Un soneto que posiblemente conforme los versos finales fuera del contenido de la obra final de mi poemario CANTO CONTRA ÉREBOS. Se trata de un soneto dedicado a esos grandes profesionales, hombres y mujeres, que con su oficio nos devuelven la armonía física y el equilibio físico con el que podamos disfrutar una vida en plenitud. Dedicado muy especialmente a mi amigo Antonio Henarejos.