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Medusa (Almas en Tempestad) - 🖤𝕮𝖔𝖗𝖆𝖟𝖔𝖓𝖊𝖘 𝕽𝖔𝖙𝖔𝖘🖤
Nadie vio su llanto,
nadie oyó su voz,
condenada al silencio…
por mirar con amor.
En un templo olvidado
por tiempo y traición,
nació una doncella
de pura devoción.
Medusa era su nombre,
su rostro, un cantar,
pero un dios la marcó…
y la hizo condenar.
Convertida en reflejo
del odio y del miedo,
su cabello en serpientes,
su tacto, en enredo.
Y su mirada, castigo
de muerte inmortal,
convertía en piedra
el anhelo carnal.
Ella amó…
pero el mundo la desterró.
Sus besos mataban,
su alma gritó.
El amor que tocaba
se volvió prisión…
Medusa lloraba…
sin redención.
Llegaron los hombres,
poetas, soldados,
con ojos abiertos…
quedaban helados.
Buscaban belleza,
poder o pasión…
y hallaban la muerte,
sin redención.
Ella no lo quería,
pedía perdón,
acariciaba estatuas
con desesperación.
“Si cerraras los ojos, amor, tal vez…
verías el alma que nadie ve”.
Y entonces llegó,
sin corona ni cruz,
un joven escultor…
que no temía su luz.
Con vendas en ojos
y fe en su cantar,
le habló cada noche…
sin querer escapar.
Ella rió,
ella soñó…
se volvió canción,
por primera vez…
sintió redención.
Y en un susurro
de labios temblorosos,
deseó lo imposible:
un amor de los dioses.
Pero el destino
no sabe perdonar.
Él abrió los ojos…
quiso mirar.
Y ella gritó:
“¡No, quédate en la oscuridad!”
Pero era tarde…
su amor se petrificó, sin piedad.
¡Maldita la diosa que la condenó!
¡Maldito el deseo que lo cegó!
¡Qué cruel es el don que mata al amor!
¡Qué eterna la cárcel sin redentor!
------------------------------------
En los confines de un mundo donde los dioses jugaban con los destinos como si fueran dados, nació una joven llamada Medusa. No era monstruo. No era amenaza. Era devota, hermosa, sabia. Caminaba por el templo con los pies descalzos y la voz limpia. Su alma, puro canto.
Pero un día, la miró un dios.
Y ya no fue vista con ternura, sino con deseo.
Y ese deseo… se convirtió en maldición.
No fue ella quien pecó, sino él.
Pero fue ella la condenada.
Su cabello se convirtió en serpientes.
Su tacto, en miedo.
Y su mirada… en sentencia.
Todo lo que amaba moría. Todo lo que tocaba se convertía en piedra.
Y mientras los siglos pasaban, los poetas la llamaban monstruo,
los soldados la buscaban para matarla,
los hombres para poseerla.
Pero nadie escuchó su llanto.
Nadie vio su voz temblar.
Solo vieron lo que temían:
el castigo de una mujer que fue deseada… y castigada por ello.
En lo más profundo de su exilio, entre estatuas que fueron amantes y enemigos, Medusa acariciaba con dolor cada rostro.
“Si cerraras los ojos, amor... tal vez verías el alma que nadie ve”.
Entonces, un día, llegó un joven escultor.
No tenía escudo, ni espada, ni intención de gloria.
Solo traía yeso, vendas… y canciones.
Vendó sus propios ojos.
Y durante noches, habló con ella.
No la juzgó. No la temió. No la tocó.
Le cantó sueños. Le habló de luz.
Y ella, por primera vez en siglos, río. Soñó. Vivió.
Su alma, hecha piedra tantas veces, comenzó a volver a latir.
Y entonces, una noche, creyó.
Creyó que el amor era posible.
Deseó lo prohibido.
Lo imposible:
Que él la mirara… y siguiera amándola.
Le pidió que no lo hiciera. Le suplicó.
Pero el amor, cuando arde, quiere ver.
Y él lo hizo. Abrió los ojos.
Y el tiempo se detuvo.
Ella gritó.
Pero fue tarde.
Él se convirtió en la más hermosa estatua de su galería maldita.
Y Medusa volvió a llorar…
con el corazón hecho piedra, pero aún latiendo.
Desde entonces, quien pasa cerca del templo olvidado, jura oír una canción.
Una voz que canta entre serpientes dormidas.
Un eco de amor eterno…
maldito por mirar.
Y mientras los siglos siguen su curso,
Medusa sigue ahí.
No como monstruo.
Sino como símbolo.
Como pregunta.
Como tragedia viva…
de un amor que solo quiso ser visto… sin destruir.
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Title Medusa (Almas en Tempestad) - CORAZONES ROTOS
Medusa (Almas en Tempestad) - 🖤𝕮𝖔𝖗𝖆𝖟𝖔𝖓𝖊𝖘 𝕽𝖔𝖙𝖔𝖘🖤
Nadie vio su llanto,
nadie oyó su voz,
condenada al silencio…
por mirar con amor.
