Donde el mar guarda tu nombre (Relato poético a la luz de la luna)
03/11/2026
2603114838590

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Hay noches en que el mar me habla de ti.
No usa palabras, no conoce tu rostro,
pero en cada ola trae un suspiro que te recuerda.
Entonces entiendo que no soy yo quien te añora solamente:
es el mar, que aprendió tu nombre el día en que nuestras miradas
se encontraron por primera vez sobre su orilla.

Aquella noche la luna nos miraba fija,
como si supiera que ese amor estaba escrito
solo para durar un instante
y luego arder para siempre en la memoria.
No nos tocamos mucho, casi nada,
pero el silencio entre los dos
tenía la densidad de un abrazo que no se atrevió a nacer.

El mar, cómplice y celoso,
nos rodeaba con su rumor antiguo.
Parecía decirnos que todo lo que se ama demasiado
corre el riesgo de pertenecer sólo al recuerdo.
Tú sonreías con tristeza
y en tus ojos había un viaje que no me incluía.
Yo lo supe, aunque no dijiste nada.
Lo supe porque la luna tembló sobre el agua
como una verdad que no quería ser revelada.

Desde entonces regreso a la misma playa
cuando la noche se viste de plata.
Camino descalza sobre la arena fría,
dejando que el mar bese mis pasos
como si pudiera seguir el rastro que dejaste en mí.
Hablo con las olas,
les pregunto si te han visto,
si recuerdan la forma en que mirabas el horizonte
como quien mira una puerta abierta
hacia otra vida.

El mar responde rompiendo contra las rocas,
levantando espuma como un sudario luminoso.
En cada resaca se lleva un poco de mi pena,
pero me devuelve tu sombra,
más nítida, más lejana, más imposible.

La luna, testigo implacable,
lo ilumina todo con una claridad que duele.
En su luz comprendo que tu destino y el mío
corren por cauces distintos,
como dos ríos que sueñan con encontrarse
y solo se rozan en la desembocadura de un instante.

Sin embargo, el mar insiste.
Me rodea los tobillos, me llama, me envuelve.
Parece decirme que ningún amor es del todo imposible
mientras exista un lugar donde la memoria lo invoque.
Y yo, obediente a ese llamado antiguo,
cierro los ojos y pronuncio tu nombre en secreto,
dejando que el viento lo lleve hasta el centro de las olas.

Tal vez tú también sientas, en alguna otra orilla,
un estremecimiento inexplicable cuando miras la luna.
Tal vez creas que es el frío de la noche,
sin saber que es mi voz,
navegando en silencio
sobre el mar que nos recuerda.

Porque hay amores que no llegan a ser
y, sin embargo, nunca dejan de suceder
en la marea invisible de la añoranza.
Y el mar…
el mar lo sabe.










Epílogo

Esta noche, la luna ha descendido un poco más
sobre la línea oscura del horizonte.
El mar está extrañamente quieto,
como si aguardara algo que aún no se atreve a nombrar.

Entre el rumor lejano de las olas
he creído escuchar unos pasos en la arena,
una respiración cercana,
un silencio que no es solo mío.

No sé si eres tú
o es el destino probando mis latidos.
Solo sé que el mar ha comenzado a brillar distinto,
como si en su pecho de agua
guardara un secreto a punto de revelarse.

Tal vez mañana,
o en otra noche nacida de esta misma luna,
alguien pronuncie mi nombre en alguna orilla
y el mar responda con la historia
que aún no nos hemos atrevido a vivir.

Aimée Granado Oreña ©️
Gota de Rocío Azul

Literary: Other
poesía
prosa poética
relato

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Title Donde el mar guarda tu nombre (Relato poético a la luz de la luna)
Hay noches en que el mar me habla de ti.
No usa palabras, no conoce tu rostro,
pero en cada ola trae un suspiro que te recuerda.
Entonces entiendo que no soy yo quien te añora solamente:
es el mar, que aprendió tu nombre el día en que nuestras miradas
se encontraron por primera vez sobre su orilla.

Aquella noche la luna nos miraba fija,
como si supiera que ese amor estaba escrito
solo para durar un instante
y luego arder para siempre en la memoria.
No nos tocamos mucho, casi nada,
pero el silencio entre los dos
tenía la densidad de un abrazo que no se atrevió a nacer.

El mar, cómplice y celoso,
nos rodeaba con su rumor antiguo.
Parecía decirnos que todo lo que se ama demasiado
corre el riesgo de pertenecer sólo al recuerdo.
Tú sonreías con tristeza
y en tus ojos había un viaje que no me incluía.
Yo lo supe, aunque no dijiste nada.
Lo supe porque la luna tembló sobre el agua
como una verdad que no quería ser revelada.

Desde entonces regreso a la misma playa
cuando la noche se viste de plata.
Camino descalza sobre la arena fría,
dejando que el mar bese mis pasos
como si pudiera seguir el rastro que dejaste en mí.
Hablo con las olas,
les pregunto si te han visto,
si recuerdan la forma en que mirabas el horizonte
como quien mira una puerta abierta
hacia otra vida.

El mar responde rompiendo contra las rocas,
levantando espuma como un sudario luminoso.
En cada resaca se lleva un poco de mi pena,
pero me devuelve tu sombra,
más nítida, más lejana, más imposible.

La luna, testigo implacable,
lo ilumina todo con una claridad que duele.
En su luz comprendo que tu destino y el mío
corren por cauces distintos,
como dos ríos que sueñan con encontrarse
y solo se rozan en la desembocadura de un instante.

Sin embargo, el mar insiste.
Me rodea los tobillos, me llama, me envuelve.
Parece decirme que ningún amor es del todo imposible
mientras exista un lugar donde la memoria lo invoque.
Y yo, obediente a ese llamado antiguo,
cierro los ojos y pronuncio tu nombre en secreto,
dejando que el viento lo lleve hasta el centro de las olas.

Tal vez tú también sientas, en alguna otra orilla,
un estremecimiento inexplicable cuando miras la luna.
Tal vez creas que es el frío de la noche,
sin saber que es mi voz,
navegando en silencio
sobre el mar que nos recuerda.

Porque hay amores que no llegan a ser
y, sin embargo, nunca dejan de suceder
en la marea invisible de la añoranza.
Y el mar…
el mar lo sabe.










Epílogo

Esta noche, la luna ha descendido un poco más
sobre la línea oscura del horizonte.
El mar está extrañamente quieto,
como si aguardara algo que aún no se atreve a nombrar.

Entre el rumor lejano de las olas
he creído escuchar unos pasos en la arena,
una respiración cercana,
un silencio que no es solo mío.

No sé si eres tú
o es el destino probando mis latidos.
Solo sé que el mar ha comenzado a brillar distinto,
como si en su pecho de agua
guardara un secreto a punto de revelarse.

Tal vez mañana,
o en otra noche nacida de esta misma luna,
alguien pronuncie mi nombre en alguna orilla
y el mar responda con la historia
que aún no nos hemos atrevido a vivir.

Aimée Granado Oreña ©️
Gota de Rocío Azul
Work type Literary: Other
Tags poesía, prosa poética, relato

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Identifier 2603114838590
Entry date Mar 11, 2026, 6:31 AM UTC
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Author. Holder Gota de Rocío Azul. Date Mar 11, 2026.


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