Capítulo 16 – El Manuscrito Perdido “Cuando las palabras viajan a través de los siglos” Houston, presente.
08/13/2025
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Capítulo 16 – El Manuscrito Perdido
“Cuando las palabras viajan a través de los siglos”

Houston, presente.

La noche estaba cubierta por un manto de nubes bajas que ocultaban la luna. La ciudad, vista desde el ventanal del apartamento de Giselle, parecía un mosaico de luces doradas y rojas que titilaban entre la neblina provocada por la lluvia. Las gotas golpeaban el cristal con un compás irregular, y en el interior reinaba un silencio profundo, roto únicamente por el zumbido lejano del refrigerador y el leve tic-tac de un reloj de pared.

Giselle estaba inclinada sobre su escritorio, revisando unos informes forenses. La luz cálida de la lámpara creaba un círculo dorado sobre las carpetas abiertas, resaltando las fotografías y las páginas llenas de anotaciones. Afuera, el murmullo constante de la lluvia la mantenía en un estado de concentración casi hipnótico.

Hasta que escuchó un golpe seco en la puerta.

No era un timbre. No eran pasos. Era un único golpe, firme, y después… silencio.

Se levantó despacio. El sonido de la madera crujiendo bajo sus pies contrastó con el murmullo apagado de la tormenta. Al abrir la puerta, el pasillo estaba vacío. Ni un vecino, ni un sonido lejano de ascensor. Solo el eco de la lluvia en las ventanas del edificio.

En el suelo, frente a ella, había un paquete rectangular envuelto en papel kraft, atado con una cinta roja que parecía haber sido anudada con esmero. El agua de la tormenta apenas lo había tocado, como si hubiera sido colocado allí unos segundos antes.

Su nombre estaba escrito a mano, en tinta negra. No había remitente.

Lo recogió. Era más pesado de lo que imaginaba. Un escalofrío le recorrió la espalda mientras cerraba la puerta tras de sí y caminaba hacia el escritorio. La cinta se deslizó con facilidad, como si realmente estuviera esperando ser abierta. El sonido del papel kraft rompiéndose resonó en la habitación como un susurro inquietante.

Dentro, descansaba un cuaderno de cuero envejecido, cubierto por una fina capa de polvo. El cuero estaba agrietado en las esquinas y desprendía un aroma a papel antiguo, mezclado con algo más… un leve rastro salino, como si hubiera viajado cerca del mar.

En la portada, grabado con delicadeza, estaba el símbolo que la hizo detenerse: la marca en forma de cometa.

Sus dedos, temblorosos, recorrieron el relieve de aquel dibujo. Sintió un calor extraño en la yema de los dedos, como si al tocarlo hubiera despertado un recuerdo dormido. Cerró los ojos y, por un instante, no estuvo en su apartamento: estaba en una habitación iluminada por velas, escuchando el rumor del Atlántico golpeando un muelle de piedra.

Abrió la primera página. La tinta estaba algo desvanecida, pero aún legible. Su corazón dio un salto cuando reconoció la caligrafía. No era similar a la suya. Era suya.

Fechada en 1623, la primera línea decía:
"Si mis manos vuelven a escribir estas palabras en otro tiempo, es porque la promesa aún no se ha cumplido."

Se inclinó sobre el cuaderno, leyendo con avidez. El manuscrito narraba la vida de una mujer que no recordaba del todo, pero que reconocía en cada palabra: una curandera que vivía en un pequeño pueblo costero de Portugal. Las páginas hablaban del olor del romero secándose al sol, del sonido de las campanas de la iglesia, y de un marinero que partía en cada amanecer y volvía al anochecer con historias de mares lejanos.

El amor entre ellos se tejía en gestos: una mano que rozaba la otra al pasar, una sonrisa compartida al final de una misa, un beso furtivo bajo las vigas del puerto. Pero en medio de esas páginas dulces, comenzaron a aparecer frases oscuras: advertencias sobre hombres que espiaban desde las sombras, sobre cartas interceptadas, sobre voces que le decían que él corría peligro.

En las últimas páginas, la voz de esa mujer —su propia voz, siglos atrás— le hablaba directamente:
"No confíes en quienes dicen protegerte. Él está más cerca de lo que imaginas, pero el peligro también."

Giselle se detuvo. Releyó la frase varias veces, sintiendo que cada palabra se clavaba como un eco en el presente.

Al final del cuaderno, doblado entre las hojas, había un mapa dibujado a mano. La tinta estaba desvaída, y el papel amarillento tenía manchas de humedad. Mostraba un barrio antiguo junto al mar. Reconoció la traza de las calles, las plazas pequeñas, los callejones estrechos. Lisboa.

Junto al mapa, escrita en letras firmes, había una frase:
"Allí encontrarás su nombre verdadero."

El corazón de Giselle comenzó a latir con fuerza. Se recostó en la silla, sintiendo un vértigo extraño, como si las paredes de su apartamento se hubieran encogido. No estaba sola en esta búsqueda. Alguien más sabía lo que estaba intentando descubrir… y había decidido guiarla.

O tal vez, advertirla.

