Capítulo 5 – Voces del Silencio El Collar de Jade – Encuentra un objeto antiguo en una autopsia que despierta recuerdos Autora: Marta Digat (Ecos de una verdad sepultada)
08/02/2025
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Capítulo 5 – Voces del Silencio
El Collar de Jade – Encuentra un objeto antiguo en una autopsia que despierta recuerdos
Autora: Marta Digat
(Ecos de una verdad sepultada)

La lluvia golpeaba los ventanales del hospital mientras Giselle hojeaba nuevamente el libro de su abuelo durante una noche de guardia solitaria. Las palabras del capítulo tres, "El sendero de las sombras ancestrales", resonaban con fuerza en su mente:

“Las almas que no fueron redimidas por la verdad, regresan una y otra vez reclamando justicia.
Nada queda oculto por siempre. El pasado... siempre regresa.”

Esa noche, en un pasillo poco transitado del hospital, una mujer joven se presentó ante Giselle. Tenía el rostro pálido, ojos intensos y una mirada firme.

—Necesito hablar con usted. Es sobre su abuelo… y su abuela —dijo la joven.

Giselle se sorprendió.

—¿Cómo sabes…? —preguntó en voz baja, sin poder ocultar el temblor en su pecho.

—No todo es lo que parece —respondió la mujer—. Trabajé hace años en la casa de su abuelo. Yo era ama de llaves. Pero antes de eso… serví en otra casa. En la de un hombre muy poderoso. Un millonario que murió misteriosamente tras caer por una escalera.

Hera sacó de su bolso una fotografía amarillenta. En ella aparecía una mujer altiva, elegante, con un aura de misterio... y de peligro. Estaba junto al hombre que, según Hera, murió en circunstancias nunca aclaradas.

—Ella estaba con él cuando ocurrió el “accidente”. Luego heredó todo. Meses después desapareció… y volvió a aparecer en la vida de su abuelo como si fuera otra mujer. Con otro nombre. Otra historia. Pero yo la reconocí… siempre lo hice.

El corazón de Giselle latía con fuerza. Las piezas comenzaban a encajar.
Esa mujer —la cantante de ópera a la que siempre llamó “abuela”— podría no haber sido quien decía ser.
Y peor aún… podría haber sido una cazafortunas. Una asesina serial.

—¿Está segura de todo esto, Hera?

—Lo estoy. Y hay más...
Ella no está muerta. Se hizo pasar por muerta. Cambió de identidad. Está viva… en algún lugar del Caribe.
Lo sé porque una amiga mía —también sirvienta— la vio hace tres años. Con otro nombre. Otro rostro. Pero la misma mirada.

Giselle sintió que la tierra se tambaleaba bajo sus pies.

—Necesito saber toda la verdad, Hera. Ayúdame a descubrirla. Porque siento que… todo esto tiene que ver conmigo. Con lo que estoy viviendo. Con lo que el libro me está mostrando.

Hera asintió. Sacó una pequeña libreta del bolso y la puso en las manos de Giselle.

—Aquí escribí todo lo que recuerdo: nombres, lugares, fechas, sospechas. Comencemos por ahí.
Pero tenga cuidado… esa mujer no se detiene fácilmente.

Giselle guardó la libreta como si fuera un mapa sagrado.
Ya no había marcha atrás.
El pasado había comenzado a hablar… Y su voz no podía ser silenciada.

(escena en la biblioteca – en casa)

De regreso en su hogar, Giselle se sentó tras el escritorio en la biblioteca.

Aurora la miró con ternura desde la puerta.

—Hija… ¿no vas a cenar?

Giselle negó con un leve movimiento de su hermosa cabellera.

—Ven, Aurora, siéntate. Tenemos que hablar. Necesito hacerte unas preguntas y espero que puedas ayudarme.
¿Qué puedes decirme de mi abuela? ¿Dónde la conoció el abuelo?

