About the work
En medio del silencio atronador de mi habitación, me encuentro sentada frente al ventanal que da hacia una ciudad gris y desvanecida, pensando en cómo puedo iniciar a escribir esta historia desgarradora y llena de aprendizaje de esta misteriosa y cautivante mujer llamada Gardenia.
En medio del gris en el cielo pienso que así de descolorida es la existencia interior de aquella mujer. La luz mortecina de la tarde entra a través de las cortinas, dejando asomar sombras que parecen más vívidas que su propio estado emocional.
En momentos como este observo lo consciente que puede llegar a ser sobre su absoluta desconexión, una sensación que ha sido su compañera constante durante años, una sombra que la envuelve y la mantiene en un territorio de real y absoluta indiferencia.
No recuerdo exactamente cuándo dejó de sentir.
Fue un proceso tan sutil como la erosión silenciosa de una roca por el agua, imperceptible al principio, pero demoledor con el tiempo. Sus días transcurren en una especie de nebulosa gris, donde las emociones no existen más que como conceptos abstractos que escucha en conversaciones ajenas o lee en libros que nunca logró experimentar realmente.
La indiferencia se ha convertido en su mecanismo de supervivencia, un escudo invisible que construyó meticulosamente para protegerse del dolor. Pero este escudo se ha transformado en una prisión, un territorio donde la ausencia de sentimientos es más asfixiante que cualquier emoción negativa. Sus relaciones se han reducido a interacciones superficiales, conversaciones carentes de profundidad donde juega el papel de un títere social, respondiendo con frases ensayadas y gestos mecánicos.
Sus amigos, si es que aún puede llamarlos así, han dejado de intentar penetrar en su coraza. Algunos se han alejado gradualmente, otros han intentado sacudirla con confrontaciones directas que rebotaban en su inexpresividad como piedras contra un muro de concreto.
Su familia ha optado por resignacinarse, sin lograr comprender realmente qué sucede en el interior de esa alma.
El trabajo se ha convertido en su único refugio, un espacio donde la rutina y la estructura le proporcionan una sensación artificial de propósito. Ejecuta tareas con precisión mecánica, sin experimentar la más mínima conexión con lo que hace.
Es eficiente, pero vacía. Una máquina perfectamente calibrada que cumple funciones sin alma, sin pasión, sin verdadero compromiso.
A veces se observa en el espejo y siente que es una completa extraña, se mira y es como si estuviera contemplando a una desconocida. Su mirada perdida refleja ese vacío interno, esa sequedad emocional que habita en ella. No hay tristeza en sus ojos, tampoco alegría; solo una neutralidad absoluta que resulta más aterradora que cualquier estado de ánimo negativo.
Reconozco que al verla me doy cuenta de que su desconexión no es un estado natural, sino el resultado de múltiples capas de dolor contenido, de experiencias no procesadas que se han sedimentado en su interior como una capa gruesa de ceniza. Cada recuerdo doloroso, cada herida no sanada, ha contribuido a construir ese muro de indiferencia que la protege, pero simultáneamente la aísla del mundo.
Lo extraño en todo esto es que no busca compasión, ni comprensión inmediata. Simplemente busca entender cómo llegó hasta aquí, cómo su capacidad de sentir se fue desvaneciendo tan gradualmente que ni siquiera se dio cuenta del momento exacto en que sucedió.
Hoy nos embarcamos en un viaje en el que Gardenia, tendrá como reto desentrañar los orígenes de esa sequedad, comprender los mecanismos que la llevaron a ese estado de absoluta desconexión emocional.
Hacerla consciente de que hay algo más allá de esa existencia gris. Una parte diminuta de ella, quizás la última que conserva una chispa de esperanza, intuye que la posibilidad de reconectar no se ha perdido completamente.
Será un camino difícil, doloroso, pero necesario. Un sendero hacia la recuperación de su capacidad de sentir, de experimentar el mundo con toda su complejidad y profundidad.
Y demostrarse que es capaz de volver a vivir, de volver a sentir, de volver a reír, de volver a mirarse al espejo y reconocer ese brillo majestuoso que siempre tenían sus ojos.
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Creativity declaration
This work may be perceived as informative or factual, but it is fiction.