En un templo olvidado
por tiempo y traición,
nació una doncella
de pura devoción.
Medusa era su nombre,
su rostro, un cantar,
pero un dios la marcó…
y la hizo condenar.
Convertida en reflejo
del odio y del miedo,
su cabello en serpientes,
su tacto, en enredo.
Y su mirada, castigo
de muerte inmortal,
convertía en piedra
el anhelo carnal.
Ella amó…
pero el mundo la desterró.
Sus besos mataban,
su alma gritó.
El amor que tocaba
se volvió prisión…
Medusa lloraba…
sin redención.
Llegaron los hombres,
poetas, soldados,
con ojos abiertos…
quedaban helados.
Buscaban belleza,
poder o pasión…
y hallaban la muerte,
sin redención.
Ella no lo quería,
pedía perdón,
acariciaba estatuas
con desesperación.
“Si cerraras los ojos, amor, tal vez…
verías el alma que nadie ve”.
Y entonces llegó,
sin corona ni cruz,
un joven escultor…
que no temía su luz.
Con vendas en ojos
y fe en su cantar,
le habló cada noche…
sin querer escapar.
Ella rió,
ella soñó…
se volvió canción,
por primera vez…
sintió redención.
Y en un susurro
de labios temblorosos,
deseó lo imposible:
un amor de los dioses.
Pero el destino
no sabe perdonar.
Él abrió los ojos…
quiso mirar.
Y ella gritó:
“¡No, quédate en la oscuridad!”
Pero era tarde…
su amor se petrificó, sin piedad.
¡Maldita la diosa que la condenó!
¡Maldito el deseo que lo cegó!
¡Qué cruel es el don que mata al amor!
¡Qué eterna la cárcel sin redentor!
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En los confines de un mundo donde los dioses jugaban con los destinos como si fueran dados, nació una joven llamada Medusa. No era monstruo. No era amenaza. Era devota, hermosa, sabia. Caminaba por el templo con los pies descalzos y la voz limpia. Su alma, puro canto.
Pero un día, la miró un dios.
Y ya no fue vista con ternura, sino con deseo.
Y ese deseo… se convirtió en maldición.
No fue ella quien pecó, sino él.
Pero fue ella la condenada.
Su cabello se convirtió en serpientes.
Su tacto, en miedo.
Y su mirada… en sentencia.
Todo lo que amaba moría. Todo lo que tocaba se convertía en piedra.
Y mientras los siglos pasaban, los poetas la llamaban monstruo,
los soldados la buscaban para matarla,
los hombres para poseerla.
Pero nadie escuchó su llanto.
Nadie vio su voz temblar.
Solo vieron lo que temían:
el castigo de una mujer que fue deseada… y castigada por ello.
En lo más profundo de su exilio, entre estatuas que fueron amantes y enemigos, Medusa acariciaba con dolor cada rostro.
“Si cerraras los ojos, amor... tal vez verías el alma que nadie ve”.
Entonces, un día, llegó un joven escultor.
No tenía escudo, ni espada, ni intención de gloria.
Solo traía yeso, vendas… y canciones.
Vendó sus propios ojos.
Y durante noches, habló con ella.
No la juzgó. No la temió. No la tocó.
Le cantó sueños. Le habló de luz.
Y ella, por primera vez en siglos, río. Soñó. Vivió.
Su alma, hecha piedra tantas veces, comenzó a volver a latir.
Y entonces, una noche, creyó.
Creyó que el amor era posible.
Deseó lo prohibido.
Lo imposible:
Que él la mirara… y siguiera amándola.
Le pidió que no lo hiciera. Le suplicó.
Pero el amor, cuando arde, quiere ver.
Y él lo hizo. Abrió los ojos.
Y el tiempo se detuvo.
Ella gritó.
Pero fue tarde.
Él se convirtió en la más hermosa estatua de su galería maldita.
Y Medusa volvió a llorar…
con el corazón hecho piedra, pero aún latiendo.
Desde entonces, quien pasa cerca del templo olvidado, jura oír una canción.
Una voz que canta entre serpientes dormidas.
Un eco de amor eterno…
maldito por mirar.
Y mientras los siglos siguen su curso,
Medusa sigue ahí.
No como monstruo.
Sino como símbolo.
Como pregunta.
Como tragedia viva…
de un amor que solo quiso ser visto… sin destruir.
Work type Music
Tags musica
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Identifier 2507152506629
Entry date Jul 15, 2025, 8:14 PM UTC
License All rights reserved
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Author - Composer 100.00 %. Holder CORAZONES ROTOS. Date Jul 15, 2025.
Author - Lyricist 100.00 %. Holder CORAZONES ROTOS. Date Jul 15, 2025.
Author - Song producer 100.00 %. Holder CORAZONES ROTOS. Date Jul 15, 2025.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2507152506629-medusa-almas-en-tempestad-corazones-rotos