Portada Creaturae Ex inferi

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—Odio decir te lo dije pero... te lo dije.
Su voz sonaba a reproche, incluso a pesar de no estar contemplando la expresión de su rostro. Y es que él tenía razón...me lo había advertido, quizás más de una vez (o más de las que quisiera aceptar). Por mi parte, no recordaba la última vez que me había sentido así de avergonzado, pero estaba seguro de que no era algo recurrente, y era precisamente eso lo que me preocupaba.
—La cagué ¿no?
—Muchísimo.
Suspiré abatido y me llevé las manos al rostro, pegando las palmas y arrastrándolas como si así pudiera deshacerme de la vergüenza. Pero era imposible...estaba impregnada en mí; era como el humo de cigarrillo adherido a la chaqueta de un fumador activo, prácticamente nacía con él y con él moriría.
—Mierda.
—Sí, mierda.
—No estás ayudándome en nada.
Giré mi rostro para verlo, pero él seguía con la mirada fija en el horizonte. Estaba decepcionado. Decepcionado de mí, o de la situación en la que nos había metido. Sea cual fuera la razón, era esa clase de decepción que difícilmente se borraría con una disculpa. Yo lo sabía, y él lo afirmaba con cada efímero segundo en el que cerraba los ojos y apretaba con fuerza los puños.
Por un lapso de tiempo me dieron ganas de abrazarlo y pedirle que me rompa la cara, pero que no me deje...que no me abandone en un momento como este. Más la energía que emanaba de todo su cuerpo indicaba que hasta aquí había aguantado mis estupideces.
Entonces, en un acto casi desesperado, me abalancé sobre él y besé sus labios. Más él no respondió. En lugar de eso, se quedó estático, como si estuviera besando una estatua de museo. Sus labios no se movían contra los míos y sus manos permanecían cerradas sobre los puños.
“Vaya, esto es grave” pensé, mientras me separaba de él, completamente atribulado.
—Vamos, golpéame —susurré. El nudo en mi garganta apenas me dejaba respirar.
—No voy a golpearte ¿qué caso tiene?
—Si eso necesitas para descargar tu ira, entonces hazlo. Me lo merezco.
—Sabes...el papel de víctima te queda espantoso.
Lo miré pasmado, y es que nunca me había dicho algo como eso. Enseguida el nudo de mi garganta cayó brutalmente a mi estómago, embistiéndome desde adentro y haciéndome arquear adolorido. Despegué mis labios para replicar, pero en lugar de insultos se escapó lo poco de mi dignidad que aún seguía en pie.
—Ni se te ocurra decir nada —farfulló, volviendo su mirada fría al horizonte. —Nada puede arreglar lo que hiciste, y eso lo sabes bien.
Tenía razón, una vez más. Y dentro de mí, todo se derrumbaba, como las añejas estructuras de las antiguas ciudades romanas.
—No, es verdad. Pero al menos sabes que estoy arrepentido —me puse de pie y sacudí el polvo de mi ropa con las manos ensangrentadas. Él permaneció inmóvil, como si yo fuera tan sólo producto de su imaginación. —Espero que algún día me perdones.
Avancé hacia la cornisa y lo miré por una última vez: acariciaba, con su mano derecha, el cabello inerte de su pequeña hermana, quien yacía boca arriba en un mar de sangre. Era un final inevitable.
Luego salté al vacío y dejé que el aire me abrazara, frío pero sofocante al mismo tiempo.
Antes de alcanzar a tocar el suelo me sumergí en las tinieblas, de regreso a casa.

Literary: Other
relato corto de terror

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Daiana Ailín Jorge
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Title Portada Creaturae Ex inferi
—Odio decir te lo dije pero... te lo dije.
Su voz sonaba a reproche, incluso a pesar de no estar contemplando la expresión de su rostro. Y es que él tenía razón...me lo había advertido, quizás más de una vez (o más de las que quisiera aceptar). Por mi parte, no recordaba la última vez que me había sentido así de avergonzado, pero estaba seguro de que no era algo recurrente, y era precisamente eso lo que me preocupaba.
—La cagué ¿no?
—Muchísimo.
Suspiré abatido y me llevé las manos al rostro, pegando las palmas y arrastrándolas como si así pudiera deshacerme de la vergüenza. Pero era imposible...estaba impregnada en mí; era como el humo de cigarrillo adherido a la chaqueta de un fumador activo, prácticamente nacía con él y con él moriría.
—Mierda.
—Sí, mierda.
—No estás ayudándome en nada.
Giré mi rostro para verlo, pero él seguía con la mirada fija en el horizonte. Estaba decepcionado. Decepcionado de mí, o de la situación en la que nos había metido. Sea cual fuera la razón, era esa clase de decepción que difícilmente se borraría con una disculpa. Yo lo sabía, y él lo afirmaba con cada efímero segundo en el que cerraba los ojos y apretaba con fuerza los puños.
Por un lapso de tiempo me dieron ganas de abrazarlo y pedirle que me rompa la cara, pero que no me deje...que no me abandone en un momento como este. Más la energía que emanaba de todo su cuerpo indicaba que hasta aquí había aguantado mis estupideces.
Entonces, en un acto casi desesperado, me abalancé sobre él y besé sus labios. Más él no respondió. En lugar de eso, se quedó estático, como si estuviera besando una estatua de museo. Sus labios no se movían contra los míos y sus manos permanecían cerradas sobre los puños.
“Vaya, esto es grave” pensé, mientras me separaba de él, completamente atribulado.
—Vamos, golpéame —susurré. El nudo en mi garganta apenas me dejaba respirar.
—No voy a golpearte ¿qué caso tiene?
—Si eso necesitas para descargar tu ira, entonces hazlo. Me lo merezco.
—Sabes...el papel de víctima te queda espantoso.
Lo miré pasmado, y es que nunca me había dicho algo como eso. Enseguida el nudo de mi garganta cayó brutalmente a mi estómago, embistiéndome desde adentro y haciéndome arquear adolorido. Despegué mis labios para replicar, pero en lugar de insultos se escapó lo poco de mi dignidad que aún seguía en pie.
—Ni se te ocurra decir nada —farfulló, volviendo su mirada fría al horizonte. —Nada puede arreglar lo que hiciste, y eso lo sabes bien.
Tenía razón, una vez más. Y dentro de mí, todo se derrumbaba, como las añejas estructuras de las antiguas ciudades romanas.
—No, es verdad. Pero al menos sabes que estoy arrepentido —me puse de pie y sacudí el polvo de mi ropa con las manos ensangrentadas. Él permaneció inmóvil, como si yo fuera tan sólo producto de su imaginación. —Espero que algún día me perdones.
Avancé hacia la cornisa y lo miré por una última vez: acariciaba, con su mano derecha, el cabello inerte de su pequeña hermana, quien yacía boca arriba en un mar de sangre. Era un final inevitable.
Luego salté al vacío y dejé que el aire me abrazara, frío pero sofocante al mismo tiempo.
Antes de alcanzar a tocar el suelo me sumergí en las tinieblas, de regreso a casa.
Work type Literary: Other
Tags relato corto de terror

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Registry info in Safe Creative

Identifier 2009215393622
Entry date Sep 21, 2020, 2:56 AM UTC
License Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0

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Copyright registered declarations

Author. Holder Daiana Ailín Jorge. Date Sep 21, 2020.


Information available at https://www.safecreative.org/work/2009215393622-portada-creaturae-ex-inferi
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