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Lala (12 años) vive con sus padres y su gato en un apartamento con un grave problema con el sonido. Su vecino los hostiga todo el tiempo y deben vivir casi «con sordina». Atravesando una preadolescencia difícil, un día Lala comienza a manifestar ciertos cambios en su cuerpo y su mente. Lo que sus padres interpretan como pubertad, es algo diferente: Lala se está convirtiendo en bruja.
Su relación con su madre es tensa. Su padre casi no estuvo presente en su crecimiento, y no encuentra forma de contarles (y mostrarles) cómo sus poderes se están desarrollando. Aunque las palabras son importantes para esa familia (por múltiples motivos que iremos conociendo), todas esas palabras no ayudan a una buena comunicación.
Manifestando esos poderes nuevos que no controla, Lala hace hablar a su gato (que se convierte en el narrador de la historia) y atraviesa un extraño y confuso ciclo de fallidos intentos para dominar la magia y su propia frustración. ¡Y para que alguien le crea! En ese camino, hace desaparecer toda la basura de la ciudad, suspende las clases de la escuela, aleja y lastima a su mejor amiga y muchos hechizos más, sin conseguir entender cómo revertir o usar la magia para un buen fin. Y conoce a otra bruja como ella, Natalia, quien la deja con más preguntas que respuestas. El problema de Lala es que las preguntas que se hace todavía son las equivocadas.
En tanto, la relación con su madre Mirta se deteriora cada vez más. Mirta está superada por una crianza difícil y cuando Lala se escapa de la escuela y no regresa a casa por unas horas, se trenzan en una discusión que hace que Lala silencie a su padre y haga algo peor: desaparece a su madre.
¿Cómo hará para revertir ese hechizo espantoso? No parece encontrar la forma, hasta que Lala va a la plaza y, ante un aparente apocalipsis provocado por ella, encuentra dos elementos importantes: la palabra mágica y la forma de entender por qué su madre es cómo es y por qué ella le guarda tanto rencor. Así, puede deshacer el nudo de la magia y volver todo a la normalidad para, finalmente, comenzar a sanar el vínculo y convertirse en lo que debe ser: una futura mujer, una hija, una bruja.
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Lala (12 años) vive con sus padres y su gato en un apartamento con un grave problema con el sonido. Su vecino los hostiga todo el tiempo y deben vivir casi «con sordina». Atravesando una preadolescencia difícil, un día Lala comienza a manifestar ciertos cambios en su cuerpo y su mente. Lo que sus padres interpretan como pubertad, es algo diferente: Lala se está convirtiendo en bruja.
Su relación con su madre es tensa. Su padre casi no estuvo presente en su crecimiento, y no encuentra forma de contarles (y mostrarles) cómo sus poderes se están desarrollando. Aunque las palabras son importantes para esa familia (por múltiples motivos que iremos conociendo), todas esas palabras no ayudan a una buena comunicación.
Manifestando esos poderes nuevos que no controla, Lala hace hablar a su gato (que se convierte en el narrador de la historia) y atraviesa un extraño y confuso ciclo de fallidos intentos para dominar la magia y su propia frustración. ¡Y para que alguien le crea! En ese camino, hace desaparecer toda la basura de la ciudad, suspende las clases de la escuela, aleja y lastima a su mejor amiga y muchos hechizos más, sin conseguir entender cómo revertir o usar la magia para un buen fin. Y conoce a otra bruja como ella, Natalia, quien la deja con más preguntas que respuestas. El problema de Lala es que las preguntas que se hace todavía son las equivocadas.
En tanto, la relación con su madre Mirta se deteriora cada vez más. Mirta está superada por una crianza difícil y cuando Lala se escapa de la escuela y no regresa a casa por unas horas, se trenzan en una discusión que hace que Lala silencie a su padre y haga algo peor: desaparece a su madre.
¿Cómo hará para revertir ese hechizo espantoso? No parece encontrar la forma, hasta que Lala va a la plaza y, ante un aparente apocalipsis provocado por ella, encuentra dos elementos importantes: la palabra mágica y la forma de entender por qué su madre es cómo es y por qué ella le guarda tanto rencor. Así, puede deshacer el nudo de la magia y volver todo a la normalidad para, finalmente, comenzar a sanar el vínculo y convertirse en lo que debe ser: una futura mujer, una hija, una bruja.
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Lala (12 años) vive con sus padres y su gato en un apartamento con un grave problema con el sonido. Su vecino los hostiga todo el tiempo y deben vivir casi «con sordina». Atravesando una preadolescencia difícil, un día Lala comienza a manifestar ciertos cambios en su cuerpo y su mente. Lo que sus padres interpretan como pubertad, es algo diferente: Lala se está convirtiendo en bruja.