Hizo una pausa antes de continuar:

—Nunca sentí cariño de su parte. Siempre me pareció distante, como si existiera un muro invisible entre nosotras.
Una vez, cuando era niña, escuché sin querer una conversación telefónica. Hablaba sobre un collar de jade muy costoso, robado de la caja fuerte del abuelo. Decía que lo guardaba para alguien que fue… o Hera… muy importante en su vida.

—Ese collar desapareció poco tiempo después —continuó Giselle—. Recuerdo que acusaron a una joven de la servidumbre. El abuelo se negó a aceptarlo y pagó un abogado para que la liberaran.
Pero mi abuela la envió a prisión... y esa muchacha nunca regresó. Desapareció como por arte de magia.

Miró a Aurora con firmeza:

—Tengo muchas preguntas y necesito respuestas. ¿Quién fue realmente mi abuela?

Aurora bajó la mirada.

—Quisiera contarte muchas cosas… pero no quiero ponerte en peligro, hija.

—¿En peligro? —preguntó Giselle, alarmada—. ¿Qué estás diciendo, Aurora? ¿Alguien me está acosando? ¿Qué sabes tú?

Aurora tembló. Sus ojos se llenaron de lágrimas, sus manos también.

—Recuerdo que la policía me interrogó en varias ocasiones. También lo hicieron con la servidumbre. Quizás ya sospechaban… Quizás no era quien tú creías que era.

Tomó las manos de Giselle con cariño.

—Te prometo que te ayudaré. Solo necesito un poco de tiempo. Cuando esté lista… te contaré muchas cosas. Ya es momento de que conozcas la verdad.
Pero ahora… ahora no puedo. Son secretos, hija. Secretos familiares oscuros.
Habla con tu madre… quizás ella pueda darte respuestas. Si ella no lo hace… lo haré yo.

—Está bien, Aurora —dijo Giselle con voz suave—. No te voy a presionar. Pero entiéndeme… es muy importante para mí.

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Title Capítulo 5 – Voces del Silencio El Collar de Jade – Encuentra un objeto antiguo en una autopsia que despierta recuerdos Autora: Marta Digat (Ecos de una verdad sepultada)
Capítulo 5 – Voces del Silencio
El Collar de Jade – Encuentra un objeto antiguo en una autopsia que despierta recuerdos
Autora: Marta Digat
(Ecos de una verdad sepultada)

La lluvia golpeaba los ventanales del hospital mientras Giselle hojeaba nuevamente el libro de su abuelo durante una noche de guardia solitaria. Las palabras del capítulo tres, "El sendero de las sombras ancestrales", resonaban con fuerza en su mente:

“Las almas que no fueron redimidas por la verdad, regresan una y otra vez reclamando justicia.
Nada queda oculto por siempre. El pasado... siempre regresa.”

Esa noche, en un pasillo poco transitado del hospital, una mujer joven se presentó ante Giselle. Tenía el rostro pálido, ojos intensos y una mirada firme.

—Necesito hablar con usted. Es sobre su abuelo… y su abuela —dijo la joven.

Giselle se sorprendió.

—¿Cómo sabes…? —preguntó en voz baja, sin poder ocultar el temblor en su pecho.

—No todo es lo que parece —respondió la mujer—. Trabajé hace años en la casa de su abuelo. Yo era ama de llaves. Pero antes de eso… serví en otra casa. En la de un hombre muy poderoso. Un millonario que murió misteriosamente tras caer por una escalera.

Hera sacó de su bolso una fotografía amarillenta. En ella aparecía una mujer altiva, elegante, con un aura de misterio... y de peligro. Estaba junto al hombre que, según Hera, murió en circunstancias nunca aclaradas.

—Ella estaba con él cuando ocurrió el “accidente”. Luego heredó todo. Meses después desapareció… y volvió a aparecer en la vida de su abuelo como si fuera otra mujer. Con otro nombre. Otra historia. Pero yo la reconocí… siempre lo hice.

