas me dejaba respirar. —No voy a golpearte ¿qué caso tiene? —Si eso necesitas para descargar tu ira, entonces hazlo. Me lo merezco. —Sabes...el papel de víctima te queda espantoso. Lo miré pasmado, y es que nunca me había dicho algo como eso. Enseguida el nudo de mi garganta cayó brutalmente a mi estómago, embistiéndome desde adentro y haciéndome arquear adolorido. Despegué mis labios para replicar, pero en lugar de insultos se escapó lo poco de mi dignidad que aún seguía en pie. —Ni se te ocurra decir nada —farfulló, volviendo su mirada fría al horizonte. —Nada puede arreglar lo que hiciste, y eso lo sabes bien. Tenía razón, una vez más. Y dentro de mí, todo se derrumbaba, como las añejas estructuras de las antiguas ciudades romanas. —No, es verdad. Pero al menos sabes que estoy arrepentido —me puse de pie y sacudí el polvo de mi ropa con las manos ensangrentadas. Él permaneció inmóvil, como si yo fuera tan sólo producto de su imaginación. —Espero que algún día me perdones. Avancé hacia la cornisa y lo miré por una última vez: acariciaba, con su mano derecha, el cabello inerte de su pequeña hermana, quien yacía boca arriba en un mar de sangre. Era un final inevitable. Luego salté al vacío y dejé que el aire me abrazara, frío pero sofocante al mismo tiempo. Antes de alcanzar a tocar el suelo me sumergí en las tinieblas, de regreso a casa.
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
2009215393615
Creaturae Ex Inferi
09/21/2020
—Odio decir te lo dije pero... te lo dije. Su voz sonaba a reproche, incluso a pesar de no estar contemplando la expresión de su rostro. Y es que él tenía razón...me lo había advertido, quizás más de una vez (o más de las que quisiera aceptar). Por mi parte, no recordaba la última vez que me había sentido así de avergonzado, pero estaba seguro de que no era algo recurrente, y era precisamente eso lo que me preocupaba. —La cagué ¿no? —Muchísimo. Suspiré abatido y me llevé las manos al rostro, pegando las palmas y arrastrándolas como si así pudiera deshacerme de la vergüenza. Pero era imposible...estaba impregnada en mí; era como el humo de cigarrillo adherido a la chaqueta de un fumador activo, prácticamente nacía con él y con él moriría. —Mierda. —Sí, mierda. —No estás ayudándome en nada. Giré mi rostro para verlo, pero él seguía con la mirada fija en el horizonte. Estaba decepcionado. Decepcionado de mí, o de la situación en la que nos había metido. Sea cual fuera la razón, era esa clase de decepción que difícilmente se borraría con una disculpa. Yo lo sabía, y él lo afirmaba con cada efímero segundo en el que cerraba los ojos y apretaba con fuerza los puños. Por un lapso de tiempo me dieron ganas de abrazarlo y pedirle que me rompa la cara, pero que no me deje...que no me abandone en un momento como este. Más la energía que emanaba de todo su cuerpo indicaba que hasta aquí había aguantado mis estupideces. Entonces, en un acto casi desesperado, me abalancé sobre él y besé sus labios. Más él no respondió. En lugar de eso, se quedó estático, como si estuviera besando una estatua de museo. Sus labios no se movían contra los míos y sus manos permanecían cerradas sobre los puños. “Vaya, esto es grave” pensé, mientras me separaba de él, completamente atribulado. —Vamos, golpéame —susurré. El nudo en mi garganta apenas me dejaba respirar. —No voy a golpearte ¿qué caso tiene? —Si eso necesitas para descargar tu ira, entonces hazlo. Me lo merezco. —Sabes...el papel de víctima te queda espantoso. Lo miré pasmado, y es que nunca me había dicho algo como eso. Enseguida el nudo de mi garganta cayó brutalmente a mi estómago, embistiéndome desde adentro y haciéndome arquear adolorido. Despegué mis labios para replicar, pero en lugar de insultos se escapó lo poco de mi dignidad que aún seguía en pie. —Ni se te ocurra decir nada —farfulló, volviendo su mirada fría al horizonte. —Nada puede arreglar lo que hiciste, y eso lo sabes bien. Tenía razón, una vez más. Y dentro de mí, todo se derrumbaba, como las añejas estructuras de las antiguas ciudades romanas. —No, es verdad. Pero al menos sabes que estoy arrepentido —me puse de pie y sacudí el polvo de mi ropa con las manos ensangrentadas. Él permaneció inmóvil, como si yo fuera tan sólo producto de su imaginación. —Espero que algún día me perdones. Avancé hacia la cornisa y lo miré por una última vez: acariciaba, con su mano derecha, el cabello inerte de su pequeña hermana, quien yacía boca arriba en un mar de sangre. Era un final inevitable. Luego salté al vacío y dejé que el aire me abrazara, frío pero sofocante al mismo tiempo. Antes de alcanzar a tocar el suelo me sumergí en las tinieblas, de regreso a casa.
