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Tasmania -(Almas en Tempestad)- CORAZONES ROTOS
Vimos llegar sus velas al amanecer,
como nubes negras tapando el ayer.
Trajeron fuego donde hubo canción,
y cadenas donde hubo corazón.
No pidieron paso, no miraron atrás,
pisaron los sueños, borraron el hogar.
Nuestra piel les ofendía,
nuestro idioma era herejía.
Éramos sombra, éramos nada...
para su corona ensangrentada.
¿Quién me llama desde el viento?
Soy la voz de un pueblo yermo.
Soy la sangre en la raíz,
la verdad que no quisiste oír.
Nos borraste, nos temiste,
nos negaste y luego huiste.
Pero aún arde en la montaña
la última voz… de Tasmania.
No éramos bestias, teníamos ley,
con mil canciones y ritos de rey.
Pero en sus mapas, solo éramos polvo,
estorbo sin alma, pecado del cosmos.
Quemaron los nombres, los cuerpos, la fe,
sin duelo, sin tumbas, sin porqués.
No se mezclaron, no nos miraron,
como si la muerte les diera amparo.
Nos llamaron salvajes…
y desataron su propio linaje.
¿Quién me llama desde el viento?
Soy la voz de un pueblo yermo.
Soy la sangre en la raíz,
la verdad que no quisiste oír.
Nos borraste, nos temiste,
nos negaste y luego huiste.
Pero aún arde en la montaña
la última voz… de Tasmania.
Yo, Truganini, hija del fin,
la última lágrima sobre el jardín.
Camino sola, pero en mí viven mil,
viven todos, aún sin porvenir.
No nos rendimos, aunque caímos,
somos ceniza en los caminos.
Y mientras cante este viento salado…
no estará del todo callado.
-----------------------------------------------
La Última Voz de Tasmania
El amanecer no trajo esperanza.
Trajo velas europeas, blancas en lo alto, pero negras en intención.
Navegaron hasta la costa como aves de mal presagio,
cubriendo con sus sombras las tierras que siempre habían cantado en lengua propia.
Allí, donde las montañas hablaban con los vientos,
donde cada río tenía nombre y espíritu,
vivían los pueblos originarios de Tasmania.
No eran invisibles.
No eran bestias.
Tenían leyes, rituales, canciones, linajes, medicina, sabiduría milenaria.
Pero para los recién llegados… no eran nada.
1803.
Comienza la colonización británica de Tasmania (entonces llamada Van Diemen's Land).
Al principio, fue desconfianza. Después, saqueo. Luego, masacre.
Los colonos no pidieron paso.
Tomaron todo.
Cazaron a los hombres.
Violar*on a las mujeres.
Separaron niños.
Y cuando no pudieron dominar… exterminaron.
“Nuestra piel les ofendía,
nuestro idioma era herejía.”
Los pueblos palawa —los originarios de Tasmania— fueron cazados como animales.
Entre 1803 y 1876, su población fue reducida de miles a apenas una docena.
Los cuerpos no fueron enterrados.
Fueron enviados a museos.
Sus cráneos exhibidos. Sus huesos comerciados.
Y así, el imperio construyó su "progreso" sobre los escombros de un mundo milenario.
La voz que no pudieron callar: Truganini
En 1812 nació Truganini, hija del jefe aborigen Mangana, en Bruny Island.
Creció entre dos mundos: el ancestral que se desmoronaba y el invasor que se imponía con fusiles y crueldad.
Vio morir a su madre.
Su prometido fue asesinado.
Fue víctima de abusos, violencia, desplazamiento.
Sobrevivió.
Fue llevada a misiones, exhibida ante científicos, utilizada como "ejemplo viviente de una raza moribunda".
Pero jamás se rindió.
Viajó por toda Tasmania. Luchó por mantener viva su lengua.
Y en sus ojos, todos vieron la memoria de los que ya no podían hablar.
“Yo, Truganini, hija del fin,
la última lágrima sobre el jardín.
Camino sola, pero en mí viven mil,
viven todos, aún sin porvenir.”
En 1876, Truganini murió.
Y con ella, el mundo declaró extinta a toda una civilización.
Un crimen sin juicio.
Un duelo sin justicia.
Pero no fue el final.
Porque hay una voz que nunca muere
Aún hoy, cuando sopla el viento sobre las montañas de Tasmania,
cuando los árboles se agitan y el mar susurra en las costas,
se oye algo…
No es solo el viento.
Es la última voz,
la que no pudieron apagar.
La que sigue encendida, aunque el mundo intentó borrarla.
“¿Quién me llama desde el viento?
Soy la voz de un pueblo yermo.
Soy la sangre en la raíz,
la verdad que no quisiste oír.”
Epílogo (actualidad)
Hoy, descendientes aborígenes de Tasmania reclaman su identidad con fuerza.
El linaje no fue destruido. Fue dispersado, silenciado… pero nunca vencido.
Truganini pidió que sus restos no fueran profanados.
Pero aún en la muerte, la ignoraron.
Su esqueleto fue exhibido en un museo hasta 1976.
Finalmente, ese año, 100 años después de su muerte,
sus restos fueron incinerados y lanzados al mar,
como ella deseaba.
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Title Tasmania -(Almas en Tempestad)-
Tasmania -(Almas en Tempestad)- CORAZONES ROTOS
Vimos llegar sus velas al amanecer,
como nubes negras tapando el ayer.
Trajeron fuego donde hubo canción,
y cadenas donde hubo corazón.
