SINOPSIS ARGUMENTAL DE "EL VENGADOR " (CORTOMETRAJE)
Dos hombres, HUANTEPEQUE (28) y su hermano CAÍL (32) corren por los senderos de la selva. Huantepeque apresurado con la lanza en la mano, su hermano corre tras de él con la flecha en el arco. Sus sirvientes los siguen. Los rugidos de un jaguar retumban en la copa de los árboles atemorizando a los hombres. La disputa por la fuerza de jaguar en la selva, el poder de imperio y la envidia entre hermanos resulta en dos cáidos: Caíl y el Jaguar.
Huantepeque está regresando de la selva. Lleva los ojos llorosos; en sus brazos carga el cuerpo de su hermano muerto que se ve desgarrado por una bestia. Su sirviente llamado Kokxé arrastra por el suelo la piel de un Jaguar todavía ensangrentado, mientras otro sirviente, carga sus armas de él y las de su hermano fallecido. Al llegar a la entrada del pueblo maya, los pobladores que los reciben entienden lo que ha sucedido y en señal de respeto se inclinan ante el nuevo rey con el semblante dolido por la muerte del príncipe fallecido. Más tarde, se ve la ceremonia de incineración sobre un altar hecho de piedra en lo alto de la montaña. Huantepeque llora mientras los sacerdotes lo coronan mientras queman incienso y hacen sus cantos a los dioses toda la noche hasta que el cuerpo de su hermano se consume en el amanecer. Las mujeres lloran con dolor.
Huantepeque se despierta agitado y se incorpora sudoroso. Su cama está llena de pieles de otros animales. Kokxé su sirviente lo observa y no dice nada. Huantepeque se levanta y llega hasta una habitación donde hay una especie de altar con una vasija muy bien decorada con figuras mayas, Kokxé está con él. Huantepeque está a punto de destapar la vasija que está muy bien sellada, pero su sirviente lo detiene y le dice: “sabe que los dioses lo prohíben” – “Necesito saber si está ahí” – contesta Huantepeque. Kokxé vuelve a advertirle: “él podría vengarse de usted por lo que hizo, para siempre”. Huantepeque cargado de temor decide regresar el recipiente al lugar que ocupa en el altar cargado de flores, incienso y pequeños recipientes como lámparas y antorchas. Se ve muy temeroso y molesto. Huantepeque está comiendo sobre un petate, se ve que hay viandas muy elaboradas para él. Algunas mujeres lo sirven. Ixtaquik (25), una mujer también muy bien vestida con túnica blanca y decorada con collares y adornos de semillas, oro y jade llega a él. En señal de respeto le habla sin verlo a los ojos: “Tu sirviente Kokxé fue encontrado muerto en un despeñadero”, él fríamente le contesta “sí, lo sé”. Ella asustada lo ve a los ojos. “Entonces fuiste vos”. Él no contesta, solo sigue comiendo. Ella muy acuciosa continúa hablándole: “Más temprano que tarde todos se enterarán de tu secreto… La sangre de tu hermano te carcome en este trono”. Él la ve fijamente y contesta “Cuidado abrís tu boca, no parpadeé en deshacerme de mi más fiel esclavo a quien sí apreciaba”. Ixtaquik se asusta y comprende la amenaza, solo baja la mirada, pero pronuncia unas palabras más “Ante los dioses, tu hermano sigue siendo el rey de este pueblo”. Huantepeque se enfurece y le da una bofetada, ella cae con sangre en la nariz. Nadie puede tocarla. Sus ojos parecen fuego.
Huantepeque se despierta de nuevo agitado y corre de nuevo a la sala donde está el altar con la vasija que contiene las cenizas de su hermano. Lo toma dudando si debe abrirlo. En la pared ve ojos que lo observan, ¿son los dioses, los espíritus de los muertos, será su hermano, su conciencia, Ixtaquik? En su cabeza rebotan las palabras de Kokxé: “Los dioses lo prohíben… él podría vengarse de usted por lo que le hizo, para siempre…” Dudando un poco, vuelve a dejar la vasija sobre el altar y llora un poco con rabia y por sentirse impotente… se dice para sí: “por qué aún de muerto me seguís…” Luego, su rostro se transforma, se le ve de nuevo enfurecido y en un arranque de ira abre el recipiente. En ese momento un fuerte viento llega alborotando las cenizas que flotan en el aire y que luego se introducen en sus ojos. Empieza a gritar: “Hermano! Que me hiciste! Te odio!”… abre los ojos y se le ven blancos, ha quedado ciego. En medio de sus gritos se tropieza tirando los recipientes con fuego, todo empieza a consumirse mientras se escuchan los gritos de Huantepeque. Una suave música de flauta como un arroyo empieza a escucharse en el ambiente… hasta que la imagen desaparece.
All rights reserved