Susurros de amor autora Marta Digat capitulo # 2 corregido agrandado 2000 palabras listo para imprecion
07/31/2025
2507312658182

About the work

✨ Susurros de Amor – Capítulo 2: El Reencuentro
Autora: Marta Digat

La reencarnación, vista a través de un lente romántico y poético, se idealiza como una promesa eterna: el amor que trasciende el tiempo y el espacio. Es una danza del alma que busca reencontrarse con su esencia más pura a través de siglos de existencia, en la creencia de que el espíritu —en su viaje infinito de evolución y aprendizaje— se viste con nuevos cuerpos para continuar la experiencia… y el amor. A veces, el alma reconoce al instante a quien amó en otra vida. Otras veces, reconstruye el camino poco a poco, hasta lograr el reencuentro. Es el eterno retorno del amor inmortal.

De regreso en mi hogar, la misma sensación de estar enamorada persiste, intensa. Contemplo la puesta del sol desde mi balcón. La brisa tibia acaricia mi cabello, esparciendo su perfume al viento, entrelazándolo con el aroma de las rosas de mi jardín. El sol, pícaro, despierta deseos dormidos en mi piel. Y entonces, como una caricia etérea, la voz del doctor vuelve a susurrarme… Esa voz varonil y estremecedora que sacude todas mis fibras, mis fantasías, mis recuerdos más ocultos. Caigo lentamente en un letargo, un remolino que me arrastra hacia el pasado.

De pronto, estoy ahí... otra vez. En la trinchera.

1 de septiembre de 1939 – Viernes
Polonia – Invasión nazi

Nos encontramos rodeados por el enemigo. El doctor Moczar Wladyslaw está a cargo de una misión desesperada: trasladar a los soldados heridos a un centro médico habilitado, donde aún hay esperanza de estabilizarlos, operarlos… salvarles la vida. Yo soy enfermera del Hospital General San Lucas de Varsovia, pero aquí, en el campo de batalla, soy solo un cuerpo más entre el barro y el miedo. Nos arrastramos con dificultad entre escombros y tierra húmeda. El objetivo: llegar a la ambulancia oculta detrás del parqueadero. Las explosiones retumban, el cielo se oscurece con la sombra de los aviones alemanes.

—Doctor… tengo mucho miedo —digo apenas en un susurro, con la voz entrecortada.

Él extiende su mano y, palpando en la oscuridad, encuentra la mía.

—Ven... abrázame —susurra tembloroso—. Quiero protegerte. No temas...

Tira suavemente de mí hasta que mi cuerpo queda apretado contra su pecho. Me envuelve en un abrazo tibio, y por un instante, el tiempo se detiene.

—Señorita Giselle… tengo que confesarle algo.

—Dígame, Doctor Moczar…

—Sé que no es el momento. Pero si muero hoy, no quiero llevarme este secreto a la tumba. Me enamoré de usted desde el primer instante en que la vi. Quería decírselo en otras circunstancias… pero tal vez no exista un mañana. Si usted me corresponde, este podría ser el día que el destino nos marcó para unirnos.

Me apretó con fuerza. Nuestros labios se buscaron como si se recordaran desde siglos atrás. El beso fue ardiente… y melancólico. Las lágrimas brotaron de nuestros ojos, mezclándose en nuestras mejillas.

—No quiero perderte —dijo él, con la voz quebrada—. Siento que eres mi alma gemela. Que hemos viajado a través de los siglos para reencontrarnos. Nuestro amor nunca morirá. Te reconozco de otras vidas… Giselle, prométeme que nunca dejarás de buscarme. Si muero hoy… quiero llevarme esa promesa a la eternidad. Yo estaré allí, siempre, esperándote.

—También te he buscado intensamente —le respondí temblorosa—. Desde que te vi… mi alma supo que eras tú. Mi gemelo eterno. Te lo juro… nunca dejaré de buscarte.

