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Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat (Un caso forense actual guarda similitudes con una vida pasada) Suena la alarma del reloj. Son las 7:00 de la noche. Me incorporo lentamente de la cama, dejando el libro de mi abuelo sobre la almohada. Hoy comienzo a trabajar a las doce de la madrugada; esta semana me toca el turno nocturno. Aurora me cuida desde que era una niña. Fue mi niñera, y ahora, en la adultez, es mucho más que eso: es mi segunda madre. Aurora es una mujer pulcra, cariñosa, afable. Está pendiente de mí, de mis cosas, de cada rincón de la casa. Mi madre, absorbida por sus responsabilidades como científica, confió en ella mi crianza, y no pudo haber elegido mejor. Aurora es una mujer maravillosa: gran cocinera, ama de casa impecable, consejera silenciosa y presencia constante. Mantiene el orden del hogar con una dedicación que solo puede venir del amor profundo. Si pudiera volver a nacer en otra vida, elegiría que ella me cuidara otra vez. Quizás ya lo hizo antes... ¿Y si en vidas pasadas fue mi madre? ¿Mi hermana? Hay algo en su mirada que me resulta eternamente familiar. Tenemos un lazo invisible, pero fuerte: amor, respeto, confianza, complicidad. Con ella me siento segura. Le cuento mis inquietudes, y ella, en un tono íntimo y sereno, me comparte fragmentos de su pasado. Una vez me confesó que, en su juventud, tuvo un amor platónico. Se enamoró perdidamente de un famoso escritor, un hombre que, según ella, cambió su vida… aunque nunca se atrevió a confesarle sus sentimientos. —Nunca me casé —me dijo una tarde mientras ordenaba la vajilla antigua— porque nadie más pudo ocupar ese lugar. —¿Y quién era, Aurora? —le pregunté curiosa. Ella desvió la mirada, sus ojos se nublaron de nostalgia. —No lo recuerdo —murmuró—. Lo bloqueé. Me duele demasiado recordarlo… Ese detalle siempre me pareció extraño. ¿Cómo puede alguien olvidar al gran amor de su vida? ¿O… acaso no lo ha olvidado, sino que lo oculta? Desde entonces, una sospecha silenciosa se sembró en mí. ¿Qué secretos guarda Aurora? ¿Y si ese escritor… fue mi abuelo? Me quedé pensando en sus palabras, en ese nombre que nunca quiso decir. Esa noche, antes de irme al hospital, volví a mirar una foto antigua del abuelo. En su mano, sostenía una rosa... Y junto a él, una mujer muy parecida a Aurora, pero más joven. ¿Podría ser ella? ✨ Continuación – Capítulo 4: Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat Antes de salir hacia el hospital, decidí subir al desván. No sé por qué lo hice. Tal vez fue un impulso. O tal vez… fue el libro del abuelo, aún tibio sobre mi almohada, que parecía mirarme como un testigo silente de un secreto antiguo. Aurora, como siempre, se acercó al pie de la escalera con su voz suave: —¿Subes sola? Hay polvo… y muchos recuerdos allá arriba. —Sí —le respondí, sin mirarla del todo—. Solo será un momento. Ella bajó la mirada. Un leve temblor cruzó sus labios, como si su alma contuviera algo que quería salir… pero no debía. Subí lentamente, guiada por la tenue luz del tragaluz. Entre los baúles y los muebles cubiertos por sábanas grises, algo me llamó la atención: una caja de madera tallada con flores de lis, igual al símbolo que aparece en el prólogo del libro de mi abuelo. La abrí con cautela. Dentro, había una carta antigua, doblada con delicadeza, y una foto en blanco y negro. Mi corazón se detuvo. En la imagen, estaba él. Mi abuelo. Sentado bajo un rosal… Y a su lado, una joven mujer de cabello trenzado, con la misma mirada cálida y profunda de Aurora. No decía su nombre. Solo una fecha: agosto de 1973 Y al reverso, una caligrafía pulida que escribía: "Nuestro amor no puede existir, pero vivirá en las páginas que aún no han sido escritas..." Me estremecí. Guardé todo rápidamente. Tenía que irme. Pero algo en mí acababa de cambiar. ¿Aurora... y mi abuelo? ¿Era esa la verdad que me negaron toda la vida? Ya en la morgue, el silencio era tan profundo que podía escuchar mi propia respiración. Encendí la lámpara de pared, me coloqué los guantes de látex, y revisé los registros. Había un nuevo ingreso. Un caso no identificado. Mujer joven. Fallecida durante un desmayo en la vía pública. Sin señales externas de violencia. Al destapar el cuerpo, un escalofrío me recorrió la columna. En el pecho, del lado izquierdo, tenía una marca… Un símbolo grabado en la piel: una espiral doble, idéntico al que había soñado la semana pasada. El mismo símbolo… Que también aparece en la página treinta y tres del libro de mi abuelo, junto a la frase: "Aquellos que mueren sin despedirse, renacen con señales en la piel." Me quedé inmóvil, paralizada entre el asombro y el miedo. ¿Qué estaba pasando? ¿El libro de mi abuelo no era ficción?
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Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Capítulo 4 – Sombras en la Morgue Susurros de Amor Autora: Marta Digat (Un caso forense actual guarda similitudes con una vida pasada) Suena la alarma del reloj. Son las 7:00 de la noche. Me incorporo lentamente de la cama, dejando el libro de mi abuelo sobre la almohada. Hoy comienzo a trabajar a las doce de la madrugada; esta semana me toca el turno nocturno. Aurora me cuida desde que era una niña. Fue mi niñera, y ahora, en la adultez, es mucho más que eso: es mi segunda madre. Aurora es una mujer pulcra, cariñosa, afable. Está pendiente de mí, de mis cosas, de cada rincón de la casa. Mi madre, absorbida por sus responsabilidades como científica, confió en ella mi crianza, y no pudo haber elegido mejor. Aurora es una mujer maravillosa: gran cocinera, ama de casa impecable, consejera silenciosa y presencia constante. Mantiene el orden del hogar con una dedicación que solo puede venir del amor profundo. Si pudiera volver a nacer en otra vida, elegiría que ella me cuidara otra vez. Quizás ya lo hizo antes... ¿Y si en vidas pasadas fue mi madre? ¿Mi hermana? Hay algo en su mirada que me resulta eternamente familiar. Tenemos un lazo invisible, pero fuerte: amor, respeto, confianza, complicidad. Con ella me siento segura. Le cuento mis inquietudes, y ella, en un tono íntimo y sereno, me comparte fragmentos de su pasado. Una vez me confesó que, en su juventud, tuvo un amor platónico. Se enamoró perdidamente de un famoso escritor, un hombre que, según ella, cambió su vida… aunque nunca se atrevió a confesarle sus sentimientos. —Nunca me casé —me dijo una tarde mientras ordenaba la vajilla antigua— porque nadie más pudo ocupar ese lugar. —¿Y quién era, Aurora? —le pregunté curiosa. Ella desvió la mirada, sus ojos se nublaron de nostalgia. —No lo recuerdo —murmuró—. Lo bloqueé. Me duele demasiado recordarlo… Ese detalle siempre me pareció extraño. ¿Cómo puede alguien olvidar al gran amor de su vida? ¿O… acaso no lo ha olvidado, sino que lo oculta? Desde entonces, una sospecha silenciosa se sembró en mí. ¿Qué secretos guarda Aurora? ¿Y si ese escritor… fue mi abuelo? *** Antes de salir hacia el hospital, decidí subir