Su relación con su madre es tensa. Su padre casi no estuvo presente en su crecimiento, y no encuentra forma de contarles (y mostrarles) cómo sus poderes se están desarrollando. Aunque las palabras son importantes para esa familia (por múltiples motivos que iremos conociendo), todas esas palabras no ayudan a una buena comunicación.
Manifestando esos poderes nuevos que no controla, Lala hace hablar a su gato (que se convierte en el narrador de la historia) y atraviesa un extraño y confuso ciclo de fallidos intentos para dominar la magia y su propia frustración. ¡Y para que alguien le crea! En ese camino, hace desaparecer toda la basura de la ciudad, suspende las clases de la escuela, aleja y lastima a su mejor amiga y muchos hechizos más, sin conseguir entender cómo revertir o usar la magia para un buen fin. Y conoce a otra bruja como ella, Natalia, quien la deja con más preguntas que respuestas. El problema de Lala es que las preguntas que se hace todavía son las equivocadas.
En tanto, la relación con su madre Mirta se deteriora cada vez más. Mirta está superada por una crianza difícil y cuando Lala se escapa de la escuela y no regresa a casa por unas horas, se trenzan en una discusión que hace que Lala silencie a su padre y haga algo peor: desaparece a su madre.
¿Cómo hará para revertir ese hechizo espantoso? No parece encontrar la forma, hasta que Lala va a la plaza y, ante un aparente apocalipsis provocado por ella, encuentra dos elementos importantes: la palabra mágica y la forma de entender por qué su madre es cómo es y por qué ella le guarda tanto rencor. Así, puede deshacer el nudo de la magia y volver todo a la normalidad para, finalmente, comenzar a sanar el vínculo y convertirse en lo que debe ser: una futura mujer, una hija, una bruja.
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Title Cuando me convertí en bruja
Lala (12 años) vive con sus padres y su gato en un apartamento con un grave problema con el sonido. Su vecino los hostiga todo el tiempo y deben vivir casi «con sordina». Atravesando una preadolescencia difícil, un día Lala comienza a manifestar ciertos cambios en su cuerpo y su mente. Lo que sus padres interpretan como pubertad, es algo diferente: Lala se está convirtiendo en bruja.
Su relación con su madre es tensa. Su padre casi no estuvo presente en su crecimiento, y no encuentra forma de contarles (y mostrarles) cómo sus poderes se están desarrollando. Aunque las palabras son importantes para esa familia (por múltiples motivos que iremos conociendo), todas esas palabras no ayudan a una buena comunicación.
Manifestando esos poderes nuevos que no controla, Lala hace hablar a su gato (que se convierte en el narrador de la historia) y atraviesa un extraño y confuso ciclo de fallidos intentos para dominar la magia y su propia frustración. ¡Y para que alguien le crea! En ese camino, hace desaparecer toda la basura de la ciudad, suspende las clases de la escuela, aleja y lastima a su mejor amiga y muchos hechizos más, sin conseguir entender cómo revertir o usar la magia para un buen fin. Y conoce a otra bruja como ella, Natalia, quien la deja con más preguntas que respuestas. El problema de Lala es que las preguntas que se hace todavía son las equivocadas.
En tanto, la relación con su madre Mirta se deteriora cada vez más. Mirta está superada por una crianza difícil y cuando Lala se escapa de la escuela y no regresa a casa por unas horas, se trenzan en una discusión que hace que Lala silencie a su padre y haga algo peor: desaparece a su madre.
¿Cómo hará para revertir ese hechizo espantoso? No parece encontrar la forma, hasta que Lala va a la plaza y, ante un aparente apocalipsis provocado por ella, encuentra dos elementos importantes: la palabra mágica y la forma de entender por qué su madre es cómo es y por qué ella le guarda tanto rencor. Así, puede deshacer el nudo de la magia y volver todo a la normalidad para, finalmente, comenzar a sanar el vínculo y convertirse en lo que debe ser: una futura mujer, una hija, una bruja.
Work type Script
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Registry info in Safe Creative
Identifier 2508282924451
Entry date Aug 28, 2025, 4:57 PM UTC
License All rights reserved
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Author 50.00 %. Holder Florencia Canosa. Date Aug 28, 2025.
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Revision of: 2410039689592 - Cuando me convertí en bruja
Revised in: 2508282925403 - Cuando me convertí en bruja
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