El corazón de Giselle latía con fuerza. Las piezas comenzaban a encajar.
Esa mujer —la cantante de ópera a la que siempre llamó “abuela”— podría no haber sido quien decía ser.
Y peor aún… podría haber sido una cazafortunas. Una asesina serial.

—¿Está segura de todo esto, Hera?

—Lo estoy. Y hay más...
Ella no está muerta. Se hizo pasar por muerta. Cambió de identidad. Está viva… en algún lugar del Caribe.
Lo sé porque una amiga mía —también sirvienta— la vio hace tres años. Con otro nombre. Otro rostro. Pero la misma mirada.

Giselle sintió que la tierra se tambaleaba bajo sus pies.

—Necesito saber toda la verdad, Hera. Ayúdame a descubrirla. Porque siento que… todo esto tiene que ver conmigo. Con lo que estoy viviendo. Con lo que el libro me está mostrando.

Hera asintió. Sacó una pequeña libreta del bolso y la puso en las manos de Giselle.

—Aquí escribí todo lo que recuerdo: nombres, lugares, fechas, sospechas. Comencemos por ahí.
Pero tenga cuidado… esa mujer no se detiene fácilmente.

Giselle guardó la libreta como si fuera un mapa sagrado.
Ya no había marcha atrás.
El pasado había comenzado a hablar… Y su voz no podía ser silenciada.

(escena en la biblioteca – en casa)

De regreso en su hogar, Giselle se sentó tras el escritorio en la biblioteca.

Aurora la miró con ternura desde la puerta.

—Hija… ¿no vas a cenar?

Giselle negó con un leve movimiento de su hermosa cabellera.

—Ven, Aurora, siéntate. Tenemos que hablar. Necesito hacerte unas preguntas y espero que puedas ayudarme.
¿Qué puedes decirme de mi abuela? ¿Dónde la conoció el abuelo?

Hizo una pausa antes de continuar:

—Nunca sentí cariño de su parte. Siempre me pareció distante, como si existiera un muro invisible entre nosotras.
Una vez, cuando era niña, escuché sin querer una conversación telefónica. Hablaba sobre un collar de jade muy costoso, robado de la caja fuerte del abuelo. Decía que lo guardaba para alguien que fue… o Hera… muy importante en su vida.

—Ese collar desapareció poco tiempo después —continuó Giselle—. Recuerdo que acusaron a una joven de la servidumbre. El abuelo se negó a aceptarlo y pagó un abogado para que la liberaran.
Pero mi abuela la envió a prisión... y esa muchacha nunca regresó. Desapareció como por arte de magia.

Miró a Aurora con firmeza:

—Tengo muchas preguntas y necesito respuestas. ¿Quién fue realmente mi abuela?

Aurora bajó la mirada.

—Quisiera contarte muchas cosas… pero no quiero ponerte en peligro, hija.

—¿En peligro? —preguntó Giselle, alarmada—. ¿Qué estás diciendo, Aurora? ¿Alguien me está acosando? ¿Qué sabes tú?

Aurora tembló. Sus ojos se llenaron de lágrimas, sus manos también.

—Recuerdo que la policía me interrogó en varias ocasiones. También lo hicieron con la servidumbre. Quizás ya sospechaban… Quizás no era quien tú creías que era.

Tomó las manos de Giselle con cariño.

—Te prometo que te ayudaré. Solo necesito un poco de tiempo. Cuando esté lista… te contaré muchas cosas. Ya es momento de que conozcas la verdad.
Pero ahora… ahora no puedo. Son secretos, hija. Secretos familiares oscuros.
Habla con tu madre… quizás ella pueda darte respuestas. Si ella no lo hace… lo haré yo.

—Está bien, Aurora —dijo Giselle con voz suave—. No te voy a presionar. Pero entiéndeme… es muy importante para mí.
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Entry date Aug 2, 2025, 8:40 AM UTC
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Author 100.00 %. Holder marta vazquez digat. Date Aug 2, 2025.


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