No pidieron paso, no miraron atrás,
pisaron los sueños, borraron el hogar.
Nuestra piel les ofendía,
nuestro idioma era herejía.
Éramos sombra, éramos nada...
para su corona ensangrentada.
¿Quién me llama desde el viento?
Soy la voz de un pueblo yermo.
Soy la sangre en la raíz,
la verdad que no quisiste oír.
Nos borraste, nos temiste,
nos negaste y luego huiste.
Pero aún arde en la montaña
la última voz… de Tasmania.
No éramos bestias, teníamos ley,
con mil canciones y ritos de rey.
Pero en sus mapas, solo éramos polvo,
estorbo sin alma, pecado del cosmos.
Quemaron los nombres, los cuerpos, la fe,
sin duelo, sin tumbas, sin porqués.
No se mezclaron, no nos miraron,
como si la muerte les diera amparo.
Nos llamaron salvajes…
y desataron su propio linaje.
¿Quién me llama desde el viento?
Soy la voz de un pueblo yermo.
Soy la sangre en la raíz,
la verdad que no quisiste oír.
Nos borraste, nos temiste,
nos negaste y luego huiste.
Pero aún arde en la montaña
la última voz… de Tasmania.
Yo, Truganini, hija del fin,
la última lágrima sobre el jardín.
Camino sola, pero en mí viven mil,
viven todos, aún sin porvenir.
No nos rendimos, aunque caímos,
somos ceniza en los caminos.
Y mientras cante este viento salado…
no estará del todo callado.
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La Última Voz de Tasmania
El amanecer no trajo esperanza.
Trajo velas europeas, blancas en lo alto, pero negras en intención.
Navegaron hasta la costa como aves de mal presagio,
cubriendo con sus sombras las tierras que siempre habían cantado en lengua propia.
Allí, donde las montañas hablaban con los vientos,
donde cada río tenía nombre y espíritu,
vivían los pueblos originarios de Tasmania.
No eran invisibles.
No eran bestias.
Tenían leyes, rituales, canciones, linajes, medicina, sabiduría milenaria.
Pero para los recién llegados… no eran nada.
1803.
Comienza la colonización británica de Tasmania (entonces llamada Van Diemen's Land).
Al principio, fue desconfianza. Después, saqueo. Luego, masacre.
Los colonos no pidieron paso.
Tomaron todo.
Cazaron a los hombres.
Violar*on a las mujeres.
Separaron niños.
Y cuando no pudieron dominar… exterminaron.
“Nuestra piel les ofendía,
nuestro idioma era herejía.”
Los pueblos palawa —los originarios de Tasmania— fueron cazados como animales.
Entre 1803 y 1876, su población fue reducida de miles a apenas una docena.
Los cuerpos no fueron enterrados.
Fueron enviados a museos.
Sus cráneos exhibidos. Sus huesos comerciados.
Y así, el imperio construyó su "progreso" sobre los escombros de un mundo milenario.
La voz que no pudieron callar: Truganini
En 1812 nació Truganini, hija del jefe aborigen Mangana, en Bruny Island.
Creció entre dos mundos: el ancestral que se desmoronaba y el invasor que se imponía con fusiles y crueldad.
Vio morir a su madre.
Su prometido fue asesinado.
Fue víctima de abusos, violencia, desplazamiento.
Sobrevivió.
Fue llevada a misiones, exhibida ante científicos, utilizada como "ejemplo viviente de una raza moribunda".
Pero jamás se rindió.
Viajó por toda Tasmania. Luchó por mantener viva su lengua.
Y en sus ojos, todos vieron la memoria de los que ya no podían hablar.
“Yo, Truganini, hija del fin,
la última lágrima sobre el jardín.
Camino sola, pero en mí viven mil,
viven todos, aún sin porvenir.”
En 1876, Truganini murió.
Y con ella, el mundo declaró extinta a toda una civilización.
Un crimen sin juicio.
Un duelo sin justicia.
Pero no fue el final.
Porque hay una voz que nunca muere
Aún hoy, cuando sopla el viento sobre las montañas de Tasmania,
cuando los árboles se agitan y el mar susurra en las costas,
se oye algo…
No es solo el viento.
Es la última voz,
la que no pudieron apagar.
La que sigue encendida, aunque el mundo intentó borrarla.
“¿Quién me llama desde el viento?
Soy la voz de un pueblo yermo.
Soy la sangre en la raíz,
la verdad que no quisiste oír.”
Epílogo (actualidad)
Hoy, descendientes aborígenes de Tasmania reclaman su identidad con fuerza.
El linaje no fue destruido. Fue dispersado, silenciado… pero nunca vencido.
Truganini pidió que sus restos no fueran profanados.
Pero aún en la muerte, la ignoraron.
Su esqueleto fue exhibido en un museo hasta 1976.
Finalmente, ese año, 100 años después de su muerte,
sus restos fueron incinerados y lanzados al mar,
como ella deseaba.
Work type Music
Tags musica
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Identifier 2507152506735
Entry date Jul 15, 2025, 8:40 PM UTC
License All rights reserved
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Author - Composer 100.00 %. Holder CORAZONES ROTOS. Date Jul 15, 2025.
Author - Lyricist 100.00 %. Holder CORAZONES ROTOS. Date Jul 15, 2025.
Author - Song producer 100.00 %. Holder CORAZONES ROTOS. Date Jul 15, 2025.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2507152506735-tasmania-almas-en-tempestad-