About the work
La casa de los prismas by Carmen Durán
Capítulo 1 (inicio)
-1-
¿Dónde habrá quedado mi alpargata?
Hay que ser valiente y estar un poco loco
para abrir el corazón y dárselo a alguien.
Charles Bukowsky
Un viernes normal en el mercado de Cinania… el infierno.
No hay llamas abrasando pecadores, sino voces distorsionadas por la reverberación del edificio, vacío en el piso de arriba, con su techo monitor cubierto de tejas árabes. Un templo en donde vestales con botas de agua hasta las rodillas y delantales de plástico blanco destripan pescado con sus guantes de goma.
―¿Quién es la última?
Max espera una señal. Las clientas de Loli están dispuestas a llevarse el mejor pescado de la ría, por supuesto. El pescado de la ría tiene otro sabor y no se discute.
La señora apoyada en el carrito de la compra mira a Max de arriba abajo. Una guiri seguro. Con esa pinta y esa cara de despistada.
―Yo, nena.
Max no sabe donde ponerse. No hay espacio, no hay orden, no hay fila, solo caos. Intenta concentrarse para no olvidar la cara de la señora, no se le vaya a colar alguien. Cuidado con estas abuelas, se hacen las suecas y antes de que te des cuenta te dejan atrás.
Una señora se adelanta, mira el pescado detenidamente.
Hunde su índice en el lomo de una dorada.
―¿A cómo están?
Hay cartelitos en forma de pez con los precios, pero nadie les hace caso. Las señoras no pueden regatear con un trozo de plástico.
Max está muy tensa desde que entró, demasiado ruido, demasiada gente. Y ahora esa, no te lo pierdas, pero qué morro. Estas abuelas son así, y no les digas nada porque te saltan a la yugular. Tocan lo que les da la real gana, para eso han criado ellas solas a sus hijos. Sus maridos a la mar, y aquí quién llevan los pantalones son ellas.
Max las admira, son unas auténticas guerreras, pero eso sí que no.
―Señora, el pescado no se toca.
La señora no se inmuta. Las otras se miran unas a otras.
―Nena, pero ti…
Cuando a las abuelas les sale ese “pero ti” es hora de ponerse en guardia. El mensaje: no sigas que te vas a enterar.
A Max le da igual y le echa a la señora una mirada torva.
―Mire, usted piensa que puede sobar el pescado y quedarse tan pancha. Pues no. Porque después esa dorada yo a Loli no se la compro. Me parece una cochinada y una falta de educación. Loli, di algo, es que no hay derecho.
Loli mira a Max levantando las cejas y apretando los labios.
El mensaje podría interpretarse: tienes razón pero no te metas. O quizás: tú no sabes lo que tengo que aguantar, ya me lo dice mi marido, eres tonta, no vale la pena. O también podría ser: por fin alguien se atreve a protestar porque estoy hasta los güevos de estas tías puercas de mierda. No. Loli es una pescadera muy educada. Loli nunca diría eso. Diría algo así: estoy hasta la peineta de la falta de civismo de algunas clientas.
Loli conocía a Max desde que era niña. Acudía a su puesto del mercado con la abuela Helga, que llamaba la atención por sus erres guturales. Y se partía de risa. Porrr favorrr un kilo de gggapantes. La abuela Helga sabía decir también “la gggran cagada” y “manda cagggallo”. Repetía lo que le enseñaban como un papagayo y toda llena de razón. Por supuesto no tenía idea de lo que estaba diciendo.
―¿Pero esta guiri de donde salió?
Las otras callan, la espera se anima. Por fin pasa algo, esto promete, a lo mejor hasta tienen que venir los municipales.
―No soy ninguna guiri, soy tan de aquí como usted y ya estoy harta. Aquí con el pescado y fuera con las lechugas, ¡pero qué manía!
A Max se le desboca el pulso como siempre que se cabrea. Se esfuerza en calmarse, lleva el peligro de una convulsión encima de la cabeza como una espada de Damocles. Ohmmmm…
Calla, gilipollas, si total no vas a cambiarlas. Ya lo dice el abuelo, niña no te metas que un día te van a pegar.
―Yo toco lo que me da la gana, y no va a venir ahora una mocosa como tú a enseñarme a mí a comprar pescado. Esta sí que es buena, ¿os dais cuenta? La juventud ya no respeta a la gente mayor. Pero a ti ¿qué te enseñaron en casa? Anda, cala a boquiña y búscate un novio, aunque con ese carácter no sé yo quién te iba a aguantar.
Max no entra al trapo y se acerca al puesto de al lado, en el que casi nadie compra. Un atún de cuatro kilos llama su atención. Se fija en los ojos del pez y ve los suyos perdidos en un agujero negro. Por eso evita mirarse a sí misma en los espejos, seguir los consejos de los libros de autoayuda: háblale a tu niña interior, salúdala con una sonrisa. Háblale, aunque te sientas completamente ridícula y dile que la quieres sin condiciones.
Lo ha vuelto a intentar esta mañana, al alba, a la hora de la estrella panadera.
Vamos, sé valiente, levanta la cabeza y mírate a los ojos.
Espera que ocurra un milagro, una revelación, una señal.
Solo ve a una mujer extraña que la mira muy seria. Como en esas fotos en blanco y negro de principios del pasado siglo en las que nadie sonreía. ¿Por qué nadie sonreía en aquellas fotos?
Creativity declaration
100% human created
Declaration Date:
Nov 1, 2023, 6:26 PM
Identification level:
High
Fictional content
Declaration Date:
Nov 1, 2023, 6:26 PM
Identification level:
High
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Title La casa de los prismas
La casa de los prismas by Carmen Durán
Capítulo 1 (inicio)
-1-
¿Dónde habrá quedado mi alpargata?
