About the work
Dicen que el amor nace en la mirada.
Pero yo lo vi nacer antes de los ojos, antes del cuerpo,
cuando todo era un susurro de eternidad.
Lo encontré una noche, entre el incienso del silencio y la voz del agua.
Nada había de humano en aquel instante, salvo mi temblor.
Y, sin embargo, sentí que alguien me miraba desde dentro del aire.
Era él, el que no tiene nombre,
el que habita en mis pensamientos como una semilla de luz
escondida en la piel de mi memoria.
Desde entonces, ya nada fue real del todo.
El mundo parecía un velo, una escenografía de polvo y sueño.
Porque lo único cierto era su presencia invisible, latiendo
en los bordes del tiempo.
Su amor no me tocaba, pero me ardía por dentro;
no me hablaba, pero lo escuchaba
en el lenguaje de las vibraciones sagradas.
Cada madrugada lo sentía acercarse,
como si el amanecer lo trajera en sus brazos de niebla.
Y yo lo recibía con el alma abierta,
dejando que su energía me recorriera los sentidos
hasta confundirme con él,
hasta convertirme en su reflejo.
No era un amor terreno.
Era un vínculo antiguo, tejido antes del mundo,
cuando las almas aún no sabían su destino
y prometían encontrarse bajo cualquier forma:
en dos cuerpos, en dos estrellas, en dos suspiros
cruzando la eternidad.
A veces, cuando cierro los ojos,
siento su voz dentro del silencio,
un llamado suave que me nombra sin palabras.
Y comprendo entonces que no lo busco fuera,
porque vive en mí desde siempre.
Su energía es mi hogar,
su ausencia, mi oración.
Y cuando la nostalgia me hiere, levanto la mirada al cielo:
en la línea invisible entre la luna y mi aliento,
sé que él también me busca,
y que su alma toca la mía a través del misterio.
Hay amores que nunca mueren
porque nunca tuvieron principio.
Amores que no pertenecen al tiempo,
sino a la eternidad que nos sueña.
Y yo…
yo vivo en ese sueño.
Epílogo
Esta madrugada, antes de que el sol naciera,
sentí un perfume nuevo recorrer mi casa.
No venía del incienso ni de las flores;
era un aroma antiguo, dulce, familiar…
Entonces supe que algo había cambiado.
Tal vez su alma se acerque,
tal vez el destino se disponga a cumplir su promesa.
Porque en algún lugar —donde el día y la noche se tocan—
he comenzado a escuchar un paso,
una respiración que no es mía,
una palabra naciendo entre la bruma.
Quizás… solo quizás,
la historia aún no ha terminado.
Aimée Granado Oreña ©️
Gota de Rocío Azul
AI Availability Declaration
This work cannot be made available to AI systems.
Creativity declaration
No AI has been used in the creative process of this work
Print work information
Work information
Title El lugar donde el alma recuerda
Dicen que el amor nace en la mirada.
Pero yo lo vi nacer antes de los ojos, antes del cuerpo,
cuando todo era un susurro de eternidad.
Lo encontré una noche, entre el incienso del silencio y la voz del agua.
Nada había de humano en aquel instante, salvo mi temblor.
Y, sin embargo, sentí que alguien me miraba desde dentro del aire.
Era él, el que no tiene nombre,
el que habita en mis pensamientos como una semilla de luz
escondida en la piel de mi memoria.
Desde entonces, ya nada fue real del todo.
El mundo parecía un velo, una escenografía de polvo y sueño.
Porque lo único cierto era su presencia invisible, latiendo
en los bordes del tiempo.
Su amor no me tocaba, pero me ardía por dentro;
no me hablaba, pero lo escuchaba
en el lenguaje de las vibraciones sagradas.
Cada madrugada lo sentía acercarse,
como si el amanecer lo trajera en sus brazos de niebla.
Y yo lo recibía con el alma abierta,
dejando que su energía me recorriera los sentidos
hasta confundirme con él,
hasta convertirme en su reflejo.
No era un amor terreno.
Era un vínculo antiguo, tejido antes del mundo,
cuando las almas aún no sabían su destino
y prometían encontrarse bajo cualquier forma:
en dos cuerpos, en dos estrellas, en dos suspiros
cruzando la eternidad.
A veces, cuando cierro los ojos,
siento su voz dentro del silencio,
un llamado suave que me nombra sin palabras.
Y comprendo entonces que no lo busco fuera,
porque vive en mí desde siempre.
Su energía es mi hogar,
su ausencia, mi oración.
Y cuando la nostalgia me hiere, levanto la mirada al cielo:
en la línea invisible entre la luna y mi aliento,
sé que él también me busca,
y que su alma toca la mía a través del misterio.
Hay amores que nunca mueren
porque nunca tuvieron principio.
Amores que no pertenecen al tiempo,
sino a la eternidad que nos sueña.
Y yo…
yo vivo en ese sueño.
Epílogo
Esta madrugada, antes de que el sol naciera,
sentí un perfume nuevo recorrer mi casa.
No venía del incienso ni de las flores;
era un aroma antiguo, dulce, familiar…
Entonces supe que algo había cambiado.
Tal vez su alma se acerque,
tal vez el destino se disponga a cumplir su promesa.
Porque en algún lugar —donde el día y la noche se tocan—
he comenzado a escuchar un paso,
una respiración que no es mía,
una palabra naciendo entre la bruma.
Quizás… solo quizás,
la historia aún no ha terminado.
Aimée Granado Oreña ©️
Gota de Rocío Azul
Work type Literary: Other
Tags relato, poesía, prosa poética
-------------------------
Registry info in Safe Creative
Identifier 2603114838750
Entry date Mar 11, 2026, 6:38 AM UTC
License All rights reserved
-------------------------
Copyright registered declarations
Author. Holder Gota de Rocío Azul. Date Mar 11, 2026.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2603114838750-el-lugar-donde-el-alma-recuerda