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Capítulo 13 – Bajo la Lluvia en La Habana
“Donde el danzón y la pólvora se encontraron bajo el aguacero”
La Habana, 1957.
La lluvia caía con fuerza sobre las calles empedradas, arrastrando el aroma a sal del Malecón.
Alma Rodríguez, con su vestido rojo ceñido, corría descalza hacia el cabaret “El Lucero”.
El agua le empapaba el cabello negro y sus pestañas, pero sus pasos no se detenían.
Dentro, el humo de los cigarros y el olor a ron aguardaban como un abrazo conocido.
Daniel, sentado en la penumbra junto al piano, la miraba llegar.
Su camisa blanca estaba mojada, marcando la forma de su cuerpo joven y fuerte.
Pero sus ojos… sus ojos eran antiguos.
Alma sintió un escalofrío: en ellos estaba la nevada de Moscú, el vals prohibido, la promesa no cumplida.
—Pensé que no vendrías —susurró él, mientras el pianista empezaba un danzón suave.
—Siempre vengo —respondió ella—, aunque sea bajo la lluvia o las balas.
El cabaret estaba lleno de murmullos.
Entre canción y canción, algunos hablaban de revueltas, de arrestos, de huidas nocturnas.
Daniel no era un simple músico; también llevaba mensajes secretos para los insurgentes.
Cada vez que salía por la puerta, Alma temía no volverlo a ver.
Aquella noche, cuando el reloj marcó la medianoche, los músicos cambiaron el danzón por un bolero.
Daniel la tomó de la mano y la llevó al centro de la pista.
El mundo se desvaneció: solo existían ellos, girando lentamente, respirando el mismo aire.
La lluvia empezó a filtrarse por el techo viejo, dibujando gotas sobre sus hombros.
—Si algo me pasa… —murmuró él, rozando su mejilla—, prométeme que esperarás.
—Te he esperado toda mi vida —dijo ella, sin saber que hablaba de muchas vidas.
Un estallido interrumpió la música: disparos en la calle.
El caos se apoderó del cabaret, pero ellos siguieron bailando, como si el tiempo no tuviera derecho a tocarlos.
La puerta se abrió de golpe y un compañero de Daniel le gritó que debía huir.
Él la besó con urgencia, como si en ese instante pudiera dejarle su alma entera.
—Llegaré primero… para esperarte —susurró, y desapareció bajo la lluvia.
Alma corrió tras él, pero la calle estaba vacía.
La lluvia golpeaba su rostro, y entre las luces difusas creyó ver una sombra que se alejaba.
No sabía si lo volvería a ver en esa vida, pero en lo profundo sentía la certeza de que lo encontraría en otra.
Bajo aquel aguacero, Alma levantó el rostro al cielo y dejó que la lluvia se mezclara con sus lágrimas.
En algún lugar, más allá del tiempo, Daniel la esperaba… y el danzón seguiría sonando.
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Title Capítulo 13 – Bajo la Lluvia en La Habana “Donde el danzón y la pólvora se encontraron bajo el aguacero” La Habana, 1957.
Capítulo 13 – Bajo la Lluvia en La Habana
“Donde el danzón y la pólvora se encontraron bajo el aguacero”
La Habana, 1957.
La lluvia caía con fuerza sobre las calles empedradas, arrastrando el aroma a sal del Malecón.
Alma Rodríguez, con su vestido rojo ceñido, corría descalza hacia el cabaret “El Lucero”.
El agua le empapaba el cabello negro y sus pestañas, pero sus pasos no se detenían.
Dentro, el humo de los cigarros y el olor a ron aguardaban como un abrazo conocido.
Daniel, sentado en la penumbra junto al piano, la miraba llegar.
Su camisa blanca estaba mojada, marcando la forma de su cuerpo joven y fuerte.
Pero sus ojos… sus ojos eran antiguos.
Alma sintió un escalofrío: en ellos estaba la nevada de Moscú, el vals prohibido, la promesa no cumplida.
—Pensé que no vendrías —susurró él, mientras el pianista empezaba un danzón suave.
—Siempre vengo —respondió ella—, aunque sea bajo la lluvia o las balas.
El cabaret estaba lleno de murmullos.
Entre canción y canción, algunos hablaban de revueltas, de arrestos, de huidas nocturnas.
Daniel no era un simple músico; también llevaba mensajes secretos para los insurgentes.
Cada vez que salía por la puerta, Alma temía no volverlo a ver.
Aquella noche, cuando el reloj marcó la medianoche, los músicos cambiaron el danzón por un bolero.
Daniel la tomó de la mano y la llevó al centro de la pista.
El mundo se desvaneció: solo existían ellos, girando lentamente, respirando el mismo aire.
La lluvia empezó a filtrarse por el techo viejo, dibujando gotas sobre sus hombros.
—Si algo me pasa… —murmuró él, rozando su mejilla—, prométeme que esperarás.
—Te he esperado toda mi vida —dijo ella, sin saber que hablaba de muchas vidas.
Un estallido interrumpió la música: disparos en la calle.
El caos se apoderó del cabaret, pero ellos siguieron bailando, como si el tiempo no tuviera derecho a tocarlos.
La puerta se abrió de golpe y un compañero de Daniel le gritó que debía huir.
Él la besó con urgencia, como si en ese instante pudiera dejarle su alma entera.
—Llegaré primero… para esperarte —susurró, y desapareció bajo la lluvia.
Alma corrió tras él, pero la calle estaba vacía.
La lluvia golpeaba su rostro, y entre las luces difusas creyó ver una sombra que se alejaba.
No sabía si lo volvería a ver en esa vida, pero en lo profundo sentía la certeza de que lo encontraría en otra.
Bajo aquel aguacero, Alma levantó el rostro al cielo y dejó que la lluvia se mezclara con sus lágrimas.
En algún lugar, más allá del tiempo, Daniel la esperaba… y el danzón seguiría sonando.
Work type Article
Tags temas ineditos de marta digat, poemas de amor, poemas romanticos
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Registry info in Safe Creative
Identifier 2508102742944
Entry date Aug 10, 2025, 7:53 PM UTC
License All rights reserved
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Copyright registered declarations
Author 100.00 %. Holder marta vazquez digat. Date Aug 10, 2025.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2508102742944-capitulo-13-bajo-la-lluvia-en-la-habana-donde-el-danzon-y-la-polvora-se-encontraron-bajo-el-aguacero-la-habana-1957-