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Ruinas
05/18/2025
La historia comienza en Vigo, con Abelo, un joven artista urbano que
trata de equilibrar su pasión por el arte callejero con su vida
personal. Vive con su novia, que trabaja en un club, y ayudan a criar
a un niño pequeño. A pesar de la precariedad, mantienen una relación
intensa y honesta. Ella lo admira por ser el único que no solo la
desea, sino que la ama. Pero también le insiste en que debe dejar
atrás la calle si quiere prosperar.
Abelo tiene dos amigos inseparables: Chicha, un tipo impulsivo y fiel,
y Toñito, un personaje más frío y callejero, con contactos turbios.
Los tres se mueven entre fiestas, trapicheos, arte ilegal y música
urbana. Mientras escuchan una nueva canción en el coche, camino a
Samil, hablan de una vieja obra de Abelo: una escultura pintada en una
roca, que se ha vuelto famosa sin que nadie sepa que es suya. El
concello (ayuntamiento) la ha estado restaurando y usando como reclamo
turístico, lo que enciende en Abelo un deseo de reivindicación y
justicia artística.
Animados, planean ir esa misma noche a repintar la tortuga de forma
clandestina. Lo hacen con éxito. La escena es mágica: amigos,
atardecer, skate, música y arte se mezclan con rebeldía. Tras la
intervención, vuelven eufóricos. En el coche, Toñito lanza una idea
peligrosa: robarle la mercancía a un guardia civil corrupto llamado
Mario, que guarda droga en su casa. Toñito conoce bien la casa y
asegura que hay una ventana rota por donde pueden colarse.
Abelo duda. No quiere líos con la ley. Pero Chicha y Toñito lo
convencen: “es ahora o nunca”. Además, con ese dinero podría ayudar a
su novia a dejar el trabajo en el club y empezar una nueva vida.
Entran en la casa y encuentran lo que Toñito prometió: paquetes de
droga listos para distribuir. Roban todo. Lo celebran en el estudio de
música de Coke, un productor underground que, al principio dudoso,
acepta guardar parte del alijo a cambio de una tajada. Allí conocen al
rapero Syka, quien empieza a escribir un tema inspirado por la
historia real que Toñito le cuenta.
Pero la alegría dura poco.
Mario vuelve a casa y descubre el robo. Se enfurece, mata a su perro y
deduce quién ha sido. Encuentra pistas en redes sociales: un paquete
que aparece en un videoclip improvisado y menciones a los nombres. Se
pone en marcha con sus socios para vengarse.
Mientras tanto, en una noche de fiesta, la tensión entre los amigos
crece. En plena calle, Chicha y Toñito discuten a gritos y se lanzan
acusaciones personales. La pelea se pone fea: Chicha saca a relucir un
trauma de infancia de Toñito , y este responde revelando que Chicha
estuvo en la cárcel por encontrar a su prometida siéndole infiel.
Abelo los separa justo antes de que se agredan.
Esa misma noche, en una esquina cerca del Quomo, la familia de un
chico agredido por Chicha vuelve en busca de venganza, liderados por
el hermano mayor del agredido. La tensión se convierte en pelea. De
repente, aparece el guardia civil Mario con sus hombres. En vez de
intervenir, deja que el hermano se desquite con Chicha, quien es
asesinado con una puñalada.
Abelo y Toñito intentan escapar, pero Mario los captura. Los
secuestran y llevan a su casa, donde son humillados, drogados y
forzados a pelear entre ellos por diversión. A duras penas, logran
escapar desnudos por una ventana. Toñito sufre una convulsión por
sobredosis. Abelo trata de ayudarlo mientras deambulan por el monte
hasta que una familia los encuentra. Todo se vuelve negro.
Abelo despierta en el hospital. Su novia está a su lado. Le cuenta que
a Chicha lo han matado y que Toñito ha quedado en estado grave,
probablemente irreversible. La policía ha detenido a uno de los
implicados, pero los demás han desaparecido. Ella le propone marcharse
a Madrid para empezar de cero. “O vienes con nosotros, o nos alejamos
de ti”, le dice.
Tiempo después, en una galería de arte madrileña, vemos a Abelo
transformado. Ahora es un artista reconocido. Sus cuadros reflejan
dolor, trauma, oscuridad y verdad. En una rueda de prensa, un
periodista le pregunta en qué se ha inspirado. Abelo responde que
todas esas obras vienen de una pesadilla que no puede olvidar, pero
que le cambió la vida. Cuando otro periodista, gallego, le pregunta si
piensa volver a Vigo, Abelo simplemente responde: “No.”
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