al desván. No sé por qué lo hice. Tal vez fue un impulso. O tal vez… fue el libro del abuelo, aún tibio sobre mi almohada, que parecía mirarme como un testigo silente de un secreto antiguo. Aurora, como siempre, se acercó al pie de la escalera con su voz suave: —¿Subes sola? Hay polvo… y muchos recuerdos allá arriba. —Sí —le respondí, sin mirarla del todo—. Solo será un momento. Ella bajó la mirada. Un leve temblor cruzó sus labios, como si su alma contuviera algo que quería salir… pero no debía. Subí lentamente, guiada por la tenue luz del tragaluz. Entre los baúles y los muebles cubiertos por sábanas grises, algo me llamó la atención: una caja de madera tallada con flores de lis, igual al símbolo que aparece en el prólogo del libro de mi abuelo. La abrí con cautela. Dentro, había una carta antigua, doblada con delicadeza, y una foto en blanco y negro. Mi corazón se detuvo. En la imagen, estaba él. Mi abuelo. Sentado bajo un rosal… Y a su lado, una joven mujer de cabello trenzado, con la misma mirada cálida y profunda de Aurora. No decía su nombre. Solo una fecha: Agosto de 1973. Y al reverso, una caligrafía pulida que escribía: "Nuestro amor no puede existir, pero vivirá en las páginas que aún no han sido escritas..." Me estremecí. Guardé todo rápidamente. Tenía que irme. Pero algo en mí acababa de cambiar. ¿Aurora... y mi abuelo? ¿Era esa la verdad que me negaron toda la vida? *** Ya en la morgue, el silencio era tan profundo que podía escuchar mi propia respiración. Encendí la lámpara de pared, me coloqué los guantes de látex, y revisé los registros. Había un nuevo ingreso. Un caso no identificado. Mujer joven. Fallecida durante un desmayo en la vía pública. Sin señales externas de violencia. Al destapar el cuerpo, un escalofrío me recorrió la columna. En el pecho, del lado izquierdo, tenía una marca… Un símbolo grabado en la piel: una espiral doble, idéntico al que había soñado la semana pasada. El mismo símbolo… Que también aparece en la página treinta y tres del libro de mi abuelo, junto a la frase: "Aquellos que mueren sin despedirse, renacen con señales en la piel." Me quedé inmóvil, paralizada entre el asombro y el miedo. ¿Qué estaba pasando? ¿El libro de mi abuelo no era ficción? ¿Quién era esta mujer… y por qué su cuerpo lleva una marca que solo existe en mis sueños? *** Esa madrugada, por primera vez… Sentí que no estaba sola con los muertos. Había algo más. Una presencia. Un mensaje. Y yo… estaba destinada a descubrirlo.
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Capítulo 3 – Fragmentos del Tiempo Giselle ha comenzado a escribir lo que sueña: personas, lugares, objetos... y símbolos que se repiten constantemente. Esa sensación de ser perseguida, vigilada… de ser arrastrada por un agujero en forma de remolino que la transporta a situaciones distintas, como si viajara sin boletos a través del tiempo y el espacio. Todo ocurre como una danza ejecutada por hechiceros de sueños y pensamientos. Sueños que, aunque cargados de misterio, se han vuelto cotidianos, pues se repiten a cualquier hora del día o la noche, secuestrando su mente sin importar dónde esté: en la intimidad, en el trabajo o en público. Y siempre, esa voz... Esa voz que la estremece con una promesa susurrada al oído: "Te amaré… más allá del tiempo." Hoy desperté con una idea fija: buscar respuestas. Comencé a revisar el ático, los armarios, los baúles heredados de mis antepasados fallecidos. Objetos que para muchos no tienen valor y terminan desechando, pero que para mí son tesoros sagrados. Aunque soy joven físicamente, mi alma tiene la madurez de alguien que ha vivido muchas vidas. Contemplo las paredes blancas de mi lujosa mansión, ubicada en el exclusivo barrio Upper East Side de Nueva York. Es un lugar de élite, con mansiones y apartamentos de lujo. Soy hija única. Mi padre, un reconocido y multimillonario abogado. Mi madre, una científica brillante, admirada por sus descubrimientos en beneficio de la humanidad. Mis abuelos ya no están. Mi abuela fue cantante de ópera. Mi abuelo… un novelista apasionado por la ficción. Mis ojos se detienen en el título colgado en la pared: Doctora en Medicina Forense. Estudié en NYU, una de las universidades más prestigiosas del mundo, ubicada en el corazón vibrante de Nueva York. Fue allí donde me formé, donde descubrí que mi vocación era escuchar las voces silenciadas del cuerpo… y quizás, también, del alma. Camino hasta la gran biblioteca familiar. Una sala cargada de historia, de memorias, de sabiduría. Libros antiguos heredados por generaciones; algunos escritos por mis padres, otros por mis abuelos. En las paredes cuelgan retratos al óleo de mis antepasados, con marcos dorados que parecen haber sido tallados por el tiempo mismo. Me pregunto qué estoy buscando. ¿Qué espero encontrar? Mi mente está repleta de preguntas. Observo detenidamente los retratos, intentando leer en sus ojos lo que no dejaron escrito. —¿Fueron felices? —susurro—. ¿Qué temieron? ¿Qué evento marcó sus vidas? El silencio no responde. Entonces, mis ojos se posan sobre un libro muy antiguo, perfectamente conservado. Su título: "La danza de los siglos." Mi corazón se acelera. Fue escrito por mi abuelo. Me acerco con ternura y lo tomo entre mis manos. Una ola de recuerdos me invade: aquellas tardes de infancia en las que mi abuelo me contaba historias mágicas, llenas de ficción y enigmas. Él era un hombre de presencia imponente. Siempre impecable, elegante, de voz profunda y vocabulario refinado. Tenía una inteligencia brillante, casi mística. Su forma de hablar transmitía sabiduría, seguridad y un extraño poder que aún me estremece recordar. Abro el libro y comienzo a leer los títulos de los capítulos, como si una fuerza desconocida me guiara: - Capítulo 1: El flujo eterno de la vida y la muerte - Capítulo 2: La memoria del alma eterna - Capítulo 3: El sendero de las sombras ancestrales - Capítulo 4: La puerta del despertar - Capítulo 5: Tras la estela de recuerdos - Capítulo 6: El laberinto de las reencarnaciones - Capítulo 7: Ecos de un amor eterno - Capítulo 8: Las almas que se encuentran de nuevo - Capítulo 9: Unidos por hilos invisibles - Capítulo 10: El lazo del alma - Capítulo 11: La crisálida del tiempo - Capítulo 12: Renacer de las cenizas - Capítulo 13: Las máscaras de la memoria - Capítulo 14: Bajo la piel de otra vida - Capítulo 15: La danza de los siglos - Capítulo 16: El espejo del karma - Capítulo 17: El libro de las almas - Capítulo 18: El despertar de la conciencia Cada título me sacude. Siento que ya he vivido esto. ¿Por qué no lo había leído antes? Tal vez no era el momento. Tal vez ahora… es cuando debe revelarse. Este libro podría contener las respuestas que tanto he buscado: ¿Quién soy en realidad? ¿De dónde vienen mis sueños, mis miedos, mis memorias que no me pertenecen? ¿A quién pertenece esa voz que me susurra amor eterno? Esta noche, al volver del hospital… Lo leeré. Y quizás, al abrir sus páginas, despierte algo más que la memoria. Quizás… despierte mi alma.