Él selló mis labios con un nuevo beso. Luego susurró, acariciándome el rostro:

—Continuemos, Giselle. Tenemos una misión importante que cumplir.

Nos arrastramos en silencio. Cada explosión que retumbaba cerca nos hacía cerrar los ojos con fuerza. El pensamiento era uno solo: podemos morir en cualquier momento.

Finalmente, llegamos al área de ambulancias. Pero allí, recibimos una noticia devastadora: era imposible romper el cerco enemigo. La evacuación no se lograría. Nuestra misión, a partir de ese instante, sería simplemente mantener con vida a los heridos el mayor tiempo posible. Sin refuerzos. Sin garantías. Con fe. Y con amor.



Capítulo 2 continuación

Las horas se alargaron como si el tiempo mismo se hubiera detenido. Entre el olor metálico de la sangre y el humo de la pólvora, el doctor y yo trabajábamos sin descanso. Las manos nos temblaban, no por la fragilidad de los cuerpos que atendíamos, sino por la incertidumbre de nuestro destino. Cada herida que limpiábamos, cada vendaje que aplicábamos, cada mirada de esperanza que sosteníamos en aquellos ojos jóvenes nos acercaba más el uno al otro.

—Me pregunto… —musité mientras cerraba los ojos de un soldado que acababa de expirar—, ¿por qué en cada vida tenemos que sufrir la misma pérdida? ¿Por qué nos empeñamos en encontrarnos en tiempos de guerra?

El doctor, enjugando el sudor de su frente con un paño que ya no distinguía de la sangre ajena, me miró con una ternura infinita.

Article
poemas romanticos
poemas de amor
temas ineditos de marta digat

Copyright registered declarations

marta vazquez digat
Author
Consolidated inscription:
Attached documents:
0
Copyright infringement notifications:
0
Contact

Notify irregularities in this registration

AI Availability Declaration

This work cannot be made available to AI systems.

Print work information
Work information

Title Susurros de amor autora Marta Digat capitulo # 2 corregido agrandado 2000 palabras listo para imprecion
✨ Susurros de Amor – Capítulo 2: El Reencuentro
Autora: Marta Digat

La reencarnación, vista a través de un lente romántico y poético, se idealiza como una promesa eterna: el amor que trasciende el tiempo y el espacio. Es una danza del alma que busca reencontrarse con su esencia más pura a través de siglos de existencia, en la creencia de que el espíritu —en su viaje infinito de evolución y aprendizaje— se viste con nuevos cuerpos para continuar la experiencia… y el amor. A veces, el alma reconoce al instante a quien amó en otra vida. Otras veces, reconstruye el camino poco a poco, hasta lograr el reencuentro. Es el eterno retorno del amor inmortal.

De regreso en mi hogar, la misma sensación de estar enamorada persiste, intensa. Contemplo la puesta del sol desde mi balcón. La brisa tibia acaricia mi cabello, esparciendo su perfume al viento, entrelazándolo con el aroma de las rosas de mi jardín. El sol, pícaro, despierta deseos dormidos en mi piel. Y entonces, como una caricia etérea, la voz del doctor vuelve a susurrarme… Esa voz varonil y estremecedora que sacude todas mis fibras, mis fantasías, mis recuerdos más ocultos. Caigo lentamente en un letargo, un remolino que me arrastra hacia el pasado.

De pronto, estoy ahí... otra vez. En la trinchera.

1 de septiembre de 1939 – Viernes
Polonia – Invasión nazi

Nos encontramos rodeados por el enemigo. El doctor Moczar Wladyslaw está a cargo de una misión desesperada: trasladar a los soldados heridos a un centro médico habilitado, donde aún hay esperanza de estabilizarlos, operarlos… salvarles la vida. Yo soy enfermera del Hospital General San Lucas de Varsovia, pero aquí, en el campo de batalla, soy solo un cuerpo más entre el barro y el miedo. Nos arrastramos con dificultad entre escombros y tierra húmeda. El objetivo: llegar a la ambulancia oculta detrás del parqueadero. Las explosiones retumban, el cielo se oscurece con la sombra de los aviones alemanes.

