Cayendo sobre el lecho,
al fin de un día largo.
Recordé lo que una vez
había olvidado:
Que casi fui tu esposa;
después nos ensuciaron.
La espina de los celos;
promesas de un anillo plateado.
Los gritos desde lejos,
de inicio duro y desenlace amargo.
¡Que siga nuestra historia,
descrita por aquél puño dorado!
Oré, oré y oré sobre lo orado:
a quien dibuja el cielo,
que mi sentir lo guarde, arropado.
Que olvide malos juicios
y absuelva al corazón enamorado.
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