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Capítulo 3 – Fragmentos del Tiempo Giselle ha comenzado a escribir lo que sueña: personas, lugares, objetos... y símbolos que se repiten constantemente. Esa sensación de ser perseguida, vigilada… de ser arrastrada por un agujero en forma de remolino que la transporta a situaciones distintas, como si viajara sin boletos a través del tiempo y el espacio. Todo ocurre como una danza ejecutada por hechiceros de sueños y pensamientos. Sueños que, aunque cargados de misterio, se han vuelto cotidianos, pues se repiten a cualquier hora del día o la noche, secuestrando su mente sin importar dónde esté: en la intimidad, en el trabajo o en público. Y siempre, esa voz... Esa voz que la estremece con una promesa susurrada al oído: "Te amaré… más allá del tiempo." Hoy desperté con una idea fija: buscar respuestas. Comencé a revisar el ático, los armarios, los baúles heredados de mis antepasados fallecidos. Objetos que para muchos no tienen valor y terminan desechando, pero que para mí son tesoros sagrados. Aunque soy joven físicamente, mi alma tiene la madurez de alguien que ha vivido muchas vidas. Contemplo las paredes blancas de mi lujosa mansión, ubicada en el exclusivo barrio Upper East Side de Nueva York. Es un lugar de élite, con mansiones y apartamentos de lujo. Soy hija única. Mi padre, un reconocido y multimillonario abogado. Mi madre, una científica brillante, admirada por sus descubrimientos en beneficio de la humanidad. Mis abuelos ya no están. Mi abuela fue cantante de ópera. Mi abuelo… un novelista apasionado por la ficción. Mis ojos se detienen en el título colgado en la pared: Doctora en Medicina Forense. Estudié en NYU, una de las universidades más prestigiosas del mundo, ubicada en el corazón vibrante de Nueva York. Fue allí donde me formé, donde descubrí que mi vocación era escuchar las voces silenciadas del cuerpo… y quizás, también, del alma. Camino hasta la gran biblioteca familiar. Una sala cargada de historia, de memorias, de sabiduría. Libros antiguos heredados por generaciones; algunos escritos por mis padres, otros por mis abuelos. En las paredes cuelgan retratos al óleo de mis antepasados, con marcos dorados que parecen haber sido tallados por el tiempo mismo. Me pregunto qué estoy buscando. ¿Qué espero encontrar? Mi mente está repleta de preguntas. Observo detenidamente los retratos, intentando leer en sus ojos lo que no dejaron escrito. —¿Fueron felices? —susurro—. ¿Qué temieron? ¿Qué evento marcó sus vidas? El silencio no responde. Entonces, mis ojos se posan sobre un libro muy antiguo, perfectamente conservado. Su título: "La danza de los siglos." Mi corazón se acelera. Fue escrito por mi abuelo. Me acerco con ternura y lo tomo entre mis manos. Una ola de recuerdos me invade: aquellas tardes de infancia en las que mi abuelo me contaba historias mágicas, llenas de ficción y enigmas. Él era un hombre de presencia imponente. Siempre impecable, elegante, de voz profunda y vocabulario refinado. Tenía una inteligencia brillante, casi mística. Su forma de hablar transmitía sabiduría, seguridad y un extraño poder que aún me estremece recordar. Abro el libro y comienzo a leer los títulos de los capítulos, como si una fuerza desconocida me guiara: - Capítulo 1: El flujo eterno de la vida y la muerte - Capítulo 2: La memoria del alma eterna - Capítulo 3: El sendero de las sombras ancestrales - Capítulo 4: La puerta del despertar - Capítulo 5: Tras la estela de recuerdos - Capítulo 6: El laberinto de las reencarnaciones - Capítulo 7: Ecos de un amor eterno - Capítulo 8: Las almas que se encuentran de nuevo - Capítulo 9: Unidos por hilos invisibles - Capítulo 10: El lazo del alma - Capítulo 11: La crisálida del tiempo - Capítulo 12: Renacer de las cenizas - Capítulo 13: Las máscaras de la memoria - Capítulo 14: Bajo la piel de otra vida - Capítulo 15: La danza de los siglos - Capítulo 16: El espejo del karma - Capítulo 17: El libro de las almas - Capítulo 18: El despertar de la conciencia Cada título me sacude. Siento que ya he vivido esto. ¿Por qué no lo había leído antes? Tal vez no era el momento. Tal vez ahora… es cuando debe revelarse. Este libro podría contener las respuestas que tanto he buscado: ¿Quién soy en realidad? ¿De dónde vienen mis sueños, mis miedos, mis memorias que no me pertenecen? ¿A quién pertenece esa voz que me susurra amor eterno? Esta noche, al volver del hospital… Lo leeré. Y quizás, al abrir sus páginas, despierte algo más que la memoria. Quizás… despierte mi alma.
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Capítulo 3 – Fragmentos del Tiempo Giselle ha comenzado a escribir lo que sueña: personas, lugares, objetos... y símbolos que se repiten constantemente. Esa sensación de ser perseguida, vigilada… de ser arrastrada por un agujero en forma de remolino que la transporta a situaciones distintas, como si viajara sin boletos a través del tiempo y el espacio. Todo ocurre como una danza ejecutada por hechiceros de sueños y pensamientos. Sueños que, aunque cargados de misterio, se han vuelto cotidianos, pues se repiten a cualquier hora del día o la noche, secuestrando su mente sin importar dónde esté: en la intimidad, en el trabajo o en público. Y siempre, esa voz... Esa voz que la estremece con una promesa susurrada al oído: "Te amaré… más allá del tiempo." Hoy desperté con una idea fija: buscar respuestas. Comencé a revisar el ático, los armarios, los baúles heredados de mis antepasados fallecidos. Objetos que para muchos no tienen valor y terminan desechando, pero que para mí son tesoros sagrados. Aunque soy joven físicamente, mi alma tiene la madurez de alguien que ha vivido muchas vidas. Contemplo las paredes blancas de mi lujosa mansión, ubicada en el exclusivo barrio Upper East Side de Nueva York. Es un lugar de élite, con mansiones y apartamentos de lujo. Soy hija única. Mi padre, un reconocido y multimillonario abogado. Mi madre, una científica brillante, admirada por sus descubrimientos en beneficio de la humanidad. Mis abuelos ya no están. Mi abuela fue cantante de ópera. Mi abuelo… un novelista apasionado por la ficción. Mis ojos se detienen en el título colgado en la pared: Doctora en Medicina Forense. Estudié en NYU, una de las universidades más prestigiosas del mundo, ubicada en el corazón vibrante de Nueva York. Fue allí donde me formé, donde descubrí que mi vocación era escuchar las voces silenciadas del cuerpo… y quizás, también, del alma. Camino hasta la gran biblioteca familiar. Una sala cargada de historia, de memorias, de sabiduría. Libros antiguos heredados por generaciones; algunos escritos por mis padres, otros por mis abuelos. En las paredes cuelgan retratos al óleo de mis antepasados, con marcos dorados que parecen haber sido tallados por el tiempo mismo. Me pregunto