—Doctor… tengo mucho miedo —digo apenas en un susurro, con la voz entrecortada.

Él extiende su mano y, palpando en la oscuridad, encuentra la mía.

—Ven... abrázame —susurra tembloroso—. Quiero protegerte. No temas...

Tira suavemente de mí hasta que mi cuerpo queda apretado contra su pecho. Me envuelve en un abrazo tibio, y por un instante, el tiempo se detiene.

—Señorita Giselle… tengo que confesarle algo.

—Dígame, Doctor Moczar…

—Sé que no es el momento. Pero si muero hoy, no quiero llevarme este secreto a la tumba. Me enamoré de usted desde el primer instante en que la vi. Quería decírselo en otras circunstancias… pero tal vez no exista un mañana. Si usted me corresponde, este podría ser el día que el destino nos marcó para unirnos.

Me apretó con fuerza. Nuestros labios se buscaron como si se recordaran desde siglos atrás. El beso fue ardiente… y melancólico. Las lágrimas brotaron de nuestros ojos, mezclándose en nuestras mejillas.

—No quiero perderte —dijo él, con la voz quebrada—. Siento que eres mi alma gemela. Que hemos viajado a través de los siglos para reencontrarnos. Nuestro amor nunca morirá. Te reconozco de otras vidas… Giselle, prométeme que nunca dejarás de buscarme. Si muero hoy… quiero llevarme esa promesa a la eternidad. Yo estaré allí, siempre, esperándote.

—También te he buscado intensamente —le respondí temblorosa—. Desde que te vi… mi alma supo que eras tú. Mi gemelo eterno. Te lo juro… nunca dejaré de buscarte.

Él selló mis labios con un nuevo beso. Luego susurró, acariciándome el rostro:

—Continuemos, Giselle. Tenemos una misión importante que cumplir.

Nos arrastramos en silencio. Cada explosión que retumbaba cerca nos hacía cerrar los ojos con fuerza. El pensamiento era uno solo: podemos morir en cualquier momento.

Finalmente, llegamos al área de ambulancias. Pero allí, recibimos una noticia devastadora: era imposible romper el cerco enemigo. La evacuación no se lograría. Nuestra misión, a partir de ese instante, sería simplemente mantener con vida a los heridos el mayor tiempo posible. Sin refuerzos. Sin garantías. Con fe. Y con amor.



Capítulo 2 continuación

Las horas se alargaron como si el tiempo mismo se hubiera detenido. Entre el olor metálico de la sangre y el humo de la pólvora, el doctor y yo trabajábamos sin descanso. Las manos nos temblaban, no por la fragilidad de los cuerpos que atendíamos, sino por la incertidumbre de nuestro destino. Cada herida que limpiábamos, cada vendaje que aplicábamos, cada mirada de esperanza que sosteníamos en aquellos ojos jóvenes nos acercaba más el uno al otro.

—Me pregunto… —musité mientras cerraba los ojos de un soldado que acababa de expirar—, ¿por qué en cada vida tenemos que sufrir la misma pérdida? ¿Por qué nos empeñamos en encontrarnos en tiempos de guerra?

El doctor, enjugando el sudor de su frente con un paño que ya no distinguía de la sangre ajena, me miró con una ternura infinita.
Work type Article
Tags poemas romanticos, poemas de amor, temas ineditos de marta digat

-------------------------

Registry info in Safe Creative

Identifier 2507312658182
Entry date Jul 31, 2025, 3:18 AM UTC
License All rights reserved

-------------------------

Copyright registered declarations

Author 100.00 %. Holder marta vazquez digat. Date Jul 31, 2025.


Information available at https://www.safecreative.org/work/2507312658182-susurros-de-amor-autora-marta-digat-capitulo-2-corregido-agrandado-2000-palabras-listo-para-imprecion
© 2026 Safe Creative