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2009215393592
NOI - EDITH
09/21/2020
Cuento corto de terror. Líbrame, Señor, de mis enemigos, porque en ti busco refugio. — Salmo 143 — En este momento la única solución es orar. Orar, hasta que sangren las rodillas y se acalambren los dedos de las manos. Orar, hasta que las plegarias sean escuchadas y mi niña pueda ser librada de todos los males que la rodean. Ella, dotada de una inconmensurable inocencia, descansa plácidamente en la habitación contigua. Pero algo la persigue. Una sombra oscura, incorpórea y formada por el mismísimo mal acecha sus sueños cada noche, desde hace ya cinco días. Es por eso que decidí encerrarlos juntos. Porque esa sombra, su sombra, iba a donde quiera que ella fuera. Por un momento pensé que podría separarlas y ahuyentar a la criatura con mis plegarias. Pero sólo logré reafirmar el vínculo, al punto de convertirlo en una relación simbiótica de la cual ninguno puede salir vivo si el otro muere. El sacerdote me dijo que la ignore; que cuanto más le de vuelta al asunto, más real será la criatura. Por supuesto, él piensa que estoy demente, mas no fue él quien sintió las garras de la criatura aferrando sus pies mientras dormía, o su aliento fétido arrebatándole el oxígeno, a punto de provocarle la asfixia. Terminé de recitar el salmo y me incorporé de la cama. Las piernas me fallaron y por poco casi caigo, pero algo me sostuvo. Elevé la mirada y la vi, a la sombra, con sus largas y oscuras extremidades rodeándome el cuerpo. Grité con todas mis fuerzas, pero lo único que alcanzó a salir de mis labios fue un atisbo de jadeo. El corazón me latía precipitado, a punto de detenerse por el miedo que me invadía. Sentía sus fríos brazos, como dos hiedras electrificadas, inmovilizando todo mi cuerpo mientras la criatura me observaba con sus rojas pupilas. Despegó sus labios, o al menos eran dos particiones de su rostro, dejando entrever una sonrisa espeluznante y llena de dientes amarillentos y deformes. — ¡Suéltame! —demandé, y empecé a rezar en voz alta. La criatura soltó una carcajada grave que retumbó en la habitación. —Tú, suéltanos —recitaron al unísono su voz y la de mi hija, quien entró en la habitación apenas rozando el suelo con la punta de los dedos de los pies. La miré horrorizada y dibujé la señal de la cruz sobre mi pecho. Los brazos de la criatura se ciñeron aún más alrededor de mis costillas. El dolor era tan agudo que me cegaba. —Edith —susurré el nombre de mi hija. —Ayúdame… Pero ella se limitó a sonreír, con los dientes ensangrentados y una sustancia purulenta escurriendo por la comisura de sus labios. Entonces, perdí la consciencia. Cuando desperté, me encontraba sumergida entre las frazadas de mi cama, cálidamente acunada entre ellas. La luz mortecina del amanecer apenas iluminaba mi alcoba, reflejándose, parsimoniosa, sobre los cristales de la ventana. Había dormido tan profundamente que todavía me costaba recuperar la movilidad de mis extremidades. Me estiré somnolienta, debatiéndome entre si debía o no salir de la cama. Finalmente, me deshice de todo sentimiento de pereza y salí de mi refugio. De camino al baño, pasé por la habitación de Edith y cerré la puerta. No me gustaba que quede abierta, pues mirar adentro me recordaba al día en el que la asesiné.