qué estoy buscando. ¿Qué espero encontrar? Mi mente está repleta de preguntas. Observo detenidamente los retratos, intentando leer en sus ojos lo que no dejaron escrito. —¿Fueron felices? —susurro—. ¿Qué temieron? ¿Qué evento marcó sus vidas? El silencio no responde. Entonces, mis ojos se posan sobre un libro muy antiguo, perfectamente conservado. Su título: "La danza de los siglos." Mi corazón se acelera. Fue escrito por mi abuelo. Me acerco con ternura y lo tomo entre mis manos. Una ola de recuerdos me invade: aquellas tardes de infancia en las que mi abuelo me contaba historias mágicas, llenas de ficción y enigmas. Él era un hombre de presencia imponente. Siempre impecable, elegante, de voz profunda y vocabulario refinado. Tenía una inteligencia brillante, casi mística. Su forma de hablar transmitía sabiduría, seguridad y un extraño poder que aún me estremece recordar. Abro el libro y comienzo a leer los títulos de los capítulos, como si una fuerza desconocida me guiara: - Capítulo 1: El flujo eterno de la vida y la muerte - Capítulo 2: La memoria del alma eterna - Capítulo 3: El sendero de las sombras ancestrales - Capítulo 4: La puerta del despertar - Capítulo 5: Tras la estela de recuerdos - Capítulo 6: El laberinto de las reencarnaciones - Capítulo 7: Ecos de un amor eterno - Capítulo 8: Las almas que se encuentran de nuevo - Capítulo 9: Unidos por hilos invisibles - Capítulo 10: El lazo del alma - Capítulo 11: La crisálida del tiempo - Capítulo 12: Renacer de las cenizas - Capítulo 13: Las máscaras de la memoria - Capítulo 14: Bajo la piel de otra vida - Capítulo 15: La danza de los siglos - Capítulo 16: El espejo del karma - Capítulo 17: El libro de las almas - Capítulo 18: El despertar de la conciencia Cada título me sacude. Siento que ya he vivido esto. ¿Por qué no lo había leído antes? Tal vez no era el momento. Tal vez ahora… es cuando debe revelarse. Este libro podría contener las respuestas que tanto he buscado: ¿Quién soy en realidad? ¿De dónde vienen mis sueños, mis miedos, mis memorias que no me pertenecen? ¿A quién pertenece esa voz que me susurra amor eterno? Esta noche, al volver del hospital… Lo leeré. Y quizás, al abrir sus páginas, despierte algo más que la memoria. Quizás… despierte mi alma. Continuación capitulo 3
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Capítulo 3 – Fragmentos del Tiempo Giselle ha comenzado a escribir lo que sueña: personas, lugares, objetos... y símbolos que se repiten constantemente. Esa sensación de ser perseguida, vigilada… de ser arrastrada por un agujero en forma de remolino que la transporta a situaciones distintas, como si viajara sin boletos a través del tiempo y el espacio. Todo ocurre como una danza ejecutada por hechiceros de sueños y pensamientos. Sueños que, aunque cargados de misterio, se han vuelto cotidianos, pues se repiten a cualquier hora del día o la noche, secuestrando su mente sin importar dónde esté: en la intimidad, en el trabajo o en público. Y siempre, esa voz... Esa voz que la estremece con una promesa susurrada al oído: "Te amaré… más allá del tiempo." Hoy desperté con una idea fija: buscar respuestas. Comencé a revisar el ático, los armarios, los baúles heredados de mis antepasados fallecidos. Objetos que para muchos no tienen valor y terminan desechando, pero que para mí son tesoros sagrados. Aunque soy joven físicamente, mi alma tiene la madurez de alguien que ha vivido muchas vidas. Contemplo las paredes blancas de mi lujosa mansión, ubicada en el exclusivo barrio Upper East Side de Nueva York. Es un lugar de élite, con mansiones y apartamentos de lujo. Soy hija única. Mi padre, un reconocido y multimillonario abogado. Mi madre, una científica brillante, admirada por sus descubrimientos en beneficio de la humanidad. Mis abuelos ya no están. Mi abuela fue cantante de ópera. Mi abuelo… un novelista apasionado por la ficción. Mis ojos se detienen en el título colgado en la pared: Doctora en Medicina Forense. Estudié en NYU, una de las universidades más prestigiosas del mundo, ubicada en el corazón vibrante de Nueva York. Fue allí donde me formé, donde descubrí que mi vocación era escuchar las voces silenciadas del cuerpo… y quizás, también, del alma. Camino hasta la gran biblioteca familiar. Una sala cargada de historia, de memorias, de sabiduría. Libros antiguos heredados por generaciones; algunos escritos por mis padres, otros por mis abuelos. En las paredes cuelgan retratos al óleo de mis antepasados, con marcos dorados que parecen haber sido tallados por el tiempo mismo. Me pregunto qué estoy buscando. ¿Qué espero encontrar? Mi mente está repleta de preguntas. Observo detenidamente los retratos, intentando leer en sus ojos lo que no dejaron escrito. —¿Fueron felices? —susurro—. ¿Qué temieron? ¿Qué evento marcó sus vidas? El silencio no responde. Entonces, mis ojos se posan sobre un libro muy antiguo, perfectamente conservado. Su título: "La danza de los siglos." Mi corazón se acelera. Fue escrito por mi abuelo. Me acerco con ternura y lo tomo entre mis manos. Una ola de recuerdos me invade: aquellas tardes de infancia en las que mi abuelo me contaba historias mágicas, llenas de ficción y enigmas. Él era un hombre de presencia imponente. Siempre impecable, elegante, de voz profunda y vocabulario refinado. Tenía una inteligencia brillante, casi mística. Su forma de hablar transmitía sabiduría, seguridad y un extraño poder que aún me estremece recordar. Abro el libro y comienzo a leer los títulos de los capítulos, como si una fuerza desconocida me guiara: - Capítulo 1: El flujo eterno de la vida y la muerte - Capítulo 2: La memoria del alma eterna - Capítulo 3: El sendero de las sombras ancestrales - Capítulo 4: La puerta del despertar - Capítulo 5: Tras la estela de recuerdos - Capítulo 6: El laberinto de las reencarnaciones - Capítulo 7: Ecos de un amor eterno - Capítulo 8: Las almas que se encuentran de nuevo - Capítulo 9: Unidos por hilos invisibles - Capítulo 10: El lazo del alma - Capítulo 11: La crisálida del tiempo - Capítulo 12: Renacer de las cenizas - Capítulo 13: Las máscaras de la memoria - Capítulo 14: Bajo la piel de otra vida - Capítulo 15: La danza de los siglos - Capítulo 16: El espejo del karma - Capítulo 17: El libro de las almas - Capítulo 18: El despertar de la conciencia Cada título me sacude. Siento que ya he vivido esto. ¿Por qué no lo había leído antes? Tal vez no era el momento. Tal vez ahora… es cuando debe revelarse. Este libro podría contener las respuestas que tanto he buscado: ¿Quién soy en realidad? ¿De dónde vienen mis sueños, mis miedos, mis memorias que no me pertenecen? ¿A quién pertenece esa voz que me susurra amor eterno? Esta noche, al volver del hospital… Lo leeré. Y quizás, al abrir sus páginas, despierte algo más que la memoria. Quizás… despierte mi alma.