Hay que ser valiente y estar un poco loco
para abrir el corazón y dárselo a alguien.
Charles Bukowsky
Un viernes normal en el mercado de Cinania… el infierno.
No hay llamas abrasando pecadores, sino voces distorsionadas por la reverberación del edificio, vacío en el piso de arriba, con su techo monitor cubierto de tejas árabes. Un templo en donde vestales con botas de agua hasta las rodillas y delantales de plástico blanco destripan pescado con sus guantes de goma.
―¿Quién es la última?
Max espera una señal. Las clientas de Loli están dispuestas a llevarse el mejor pescado de la ría, por supuesto. El pescado de la ría tiene otro sabor y no se discute.
La señora apoyada en el carrito de la compra mira a Max de arriba abajo. Una guiri seguro. Con esa pinta y esa cara de despistada.
―Yo, nena.
Max no sabe donde ponerse. No hay espacio, no hay orden, no hay fila, solo caos. Intenta concentrarse para no olvidar la cara de la señora, no se le vaya a colar alguien. Cuidado con estas abuelas, se hacen las suecas y antes de que te des cuenta te dejan atrás.
Una señora se adelanta, mira el pescado detenidamente.
Hunde su índice en el lomo de una dorada.
―¿A cómo están?
Hay cartelitos en forma de pez con los precios, pero nadie les hace caso. Las señoras no pueden regatear con un trozo de plástico.
Max está muy tensa desde que entró, demasiado ruido, demasiada gente. Y ahora esa, no te lo pierdas, pero qué morro. Estas abuelas son así, y no les digas nada porque te saltan a la yugular. Tocan lo que les da la real gana, para eso han criado ellas solas a sus hijos. Sus maridos a la mar, y aquí quién llevan los pantalones son ellas.
Max las admira, son unas auténticas guerreras, pero eso sí que no.
―Señora, el pescado no se toca.
La señora no se inmuta. Las otras se miran unas a otras.
―Nena, pero ti…
Cuando a las abuelas les sale ese “pero ti” es hora de ponerse en guardia. El mensaje: no sigas que te vas a enterar.
A Max le da igual y le echa a la señora una mirada torva.
―Mire, usted piensa que puede sobar el pescado y quedarse tan pancha. Pues no. Porque después esa dorada yo a Loli no se la compro. Me parece una cochinada y una falta de educación. Loli, di algo, es que no hay derecho.
Loli mira a Max levantando las cejas y apretando los labios.
El mensaje podría interpretarse: tienes razón pero no te metas. O quizás: tú no sabes lo que tengo que aguantar, ya me lo dice mi marido, eres tonta, no vale la pena. O también podría ser: por fin alguien se atreve a protestar porque estoy hasta los güevos de estas tías puercas de mierda. No. Loli es una pescadera muy educada. Loli nunca diría eso. Diría algo así: estoy hasta la peineta de la falta de civismo de algunas clientas.
Loli conocía a Max desde que era niña. Acudía a su puesto del mercado con la abuela Helga, que llamaba la atención por sus erres guturales. Y se partía de risa. Porrr favorrr un kilo de gggapantes. La abuela Helga sabía decir también “la gggran cagada” y “manda cagggallo”. Repetía lo que le enseñaban como un papagayo y toda llena de razón. Por supuesto no tenía idea de lo que estaba diciendo.
―¿Pero esta guiri de donde salió?
Las otras callan, la espera se anima. Por fin pasa algo, esto promete, a lo mejor hasta tienen que venir los municipales.
―No soy ninguna guiri, soy tan de aquí como usted y ya estoy harta. Aquí con el pescado y fuera con las lechugas, ¡pero qué manía!
A Max se le desboca el pulso como siempre que se cabrea. Se esfuerza en calmarse, lleva el peligro de una convulsión encima de la cabeza como una espada de Damocles. Ohmmmm…
Calla, gilipollas, si total no vas a cambiarlas. Ya lo dice el abuelo, niña no te metas que un día te van a pegar.
―Yo toco lo que me da la gana, y no va a venir ahora una mocosa como tú a enseñarme a mí a comprar pescado. Esta sí que es buena, ¿os dais cuenta? La juventud ya no respeta a la gente mayor. Pero a ti ¿qué te enseñaron en casa? Anda, cala a boquiña y búscate un novio, aunque con ese carácter no sé yo quién te iba a aguantar.
Max no entra al trapo y se acerca al puesto de al lado, en el que casi nadie compra. Un atún de cuatro kilos llama su atención. Se fija en los ojos del pez y ve los suyos perdidos en un agujero negro. Por eso evita mirarse a sí misma en los espejos, seguir los consejos de los libros de autoayuda: háblale a tu niña interior, salúdala con una sonrisa. Háblale, aunque te sientas completamente ridícula y dile que la quieres sin condiciones.
Lo ha vuelto a intentar esta mañana, al alba, a la hora de la estrella panadera.
Vamos, sé valiente, levanta la cabeza y mírate a los ojos.
Espera que ocurra un milagro, una revelación, una señal.
Solo ve a una mujer extraña que la mira muy seria. Como en esas fotos en blanco y negro de principios del pasado siglo en las que nadie sonreía. ¿Por qué nadie sonreía en aquellas fotos?
Work type Literary: Other
Tags novela romántica contemporánea
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Registry info in Safe Creative
Identifier 2311015927939
Entry date Nov 1, 2023, 6:26 PM UTC
License All rights reserved
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Copyright registered declarations
Author. Holder Carmen Durán. Date Nov 1, 2023.
Information available at https://www.safecreative.org/work/2311015927939-la-casa-de-los-prismas