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Title SECA
En medio del silencio atronador de mi habitación, me encuentro sentada frente al ventanal que da hacia una ciudad gris y desvanecida, pensando en cómo puedo iniciar a escribir esta historia desgarradora y llena de aprendizaje de esta misteriosa y cautivante mujer llamada Gardenia.
En medio del gris en el cielo pienso que así de descolorida es la existencia interior de aquella mujer. La luz mortecina de la tarde entra a través de las cortinas, dejando asomar sombras que parecen más vívidas que su propio estado emocional.
En momentos como este observo lo consciente que puede llegar a ser sobre su absoluta desconexión, una sensación que ha sido su compañera constante durante años, una sombra que la envuelve y la mantiene en un territorio de real y absoluta indiferencia.
No recuerdo exactamente cuándo dejó de sentir.
Fue un proceso tan sutil como la erosión silenciosa de una roca por el agua, imperceptible al principio, pero demoledor con el tiempo. Sus días transcurren en una especie de nebulosa gris, donde las emociones no existen más que como conceptos abstractos que escucha en conversaciones ajenas o lee en libros que nunca logró experimentar realmente.
La indiferencia se ha convertido en su mecanismo de supervivencia, un escudo invisible que construyó meticulosamente para protegerse del dolor. Pero este escudo se ha transformado en una prisión, un territorio donde la ausencia de sentimientos es más asfixiante que cualquier emoción negativa. Sus relaciones se han reducido a interacciones superficiales, conversaciones carentes de profundidad donde juega el papel de un títere social, respondiendo con frases ensayadas y gestos mecánicos.
Sus amigos, si es que aún puede llamarlos así, han dejado de intentar penetrar en su coraza. Algunos se han alejado gradualmente, otros han intentado sacudirla con confrontaciones directas que rebotaban en su inexpresividad como piedras contra un muro de concreto.
Su familia ha optado por resignacinarse, sin lograr comprender realmente qué sucede en el interior de esa alma.
El trabajo se ha convertido en su único refugio, un espacio donde la rutina y la estructura le proporcionan una sensación artificial de propósito. Ejecuta tareas con precisión mecánica, sin experimentar la más mínima conexión con lo que hace.
Es eficiente, pero vacía. Una máquina perfectamente calibrada que cumple funciones sin alma, sin pasión, sin verdadero compromiso.
A veces se observa en el espejo y siente que es una completa extraña, se mira y es como si estuviera contemplando a una desconocida. Su mirada perdida refleja ese vacío interno, esa sequedad emocional que habita en ella. No hay tristeza en sus ojos, tampoco alegría; solo una neutralidad absoluta que resulta más aterradora que cualquier estado de ánimo negativo.
Reconozco que al verla me doy cuenta de que su desconexión no es un estado natural, sino el resultado de múltiples capas de dolor contenido, de experiencias no procesadas que se han sedimentado en su interior como una capa gruesa de ceniza. Cada recuerdo doloroso, cada herida no sanada, ha contribuido a construir ese muro de indiferencia que la protege, pero simultáneamente la aísla del mundo.
Lo extraño en todo esto es que no busca compasión, ni comprensión inmediata. Simplemente busca entender cómo llegó hasta aquí, cómo su capacidad de sentir se fue desvaneciendo tan gradualmente que ni siquiera se dio cuenta del momento exacto en que sucedió.
Hoy nos embarcamos en un viaje en el que Gardenia, tendrá como reto desentrañar los orígenes de esa sequedad, comprender los mecanismos que la llevaron a ese estado de absoluta desconexión emocional.
Hacerla consciente de que hay algo más allá de esa existencia gris. Una parte diminuta de ella, quizás la última que conserva una chispa de esperanza, intuye que la posibilidad de reconectar no se ha perdido completamente.
Será un camino difícil, doloroso, pero necesario. Un sendero hacia la recuperación de su capacidad de sentir, de experimentar el mundo con toda su complejidad y profundidad.
Y demostrarse que es capaz de volver a vivir, de volver a sentir, de volver a reír, de volver a mirarse al espejo y reconocer ese brillo majestuoso que siempre tenían sus ojos.
Work type Literary: Other
Tags novela, ficción
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Registry info in Safe Creative
Identifier 2601124245162
Entry date Jan 12, 2026, 5:03 PM UTC
License All rights reserved
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Copyright registered declarations
Author 100.00 %. Holder Johanna Rodriguez Aquino. Date Jan 12, 2026.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2601124245162-seca