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Susurros de amor capitulo 3 Fragmentos del tiempo Autora Marta Digat
07/31/2025
marta vazquez digat
Capítulo 3 – Fragmentos del Tiempo Autora: Marta Digat Giselle ha comenzado a escribir lo que sueña: personas, lugares, objetos... y símbolos que se repiten constantemente. Esa sensación de ser perseguida, vigilada… de ser arrastrada por un agujero en forma de remolino que la transporta a situaciones distintas, como si viajara sin boletos a través del tiempo y el espacio. Todo ocurre como una danza ejecutada por hechiceros de sueños y pensamientos. Sueños que, aunque cargados de misterio, se han vuelto cotidianos, pues se repiten a cualquier hora del día o la noche, secuestrando su mente sin importar dónde esté: en la intimidad, en el trabajo o en público. Y siempre, esa voz... Esa voz que la estremece con una promesa susurrada al oído: "Te amaré… más allá del tiempo." Hoy desperté con una idea fija: buscar respuestas. Comencé a revisar el ático, los armarios, los baúles heredados de mis antepasados fallecidos. Objetos que para muchos no tienen valor y terminan desechando, pero que para mí son tesoros sagrados. Aunque soy joven físicamente, mi alma tiene la madurez de alguien que ha vivido muchas vidas. Contemplo las paredes blancas de mi lujosa mansión, ubicada en el exclusivo barrio Upper East Side de Nueva York. Es un lugar de élite, con mansiones y apartamentos de lujo. Soy hija única. Mi padre, un reconocido y multimillonario abogado. Mi madre, una científica brillante, admirada por sus descubrimientos en beneficio de la humanidad. Mis abuelos ya no están. Mi abuela fue cantante de ópera. Mi abuelo… un novelista apasionado por la ficción. Mis ojos se detienen en el título colgado en la pared: Doctora en Medicina Forense. Estudié en NYU, una de las universidades más prestigiosas del mundo, ubicada en el corazón vibrante de Nueva York. Fue allí donde me formé, donde descubrí que mi vocación era escuchar las voces silenciadas del cuerpo… y quizás, también, del alma. Camino hasta la gran biblioteca familiar. Una sala cargada de historia, de memorias, de sabiduría. Libros antiguos heredados por generaciones; algunos escritos por mis padres, otros por mis abuelos. En las paredes cuelgan retratos al óleo de mis antepasados, con marcos dorados que parecen haber sido tallados por el tiempo mismo. Me pregunto qué estoy buscando. ¿Qué espero encontrar? Mi mente está repleta de preguntas. Observo detenidamente los retratos, intentando leer en sus ojos lo que no dejaron escrito. —¿Fueron felices? —susurro—. ¿Qué temieron? ¿Qué evento marcó sus vidas? El silencio no responde. Entonces, mis ojos se posan sobre un libro muy antiguo, perfectamente conservado. Su título: "La danza de los siglos." Mi corazón se acelera. Fue escrito por mi abuelo. Me acerco con ternura y lo tomo entre mis manos. Una ola de recuerdos me invade: aquellas tardes de infancia en las que mi abuelo me contaba historias mágicas, llenas de ficción y enigmas. Él era un hombre de presencia imponente. Siempre impecable, elegante, de voz profunda y vocabulario refinado. Tenía una inteligencia brillante, casi mística. Su forma de hablar transmitía sabiduría, seguridad y un extraño poder que aún me estremece recordar. Abro el libro y comienzo a leer los títulos de los capítulos, como si una fuerza desconocida me guiara: Capítulo 1: El flujo eterno de la vida y la muerte Capítulo 2: La memoria del alma eterna Capítulo 3: El sendero de las sombras ancestrales Capítulo 4: La puerta del despertar Capítulo 5: Tras la estela de recuerdos Capítulo 6: El laberinto de las reencarnaciones Capítulo 7: Ecos de un amor eterno Capítulo 8: Las almas que se encuentran de nuevo Capítulo 9: Unidos por hilos invisibles Capítulo 10: El lazo del alma Capítulo 11: La crisálida del tiempo Capítulo 12: Renacer de las cenizas Capítulo 13: Las máscaras de la memoria Capítulo 14: Bajo la piel de otra vida Capítulo 15: La danza de los siglos Capítulo 16: El espejo del karma Capítulo 17: El libro de las almas Capítulo 18: El despertar de la conciencia Cada título me sacude. Siento que ya he vivido esto. ¿Por qué no lo había leído antes? Tal vez no era el momento. Tal vez ahora… es cuando debe revelarse. Este libro podría contener las respuestas que tanto he buscado: ¿Quién soy en realidad? ¿De dónde vienen mis sueños, mis miedos, mis memorias que no me pertenecen? ¿A quién pertenece esa voz que me susurra amor eterno? Esta noche, al volver del hospital… Lo leeré. Y quizás, al abrir sus páginas, despierte algo más que la memoria. Quizás… despierte mi alma.
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✨ Susurros de Amor – Capítulo 2: El Reencuentro Autora: Marta Digat La reencarnación, vista a través de un lente romántico y poético, se idealiza como una promesa eterna: el amor que trasciende el tiempo y el espacio. Es una danza del alma que busca reencontrarse con su esencia más pura a través de siglos de existencia, en la creencia de que el espíritu —en su viaje infinito de evolución y aprendizaje— se viste con nuevos cuerpos para continuar la experiencia… y el amor. A veces, el alma reconoce al instante a quien amó en otra vida. Otras veces, reconstruye el camino poco a poco, hasta lograr el reencuentro. Es el eterno retorno del amor inmortal. De regreso en mi hogar, la misma sensación de estar enamorada persiste, intensa. Contemplo la puesta del sol desde mi balcón. La brisa tibia acaricia mi cabello, esparciendo su perfume al viento, entrelazándolo con el aroma de las rosas de mi jardín. El sol, pícaro, despierta deseos dormidos en mi piel. Y entonces, como una caricia etérea, la voz del doctor vuelve a susurrarme… Esa voz varonil y estremecedora que sacude todas mis fibras, mis fantasías, mis recuerdos más ocultos. Caigo lentamente en un letargo, un remolino que me arrastra hacia el pasado. De pronto, estoy ahí... otra vez. En la trinchera. 1 de septiembre de 1939 – Viernes Polonia – Invasión nazi Nos encontramos rodeados por el enemigo. El doctor Moczar Wladyslaw está a cargo de una misión desesperada: trasladar a los soldados heridos a un centro médico habilitado, donde aún hay esperanza de estabilizarlos, operarlos… salvarles la vida. Yo soy enfermera del Hospital General San Lucas de Varsovia, pero aquí, en el campo de batalla, soy solo un cuerpo más entre el barro y el miedo. Nos arrastramos con dificultad entre escombros y tierra húmeda. El objetivo: llegar a la ambulancia oculta detrás del parqueadero. Las explosiones retumban, el cielo se oscurece con la sombra de los aviones alemanes. —Doctor… tengo mucho miedo —digo apenas en un susurro, con la voz entrecortada. Él extiende su mano y, palpando en la oscuridad, encuentra la mía. —Ven... abrázame —susurra tembloroso—. Quiero protegerte. No temas... Tira suavemente de mí hasta que mi cuerpo queda apretado contra su pecho. Me envuelve en un abrazo tibio, y por un instante, el tiempo se detiene. —Señorita Giselle… tengo que confesarle algo. —Dígame, Doctor Moczar… —Sé que no es el momento. Pero si muero hoy, no quiero llevarme este secreto a la tumba. Me enamoré de usted desde el primer instante en que la vi. Quería decírselo en otras circunstancias… pero tal vez no exista un mañana. Si usted me corresponde, este podría ser el día que el destino nos marcó para unirnos. Me apretó con fuerza. Nuestros labios se buscaron como si se recordaran desde siglos atrás. El beso fue ardiente… y melancólico. Las lágrimas brotaron de nuestros ojos, mezclándose en nuestras mejillas. —No quiero perderte —dijo él, con la voz quebrada—. Siento que eres mi alma gemela. Que hemos viajado a través de los siglos para reencontrarnos. Nuestro amor nunca morirá. Te reconozco de otras vidas… Giselle, prométeme que nunca dejarás de buscarme. Si muero hoy… quiero llevarme esa promesa a la eternidad. Yo estaré allí, siempre, esperándote. —También te he buscado intensamente —le respondí temblorosa—. Desde que te vi… mi alma supo que eras tú. Mi gemelo eterno. Te lo juro… nunca dejaré de buscarte. Él selló mis labios con un nuevo beso. Luego susurró, acariciándome el rostro: —Continuemos, Giselle. Tenemos una misión importante que cumplir. Nos arrastramos en silencio. Cada explosión que retumbaba cerca nos hacía cerrar los ojos con fuerza. El pensamiento era uno solo: podemos morir en cualquier momento. Finalmente, llegamos al área de ambulancias. Pero allí, recibimos una noticia devastadora: era imposible romper el cerco enemigo. La evacuación no se lograría. Nuestra misión, a partir de ese instante, sería simplemente mantener con vida a los heridos el mayor tiempo posible. Sin refuerzos. Sin garantías. Con fe. Y con amor. Capítulo 2 continuación Las horas se alargaron como si el tiempo mismo se hubiera detenido. Entre el olor metálico de la sangre y el humo de la pólvora, el doctor y yo trabajábamos sin descanso. Las manos nos temblaban, no por la fragilidad de los cuerpos que atendíamos, sino por la incertidumbre de nuestro destino. Cada herida que limpiábamos, cada vendaje que aplicábamos, cada mirada de esperanza que sosteníamos en aquellos ojos jóvenes nos acercaba más el uno al otro. —Me pregunto… —musité mientras cerraba los ojos de un soldado que acababa de expirar—, ¿por qué en cada vida tenemos que sufrir la misma pérdida? ¿Por qué nos empeñamos en encontrarnos en tiempos de guerra? El doctor, enjugando el sudor de su frente con un paño que ya no distinguía de la sangre ajena, me miró con una ternura infinita.