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temas ineditos de marta digat
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Title Capítulo 16 – El Manuscrito Perdido “Cuando las palabras viajan a través de los siglos” Houston, presente.
Capítulo 16 – El Manuscrito Perdido
“Cuando las palabras viajan a través de los siglos”

Houston, presente.

La noche estaba cubierta por un manto de nubes bajas que ocultaban la luna. La ciudad, vista desde el ventanal del apartamento de Giselle, parecía un mosaico de luces doradas y rojas que titilaban entre la neblina provocada por la lluvia. Las gotas golpeaban el cristal con un compás irregular, y en el interior reinaba un silencio profundo, roto únicamente por el zumbido lejano del refrigerador y el leve tic-tac de un reloj de pared.

Giselle estaba inclinada sobre su escritorio, revisando unos informes forenses. La luz cálida de la lámpara creaba un círculo dorado sobre las carpetas abiertas, resaltando las fotografías y las páginas llenas de anotaciones. Afuera, el murmullo constante de la lluvia la mantenía en un estado de concentración casi hipnótico.

Hasta que escuchó un golpe seco en la puerta.

No era un timbre. No eran pasos. Era un único golpe, firme, y después… silencio.

Se levantó despacio. El sonido de la madera crujiendo bajo sus pies contrastó con el murmullo apagado de la tormenta. Al abrir la puerta, el pasillo estaba vacío. Ni un vecino, ni un sonido lejano de ascensor. Solo el eco de la lluvia en las ventanas del edificio.

En el suelo, frente a ella, había un paquete rectangular envuelto en papel kraft, atado con una cinta roja que parecía haber sido anudada con esmero. El agua de la tormenta apenas lo había tocado, como si hubiera sido colocado allí unos segundos antes.

Su nombre estaba escrito a mano, en tinta negra. No había remitente.

Lo recogió. Era más pesado de lo que imaginaba. Un escalofrío le recorrió la espalda mientras cerraba la puerta tras de sí y caminaba hacia el escritorio. La cinta se deslizó con facilidad, como si realmente estuviera esperando ser abierta. El sonido del papel kraft rompiéndose resonó en la habitación como un susurro inquietante.

Dentro, descansaba un cuaderno de cuero envejecido, cubierto por una fina capa de polvo. El cuero estaba agrietado en las esquinas y desprendía un aroma a papel antiguo, mezclado con algo más… un leve rastro salino, como si hubiera viajado cerca del mar.

En la portada, grabado con delicadeza, estaba el símbolo que la hizo detenerse: la marca en forma de cometa.

Sus dedos, temblorosos, recorrieron el relieve de aquel dibujo. Sintió un calor extraño en la yema de los dedos, como si al tocarlo hubiera despertado un recuerdo dormido. Cerró los ojos y, por un instante, no estuvo en su apartamento: estaba en una habitación iluminada por velas, escuchando el rumor del Atlántico golpeando un muelle de piedra.

Abrió la primera página. La tinta estaba algo desvanecida, pero aún legible. Su corazón dio un salto cuando reconoció la caligrafía. No era similar a la suya. Era suya.

Fechada en 1623, la primera línea decía:
"Si mis manos vuelven a escribir estas palabras en otro tiempo, es porque la promesa aún no se ha cumplido."

Se inclinó sobre el cuaderno, leyendo con avidez. El manuscrito narraba la vida de una mujer que no recordaba del todo, pero que reconocía en cada palabra: una curandera que vivía en un pequeño pueblo costero de Portugal. Las páginas hablaban del olor del romero secándose al sol, del sonido de las campanas de la iglesia, y de un marinero que partía en cada amanecer y volvía al anochecer con historias de mares lejanos.

El amor entre ellos se tejía en gestos: una mano que rozaba la otra al pasar, una sonrisa compartida al final de una misa, un beso furtivo bajo las vigas del puerto. Pero en medio de esas páginas dulces, comenzaron a aparecer frases oscuras: advertencias sobre hombres que espiaban desde las sombras, sobre cartas interceptadas, sobre voces que le decían que él corría peligro.

En las últimas páginas, la voz de esa mujer —su propia voz, siglos atrás— le hablaba directamente:
"No confíes en quienes dicen protegerte. Él está más cerca de lo que imaginas, pero el peligro también."

Giselle se detuvo. Releyó la frase varias veces, sintiendo que cada palabra se clavaba como un eco en el presente.

Al final del cuaderno, doblado entre las hojas, había un mapa dibujado a mano. La tinta estaba desvaída, y el papel amarillento tenía manchas de humedad. Mostraba un barrio antiguo junto al mar. Reconoció la traza de las calles, las plazas pequeñas, los callejones estrechos. Lisboa.

Junto al mapa, escrita en letras firmes, había una frase:
"Allí encontrarás su nombre verdadero."

El corazón de Giselle comenzó a latir con fuerza. Se recostó en la silla, sintiendo un vértigo extraño, como si las paredes de su apartamento se hubieran encogido. No estaba sola en esta búsqueda. Alguien más sabía lo que estaba intentando descubrir… y había decidido guiarla.

O tal vez, advertirla.
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Tags temas ineditos de marta digat, poemas romanticos, poemas de amor

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Entry date Aug 13, 2025, 12:14 AM UTC
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Author 100.00 %. Holder marta vazquez digat. Date Aug 13, 2025.


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