¡Aquí, mi niña querida, en el banco del jardín! alzó su voz que decía… y ella se acercó radiante con su vestidito etéreo y su lazo de azafrán Trepó ágil al columpio y a su madre le pidió que la impulsara con sus manos, en vuelo a la inmensidad… He de marchar con el alba, dijo bajo, la mujer la niña la miró triste, en la hamaca y el vaivén una y otra y otra vez… Debo dejar la casona donde te he visto crecer me iré hacia las montañas, tal vez para fenecer y sus ojos se nublaron recordando tanto ay
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