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Susurros de amor autora Marta Digat capitulo # 2 para agrandar
07/28/2025
marta vazquez digat
✨ Susurros de Amor – Capítulo 2: El Reencuentro Autora: Marta Digat La reencarnación, vista a través de un lente romántico y poético, se idealiza como una promesa eterna: el amor que trasciende el tiempo y el espacio. Es una danza del alma que busca reencontrarse con su esencia más pura a través de siglos de existencia, en la creencia de que el espíritu —en su viaje infinito de evolución y aprendizaje— se viste con nuevos cuerpos para continuar la experiencia… y el amor. A veces, el alma reconoce al instante a quien amó en otra vida. Otras veces, reconstruye el camino poco a poco, hasta lograr el reencuentro. Es el eterno retorno del amor inmortal. De regreso en mi hogar, la misma sensación de estar enamorada persiste, intensa. Contemplo la puesta del sol desde mi balcón. La brisa tibia acaricia mi cabello, esparciendo su perfume al viento, entrelazándolo con el aroma de las rosas de mi jardín. El sol, pícaro, despierta deseos dormidos en mi piel. Y entonces, como una caricia etérea, la voz del doctor vuelve a susurrarme… Esa voz varonil y estremecedora que sacude todas mis fibras, mis fantasías, mis recuerdos más ocultos. Caigo lentamente en un letargo, un remolino que me arrastra hacia el pasado. De pronto, estoy ahí... otra vez. En la trinchera. 1 de septiembre de 1939 – Viernes Polonia Invasión nazi Nos encontramos rodeados por el enemigo. El doctor Moczar Wladyslaw está a cargo de una misión desesperada: trasladar a los soldados heridos a un centro médico habilitado, donde aún hay esperanza de estabilizarlos, operarlos… salvarles la vida. Yo soy enfermera del Hospital General San Lucas de Varsovia, pero aquí, en el campo de batalla, soy solo un cuerpo más entre el barro y el miedo. Nos arrastramos con dificultad entre escombros y tierra húmeda. El objetivo: llegar a la ambulancia oculta detrás del parqueadero. Las explosiones retumban, el cielo se oscurece con la sombra de los aviones alemanes. —Doctor… tengo mucho miedo —digo apenas en un susurro, con la voz entrecortada. Él extiende su mano y, palpando en la oscuridad, encuentra la mía. —Ven... abrázame —susurra tembloroso—. Quiero protegerte. No temas... Tira suavemente de mí hasta que mi cuerpo queda apretado contra su pecho. Me envuelve en un abrazo tibio, y por un instante, el tiempo se detiene. —Señorita Giselle… tengo que confesarle algo. —Dígame, Doctor Moczar… —Sé que no es el momento. Pero si muero hoy, no quiero llevarme este secreto a la tumba. Me enamoré de usted desde el primer instante en que la vi. Quería decírselo en otras circunstancias… pero tal vez no exista un mañana. Si usted me corresponde, este podría ser el día que el destino nos marcó para unirnos. Me apretó con fuerza. Nuestros labios se buscaron como si se recordaran desde siglos atrás. El beso fue ardiente… y melancólico. Las lágrimas brotaron de nuestros ojos, mezclándose en nuestras mejillas. —No quiero perderte —dijo él, con la voz quebrada—. Siento que eres mi alma gemela. Que hemos viajado a través de los siglos para reencontrarnos. Nuestro amor nunca morirá. Te reconozco de otras vidas… Giselle, prométeme que nunca dejarás de buscarme. Si muero hoy… quiero llevarme esa promesa a la eternidad. Yo estaré allí, siempre, esperándote. —También te he buscado intensamente —le respondí temblorosa—. Desde que te vi… mi alma supo que eras tú. Mi gemelo eterno. Te lo juro… nunca dejaré de buscarte. Él selló mis labios con un nuevo beso. Luego susurró, acariciándome el rostro: —Continuemos, Giselle. Tenemos una misión importante que cumplir. Nos arrastramos en silencio. Cada explosión que retumbaba cerca nos hacía cerrar los ojos con fuerza. El pensamiento era uno solo: podemos morir en cualquier momento. Finalmente, llegamos al área de ambulancias. Pero allí, recibimos una noticia devastadora: Era imposible romper el cerco enemigo. La evacuación no se lograría. Nuestra misión, a partir de ese instante, sería simplemente mantener con vida a los
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✨ Susurros de Amor — Capítulo 1 (Versión corregida y enriquecida) Autora: Marta Digat Capítulo 1: El Encuentro Los susurros de amor flotaban en la brisa como esporas de polen danzantes. El aire, impregnado de un dulzón aroma a miel, me envolvía como un presagio. Una alegría inexplicable me invadía el pecho, una extraña sensación de estar enamorada... aunque no supiera de quién. Las flores del jardín brillaban bajo el sol, engalanadas con diminutas gotas de rocío que parecían piedras preciosas. Mariposas multicolores revoloteaban a mi alrededor, y las hojas de los árboles se mecían como si ejecutaran un concierto de violines, su mejor obra maestra. A veces me pregunto: ¿por qué siento que no pertenezco a este siglo? Día tras día despierto tras noches turbias, cargadas de sueños vívidos que me muestran escenas de otras épocas, otros rostros, otras vidas... vidas que siento como propias. Las noches son desgastantes y fascinantes a la vez. En cada sueño recorro caminos y paisajes que, aunque nunca he visitado, reconozco con certeza. Veo rostros desconocidos... y sin embargo, sé que los he amado. Vivo experiencias que van más allá del sueño; me desprendo de mi cuerpo, viajo como una hoja arrastrada por el viento. Cada noche es una nueva cita, una nueva aventura... y un nuevo amor. Estoy convencida de que me repito en el tiempo. Que vivo una vida sin final: nazco, muero y renazco en cuerpos distintos. Mi existencia es como una película interminable, y en cada rodaje interpreto a una mujer diferente. He despertado siendo noble en castillos imponentes, envuelta en sedas, corsés, pelucas con bucles y perlas finas colgando de mi cuello. Asistía a bailes en palacios majestuosos, con vestidos bordados en oro y diamantes en mis pendientes. La opulencia y el lujo me revelaban mi linaje real. Pero también he amanecido exhausta, con el cuerpo dolorido, como si hubiera trabajado en los cañaverales bajo un sol implacable, o sirviendo mesas en la cocina de una mansión ajena. En ocasiones, he sentido la humillación de vender mis caricias por monedas en burdeles oscuros, aunque en otras, he sido cortejada por los más galantes caballeros, en vidas donde el amor me hacía desear no despertar jamás. Todo eso... lo llevo dentro. Son memorias que se cuelan por las grietas del tiempo y me susurran al oído. Pero ya es tarde. Debo dejar de pensar en ello. Hoy será un día agitado. Debo apresurarme o llegaré tarde al hospital. Trabajo como doctora patóloga, experta en determinar las causas de muerte. Médica forense. ¿Será acaso esta carrera el reflejo de esa obsesión con la muerte que me corre por las venas como un manantial inagotable? A veces siento que tengo más vidas que un gato... Después de un fin de semana solitario y lleno de visiones, estaba lista para sumergirme en la rutina. —Buenos días, doctora —saludó con alegría el personal de recepción al verme entrar. —Buenos días —respondí con una sonrisa suave. —¿Cómo estuvo su fin de semana? —preguntó Clarita, una joven