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2009215393608
NOCTURNE OPUS I - EDITH final
09/21/2020
Cuento corto de terror. Líbrame, Señor, de mis enemigos, porque en ti busco refugio. — Salmo 143 — En este momento la única solución es orar. Orar, hasta que sangren las rodillas y se acalambren los dedos de las manos. Orar, hasta que las plegarias sean escuchadas y mi niña pueda ser librada de todos los males que la rodean. Ella, dotada de una inconmensurable inocencia, descansa plácidamente en la habitación contigua. Pero algo la persigue. Una sombra oscura, incorpórea y formada por el mismísimo mal acecha sus sueños cada noche, desde hace ya cinco días. Es por eso que decidí encerrarlos juntos. Porque esa sombra, su sombra, iba a donde quiera que ella fuera. Por un momento pensé que podría separarlas y ahuyentar a la criatura con mis plegarias. Pero sólo logré reafirmar el vínculo, al punto de convertirlo en una relación simbiótica de la cual ninguno puede salir vivo si el otro muere. El sacerdote me dijo que la ignore; que cuanto más le de vuelta al asunto, más real será la criatura. Por supuesto, él piensa que estoy demente, mas no fue él quien sintió las garras de la criatura aferrando sus pies mientras dormía, o su aliento fétido arrebatándole el oxígeno, a punto de provocarle la asfixia. Terminé de recitar el salmo y me incorporé de la cama. Las piernas me fallaron y por poco casi caigo, pero algo me sostuvo. Elevé la mirada y la vi, a la sombra, con sus largas y oscuras extremidades rodeándome el cuerpo. Grité con todas mis fuerzas, pero lo único que alcanzó a salir de mis labios fue un atisbo de jadeo. El corazón me latía precipitado, a punto de detenerse por el miedo que me invadía. Sentía sus fríos brazos, como dos hiedras electrificadas, inmovilizando todo mi cuerpo mientras la criatura me observaba con sus rojas pupilas. Despegó sus labios, o al menos eran dos particiones de su rostro, dejando entrever una sonrisa espeluznante y llena de dientes amarillentos y deformes. — ¡Suéltame! —demandé, y empecé a rezar en voz alta. La criatura soltó una carcajada grave que retumbó en la habitación. —Tú, suéltanos —recitaron al unísono su voz y la de mi hija, quien entró en la habitación apenas rozando el suelo con la punta de los dedos de los pies. La miré horrorizada y dibujé la señal de la cruz sobre mi pecho. Los brazos de la criatura se ciñeron aún más alrededor de mis costillas. El dolor era tan agudo que me cegaba. —Edith —susurré el nombre de mi hija. —Ayúdame… Pero ella se limitó a sonreír, con los dientes ensangrentados y una sustancia purulenta escurriendo por la comisura de sus labios. Entonces, perdí la consciencia. Cuando desperté, me encontraba sumergida entre las frazadas de mi cama, cálidamente acunada entre ellas. La luz mortecina del amanecer apenas iluminaba mi alcoba, reflejándose, parsimoniosa, sobre los cristales de la ventana. Había dormido tan profundamente que todavía me costaba recuperar la movilidad de mis extremidades. Me estiré somnolienta, debatiéndome entre si debía o no salir de la cama. Finalmente, me deshice de todo sentimiento de pereza y salí de mi refugio. De camino al baño, pasé por la habitación de Edith y cerré la puerta. No me gustaba que quede abierta, pues mirar adentro me recordaba al día en el que la asesiné.
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2008185045180
A nuestro ritmo
08/18/2020
Roxana Karina Minano Pena
Relato corto
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2008155027703
DREAMON158
08/15/2020
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2008094973680
Ferran
08/09/2020
Escritos varios
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2008094973659
Frases
08/09/2020
Escritos varios
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