de aspecto alegre, figura delgada y voz cantarina. —Llena de sorpresas e incógnitas —respondí, mientras dejaba mi bolso en el mostrador. —¿Alguna preocupación? ¿Puedo ayudarla en algo? —insistió con ternura. —Jajaja, Clarita, mi vida es un laberinto. No existe cura para mis males —dije medio en broma, medio en verdad. Ella y los demás rieron, como cada mañana. Era nuestro ritual. Luego continué por el largo pasillo del hospital, saludando con cortesía a los colegas y al personal de limpieza. Aquel pasillo siempre estaba helado, impersonal... como el aliento de la muerte. Mi oficina estaba ubicada en el ala norte del edificio. Apenas abrí la puerta, un escalofrío me recorrió la espalda. Una oleada de imágenes intensas invadió mi mente. De pronto, no era yo... era otra. Vestía el uniforme de una enfermera. A mi alrededor, una casa de campaña improvisada, probablemente en plena guerra. Escuchaba ráfagas de metralla, explosiones estremecedoras y gritos de dolor. Mi cuerpo reaccionaba automáticamente al caos. —¡Rápido, señorita Giselle! —ordenó un hombre de voz firme y bata blanca—. Administre 500 ml de solución salina por vía intravenosa. ¡De inmediato! Asentí, repitiendo la orden con precisión. Lo conocía… o al menos, algo dentro de mí lo reconocía. Él me explicaba con urgencia: —El paciente tiene heridas mortales: hemorragia, pérdida de conciencia, dificultad respiratoria. Hay que estabilizarlo. Necesita intubación y una transfusión urgente. Giselle, gracias por mantener la calma. En cuanto terminemos, debemos evacuar. Aquí no tenemos los recursos necesarios… Entonces… la visión se desvaneció. Ya estaba nuevamente en mi oficina, revisando los expedientes. Aquella sensación de desdoblamiento seguía latente, pero tenía que centrarme en mi trabajo. ✨ Susurros de Amor — Capítulo 1 (final) Autora: Marta Digat
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� � CONTRAPORTADA OFICIAL – Susurros de Amor Autora: Marta Digat ¿Y si el amor verdadero no muere con la muerte... sino que renace una y otra vez en otros cuerpos, otras épocas, otros destinos? Giselle es una doctora forense que vive entre la ciencia y lo inexplicable. De día, examina cuerpos en busca de respuestas. De noche, su alma se desdobla y viaja a través de los siglos: castillos medievales, campos de guerra, rituales antiguos, amores prohibidos… Siempre hay una constante: Él. La voz que la llama en sueños. El beso que la despierta en otras vidas. El hombre que prometió esperarla… incluso si muere mil veces. En medio de un caso forense desconcertante, Giselle descubrirá que su realidad no es más que una hebra enredada en un tejido ancestral de amores reencarnados, destinos cruzados y promesas eternas. Susurros de Amor es una novela mágica, romántica y profundamente espiritual. Una historia para quienes creen en el alma gemela, en los mensajes que cruzan los siglos… y en el poder del amor que no se rinde ni ante la muerte. � � VERSIÓN CORTA PARA AMAZON KDP Giselle, doctora forense, sufre visiones cada vez más vívidas de otras vidas. En cada una, se reencuentra con un mismo hombre: su alma gemela. Desde los palacios antiguos hasta campos de batalla, sus sueños la conducen a una verdad imposible de ignorar. Susurros de Amor es una novela que entrelaza ciencia, misterio y reencarnación, en una historia de amor que trasciende el tiempo. � � FORMATO INTERIOR – Primera página del libro (edición impresa o digital) plaintext CopiarEditar SUSURROS DE AMOR Una novela de MARTA DIGAT ––––––––––––––––––––––––––– Todos los derechos reservados. © Marta Digat, 2025 Primera edición Houston, Texas Ninguna parte de esta obra puede reproducirse sin autorización expresa de la autora. ––––––––––––––––––––––––––– PRÓLOGO “He amado con nombres diferentes, en idiomas que ya no re recuerdo...”
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� � PRIMERO: ESTRUCTURA GENERAL DE LA NOVELA Título: Susurros de Amor Género: Fantasía romántica – realismo mágico – drama histórico Protagonista: Giselle – doctora forense con visiones de sus vidas pasadas Tema central: La reencarnación del alma en busca de su gemelo espiritual a través de los siglos y escenarios históricos, mientras en el presente Giselle busca respuestas. � � PROPUESTA DE ÍNDICE ESTRUCTURADO (20 capítulos sugeridos) � � PRIMER ACTO – EL DESPERTAR (Capítulos 1–6) Giselle comienza a experimentar visiones cada vez más intensas y realistas. La conexión con el doctor Moczar la confunde y obsesiona. 1. El Encuentro – Descripción del presente, Giselle en su rutina forense, primeras visiones 2. El Reencuentro – Escena de guerra en Polonia, confesión de amor, promesa eterna 3. Fragmentos del Tiempo – Giselle comienza a escribir lo que sueña, aparecen símbolos que se repiten 4. Sombras en la Morgue – Un caso forense actual guarda similitudes con una vida pasada 5. El Collar de Jade – Encuentra un objeto antiguo en una autopsia que despierta recuerdos 6. La Niña del Espejo – Una visión de su infancia conecta con una de sus vidas antiguas en Asia � � SEGUNDO ACTO – EL VIAJE A TRAVÉS DE LOS SIGLOS (Capítulos 7 14) Cada capítulo explora una reencarnación significativa en la historia, donde se encuentra (o pierde) con su alma gemela. 7. Venecia, 1495 – Vida como noble italiana enamorada de un pintor 8. Cartago, 146 a.C. – Una sacerdotisa condenada por amar a un soldado romano 9. África, siglo XVII – Historia de esclavitud y liberación espiritual 10. Egipto Antiguo – Una visión intensa como sanadora del templo 11. La Carta que Nunca Llegó – París, 1920. Una historia de amor interrumpida por una guerra 12. La Rosa de Moscú – Amor prohibido en la Rusia zarista 13. Bajo la Lluvia en La Habana – Bailarina cubana y músico revolucionario 14. La Médium y el Capitán – América colonial, cuando fue médium y él un militar escéptico � � TERCER ACTO – LA VERDAD Y LA REUNIÓN (Capítulos 15–20) Giselle comienza a conectar todos los fragmentos y descubre su misión: sanar un ciclo ancestral. 15. Las Marcas del Alma – Descubre una señal física que la ha acompañado en todas sus vidas 16. El Manuscrito Perdido – Encuentra un diario escrito por ella misma en el pasado 17. El Nombre Verdadero – Por fin recuerda el verdadero nombre de su alma gemela 18. La Despedida Final – Una visión la confronta con la única vida donde lo perdió para siempre 19. El Cuerpo Equivocado – Un paciente en coma guarda una sorpresa imposible 20. El Susurro Eterno – Cierre. Amor, renacimiento, y promesa cumplida � � ️ PRÓLOGO OFICIAL – Susurros de Amor “He amado con nombres diferentes, en idiomas que ya no recuerdo. He nacido en castillos, en chozas, en barcos y en campos de guerra. He muerto en brazos de mis enemigos y en las manos de mis amantes. Pero siempre... he buscado lo mismo. Su voz.” Me llamo Giselle. Soy doctora forense. Trabajo con la muerte todos los días. Pero cada noche... revivo. Hay un hombre que me ama desde antes del tiempo. Y yo… he prometido no dejar de buscarlo. Aunque muera una y otra vez. Aunque olvide su rostro. Aunque nazca en otro cuerpo, en otro siglo, en otro mundo. Esta… es nuestra historia. Una historia de amor y renacimiento. De susurros en el alma.
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Susurros de Amor Dedicatoria para el inicio del libro
07/28/2025
marta vazquez digat
🎁 DEDICATORIA (para el inicio del libro) Agradecimientos A Dios, por ser mi luz y mi inspiración eterna. A mi familia, el corazón que me sostiene: A mi hijo Luis Arnel Digat, a mi nuera Erika Digat, a mis nietos Giselle, Elizabeth, Lizette y Luis Elías Digat. A mi madre Asunción Vázquez y a mi padre Alberto Digat. A mis hermanos: Alberto, Carmen, Berta y Ricardo Digat. A mi esposo, compañero de vida y amor: Armando Gonzales Escobedo. A mi primo, el poeta y guerrero de la palabra: Francisco Leiva, El Guerrero del Verso. Gracias por ser parte de mi alma y mis letras. 🎨 PORTADA – Confirmación creativa ✅ Giselle aparece sola, mirando hacia el horizonte o hacia un mundo etéreo ✅ La presencia difusa de él se intuye detrás: como una silueta, reflejo o energía ✅ Fondo místico: mezcla de relojes antiguos, cielo estrellado, pétalos flotando, ecos del pasado ✅ Nombre en portada: Compositora y Escritora Marta Digat ✨ FRASE POÉTICA PARA PORTADA / CONTRAPORTADA Te propongo esta frase, basada en el alma de tu historia: “Algunas almas no se buscan... se reconocen. Y cuando se encuentran, ni el tiempo ni la muerte pueden separarlas.” ¿Quieres usar esta? O aquí tienes otras opciones para elegir: “El amor no muere… solo se transforma en susurros del alma.” “Cada vida la busco. Cada muerte lo prometo. Siempre lo amaré.” “Susurros de otras vidas… promesas que sobreviven al olvido.” “El destino nos escribe, el alma nos recuerda.”
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La duda Compositora Marta Digat Balada pop Rock
07/27/2025
marta vazquez digat
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Susurros de amor capitulo 2 La rencarnación viste desde un lente romántico y poético, se idealiza como una promesa eterna de un amor que trasciende en el tiempo y el espacio, es una danza del alma que busca rencontrarse con su esencia más limpia y pura en siglos de vida sucesivos, en la creencia de que el alma, en su viaje infinito de evolución y aprendizaje, se viste de nuevos cuerpos para continuar el camino de la experiencia y el amor, a veces reconociéndose al instante , otras veces reconstruyendo un camino para reencontrarse en el futuro , un eterno retorno del amor eterno . De regreso en mi hogar y con la misma sensación de estar enamorada, contemplo la puesta del sol desde mi balcón, la brisa tibia acaricia suavemente mi pelo desprendiendo su perfume esparciéndolo, ligándolo al perfume de las rosas de mi jardín El sol maliciosamente despierta instintos y deseos en mi piel la voz susurrante del Doctor llega hasta mis oídos, esa voz varonil y estremecedora que despierta todas mis fantasías, caigo lentamente en un letargo o remolino que me arrastra hasta la trinchera del campamento donde estamos rodeados por el enemigo 1 de septiembre de 1939 viernes, lugar Polonia, invasión Alemania Nazi Doctor Moczar Wladyslaw a cargo de la misión de trasportar a los heridos graves algún centro hospitalario habilitado con los recursos necesarios para estabilizar, operar y salvar la vida de los soldados Nos encontramos en estos momentos atrincherados tratando de llegar hasta la ambulancia donde ya fueron llevados los heridos y están esperando por nosotros para tratar de romper el cerco del enemigo, misión sumamente peligrosa en la que no se puede cometer ni el más mínimo error Yo soy enfermera del hospital General de la ciudad de Varsovia San Lucas En estos momentos prestando mis servicios como enfermera General en el campo de batalla El doctor y yo nos arrastramos lentamente por el oscuro agujero en dirección al parqueadero donde están resguardadas las ambulancias, la adrenalina me envuelve, mi cerrazón late apresurado, la tierra no deja de estremecerse los aviones alemanes están dejando caer su mortal armamento Doctor tengo mucho miedo dije entre susurros, el Doctor busco mi mano palpando en la oscuridad, ven abrázame dijo tembloroso, Quiero protegerte no Temas jalándome despacio por el brazo hasta su pecho abrazándome tiernamente Señorita Giselle tengo que confesarle algo, dígame Doctor Moczar Yo sé que este no es el momento, pero debido a la gravedad de las circunstancias Y el riesgo que tiene esta misión, no puedo callar por más tiempo, si muero hoy no Quiero llevarme este secreto a la tumba, yo me enamoré de usted desde el primer momento en que la vi, pensaba confesarle mi amor en otras circunstancias, pero quizás no exista un mañana para nosotros, si soy correspondido por usted, hoy es El día que el destino nos marco El me apretó contra su pecho apasionado nuestros labios se fundieron en un beso Ardiente y melancólico las lágrimas brotaron y mojaron nuestras mejillas, no Quiero perderte, siento que eres mi alma gemela que hemos viajados atreves de los siglos para reencontrarnos, nuestro amor nunca dejara de existir te reconozco de otras vidas lejanas, Giselle prométeme que nunca dejaras de buscarme, si Muero hoy quiero llevarme tu promesa a la eternidad donde por siempre te estaré esperando También te he buscado intensamente, le respondo temblorosa, desde que te conocí mi alma inmediatamente te reconoció como su alma gemela, te juro que Nunca dejare de buscarte El callo mis labios con sus labios luego susurro continuemos giselle tenemos una misión importante que cumplir Seguimos arrastrándonos despacio con un pensamiento fijo de que podíamos estallar en cualquier momento alcanzados por el impacto de las bombas, Por fin llegamos al estacionamiento de las ambulancias, donde se nos comunicó que era imposible romper el cerco del enemigo, nuestra misión seria tratar de mantener la vida de los soldados a salvo
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